Mostrando entradas con la etiqueta equivocación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta equivocación. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de julio de 2023

Enfrentar los errores y admitirlos

El doctor R. Buckminster Fuller, afirmó que “los errores solo son un pecado si no se admiten”. Cada vez que me molesto por haber cometido un error, asumo mi responsabilidad. Robert Kiyosaki cuenta que “culpar a alguien más es como un pecado. Muy a menudo me encuentro con empresarios fracasados e infelices que culpan a otros de sus errores de manera sistemática. Como es de esperarse, nunca aprenden de sus equivocaciones y tampoco crecen gracias a sus experiencias. Lo que esos empresarios no pueden ver es que en sus errores se encuentra la sabiduría que puede brindarles un futuro mejor. Culpar a alguien más es el peor pecado del mundo. Afronta tus errores y admítelos. Hay mucha gente que va cargando sus errores y se arrepiente de haberlos cometido. Otras personas fingen no haberse equivocado y, por lo tanto, caen en lo mismo otra vez. Y también hay algunos que se vuelven criminales, mienten acerca de sus fallas y, de esa forma, las tornan en algo todavía peor. El hecho es que, si una persona comete un error y miente, culpa a alguien más, justifica su falla o finge que no pasa nada, está dando un paso atrás. Es por eso que hay quienes no avanzan en la vida. Un buen ejemplo de este fenómeno es lo que sucedió con el presidente Bill Clinton cuando le mintió al mundo y negó haber tenido relaciones sexuales con una pasante de la Casa Blanca. Clinton pudo llegar a ser uno de los presidentes más grandes pero, en lugar de eso, ahora será recordado por su falta de carácter moral, por engañar a su esposa y, además, por mentir en televisión al respecto. Se requiere de mucho valor para enfrentar los errores y admitirlos; en cambio, para mentir no hace falta gran cosa”.

sábado, 20 de junio de 2020

Si pretendemos ser rigurosos, apliquémonos siempre las mismas reglas


Mao y Stalin

Cuando consideramos los crímenes de enemigos oficiales, Stalin, Hitler o Mao por mencionar sólo los casos más evidentes, no consideramos que el crimen tenga atenuantes por no ser deliberado, sino reflejo de estructuras institucionales e ideológicas. La hambruna china de 1958-1961 no es menos grave por haber sido una equivocación ni porque Mao no se hubiera propuesto matar a decenas de millones de personas. Tampoco se atenúa con especulaciones sobre las razones particulares que provocaron las órdenes, que condujeron a la hambruna. De la misma manera rechazaríamos indignados la acusación de que condenar los crímenes de Hitler en Europa oriental significaría pasar por alto los crímenes de Stalin. Si pretendemos ser rigurosos, apliquémonos siempre las mismas reglas.