Mostrando entradas con la etiqueta carácter moral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carácter moral. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de mayo de 2026

La genuina lealtad

Cuando hablamos de genuina lealtad organizacional, escribe Alejandro Moreno, nos referimos a comportamientos que van más allá de lo legal, mas allá de lo exigible por las normas o los códigos. Un comportamiento leal es aquel que desearíamos que nuestros empleados manifiesten, pero que muy seguramente si no existiese, no podríamos reprocharlo. La lealtad genuina solo se demuestra en las adversidades. Es cuando las cosas están mal, cuando aquellos empleados genuinamente leales nos manifiestan su aprecio mediante acciones que, en estricto sentido, no están obligados a emprender.
La mayoría de los programas de reclutamiento y selección se centran en las competencias técnicas de la persona, pero raras veces en sus competencias morales. Una buena conversación, una invitación a cenar, un trabajo de conocimiento profundo del carácter moral del empleado que vamos a contratar sin duda puede ayudar para contratar no solo empleados eficientes y técnicamente capaces, sino empleados que vivan virtudes.
La deslealtad se controla vía exigencia, la genuina lealtad hay que ganársela. Es en este sentido que como directivos debemos revisar el trato que damos a nuestros empleados como personas.Los empleados no son tontos. Ellos saben si nuestro trato es meramente instrumental. Ellos perciben cuando lo único que nos interesa de ellos es su productividad y eficiencia. Si un empleado no se siente tratado como persona, es muy difícil que cuando vengan las dificultades esté dispuesto a recorrer la milla extra con nosotros. La autentica lealtad no necesariamente es una actitud espontánea.Si queremos tener organizaciones con empleados realmente leales y comprometidos, debemos tratar a los demás como personas. Debemos tratarlos con la misma humanidad con la que nosotros mismos esperamos ser tratados. Es conveniente buscar el bien común de la organización por encima de intereses personales y no olvidar que nuestros subordinados siempre nos observan y que solo mediante un ejemplo de conducta consistente lograremos que ellos estén dispuestos, no solo a no sernos desleales, sino a efectivamente sacrificarse por nuestra empresa con esfuerzo, y por tanto, con genuina lealtad.


domingo, 23 de julio de 2023

Enfrentar los errores y admitirlos

El doctor R. Buckminster Fuller, afirmó que “los errores solo son un pecado si no se admiten”. Cada vez que me molesto por haber cometido un error, asumo mi responsabilidad. Robert Kiyosaki cuenta que “culpar a alguien más es como un pecado. Muy a menudo me encuentro con empresarios fracasados e infelices que culpan a otros de sus errores de manera sistemática. Como es de esperarse, nunca aprenden de sus equivocaciones y tampoco crecen gracias a sus experiencias. Lo que esos empresarios no pueden ver es que en sus errores se encuentra la sabiduría que puede brindarles un futuro mejor. Culpar a alguien más es el peor pecado del mundo. Afronta tus errores y admítelos. Hay mucha gente que va cargando sus errores y se arrepiente de haberlos cometido. Otras personas fingen no haberse equivocado y, por lo tanto, caen en lo mismo otra vez. Y también hay algunos que se vuelven criminales, mienten acerca de sus fallas y, de esa forma, las tornan en algo todavía peor. El hecho es que, si una persona comete un error y miente, culpa a alguien más, justifica su falla o finge que no pasa nada, está dando un paso atrás. Es por eso que hay quienes no avanzan en la vida. Un buen ejemplo de este fenómeno es lo que sucedió con el presidente Bill Clinton cuando le mintió al mundo y negó haber tenido relaciones sexuales con una pasante de la Casa Blanca. Clinton pudo llegar a ser uno de los presidentes más grandes pero, en lugar de eso, ahora será recordado por su falta de carácter moral, por engañar a su esposa y, además, por mentir en televisión al respecto. Se requiere de mucho valor para enfrentar los errores y admitirlos; en cambio, para mentir no hace falta gran cosa”.