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sábado, 6 de noviembre de 2021

Las mujeres que se revelaron


El 11 de junio del 632, Mahoma fallecía de manera repentina. Su último suspiro lo daba en la habitación de su esposa favorita, Aisha, lugar que se convirtió en su última morada y es hoy en día uno de los principales lugares de culto islámico. Después de su muerte, la comunidad islámica sufrió una serie de rebeliones que pusieron en peligro el futuro de la nueva fe. Entre ellas, las mujeres jugaron un papel destacado, hasta el punto de poner en jaque a las fuerzas de Abu Bakr, sucesor de Mahoma. Es muy probable que esas mujeres que se enfrentaron al primer islam lo hicieran por estar en desacuerdo con el planteamiento de reclusión femenina que empezaban a intuir como norma mermando la independencia que algunas de ellas mantenían desde las tribus no islamizadas. Mientras estas mujeres se rebelaban contra el islam, en su núcleo fundador, las mujeres de Mahoma permanecieron en sus apartamentos adyacentes a la mezquita y fueron reverenciadas como Madres de los Creyentes. El califa Umar estipuló una pensión para cada una, pues el profeta no les había dejado nada en herencia y durante un tiempo, bajo el califato de Abu Bakr, tuvieron que subsistir gracias a la ayuda de sus familias. De todas ellas, Aisha continuó siendo la favorita de los musulmanes, la que recibió una cantidad más elevada de ayuda económica y la que fue reverenciada y consultada sobre cuestiones de fe por los seguidores de su difunto esposo. De hecho, más de dos mil hadiz, que conforman la sunna o tradición recibida del profeta, se atribuyen a ella.


viernes, 1 de diciembre de 2017

El califa Abu Bakr decidió poner por escrito el Corán.

 Corán andalusí del siglo XIII, 
Cuando Mahoma comunicaba las suras a sus seguidores, esas revelaciones eran memorizadas por memoriones, los fieles escribas cercanos a Mahoma, a quienes confiaba sus revelaciones. Entre ellos los más destacados fueron Muad ibn Chabal, Ubayy ibn Kab y Zayd ibn Tabit que las escribían en los más diversos materiales, como hojas de palmeras, piedras o hasta en los omóplatos de los camellos. Sin embargo, la escritura árabe en aquellos tiempos no podía reflejar exactamente el texto coránico, ya que aún no se había desarrollado lo suficiente y carecía de puntos diacríticos, de signos auxiliares y vocálicos. 

Visto el carácter heteróclito de los primitivos fragmentos manuscritos, los memoriones no conocían la totalidad del Corán, característica que dio lugar a muchos matices a la hora de recitar las suras. Desde el punto de vista de la crítica histórica y filológica, existen problemas para fijar con toda seguridad la cronología de las suras del Corán. En efecto, el profeta intercalaba revelaciones nuevas en suras anteriores y, por esta razón, no se podía fijar un orden definitivo en vista de la revelación de nuevas suras. Fue el primer califa, Abu Bakr, quien decidió tras la sangrienta batalla de Aqraba en el 633 crear una comisión de memoriones entre los supervivientes, pues quedaron muy pocos capaces de rememorar el Corán. En efecto, puesto que muchos de estos memoriones habían perecido, Abu Bakr consideró urgente poner por escrito el Corán, cuya transmisión hasta la fecha era oral. La tarea de escribir el Corán fue confiada al memorión Zayd ibn Tabit. Este primer Corán escrito quedó en manos de Abu Bakr que luego lo entregó al segundo califa Omar y a su hija Hafsa. Es
Otman Ibn Affan
lo que se designa como la primera recensión del Corán. No obstante en la época del tercer califa, Othman, hubo una proliferación de versiones del Corán, de modo que el califa ayudado por un consejo, decidió conservar algunas versiones que fueron autorizadas y legitimadas para luego formar el texto ortodoxo del Corán. Todas las demás versiones fueron quemadas y sus autores perseguidos y amenazados de muerte. Sin embargo, se debe la última recesión al califa omeya Abd al-Malik en el año 705, quien hizo vocalizar el texto ortodoxo del califa Othman, ya que al estar escrito en lengua árabe, en la que no se escriben las vocales, podía suscitar dudas en cuanto a su interpretación. De hecho hubo una evolución ortográfica a partir del siglo IX, en la que se introdujeron signos vocálicos y diacríticos a fin de evitar diferentes lecturas del texto coránico.