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jueves, 27 de febrero de 2025

Hu Angang predice que China será un nuevo tipo de superpotencia


Hu Angang, decano del Instituto de Estudios Contemporáneos de China en la Universidad Tsinghua de Pekín


En 1863, Li Hongzhang escribía que, si China trabajaba duro para adquirir tecnologías militares occidentales, podría “valerse por sí misma dentro de cien años”. El cálculo cronológico fue acertado. En 1964, la República Popular China probó una bomba atómica, lo cual demostraba su capacidad para desarrollar programas militares avanzados sin ayuda externa (la Unión Soviética le había retirado su apoyo en 1960). Desde entonces, el país asiático ha seguido mejorando su dotación bélica y hoy en día realiza fuertes inversiones en acorazados, submarinos nucleares, sistemas de misiles, satélites militares y bombarderos invisibles. Su poder aumenta con tal rapidez que sus líderes se sienten obligados a lanzar mensajes tranquilizadores. “Napoleón, ha declarado su presidente, decía que China es un león dormido y que, cuando despierte, el mundo se echará a temblar. Hoy, el león chino ha despertado, en efecto, pero es un león pacífico, bondadoso y civilizado”.
Las relaciones internacionales son anárquicas, dicen, y las superpotencias en ciernes utilizan de manera inevitable su nuevo poder contra las antiguas. Sin duda, los líderes chinos creen que su país se halla injustamente constreñido por otras naciones, en especial Estados Unidos. Por ejemplo, Taiwán, un gran aliado de este último, ha sido descrito como un gran “portaaviones insumergible” que deja a la vista el “blando y débil estómago” del gigante asiático. “Resolver el problema de Taiwán, ha escrito un importante estratega militar chino, eliminará el último escollo para el despertar pacífico de China”.
Hoy en día, los seres humanos tienen una necesidad inédita y apremiante de trabajar juntos en cuestiones globales. Algunos analistas como Hu Angang predicen que China será “un nuevo tipo de superpotencia”, que cooperará con Estados Unidos y otras naciones para “lidiar con desafíos globales en materia económica, política, energética y medioambiental”. 

miércoles, 21 de agosto de 2019

La velocidad de la globalización y el debilitamiento de los estados han hecho que sean más probables los conflictos violentos


Analistas como Kaplan y Amy Chua, autora de El mundo en llamas, explican que la velocidad de la globalización y el debilitamiento de los estados han hecho que sean más probables los conflictos violentos, y que los intentos de crear democracias de tipo occidental en lugares donde hoy no existen tienen muchas probabilidades de degenerar en violencia. Por otro lado, el terrorismo, la guerra cibernética y el narcotráfico se desarrollan en frentes amorfos, cambiantes y sin fronteras, que pueden imponer sus devastadoras consecuencias en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento. Armas fáciles de adquirir; líneas desdibujadas entre soldados y civiles y entre tecnología militar y tecnología de consumo; aumento del número de conflictos en los que lo que se disputa no es un territorio sino dinero, materias primas, creencias religiosas, narcotráfico.



Las aptitudes que resultan valiosas en un conflicto se pueden adquirir hoy no solo en los campos militares de entrenamiento, las academias de oficiales y las escuelas superiores de defensa, sino en un campamento rebelde en el noroeste de Pakistán, una madrasa en Leicester, Inglaterra, o una escuela de informática en Guangzhou, China. Hoy, los ejércitos nacionales están intentando adaptarse a la guerra de “pleno espectro” en la que las armas son digitales además de físicas, los métodos son psicológicos además de coercitivos y los combatientes son civiles y dispersos además de uniformados y coordinados.

sábado, 17 de marzo de 2018

Los Estados occidentales se abstienen cada vez más de utilizar sus propios ejércitos de tierra en sus intervenciones bélicas.

Max M. Mutschler, del Bonn International Centre for Conversion, sugería en un documento de trabajo de marzo de 2016 que los Estados occidentales se abstienen cada vez más de utilizar sus propios ejércitos de tierra en sus intervenciones bélicas. En vez de ello, recurren a ataques de precisión facilitados por toda una red de sofisticadas tecnologías militares, que incluyen modernos aviones de ataque a tierra, vehículos aéreos no tripulados (VANT), munición guiada de precisión, sensores aéreos y orbitales, y todos interconectados por medio de modernas tecnologías de la comunicación. En opinión de Mutschler, en el origen de estos cambios fundamentales en la práctica bélica se encuentra el proceso de desterritorialización del poder, un proceso que cobra cada vez mayor fuerza: “El moverse libremente y, si es necesario, fuera del alcance de otros para abdicar de las propias responsabilidades es una característica central del poder en nuestros tiempos”. 


En la guerra líquida, dice Zigmunt Bauman, los Estados modernos rehuyen las cargas y las responsabilidades de controlar y administrar un territorio porque creen que cuentan con medios de control más rentables a su disposición. La tecnología militar moderna les permite decidir cuándo y dónde atacar, y golpear al enemigo con una elevada precisión manteniéndose inaccesibles a cualquier contraataque significativo. Recurren así a tácticas de ofensivas relámpago, bastante parecidas a las que
sustentan la guerra de guerrillas, donde la movilidad y la velocidad son más importantes que el mero número de efectivos. 


Empresas armamentísticas prometen "robots humanoides" en el campo de batalla para 2020

El 2 de marzo de 2013, el diario The Guardian informaba de que, “a pesar del empeoramiento económico, para las grandes empresas armamentísticas el negocio ha seguido yendo como siempre, con aumentos de las ventas de armas y servicios militares durante 2010 hasta sumar un volumen total superior a los 400.000 millones de dólares”. Y, transcurridos dos años más, en agosto de 2015, Amnistía Internacional denunció que, según sus cálculos, había unos 875 millones de armas pequeñas y ligeras en circulación en todo el mundo, y que anualmente se producían entre 700.000 y 900.000.


miércoles, 4 de enero de 2017

Las guerras europeas (1500-1799) tuvieron beneficios imprevistos.

En todo el período de 1500 a 1799, España estuvo en guerra con enemigos extranjeros el 81 por ciento del tiempo, Inglaterra el 53 por ciento, y Francia el 52 por ciento. Pero esta constante lucha tuvo tres beneficios imprevistos dice el historiador británico Niall Ferguson. 

En primer lugar, alentó la innovación en tecnología militar.Mientras tanto, en el mar, los barcos se quedaron pequeños. En comparación con la galera mediterránea, cuyo diseño apenas había variado desde los tiempos romanos, la carabela portuguesa de finales del siglo XV, con sus velas de cruz y sus dos mástiles, había encontrado el equilibrio ideal entre velocidad y potencia de fuego. En 1501, el sistema francés de situar hileras de cañones en troneras especiales a ambos lados de la cubierta de un barco convirtió a los buques de guerra europeos en fortalezas flotantes.


El segundo beneficio de la guerra casi constante en Europa fue que los estados rivales se hicieron cada vez más eficientes a la hora de recaudar los ingresos necesarios para pagar sus campañas.Los europeos comenzaron a experimentar inusitados métodos de empréstito público, sembrando así la semilla de los modernos mercados de bonos.Otra innovación fiscal de trascendental importancia fue la idea holandesa de conceder derechos comerciales en régimen de monopolio a sociedades anónimas a cambio de una parte de sus beneficios y del acuerdo de que las empresas actuarían como subcontratistas navales contra las potencias rivales. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales, fundada en 1602, y su homologa la Compañía
Británica, fueron las primeras empresas propiamente capitalistas, con su capital social dividido en acciones negociables que daban dividendos en efectivo a discreción de sus directores.


En tercer lugar aunque aumentaron las rentas de la realeza, también redujeron las prerrogativas reales al crear las perdurables figuras de los nuevos copartícipes del poder en los tempranos estados modernos: los banqueros, los bonistas y los directores de empresa. Pero sobre todo, varias sucesiones de conflictos internos vinieron a asegurar que ningún monarca europeo llegara a ser lo bastante fuerte como para poder prohibir la exploración en ultramar. Ni siquiera cuando los turcos avanzaron hacia Europa oriental, como hicieron repetidamente en los siglos XVI y XVII, hubo ningún emperador paneuropeo que pudiera ordenar a los portugueses que suspendieran sus exploraciones marítimas y se centraran en atacar al enemigo por el este.Por el contrario, todos los monarcas europeos alentaron el comercio, la conquista y la colonización como parte de su mutua competencia.