domingo, 4 de octubre de 2026

Los seguros para los pobres parecen un objetivo evidente

Puesto que el coste del riesgo es muy elevado y el seguro que se puede conseguir a través de canales informales tiene muchas limitaciones, cabe preguntarse por qué los pobres no acceden más a los seguros oficiales, es decir, a los ofrecidos por las compañías aseguradoras. Cualquier tipo de seguro formal es una rareza entre los pobres. Determinados contratos de seguro que son productos estándar entre los agricultores de países ricos, como los seguros de salud, los seguros contra el mal tiempo o contra la muerte del ganado, prácticamente no existen en el mundo en desarrollo. Ahora que todo el mundo conoce los microcréditos, los seguros para los pobres parecen un objetivo evidente, una oportunidad para los capitalistas creativos llenos de buenas intenciones (un editorial de la revista Forbes lo llamó “un mercado natural no penetrado”). Los pobres se enfrentan a un riesgo enorme y deberían estar dispuestos a pagar una prima razonable para asegurar sus vidas, su salud, su ganado o su cosecha. Con miles de millones de pobres a la espera de contratar seguros, incluso si se obtiene un beneficio minúsculo por cada póliza, podría generarse ya un gran proyecto empresarial y, a la vez, les serviría a estos de gran ayuda. Lo único que falta es alguien que organice este mercado. Por eso, algunas organizaciones internacionales (como el Banco Mundial) y grandes fundaciones (como la Fundación Gates) han invertido cientos de millones de dólares para fomentar el desarrollo de los seguros para los pobres.
Referencia: Repensar la pobreza (Abhijit V. Banerjee;Esther Duflo)

La belleza moral deja un inolvidable recuerdo a aquel que la ha contemplado

La belleza moral deja un inolvidable recuerdo a aquel que aun una sola vez, la ha contemplado. Nos conmueve más que la belleza de la naturaleza o la de la ciencia. Da, al que la posee, un extraño e inexplicable poder. Aumenta la fuerza de la inteligencia. Establece la paz entre los hombres. Y es, aún más que la ciencia, el arte y la religión, la base de la civilización humana, escribe Alexis Carrel que fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina.

sábado, 3 de octubre de 2026

La espada exterminadora da muy malos resultados en manos del hombre

La espada exterminadora con que deseabas armarte da muy malos resultados en manos del hombre, incluso con buenas intenciones, incluso contra el error o la perversidad. Se corre un gran riesgo de matar al enfermo, al extirpar violentamente la enfermedad; resulta parecido y peligroso como en el caso del cirujano (de almas), y cabe además el peligro de hacer despertar el orgullo y el despotismo. Le hace falta una gran pureza moral y un gran sentido para adivinar al prójimo. Lo más seguro, desde luego, es la caridad, la caridad que todo lo perdona porque todo lo comprende, que soporta, pone de relieve, ilumina, gana y mejora. Combatir, sí, en último extremo, pero siempre lleno de espíritu de caridad; y agotar en el amor incluso la severidad, como hace el padre con el hijo; hacer del látigo caricia, y de la espada un favor, y pedir al ángel del castigo que vive en nosotros que nos corrija en primer lugar y nos bendiga; tomar como propio solamente las imperfecciones, e inclinarse ante Dios, que habla por nuestra conciencia, que se revela en nuestras palabras, que quiere obrar sobre el hombre por medio del hombre, a fin de humanizar sus actos, para ennoblecer a sus hijos y dejarles su gloria, escribe el filósofo suizo Henri Frédéric Amiel.

Quien cree que asegura su vida mediante bienes materiales, se engaña, la vida se le está escapando

En Evangelium Vitae, encíclica redactada por Juan Pablo II y publicada el 25 de marzo de 1995, se manifiesta que “si la promoción del propio yo se entiende en términos de autonomía absoluta, se lleva inevitablemente a la negación del otro, considerado como enemigo de quien defenderse. De este modo la sociedad se convierte en un conjunto de individuos colocados unos junto a otros, pero sin vínculos recíprocos, cada cual quiere afirmarse independientemente de los demás, incluso haciendo prevalecer sus intereses”.
“Sólo quien reconoce que su propia vida está marcada por la enfermedad del pecado, puede redescubrir, en el encuentro con Jesús Salvador, la verdad y autenticidad de su existencia, según sus mismas palabras: No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores (Lc 5, 31-32). En cambio, quien cree que puede asegurar su vida mediante la acumulación de bienes materiales, como el rico agricultor de la parábola evangélica, en realidad se engaña. La vida se le está escapando, y muy pronto se verá privado de el a sin haber logrado percibir su verdadero significado: « ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán? » (Lc 12, 20).”
La propiedad privada es un derecho fundamental de las personas. Pero cualquier superávit, antes que añadirse a la abundancia del rico, tiene que destinarse a quienes carecen de las necesidades básicas. La aversión que causa el rico no se debe a su riqueza, sino al mal uso que hace de ella.

viernes, 2 de octubre de 2026

Para estar bien cada día

Cuenta la psiquiatra María Inés López-Ibor que para estar bien cada día hay que hacer seis cosas como mínimo, que son sencillas, pero muy importantes y son las que nos enseñan nuestros padres desde pequeños. Dormir bien (7-8 horas); comer bien (una dieta equilibrada); cuidar la higiene; aprender algo nuevo cada día; hacer ejercicio (40 minutos al día de un paseo es suficiente. La organización mundial de la salud recomienda 150 minutos a la semana de ejercicio moderado); y la sexta, que es cada vez más importante, es lo que llama silencio o quietud o quizá sosiego….. Para sentirse bien, cada día debemos hacer dos cosas. Una es hacer algo por los demás. Puede ser algo tan sencillo como ayudar con las tareas de casa, o llamar a un amigo que lo está pasando mal… Pensar en los demás nos ayuda. La otra cosa es el sentido de trascendencia, pensar que la vida está bien si tiene un sentido.


La nación es la consecuencia de un largo pasado

Ernest Renan escribe que “ no, no es la tierra en su mayor medida que la raza la que hace una nación. La tierra aporta el sustrato, el campo de la lucha y el trabajo; el hombre aporta el espíritu. El hombre lo es todo en la formación de esa cosa sagrada que se llama un pueblo. Nada material es suficiente. Una nación es un principio espiritual, resultante de profundas complicaciones de la historia; es una familia espiritual, no un grupo determinado por la configuración del suelo.…..Una nación es un alma, un alma constituida por dos elementos, la posesión en común de un rico legado de recuerdos y el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa……El hombre no se improvisa. La nación, como el individuo, es la consecuencia de un largo pasado de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos”.

Referencia: filósofo e historiador francés Ernest Renan. Conferencia de 1882 titulada ¿Qué es una nación? (Qu'est-ce qu'une nation?).



Existe un modo de forzar la actuación contra conciencia, la tortura

La conciencia es en el hombre el órgano del bien y del mal; pero no es un oráculo. Nos marca la dirección, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Pero para poder verlo, necesita de la reflexión de un conocimiento real, un conocimiento, si se puede decir, que sea también moral. Lo cual significa que necesita una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología. 
Debes seguir tu conciencia; lo cual tan solo quiere decir que debes hacer lo que tienes por objetivamente bueno, cosa que en el fondo es algo trivial. Realmente bueno es solo lo que tanto objetiva como subjetivamente es bueno.
Cuando a uno se le obliga a actuar en contra de su conciencia. Se trata de una lesión de la dignidad del hombre. Pero ¿es eso de verdad posible? Ni siquiera la amenaza de muerte obliga a uno a actuar contra su conciencia, como documenta la historia de los mártires de cualquier tiempo. Existe no obstante un modo de forzar la actuación contra conciencia, la tortura, que convierte a un hombre en instrumento sin voluntad de otro. De ahí que la tortura pertenezca a los pocos modos de obrar que, siempre y en toda circunstancia, son malos; toca directamente el santuario de la conciencia, del que ya el precristiano Séneca escribió que “habita en nosotros un espíritu santo como espectador y guardián de nuestras buenas y malas acciones”.

Referencia: Ética:cuestiones fundamentales (Robert Spaemann)