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martes, 8 de septiembre de 2026

La gaita no tiene absolutamente nada que ver con la cultura celta

A pesar de que los nacionalismos identifican la gaita con los territorios de origen celta, lo cierto es que la gaita no tiene absolutamente nada que ver con la cultura celta.El instrumento llega a Europa occidental junto con las legiones romanas. A Roma, la cornamusa primitiva llega por el contacto con los griegos, quienes a su vez lo recibieron por medio del intercambio comercial con los pueblos del Mediterráneo.La cornamusa, de la que luego surgirían las gaitas y otros instrumentos, como la dulzaina, se origina en la antigüedad en Mesopotamia y Persia.Será a partir del siglo IX, ya en la Baja Edad Media, cuando el instrumento se generalice a lo largo de varias regiones de Europa.
Con el tiempo entra en decadencia y termina relegada como instrumento de especial identidad cultural en regiones como Escocia, Galicia o Asturias, aunque también hay gaitas en otras regiones españolas como Aragón o Castilla y León, y en otros países europeos, como Irlanda, Francia, Italia, Suiza o Alemania.
La gaita asturiana conserva una estructura más primitiva, o más genuina, si se prefiere, que la gallega.El motivo es que la gaita gallega introdujo varios elementos propios de los instrumentos de viento modernos, sobre todo a partir del siglo XVIII, cuando la música clásica experimenta su gran desarrollo. Existen matices de timbre diferentes entre la gallega y la asturiana. Sin embargo, la principal diferencia radica en la digitación de un instrumento y de otro. Mientras la gaita gallega emplea una digitación abierta, es decir, que la escala mayor se elabora liberando los agujeros del punteiro, la gaita asturiana funciona al revés debido a que emplea una digitación cerrada.


sábado, 4 de mayo de 2024

Escocia se está convirtiendo en un gran ejemplo de lo que ocurre cuando un país se aleja de sus raíces cristianas

David Robertson

*"La policía escocesa va a crear Centros de Denuncia de Terceros en toda Escocia, a los que se puede acudir para “clipe” (palabra escocesa que significa soplón o chivato) de cualquier persona.El Herald informa sobre una formación policial que anima a los agentes a perseguir a cualquiera que produjera material considerado “amenazador y abusivo”. Por ejemplo, por representar negativamente a una persona trans en una obra de teatro, se puede ser procesado. Pero la policía del pensamiento no acaba ahí. La ley de delitos de odio establece que “dar, enviar, mostrar o reproducir el material a otra persona” te hará susceptible de ser procesado. Si repites en Internet un chiste que alguien con una característica “protegida” considera ofensivo, podrías ser culpable de un delito de odio."
"Te pueden denunciar por expresar “odio” en tu propia casa. Como señaló Jim Spence, “es una receta para el desastre cocinada por una clase política liberal que piensa que se pueden eliminar de la vida real las emociones, los sentimientos y el comportamiento humanos”.
Escocia se está convirtiendo en un gran ejemplo de lo que ocurre cuando un país se aleja de sus raíces cristianas y vuelve a una especie de paganismo “progresista” precristiano. Se convierte en un caso perdido autoritario, confuso e injusto."
*David Robertson, ministro de la Iglesia Presbiteriana Scots Kirk de Newcastle, Nueva Gales del Sur.

miércoles, 7 de junio de 2023

La fe anglicana es ahora una minoría en Gran Bretaña

Escribe Thomas Schirrmacher que la piedad personal fuerte y convincente de la reina Isabel II ha eclipsado hasta cierto punto el cambio profundo en la Iglesia anglicana desde su coronación en 1953. En ese momento, la religión del estado era también la religión mayoritaria. Desde entonces, ha habido una rápida tendencia de las personas a alejarse de la Iglesia Anglicana. Comparado con el 30% en el año 2000 que se consideraban miembros a la Iglesia Anglicana, el porcentaje se ha reducido a la mitad. Desde 2016, más católicos en el Reino Unido van a la iglesia los domingos que anglicanos. A raíz de la muerte de la reina Isabel II se hace urgente conversar sobre el hecho de que la fe anglicana es ahora una minoría en Gran Bretaña, y también sobre cómo la iglesia puede volverse misionera y ganar a la gente para la fe nuevamente. CarlosIII aún no ha indicado que esté preocupado por estos acontecimientos. Tampoco ha indicado que la formulación política del papel del rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra deba adaptarse a la realidad de la condición de minoría.

La coronación llega en un momento en que la Iglesia Anglicana como comunión mundial acaba de dividirse, con más de las tres cuartas partes de los obispos del mundo declarando que el Arzobispo de Canterbury ya no es su líder, renunciando así también al rey inglés. Carlos III quiere proteger todas las religiones. Pero en ninguna parte separa esta tarea evidente de un jefe de estado de su tarea como líder de la Iglesia de Inglaterra. Su madre reconoció con simpatía la creciente libertad religiosa en Gran Bretaña. Pero ella no confundió esto con su tarea como Defensora de la Fe. Al asumir el cargo, Carlos III ya juró “defender la fe” no sólo de los anglicanos sino también de los protestantes en Escocia. Si uno tuviera que inferir la preferencia de Carlos III por una denominación de sus actividades, viajes y declaraciones durante décadas, no pensaría en él como protestante, sino más bien como católico. Solo desde que asumió el cargo ha hecho un compromiso directo, aunque bastante general, con la fe anglicana. En 1985, cuando lo visitó el Papa Juan Pablo II, su madre tuvo que prohibirle que asistiera a misa católica; no se dio cuenta de lo delicado que era el asunto. Mientras que su madre era más del ala evangélica tradicional (llamada “iglesia baja”) de la Iglesia de Inglaterra y tenía una relación muy personal con la Iglesia Presbiteriana de Escocia, Carlos III es más del ala anglo-católica (conocida como “iglesia alta”). En 2019 viajó al Vaticano para asistir a la canonización de St. John Henry Newman, quien se había convertido de la fe anglicana a la católica; Carlos III se refirió a Newman como un modelo a seguir.

jueves, 20 de enero de 2022

El vestido highland


¿Cuándo se convirtió el philibeg de tartán, el kilt moderno, en el atuendo de los highlanders? Mientras que el tartán, es decir, la pieza de tela tejida siguiendo un modelo geométrico de colores, se conocía en Escocia en el siglo XVI (parece haber llegado de Flandes hasta las Highlands a través de las Lowlands), el philibeg, tanto el nombre como la cosa, son desconocidos antes del siglo XVIII. Lejos de ser un vestido tradicional highland, fue inventado por un inglés después de la Unión de 1707, y los diferentes tartanes de los clanes son incluso una invención más tardía. Fueron diseñados como parte de una festividad organizada por sir Walter Scott en honor de un rey hannoveriano y deben su forma actual a otros dos ingleses. Dado que los highlanders escoceses eran, en su origen, simplemente irlandeses que habían navegado de una isla a otra, es natural suponer que originalmente su vestido era el mismo que el de los irlandeses. Hasta el siglo XVI el vestido corriente de los highlanders era una larga camisa irlandesa que las clases altas, como en Irlanda, teñían con azafrán; una túnica de failuin y un abrigo o manto que las clases altas tejían con muchos colores y líneas pero que en general era de coloración marrón, como color protector en el brezo. Además, los highlanders llevaban zapatos de una sola suela (las clases altas utilizaban botines) y blandos sombreros planos, generalmente azules. El manto con cinturón podía ser apropiado para la vida ociosa de los highlanders, para vivir en las colinas o esconderse en los brezales. Era también barato, y todos estaban de acuerdo en el hecho que las clases bajas no podían permitirse el gasto que suponían los pantalones. Pero para los hombres que tenían que talar árboles o construir hornos era un vestido incómodo e inapropiado. Por tanto, como hombre de genio y rapidez, Rawlinson llamó al sastre del regimiento estacionado en Inverness y juntos se propusieron “acortar el vestido y hacerlo útil y cómodo para sus trabajadores”. El resultado fue el felie beg, philibeg, o pequeño kilt, que se alcanzó al separar la falda del manto y convertirlo en una prenda distinta, con los pliegues ya cosidos. El mismo Rawlinson llevó este nuevo vestido y su ejemplo fue seguido por su socio, Ian Macdowell de Glengarry. Después, los jefes de los clanes siguieron a su jefe y la innovación “se consideró tan cómoda y conveniente que en poco tiempo su uso se hizo frecuente en todo el territorio de las Highlands y también en gran parte de las Lowlands septentrionales”. La narración del origen del kilt fue suministrada primero en 1768 por un caballero highland que había conocido a Rawlinson personalmente. Fue publicada en 1785 y no originó desacuerdos.



Regimientos highland se cubrirían pronto de gloria en la India y por medio de la Disarming Act de 1747 se les excluyó explícitamente de la prohibición de llevar el vestido highland y, de este modo, en los treinta y cinco años durante los cuales los campesinos celtas utilizaron siempre los pantalones sajones, los regimientos highland fueron quienes mantuvieran viva la industria del tartán e hicieron que su más reciente innovación, el kilt de Lancashire, tuviese continuidad. Originalmente, los regimientos highland llevaban como uniforme el manto con cinturón. Sin embargo, una vez que se inventó el kilt y su conveniencia lo hizo popular, fue adoptado por ellos. Además, probablemente fue su uso lo que dio nacimiento a la idea de diferenciar a los clanes por medio de diferentes tartanes. A medida que los regimientos highland crecían según las necesidades bélicas, se transformaban sus uniformes y, cuando la población civil adoptó el uso del tartán y el movimiento romántico fomentó el culto del clan, el mismo principio de diferenciación fue fácilmente transferido del regimiento al clan. 

lunes, 13 de julio de 2020

Antes de los años finales del siglo XVII, los highlanders de Escocia eran un apéndice de Irlanda



Los escoceses se juntan para celebrar su identidad nacional, la afirman abiertamente por medio de un determinado aparato nacional distintivo. Llevan el kilt, tejido en un tartán cuyo color y modelo indican su clan; y si deciden tocar música, su instrumento es la gaita. Este aparato, al cual atribuyen gran antigüedad, es de hecho básicamente moderno. Se desarrolló después, a veces mucho después, de la Unión con Inglaterra, contra la cual es, de algún modo, una protesta.


Antes de los años finales del siglo XVII, los highlanders de Escocia no formaban un pueblo diferente. Eran simplemente un apéndice de Irlanda. En esa costa accidentada e inhóspita, en ese archipiélago de islas grandes y pequeñas, el mar une más que separa y desde finales del siglo V, cuando los escotos del Ulster desembarcaron en Argyll, hasta la mitad del siglo XVIII, cuando se abrió después de las revueltas jacobitas, el oeste de Escocia, cortado por montañas desde el este, estuvo siempre más ligado a Irlanda que a los sajones de las Lowlands. Racial y culturalmente, era una colonia de Irlanda. Sus bardos, médicos y arpistas hereditarios (porque su instrumento musical era el arpa, no la gaita) venían de Irlanda.


No fue hasta mediados del siglo XVII que la Plantation del Ulster bajo la autoridad inglesa y el auge de la hegemonía de los Campbells en las Highlands occidentales rompieron esta potencial unidad política. Pero la unidad cultural, aunque debilitada, se mantuvo. En el siglo XVIII, las islas occidentales eran todavía un apéndice irlandés, y el idioma gaélico que allí se hablaba era llamado normalmente, en el siglo XVIII, irlandés. La creación de una tradición highland independiente y la imposición de ésta, con sus signos externos, al conjunto de la nación escocesa, se produjo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Toda vez que los lazos con Irlanda se habían cortado, y las Highlands escocesas habían adquirido, aunque fraudulentamente, una antigua cultura independiente, se había abierto el camino para señalar esta independencia por medio de tradiciones propias. La tradición que ahora se iba a establecer era la peculiaridad en la forma de vestir, escribe el historiador británico Eric Hobsbawm.