Cuenta el historiador J. H. Elliott que “la pompa y el ceremonial, como Catalina de Médicis advirtió rápidamente, eran los medios usuales de arrogarse lo que no había sido otorgado automáticamente. Diestramente manejados, podían ser utilizados para impresionar a los súbditos inquietos con la autoridad y esplendor sin igual de la corona; y al acentuar la majestad de la institución podían contribuir a ocultar la debilidad del hombre.”
Mostrando entradas con la etiqueta majestad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta majestad. Mostrar todas las entradas
martes, 14 de julio de 2026
martes, 9 de mayo de 2023
El rey es el símbolo de todo cuanto puede unir a los ingleses
El rey es el símbolo de todo cuanto puede unir a los ingleses y ha sido totalmente puesto al margen de cuanto puede desunirles, al mismo tiempo que es la suprema garantía de justicia igual para todos los ingleses. La administración de justicia aquí es independiente del Gobierno y se hace en nombre del rey. Por eso, ante los ojos de un juez inglés no hay, pongo por ejemplo, diferencia entre la declaración de un delincuente y la del policía que le ha detenido. Usted puede oír continuamente a un juez en sus audiencias decir que no cree ni policía y que, en cambio, cree al acusado. Para el juez, el policía es el representante del poder ejecutivo y el delincuente un ciudadano. El juez, como representante del rey, es el arbitro entre ambos. Ello es posible gracias, precisamente, a que el rey, por su aislamiento respecto a la labor diaria del Gobierno, no se ve mezclado en sus decisiones, sino que aparece como un punto equidistante, ecuánime y sobre todos los partidismos, para quien el único interés es el interés general del público británico. Aunque, en teoría, el rey tiene poderes enormes, y, si quiere, puede declarar la paz y la guerra, disolver el ejército o la marina, detener en sus prisiones “por el tiempo que le plazca” a cualquiera de sus súbditos, conceder el indulto a los condenados a muerte y otros múltiples; como estos poderes son capaces de provocar disensión, ha ido dejando de ejercerlos a través de los siglos y cediéndolos al Gobierno. En cambio, la Corona no ha cedido ni una sola de sus prerrogativas que significan servicio. Al correo se le llama “Correo de Su Majestad”. Toda la burocracia funciona bajo el lema “Al servicio de Su Majestad”. Los barcos de la escuadra son “barcos de Su Majestad”. Los reglamentos del Ejército, Marina y Fuerzas Aéreas llevan los títulos de “reglamentos de Su Majestad”. “Su Majestad” es el santo y seña de todo cuanto une y sirve a los ingleses en cuanto a comunidad. Los ingleses solo invocan su nombre cuando no puede provocar discrepancias. Al final de los banquetes, en el brindis común. Cuando terminan los espectáculos, entonando el God Save the King. Después de cada reunión, de cada manifestación; ante toda alegría o todo acontecimiento nacional, escribe Augusto Assía.
domingo, 30 de enero de 2022
El islamismo no es una religión de redención
Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de Su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada. Al Dios del Corán se le dan unos nombres que están entre los más bellos que conoce el lenguaje humano, pero en definitiva es un Dios que está fuera del mundo, un Dios que es sólo Majestad, nunca el Emmanuel, Dios-con-nosotros. El islamismo no es una religión de redención. No hay sitio en él para la Cruz y la Resurrección. Jesús es mencionado, pero sólo como profeta preparador del último profeta, Mahoma. También María es recordada, Su Madre virginal; pero está completamente ausente el drama de la Redención. Por eso, no solamente la teología, sino también la antropología del Islam, están muy lejos de la cristiana, escribe Juan Pablo II.
domingo, 22 de julio de 2018
El Dios de majestad en la época carolingia.
![]() |
| Recreación de una aldea en época carolingia |
La época carolingia, más proclive a las manifestaciones de poder que a las expresiones de humildad, dejó de lado todo lo que podía dar la sensación de debilidad en Cristo. Los episodios amables de la vida de Cristo, su trato con los pobres y los trabajadores, los aspectos realistas y dolorosos de su pasión, todo ello se mantuvo en silencio. Dios, Padre o Hijo, Padre e Hijo a la vez, junger Mensch und alter Gott, “hombre joven y viejo Dios”, como dice Walter von der Vogelweide, que se convirtió en Dios de majestad. Dios sobre el trono como un soberano (Pantocrator) aureolado con la mandorla, que llevaba hasta su punto culminante la herencia del ceremonial imperial que el cristianismo triunfante del bajo Imperio le había atribuido. Dios, cuyo poder se manifestaba en la creación (el Génesis eclipsaba en la teología, en los comentarios religiosos y en el arte a todos los demás libros de la Biblia), en el triunfo (el Cordero y la cruz se convertían en símbolos de gloria y no de humildad) y en el Juicio (desde el Cristo del Apocalipsis con la espada entre los dientes hasta el juez de los tímpanos románicos y góticos).
![]() |
Capilla Palatina. Palacio de Aquisgrán |
Los poetas del siglo IX hacían de Dios el señor de la fortaleza celeste que, curiosamente, se parecía al palacio de Aquisgrán. Ese Dios de majestad es el Dios de las canciones de gesta, expresión de la sociedad feudal, “Damedieu” (Dominus Deus), el Señor Dios. Todo el vocabulario del Cur Deus homo de san Anselmo a finales del siglo XI es feudal. Dios aparece en él como un señor feudal que manda a tres categorías de vasallos, los ángeles, que poseen feudos a cambio de un servicio fijo y perpetuo; los monjes, que sirven con la esperanza de recuperar la herencia perdida por la felonía de sus padres, y los laicos, inmersos en una servidumbre sin esperanza. Todos ellos deben a Dios el servitium debitum, el servicio del vasallo.
![]() |
| Basílica Santa Práxedes. Inicios Siglo IX |
Se modela la iconografía del Dios de majestad con sus atributos reales: el trono, el sol y la luna, el alfa y la omega, todas ellas insignias del poder universal, la corte de los ancianos del Apocalipsis o de los ángeles, y a veces la corona. Esta visión real y triunfante de Dios no excluye a Cristo. El Cristo del Juicio que conserva en su costado descubierto, pero como signo de victoria sobre la muerte, la llaga de la crucifixión, el Cristo crucificado pero portador de la corona, el Cristo de las monedas reales, todavía en el siglo XIII con la significativa leyenda del escudo de san Luis de Francia: Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat, escribe el historiador medieval francés Jacques Le Goff.
Etiquetas:
alfa y omega,
ángeles,
Aquisgrán,
canciones de gesta,
creación,
cristianismo,
Cristo,
Dios,
época carolingia,
feudal,
hijo,
laico,
majestad,
mandorla,
monje,
padre,
siglo IX,
triunfante,
vasallo
martes, 23 de enero de 2018
Saint James Park de Londres en jardín privado.
![]() |
| Parque St James en Londres |
![]() |
| Reina Carolina |
Cuentan que la reina Carolina, esposa de Jorge II de Inglaterra, quiso convertir el parque de Saint James de Londres en jardín privado de su palacio. Para ello era necesario construir un muro que rodease el parque. Consultó entonces con el primer ministro, Robert Walpole, sobre cuánto podía costar esa obra. Walpole, que conocía muy bien a sus conciudadanos y sabía lo mal que se iban a tomar que la reina les privara de aquel parque público, quiso disuadir a la reina y respondió a la reina: —Esto, majestad, os costará tan solo tres coronas. —¿Solamente tres coronas? —preguntó la reina. —Sí, majestad, las coronas de Inglaterra, Escocia e Irlanda.
viernes, 23 de diciembre de 2016
Un Habsburgo español no tenía ninguna necesidad de acudir a representaciones alegóricas y engaños ilusionistas.
![]() |
| Diego Velázquez |
Como artista cortesano, Diego Velázquez actuaba dentro de una tradición del retrato real español que evitaba la alegoría y era deliberadamente mesurada y comedida. Si esto nos dice algo sobre por qué Velázquez pintaba retratos reales como lo hizo, también nos dice algo sobre las actitudes españolas hacia la realeza. El mayor monarca del mundo, dice John Elliott, no tenía necesidad de recurrir a imaginería ostentosa para impresionar a ese mundo con su poder y majestad.
![]() |
| Juan Gastón de Médici |
Los grandes duques de Toscana de la familia Medici podían tratar de afirmar y realzar su estatus con la ayuda de representaciones alegóricas y engaños ilusionistas, pero un Habsburgo español no tenía ninguna necesidad de acudir a tales recursos artificiales. Una representación sobria y natural del monarca era suficiente por sí misma para crear en el espectador un sentimiento adecuado de respeto y temor reverencial. (John H. Elliott)
![]() |
| Felipe IV. |
Los precios pagados por objetos de lujo hablan por sí solos sobre las valoraciones contemporáneas de las diversas formas de arte, y de este modo sirven como guías útiles respecto a las fluctuaciones de estilo y gusto de la sociedad en la época de Velazquez.
Un escritorio ricamente adornado obsequiado a Felipe IV se valoró en 30.000 ducados, y un solo tapiz podía costar 5.000 o 6.000 o incluso más, pero es raro encontrar una pintura que costara más de 500 o 600 ducados.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









