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miércoles, 13 de agosto de 2025

El intento fallido de alear culturas muy distintas

Los vínculos de unión de la civilización occidental son el pensamiento griego, el derecho Romano y la espiritualidad cristiana. Siendo estos conceptos clave para comprender nuestra civilización y por consiguiente los rasgos culturales que nos caracterizan. Estos tres pilares deben de traer cohesión social-política a la Comunidad Europea. Existen diversos y grandes conflictos que amenazan a Europa. Entre estos conflictos hay una creciente inseguridad, debida en múltiples ocasiones al intento fallido de alear culturas muy distintas; desembocando esto en importantes conflictos sociales y económicos que derivan en inseguridad callejera, amenaza a la libertad religiosa y supone también un relevante despilfarro de limitados recursos económicos.

miércoles, 25 de junio de 2025

La Europa de la Unión Europea

Para la mayoría de sus ciudadanos, Europa se ha convertido en buena medida en sinónimo (positiva o negativamente) de Unión Europea. Europa distingue a los países de la UE como comunidad de naciones interrelacionadas de aquellos otros del continente europeo (principalmente Rusia y antiguos miembros de la Unión Soviética) que están fuera del mismo. Esta Europa no es la Europa de las patrias defendida por Charles de Gaulle (y otros), ni la entidad supranacional asociada con Jacques Delors; más bien, representa una entidad única a medio camino entre ambas. Hay quienes continúan aspirando al futuro utópico de una Europa cada vez más amplia incorporada en un estado federal europeo. Hay otros, cada vez más numerosos, que miran a Europa con distancia e incluso hostilidad al considerarla un órgano extraño que se entromete en su soberanía e integridad en tanto que estados nación. Aunque en las primeras décadas de la posguerra la necesidad de evitar la posibilidad de una nueva contienda era la aspiración central de la incipiente Comunidad Europea, con el paso del tiempo ese mensaje se ha ido desvaneciendo. Esto ha hecho que, para muchos de sus ciudadanos, la Europa de la Unión Europea sea poco más que una organización opaca y distante que establece normas y regulaciones que afectan a la vida de la mayoría de la personas, pero que no permite la participación política activa. Esto abre la puerta a las políticas de los movimientos nacionalistas y separatistas, capaces de despertar un vínculo emocional imposible de construir para la Unión Europea. Por tanto, para muchos de sus ciudadanos Europa significa una Unión Europea de la que pueden ser partidarios o no, pero en realidad su principal apego emocional no es con Europa sino con su estado nación o región (o, en algunos casos, con estados nación independientes en potencia), escribe Ian Kershaw, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield.

sábado, 4 de enero de 2025

La Comunidad Europea nació como resultado del desastre común de la Segunda Guerra Mundial

La Comunidad nació más bien como resultado del desastre común de la Segunda Guerra Mundial, esa catástrofe que dejó a todos los estados-nación, desde los Pirineos al Mar del Norte, destrozados por la derrota y la ocupación. Las antiguas instituciones se encontraban sumidas en las simas de la impotencia y el descrédito, y había que construir una estructura relativamente nueva una vez reanudada la paz. Según Milward, después de la guerra, por primera vez, los estados de la Europa occidental integraron plenamente en la nación política a los agricultores, obreros y pequeños burgueses con ayuda de una serie de medidas destinadas a favorecer el crecimiento, el empleo y el bienestar, y por eso contaban con una base social mucho más amplia que la de sus predecesores, limitada y precaria. El éxito inesperado de estas políticas favoreció un segundo tipo de ampliación; la cooperación interestatal. Moralmente rehabilitados dentro de sus propias fronteras, seis estados-nación del continente descubrieron que podían fortalecerse todavía más si compartían determinados elementos de soberanía que les beneficiaran a todos. Uno de los elementos centrales de este proceso fue el impulso magnético que el mercado alemán ejerció desde el principio, en el sector de la exportación, sobre las economías de los otros cinco países, a lo que se añadió el atractivo que para Alemania representaba un acceso más fácil al mercado francés y al italiano, y los beneficios eventuales que podía obtener de determinados intereses concretos, como el carbón belga o la agricultura holandesa. La Comunidad Económica Europea, a juicio de Milward, fue en esencia, el fruto de los cálculos autónomos de los distintos estados nacionales, que pensaban que la prosperidad en la que se basaba su legitimidad doméstica podía mejorar gracias a una unión de aduanas. 

El monumento "Homenaje a los Padres Fundadores de Europa"

En la era de Schuman, Adenauer y De Gasperi, el deseo de seguridad política (es decir, la defensa contra el militarismo alemán y el expansionismo soviético, e incluso el deseo de seguridad “espiritual” que ofrecía la solidaridad católica) era, por así decir, una prolongación de la misma búsqueda esencial. El fundamento de la CEE era “la similitud y la capacidad de reconciliación” de los intereses socioeconómicos de los seis estados renacidos, garantizadas por el consenso político del orden democrático de la posguerra en cada país. A juicio de Milward, esta matriz original se ha mantenido intacta hasta el presente, ajena a la ampliación de la Comunidad y a la creciente complejidad de su maquinaria.

viernes, 25 de octubre de 2024

El cambio en Europa a lo largo de los últimos setenta años ha sido sustancialmente positivo

“Solo aquellos que han vivido en un estado policial pueden saber lo que es no vivir en uno”, fueron las palabras del ilustre historiador británico Peter Pulzer, que era un niño en Viena cuando en 1938 se produjo la anexión nazi de Austria, antes de huir con su familia a Inglaterra al año siguiente. En ese momento, incluso antes de la guerra, al menos dos terceras partes de los europeos vivían bajo regímenes autoritarios, sometidos al poder arbitrario de la policía. Durante las cuatro décadas siguientes a la guerra, los europeos del otro lado del Telón de Acero vivieron en estados policiales bajo un régimen comunista. En algunas partes de lo que fue la Unión Soviética aún existen gobiernos autoritarios. Turquía está virando hacia el autoritarismo. Hungría, Polonia y España se sirven de formas democráticas para socavar la esencia democrática. No obstante, la mayor parte de los europeos vive hoy en libertad, en democracia y en un estado de derecho. Supone un avance enorme que millones de europeos ya no tengan que temer la tiranía de un estado policial. Al comentario de Peter Pulzer se podría añadir que solo aquellos que han experimentado la miseria absoluta aprecian realmente lo que es no ser pobre y que solo aquellos que han sido testigos de primera mano de los horrores de la guerra comprenden en su plenitud lo que significa vivir en paz. El continente europeo es ahora más próspero que nunca. Su bienestar material (junto con la libertad y la relativa seguridad) es lo que lo convierte en un imán tan poderoso para muchas personas que huyen de la guerra y la pobreza extrema en otras partes del mundo.
Ha surgido en Europa un nuevo “precarizado” de trabajadores no cualificados, a menudo migrantes, que acepta empleos mal remunerados, que solo puede permitirse alojamientos de mala calidad y que vive en una incertidumbre material constante. La sensación de inseguridad física también se ha acrecentado debido a un aumento de la incidencia del terrorismo, en particular del islamista, en buena medida un legado de la implicación de Europa en las guerras en Oriente Medio y de su pasado imperialista.
El cambio en Europa a lo largo de los últimos setenta años ha sido sustancialmente positivo y esto cabe atribuirlo sobre todo a dos novedades de la posguerra, la OTAN y la Comunidad Europea.