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jueves, 17 de octubre de 2024

El mentiroso

Los humanos, en su inacabable búsqueda de la verdad, hemos inventado un aparatito que se llama detector de mentiras o polígrafo, y que se fundamenta en que no decir la verdad desencadena perturbaciones en cuatro manifestaciones mensurables, que son la presión arterial, el ritmo cardíaco, la respiración y la transpiración.
Más allá de los manuales de autoayuda para cazar embusteros, las ciencias de la conducta hacen hincapié en que no hay ningún método seguro, sólo existen posibles indicios. Ni siquiera el polígrafo sirve. Sienten ante él a un inocente y comiencen a bombardearle con preguntas relativas a un asesinato, seguro que se estresa. Ahora hagan lo mismo con un desalmado, es muy probable que se levante fresco como una rosa y habiéndoselo pasado la mar de bien. Y sudar, desviar la mirada o ponerse como un tomate no es sinónimo exclusivo de mentiroso, también lo es de tímido; una condición que puede ser incómoda para quien la padece, pero no intrínsecamente perversa.
Se ha descrito un trastorno bautizado como el síndrome de Pinocho, que no se caracteriza porque a alguien le crezca la nariz en cuanto profiere un embuste (lo cual sería muy práctico), sino porque no saben hablar sin incluir una mentira en su discurso. Además, es que no lo pueden evitar, por eso es enfermizo. Detrás de estas personalidades, según describen los manuales, se esconden rasgos autodestructivos porque no afrontan los problemas, sino que los cubren con un tupido manto de farsa y autoengaño. En ellos hay problemas de autoestima, inseguridad y carencias afectivas, pero la buena noticia es que tiene tratamiento terapéutico.

sábado, 9 de noviembre de 2019

La atracción magnética por las tecnologías de la información


Sherry Turkle, profesora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, afirma que muchos padres se estresan al tratar de responder sus e-mails y mensajes mientras intentan no dejar de prestarle atención a sus hijos, pero al mismo tiempo sienten una atracción magnética por sus tecnologías de la información que los ahogan. No pueden irse de vacaciones sin llevarse la oficina a cuestas. Su oficina está en su teléfono. Se quejan de que los jefes esperan de ellos que estén online continuamente, pero también admiten que su devoción hacia los dispositivos digitales excede con creces sus expectativas profesionales.

Turkle ha hablado con personas que no pueden resistir la urgencia de enviar y leer mensajes de texto incluso cuando están conduciendo.