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jueves, 11 de mayo de 2023

El Gran Terror estalinista

Timothy David Snyder,historiador y profesor de la Universidad de Yale escribe que “Stalin mataba a sus propios conciudadanos con tanta eficacia como Hitler eliminaba a ciudadanos de otros países. Stalin sabía lo que iba a ocurrir cuando les arrebató los alimentos a los hambrientos campesinos de Ucrania en 1933, lo mismo que Hitler sabía lo que podía esperarse cuando privó de comida a los prisioneros de guerra soviéticos, ocho años más tarde. En ambos casos, más de tres millones de personas murieron. Durante el Gran Terror estalinista de 1937-1938, casi setecientos mil ciudadanos soviéticos fueron pasa dos por las armas. Los aproximadamente doscientos mil polacos asesinados por alemanes y soviéticos durante la ocupación conjunta de Polonia también murieron por este sistema, igual que los más de trescientos mil bielorrusos y otros tantos polacos ejecutados”. 

“Campesinos hambrientos mendigaban a lo largo de las colas de pan pidiendo unas migajas. Las amas de casa que hacían cola veían cómo las campesinas morían de hambre en las aceras. Un joven comunista llamaba esqueletos vivientes a los niños campesinos que veía. Un miembro del partido de la industrial Stalino se sentía consternado ante los cadáveres de los muertos de hambre que encontraba en la puerta trasera de su casa. Las parejas que paseaban por los parques no podían dejar de advertir los carteles que prohibían cavar tumbas. Los médicos y enfermeras tenían prohibido tratar (o alimentar) a los hambrientos que llegaban a los hospitales. La policía de la ciudad retiraba de las calles a los famélicos niños vagabundos para ocultarlos de la vista. En las ciudades de la Ucrania soviética, la policía capturaba varios cientos de niños al día; un día de principios de 1933 la policía de Járkov tuvo que llenar un cupo de dos mil. En todo momento, unos veinte mil niños esperaban la muerte en los cuarteles de Járkov. Los niños rogaban a la policía que al menos les permitieran morir al aire libre: “Dejadme morir en paz, no quiero morir en los barracones de la muerte”. La estación del ferrocarril en Dnepropetróvsk estaba desbordada de campesinos hambrientos, demasiado débiles incluso para mendigar.Las muertes de campesinos en las vías del ferrocarril ofrecían un testimonio espantoso de los nuevos contrastes. Por toda la Ucrania soviética, los pasajeros de los trenes se convirtieron en testigos involuntarios de horribles accidentes. Los campesinos hambrientos caminaban hacia las ciudades siguiendo las vías y se desmayaban de debilidad sobre los raíles. En Khartsyszk, los campesinos expulsados de la estación se colgaban de los árboles cercanos. Los habitantes de las ciudades estaban acostumbrados a ver a los campesinos en la plaza del mercado, extendiendo los frutos de la tierra y vendiendo sus productos. En 1933, los campesinos acudían a los familiares mercados de las ciudades, pero esta vez para mendigar y no para vender. Las plazas, ahora vacías de productos y de consumidores, sólo contenían las discordancias de la muerte. A primera hora, el único sonido era la débil respiración de los agonizantes, acurrucados debajo de harapos que en otro tiempo habían sido ropas.Las matanzas masivas por hambre de 1933 fueron el resultado del primer Plan Quinquenal de Stalin, implementado entre 1928 y 1932.”

martes, 14 de diciembre de 2021

El objetivo era la destrucción del cristianismo para ser reemplazado por religiones políticas y revolucionarias

Cuenta el historiador estadounidense Stanley George Payne que durante la Segunda República española se produjo una enorme ola de vandalismo y destrucción de iglesias y de todo tipo de propiedades eclesiásticas. El resultado fue la desaparición o destrucción de muchísimas obras de arte, históricas y maravillosas, cuyo valor era incalculable; se trataba de piezas artísticas que no solo formaban parte de las propiedades de la Iglesia, sino del patrimonio cultural de toda España. Las matanzas de religiosos, la destrucción de iglesias y del arte religioso, y los rituales elaboradamente sacrílegos que se llevaron a cabo al principio en la mayoría de las ciudades de la zona republicana no eran simples actos de vandalismo desenfrenado y arbitrario, sino que tenían como objetivo fundamental la destrucción del cristianismo con la idea de que pudiera ser reemplazado por las nuevas religiones políticas y revolucionarias.

lunes, 19 de agosto de 2019

La existencia del cristianismo es un freno a las pretensiones expansionistas con el fin de imponer un califato mundial

En nombre de “Dios Todopoderoso” terroristas de Daesh,Estado Islámico, han quemado casas de cristianos en Mozambique, en la aldea de Magamola, en Cabo Delgado, según el anuncio de la agencia Amaq. De esta manera, los “soldados del Califato, a cuyo frente está Abu Bark Baghdadi, continúan la campaña para hacer desaparecer cualquier religión que no sea la musulmana, en su interpretación más rigorista, la Sharia, informa el periódico La Razón.

Daesh se siente especialmente “orgulloso” de las matanzas de cristianos perpetradas en Sri Lanka y Filipinas; al hacer balance de su actividad delictiva en los seis primeros meses del año: 8.000 asesinados o heridos en 1.800 atentados; 839 vehículos destrozados; 105 personas “detenidas” (secuestradas) y 92 cuarteles destruidos.


Bagdhadi sabe que la existencia del cristianismo es un freno para sus pretensiones expansionistas con el fin de imponer un califato mundial, una auténtica dictadura religiosa que ya ensayó en Iraq y Siria. Sólo el terror sin contemplaciones contra los que consideraba disidentes le permitió mantener durante un cierto tiempo su Califato, concluye la información de La Razón.

martes, 16 de octubre de 2018

En política, las palabras son hechos, tienen sus propia densidad física.

Nicolas Sartorius en su libro "La manipulación del lenguaje" cuenta que “a lo largo de una dilatada actividad política fui comprendiendo mejor algunas cuestiones referentes al uso del lenguaje y sus efectos. La primera fue que, en política, las palabras son “hechos”, tienen sus propia densidad “física” y sus efectos pueden ser beneficiosos o catastróficos”.

“A lo largo de la historia, palabras habladas o escritas han provocado o impulsado guerras, matanzas, levantamientos, pronunciamientos o quiebras, pero también los hechos más positivos y las expresiones más extraordinarias de la mente humana. No es verdad, por lo tanto, que como se dice vulgarmente 'las palabras se las lleva el viento'. Muy al contrario, son como rocas o piedras que pueden provocar auténticos aludes o sostener sólidas arquitecturas políticas”, escribe el político español.