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viernes, 8 de enero de 2021

La izquierda, hiciese lo que hiciese, no se podía equivocar

Jean François Revel

Cuenta Romanelli, el célebre aserto de Pier Paolo Passolini, que los intelectuales italianos profesaban su fe en dos iglesias la católica y la comunista. Una especie de creencia laica según la cual la izquierda, hiciese lo que hiciese, no se podía equivocar, tal como glosó en su día Jean François Revel en El conocimiento inútil “somos una sociedad del conocimiento, pero no parece que queramos utilizarlo en realidad”. Los grandes santones de la intelectualidad occidental, desde Jean Paul Sartre, Antonio Gramsci o Herbert Marcuse a Noam Chomsky, casi siempre expresaron una evidente conmiseración, cuando no aplauso, con y por las políticas de la izquierda radical, a la vez que criticaban duramente los actos y la ideología capitalista y explotadora de los Gobiernos occidentales. En palabras de Raymond Aron, la intelligentsia vivía muy confortablemente admirando los hechos de Mao o Fidel Castro desde sus mullidas butacas de la Sorbona o de Berkeley.



En plena Guerra Mundial, a George Orwell (1903-1950) le costó Dios y ayuda que Rebelión en la Granja viese la luz. No es que su hilarante crítica al sistema soviético fuese directamente censurada, fue algo peor, no alcanzó el interés de ningún editor decente porque para la intelectualidad británica, la puesta en cuestión de la triunfante izquierda antifascista no tenía cabida en su pensamiento, había cosas que no se podían decir, la llamada mala conciencia pequeño burguesa impedía censurar a la vanguardia ideológica que representaba el valiente camarada Stalin. Hacer lo contrario supondría, cuando menos, ser tachado de reaccionario e insensible imperialista. Al fin, como aseguraba el lema corregido que procuraba embellecer el frontispicio de la antigua granja Manor, luego bautizada por los gorrinos que la habían tomado por revolucionario asalto como la feliz e industriosa Animal Farm: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.


sábado, 12 de agosto de 2017

El comunismo y el nazismo son ideologías hermanas.

nazi-fascismo y comunismo soviético
Dice Lechín que la diferencia más grande entre nazi-fascismo y comunismo soviético es que unos fueron derrotados en la segunda guerra mundial y el otro no. De ahí en adelante, la propaganda comunista fabricó diferencias irreconciliables, aunque inexistentes, con el fin de liberarse de toda asociación con el barco hundido y de poder seguir vendiendo la fantasía ideológica en un mundo por conquistar.

Lechín deja así en evidencia uno de los tantos mitos que ha construido la izquierda mundial, y que consiste en que esta no es fascista, cuando la verdad es que ambas doctrinas, como dice Lechín, aplican el mismo modelo político, aunque su impacto, discurso y estilo sean distintos. El prestigioso
Jean-François Revel
intelectual francés Jean-François Revel, un excomunista converso, explicó que el comunismo y el nazismo son ideologías hermanas a tal punto que el nazismo es el heredero ideológico del comunismo. Revel recuerda que el mismo Hitler confesó en una oportunidad qué él era el “realizador del marxismo” y que era un profundo conocedor de la obra de Marx. Hitler agregaría: “No voy a ocultar que he aprendido mucho del marxismo […]. Lo que me ha interesado e instruido de los marxistas son sus métodos […]. Todo el nacionalsocialismo está contenido en él […], las sociedades obreras de gimnasia, las células de empresa, los desfiles masivos, los folletos de propaganda redactados especialmente para ser comprendidos por las masas. Todos estos métodos nuevos de lucha política fueron inventados por los marxistas. No he necesitado más que apropiármelos y desarrollarlos para procurarme el instrumento que necesitábamos”. Según
explica Revel, el parentesco ideológico del marxismo con el nazismo va tan lejos que incluso el antisemitismo de los nazis fue en buena medida heredado del marxismo. Hitler conocía a la perfección el famoso Ensayo sobre la cuestión judía escrito por Marx, en el que el filósofo daba rienda suelta a su odio contra los judíos. De hecho, Hitler prácticamente plagió pasajes de ese ensayo en su libro Mein Kampf.

la diferencia más grande entre nazi-fascismo y comunismo soviético es que unos fueron derrotados en la segunda guerra mundial y el otro no