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lunes, 27 de marzo de 2017

Las grandes ciudades han dado lugar a diferentes tipos de comunicación.

La estructura ocupacional de las grandes ciudades ha dado lugar de forma cada vez más clara especialistas en diferentes tipos de comunicación oral, escribe el historiador ingles Burke. Entre estos especialistas podríamos señalar los corredors d’orella  de la Lonja de Barcelona, que escuchaban las conversaciones y ponían a unos comerciantes en contacto con otros; los “corredores” que en el siglo XVIII anunciaban servicios matrimoniales clandestinos en Londres o informaban de las llegadas de barcos a los aseguradores en la casa de café de Lloyd; y los
romanceros que iban y venían por la ciudad o se paraban en determinados lugares como el Pont Neuf de París o la Puerta del Sol de Madrid, donde cantores ciegos, estratégicamente situados entre las oficinas de la Gazette oficial y la parada final del servicio postal,Correos, vendían almanaques, periódicos y edictos oficiales. Los avisos oficiales se daban a conocer en las esquinas de las calles o en las puertas de las iglesias. Por ejemplo, en Florencia el nuevo Índice de libros prohibidos se expuso en 1558 en las puertas de las iglesias de la ciudad. En tiempos de Carlos II, en Londres las obras de teatro se anunciaban por medio de letreros colocados en las calles. A un visitante suizo de Londres le impresionó, en 1782, que las tiendas tuvieran nombres y no tanto signos de identificación. Los nombres de las calles se escribieron cada
Madrid en el siglo XVIII.
vez con mayor frecuencia en las paredes (en París, a partir de 1728). Los números en las casas empezaron a ser algo común en las ciudades más grandes durante el siglo XVIII. Un visitante inglés de Madrid observó en la década de 1770 que “los nombres de las calles aparecían pintados en las esquinas de las mismas” y que “todas las casas estaban numeradas”.




Dice Burke que los nativos de las grandes ciudades experimentaron cada vez más la necesidad de orientación, de información acerca de las diversas formas de emplear el tiempo libre o sobre cómo encontrar determinados productos y servicios. El problema se solucionó en parte con el uso de los carteles. Por ejemplo, para anunciar las representaciones teatrales. Estos anuncios pegados a las paredes tuvieron su origen en España, a finales del siglo XVI, momento en que inició su despegue el teatro comercial. La palabra española cartel se tradujo al italiano como manifesto, al francés como affiche, al alemán como Plakat y al inglés como bill. En 1662 Pepys se refiere a carteles (bills) que anuncian representaciones teatrales y que están fijados a postes en el edificio del Temple y en otros lugares. A finales del siglo XVIII, este tipo de carteles tuvo un importante papel en la vida urbana de París. Eran objeto de un estricto control oficial y los cuarenta "carteleros"(afficheurs) oficiales llevaban una insignia especial como demostración pública de su categoría. La información que pegaban a las paredes incluía desde anuncios referentes a charlatanes, perros perdidos y predicadores hasta decretos del Parlamento de París.

lunes, 9 de enero de 2017

El estado mexicano ha sido infiltrado por las fuerzas que dice combatir.

Hoy el Estado mexicano ha sido infiltrado por las fuerzas que dice combatir. Hoy el Estado mexicano declara que va ganando la guerra contra los malos, cuando en realidad los alberga. La corrupción en las calles es reflejada en cada pasillo del poder, en cada división del Ejército, en cada escuadrón de la policía, en cada Ministerio Público, en cada juzgado, en cada pueblo en el cual las víctimas de la violencia temen hablar o denunciar o confrontar. Por eso se ha vuelto cada vez más difícil distinguir entre aquellos que combaten al narcotráfico de aquellos que participan en él. Entre los policías encargados de aplicar la ley y los policías dedicados a violarla. Y ante ello no sorprende que, como parte de las operaciones en Ciudad Júarez y Tijuana, las fuerzas policiacas se hayan visto obligadas a entregar sus armas; con demasiada frecuencia son usadas para cometer crímenes en vez de prevenirlos. En esos sitios se ha importado al Ejército para proteger a la población de la policía; de los que fueron contratados para confrontar a los criminales pero acaban aliándose con ellos.
“Los operativos están dando resultados”, dicen. “Vamos ganando aunque no parezca”, declaran el presidente y y el secretario de Seguridad Pública y el  portavoz del gobierno. Unos y otros, argumentando que la violencia es resultado de la eficiencia; el aumento en las ejecuciones es indicador de las interdicciones; la multiplicación de las muertes es evidencia de mano firme y no de mano ineficaz. Unos y otros, cerrando los ojos ante fuerzas sociales y económicas demasiado arraigadas para ser combatidas tan sólo con más armas, más balas, más policías, más militares, más sangre en el suelo.
El principal objetivo de la guerra que el gobierno quiere ganar no debe ser la destrucción de los carteles, sino la construcción del Estado de Derecho. La meta no debe ser matar a más capos, sino mejorar la aplicación de las leyes en un país para todos, dice la escritora mejicana Denise Dresser.

A pesar de los 50 mil soldados en las carreteras. A pesar de los veinte mil policías federales en las calles. Sindicatos criminales como “La familia” crecen y controlan, deciden y se diversifican. Si alguien necesita cobrar una deuda, recurre a ellos. Si alguien necesita protección, se la pide a ellos.Los campesinos que antes cultivaban melones, ahora siembran mariguana. Los ejidatarios que antes exportaban sorgo, ahora transportan cocaína. Los trabajadores que antes emigraban a Estados Unidos en busca de movilidad social, ahora saben que un cártel la asegurará.

Cuando la población no cree en la policía o en las cortes, los criminales toman ese papel. Cuando el Estado no puede ofrecer seguridad o empleo o cobertura médica o rutas para el ascenso social o bienes públicos, los cárteles empiezan a hacerlo, escribe Dresser.

El principal objetivo de la guerra que el gobierno mexicano quiere ganar no debe ser la destrucción de los carteles, sino la construcción del Estado de Derecho.