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jueves, 15 de julio de 2021

El principio del fin de la tiranía en Cuba


En Cuba "salieron los jóvenes, esos que crecieron con la dualidad monetaria, la falta de sueños, los apagones y el lavado de cerebro constante en las escuelas. Salieron las amas de casa, cazuela en mano, para al menos hacer sonar unas ollas en las que apenas hay algo que echar. Salieron los padres de familias y sus nietos; los primeros, parte de una generación que ayudó a construir el actual modelo autoritario, y los segundos, potenciales balseros en el Estrecho de Florida. Salió la gente", escribe la bloguera Yoani Sánchez."En mis 53 años nunca he visto nada igual en Santiago, este es el principio del fin de la tiranía en Cuba", resumía uno de los manifestantes.


"De tanta hambre que pasamos, nos comimos el miedo”, escribe Yomil es uno de los cantantes cubanos más conocidos. Yomil lamenta que su caso sea casi una excepción. "El pueblo en la calle y los artistas en sus casas, qué decepción siento por tanto descaro. La historia los recordará como cobardes y vividores", sentencia en Twitter. 




"La hambruna recorre el país y nuestra hambre no es la misma de México, Guatemala o Brasil, donde alguien pide limosnas en la puerta de un supermercado y un buen samaritano le ofrece una tortilla, un bolillo o una galleta dulce. Los mercados en Cuba están completamente desabastecidos", explica la escritora Wendy Guerra en un reciente artículo publicado en la revista mexicana Letras Libres."No hay un diseño, no hay una economía, ni buena ni mala, no existe un plan económico, lamenta. La gente se está muriendo de hambre, literalmente. Para comprar una aspirina en el mercado negro, que es donde aparece, hay que pagar 1.000 pesos (40 dólares)”. "No hay antibióticos ni sueros, y aunque las cifras oficiales digan lo contrario, cada día mueren más pacientes de coronavirus abandonados en sus casas o tirados en el suelo de los hospitales, en condiciones infrahumanas", denuncia la escritora, que asegura que "la gente decidió jugarse la vida porque la otra opción es morir en silencio”.




martes, 9 de mayo de 2017

Fue entonces cuando empezó.

Mientras que el comercio ilegal pudo haber sido inevitable, y hasta algunas veces comprensible en tiempos de guerra, una vez finalizadas las hostilidades en 1945 resultó ser un hábito difícil de romper. En efecto, tras el hundimiento de todos los sistemas administrativos y de transportes así como el quebranto de la ley y el orden, el problema realmente se agudizó. Para el otoño de 1946 las actividades en el mercado negro eran tan comunes que la mayoría de la gente ni siquiera lo consideraba un delito. “No es exagerado decir que todos los hombres, mujeres y niños de Europa occidental se dedican en mayor o menor medida al comercio ilegal de uno u otro tipo”, afirmaba el jefe de la UNRRA para Alemania occidental en una carta al Foreign Office británico. “De hecho, en grandes zonas de Europa no es posible
ganarse la vida sin hacerlo”. Era imposible respetar la ley cuando toda la población se burlaba de ella cada día. Esto tuvo por fuerza consecuencias morales. 

En Gran Bretaña se tuvo la percepción de que los principios morales habían decaído a causa de tales actividades, escribe Keith Lowe. En palabras de Margaret Gore, ayudante del transporte aéreo en 1945, “el mercado negro en Gran Bretaña socavó la honradez de la gente, y creo que como sociedad fuimos mucho menos honrados después… Fue entonces cuando empezó”.