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miércoles, 27 de marzo de 2024

La Violación de Nanking

El 13 de diciembre de 1937, Nanking, capital de la China nacionalista, caía en manos del ejército japonés. Para Japón, esto debía significar el punto de inflexión que decidiera el curso de la guerra, la culminación triunfante de la contienda de seis meses contra los ejércitos de Chiang Kai-shek en el valle del Yangtsé. En el resto del mundo, la “violación” de Nanking (tal y como fue inmediatamente denominada) volvió a la opinión pública contra Japón como muy pocas cosas podrían haberlo hecho. Tal sigue siendo el caso en la China actual, donde a varias generaciones se les ha transmitido la conciencia histórica de los crímenes de Japón y de su negativa, hasta el día de hoy, a ofrecer reparaciones. Años después, los fantasmas de Nanking aún acechan las relaciones chino-japonesas. La ejecución en masa de soldados y la masacre y violación de decenas de miles de civiles tuvieron lugar en contravención de todas las leyes de la guerra. Se trató de un saqueo público,diseñado para aterrorizar. Fue llevado a cabo abiertamente, ante la mirada de observadores internacionales y en general haciendo caso omiso a los esfuerzos de estos últimos por detenerlo.La Violación de Nanking ha sido en gran medida olvidada en Occidente, escribe William C. Kirby Profesor de Historia China Moderna y presidente del departamento de Historia de la Universidad de Harvard.
En Estados Unidos se suele pensar en la Segunda Guerra Mundial como un acontecimiento que comenzó el 7 de diciembre de 1941, con el ataque japonés a Pearl Harbor, que se llevó a cabo desde portaaviones. Los europeos la fechan el 1 de septiembre de 1939, cuando la Luftwaffe y las divisiones Panzer de Hitler lanzaron su Blitzkrieg contra Polonia. Para los africanos comenzó en una fecha todavía más temprana, con la invasión de Etiopía por parte de Mussolini en 1935. Pues bien, para los asiáticos, la Segunda Guerra Mundial comenzó con los primeros pasos emprendidos por Japón con vistas al dominio militar de Asia oriental, es decir, con la ocupación de Manchuria en 1931.

lunes, 24 de julio de 2023

Un régimen arbitrario podía valerse del sistema judicial para aplastar a sus súbditos

Montesquieu 

A Montesquieu le preocupaba particularmente la forma en que un régimen arbitrario podía valerse del sistema judicial, “un poder terrible entre los hombres”, para aterrorizar y aplastar a sus súbditos. En consecuencia, “la libertad de los súbditos depende principalmente de la bondad de las leyes penales”.

James Madison

Los gobernantes no son nunca seres angelicales. Y lo que es peor, está en la naturaleza de las cosas que cuando las personas corrientes se elevan a las más altas dignidades, abusan del poder. Así pues, ¿cómo puede el poder que ha de controlar ser a su vez controlado? ¿Cómo encontrar “una autoridad suprema que sea justa ella misma”? Ésta es “la tarea más difícil que existe” (The Federalist Papers,(Nueva York, Mentor, 1961), p. 322; Kant,Universal History, Kant’s Political Writings, p. 46). Kant y Madison coincidían en afirmar que debe vigilarse y controlarse al Estado sin inutilizarlo o debilitarlo hasta el punto de impedirle funcionar. Para conseguir este fin, el gobierno debe, ante todo, “gobernar mediante leyes establecidas y promulgadas” y obtener el “consentimiento del pueblo”. Sus actividades deben estar de acuerdo con las normas legales, limitarse a dominios específicos, estar abiertas a la inspección pública y a la crítica y depender del consentimiento público que se expresa en las elecciones. Las leyes debe redactarlas una asamblea electa y debe aplicarse por igual a todos los ciudadanos, incluyendo a los legisladores mismos. La libertad y la autoridad están, por tanto, inextricablemente entretejidas. “La libertad de los hombres bajo el gobierno consiste en tener una norma permanente con la que vivir, una norma que sea común para todos cuantos viven en esa sociedad y que haya sido elaborada por el poder legislativo que se haya organizado en ella”(Locke, Two Treatises of Government).
 

lunes, 12 de julio de 2021

El terror fue el rasgo definitorio del régimen de Stalin

Stalin

“El pueblo ruso necesita un zar”, se cuenta que exclamó Stalin en cierta ocasión en 1934. Para muchos ciudadanos soviéticos, dice Ian Kershaw, especialmente para los campesinos de las zonas rurales, todavía enraizadas en la fe y en los ritos, un “padrecito zar” populista evocaba la imagen de un severo patriarca familiar, que garantizaba el orden y el bienestar derivados de su figura. Esa imagen fue indudablemente un componente importante del culto cada vez más omnipresente de Stalin. La imagen del líder fuerte y resuelto se ajustaba a las cualidades que millones de ciudadanos soviéticos añoraban tras años y años de intensas turbulencias. Y aunque la Unión Soviética era oficialmente una sociedad atea, las tradiciones profundamente enraizadas de la religión popular, el 57% de los ciudadanos soviéticos seguían afirmando poseer una fe religiosa en un censo de 1937, posteriormente eliminado, fomentaron ciertos elementos cuasi-sacros del culto a Stalin, y la creencia en él como profeta, salvador o redentor. Ese culto estableció indudablemente para Stalin una base de auténtica popularidad, aunque no pueda ser cuantificada. Y tuvo una importancia incuestionable para la consolidación de su dominio.

Pero en realidad aquélla no fue una dictadura popular. Había muchos individuos comprometidos con el régimen, idealistas y zelotas ideológicos, sí. Pero la población en general, más allá de los adoradores reales o fingidos de la figura de Stalin y de los entusiastas del régimen, fue intimidada y obligada a adoptar una actitud de truculenta calma,cuenta el historiador Kershaw. No se produjeron grandes turbulencias ni manifestaciones de descontento. Y, por lo que se sabe, nunca se dio ningún intento de asesinar a Stalin. El dictador era querido por muchos, pero temido por muchos más. El terror había cumplido con su cometido. El terror fue el rasgo definitorio del régimen de Stalin. Nunca antes había habido un gobierno que aterrorizara a tantos de sus propios ciudadanos de una forma tan depravada y cruel.

sábado, 24 de agosto de 2019

La guerra asimétrica


¿Qué es la guerra asimétrica? Es la alternativa. Pero la guerra asimétrica no permite ganar, solo permite hacer que el otro pierda. En la guerra asimétrica tú no vas a derrotar al Imperio, vas a hacer que al Imperio no le interese intervenir, porque al final él va a perder. El matiz es importante. Porque una guerra, al fin y al cabo, es una apuesta de riesgo calculado, en la que el beneficio que se espera es mayor a ese riesgo… Por tanto, si a través de la guerra asimétrica tú consigues que el riesgo sea mayor al beneficio, el Imperio no vendrá, porque no le compensa.(Jorge Verstrynge). Nada de choque frontal. ¿Que pasa una columna de blindados? Pues que pase… ya nos ocuparemos de la retaguardia, de los abastecimientos, las patrullas que circulan…Enfrentarte al Imperio sobre la base de sus leyes de guerra es una locura, no puedes. Tu población va a ser aniquilada, o al menos de tu ejército no va a quedar nada. ¿Qué es lo único que puedes hacer? Cambiar las reglas. Yo no voy a enfrentarme contigo como tú quieres, sino como tú no quieres, y desde ese punto de vista la guerra asimétrica ahorra vidas.


La guerra asimétrica se basa en el terror, o sea, en la posibilidad de aterrorizar al que te ataca. Es a eso a lo que se refiere lo del marcador psicológico. Por eso yo digo muchas veces a mis alumnos, escribe Antonio Salas, que aquel atentado terrorista que no se reivindica por aquel que usted cree que lo ha hecho, si no es reivindicado, es que no ha sido cometido por quien usted cree. Porque el que comete un acto terrorista inmediatamente dice: “He sido yo, yo soy quien tiene la capacidad del terror y por eso vas a negociar conmigo”. Pero un atentado terrorista no reivindicado no sirve para nada.