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jueves, 3 de noviembre de 2022

Una dictadura del horror

Escribe Robert Sarah que hoy la nueva lucha ideológica de la posmodernidad occidental ha pasado a ser la eutanasia. Cuando una persona parece haber llegado al final de su paso por este mundo, ciertas organizaciones, con la excusa de aliviar su sufrimiento, consideran que vale más darle muerte. En Bélgica, este derecho, que no lo es, acaba de extenderse a los menores. So pretexto de ayudar a un niño que sufre, es posible matarlo fríamente. Los defensores de la eutanasia quieren ignorar que hoy día los cuidados paliativos están perfectamente adaptados a quienes no tienen esperanza de cura. La muerte fría y brutal se ha convertido en la única respuesta. La eutanasia es el marcador más incisivo de una sociedad sin Dios, infrahumana, que ha perdido la esperanza. Me causa estupor ver hasta qué punto quienes propagan esta cultura se envuelven en la buena conciencia, presentándose como los héroes de una nueva humanidad. Por una suerte de extraña inversión de papeles, los hombres que luchan por la vida se convierten en monstruos que derribar, en bárbaros de otro tiempo que rechazan el progreso. Con ayuda de los medios, los lobos pasan por generosos corderos que están del lado de los más débiles. Sin embargo, el plan de los promotores del aborto, la eutanasia y todos los ataques a la dignidad del hombre es mucho más peligroso. Si no abandonamos la cultura de la muerte, la humanidad corre hacia su perdición. En este inicio del tercer milenio, la destrucción de la vida ya no es un hecho bárbaro, sino un progreso de la civilización. La ley se escuda en el pretexto de un derecho a la libertad individual para dar al hombre la posibilidad de matar al prójimo. El mundo puede convertirse en un auténtico infierno. No se trata ya de decadencia, sino de una dictadura del horror, de un genocidio programado cuyos culpables son los poderes occidentales. Este ensañamiento en contra de la vida representa una nueva etapa decisiva del ensañamiento contra el plan de Dios. 

domingo, 16 de octubre de 2022

La miseria material conduce a una forma de vida infrahumana

Advierte Robert Sarah, que la miseria material conduce a una forma de vida infrahumana, origen de grandes sufrimientos. El horizonte parece no existir ya.
La humanidad nunca ha sido tan rica, añade el cardenal Sarah, pero alcanza cimas de miseria moral y espiritual insólitas debido a la pobreza de nuestras relaciones interpersonales y de la globalización de la indiferencia.

jueves, 15 de julio de 2021

El principio del fin de la tiranía en Cuba


En Cuba "salieron los jóvenes, esos que crecieron con la dualidad monetaria, la falta de sueños, los apagones y el lavado de cerebro constante en las escuelas. Salieron las amas de casa, cazuela en mano, para al menos hacer sonar unas ollas en las que apenas hay algo que echar. Salieron los padres de familias y sus nietos; los primeros, parte de una generación que ayudó a construir el actual modelo autoritario, y los segundos, potenciales balseros en el Estrecho de Florida. Salió la gente", escribe la bloguera Yoani Sánchez."En mis 53 años nunca he visto nada igual en Santiago, este es el principio del fin de la tiranía en Cuba", resumía uno de los manifestantes.


"De tanta hambre que pasamos, nos comimos el miedo”, escribe Yomil es uno de los cantantes cubanos más conocidos. Yomil lamenta que su caso sea casi una excepción. "El pueblo en la calle y los artistas en sus casas, qué decepción siento por tanto descaro. La historia los recordará como cobardes y vividores", sentencia en Twitter. 




"La hambruna recorre el país y nuestra hambre no es la misma de México, Guatemala o Brasil, donde alguien pide limosnas en la puerta de un supermercado y un buen samaritano le ofrece una tortilla, un bolillo o una galleta dulce. Los mercados en Cuba están completamente desabastecidos", explica la escritora Wendy Guerra en un reciente artículo publicado en la revista mexicana Letras Libres."No hay un diseño, no hay una economía, ni buena ni mala, no existe un plan económico, lamenta. La gente se está muriendo de hambre, literalmente. Para comprar una aspirina en el mercado negro, que es donde aparece, hay que pagar 1.000 pesos (40 dólares)”. "No hay antibióticos ni sueros, y aunque las cifras oficiales digan lo contrario, cada día mueren más pacientes de coronavirus abandonados en sus casas o tirados en el suelo de los hospitales, en condiciones infrahumanas", denuncia la escritora, que asegura que "la gente decidió jugarse la vida porque la otra opción es morir en silencio”.