miércoles, 15 de julio de 2026

Las guerras casi constantes deben considerarse como uno de los factores fundamentales del atraso español del siglo XIX

Cuenta el historiador Stanley George Payne, en su libro 40 Preguntas fundamentales sobre la Guerra Civil, que “España, mucho más que cualquier otro país del mundo, tuvo la desgracia de pasar la mayor parte del siglo XIX embarcada en un tipo de guerra u otro. Estas revueltas semipermanentes se debieron, sobre todo, al legado del imperio y a los constantes esfuerzos por introducir un liberalismo más avanzado. España fue el único país para el que el siglo XIX comenzó y concluyó con grandes conflictos internacionales: la Guerra de la Independencia contra Napoleón entre 1808 y 1814 y la Guerra de Cuba de 1895-98, y entre ambas, la guerra contra Marruecos de 1859, el conflicto naval en las costas de Sudamérica y una operación militar menor en Marruecos en 1894. Además, las contiendas coloniales españolas del siglo XIX fueron, con mucho, las más costosas en términos económicos que jamás haya sufrido un Estado europeo, culminando en el más absoluto fracaso. En esos convulsos momentos, España se convirtió en la clásica tierra de guerras civiles, empezando con el conflicto limitado de 1822-23, al que siguieron la insurrección del campesinado catalán de 1827 (Guerra dels agraviats), la primera guerra carlista, un levantamiento carlista menor que tuvo lugar en Cataluña entre 1846 y 1849 (Guerra dels matiners), y la segunda guerra carlista, a los que hay que añadir la revuelta cantonalista republicana de 1873-74 y numerosos pronunciamientos civiles y militares de corta duración, muchos de los cuales conllevaron serios enfrentamientos armados, así como las campañas a gran escala emprendidas para sofocar los movimientos independentistas hispanoamericanos (que, en cierta manera, también pueden considerarse guerras civiles), primero en la década de 1815-25 y más tarde, en la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-78), a la que siguió la breve “Guerra Chiquita” (1879-80). Las dos principales campañas cubanas supusieron más de 100.000 muertes para el ejército español, pero la pérdida de vidas humanas, tanto en términos absolutos como proporcionales, fue incluso mayor en la primera guerra carlista.” 
Las guerras casi constantes deben, por tanto, considerarse como uno de los factores fundamentales del atraso español del siglo XIX.

El gozo del descubrimiento

Paul Halmos glorificaba así el gozo del descubrimiento, una emoción que, además de los matemáticos, también experimentan artistas y científicos. El gozo de saber de repente lo que antes era un secreto, y el gozo de descubrir de repente una verdad oculta hasta el momento, a mí me parecen lo mismo, ambos tienen el destello de la iluminación, la visión casi increíblemente mejorada, y el éxtasis y la euforia de la tensión liberada.

Existe una estrecha relación entre energía y supervivencia humana

Para Vaclav Smil, los avances de la civilización pueden mostrarse como la búsqueda de un mayor consumo de energía. Ian Morris afirma que ese consumo debe ser la base para cualquier medida aplicable al desarrollo humano.Si las sociedades no toman energía de su entorno, se desmoronan. Existe una estrecha relación entre energía y supervivencia humana. Para Rojas y Siles, el acceso a la electricidad es imprescindible para erradicar la pobreza. Además, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de estableció la relación directa entre el consumo per cápita de energía y el índice de desarrollo humano.
La crisis energética mundial y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero están impulsando a la energía nuclear como nuevo protagonista, más decisiva, mejor comprendida por la sociedad. La razón de los hechos ha superado a una emotividad exagerada, edificada sobre prejuicios.La energía nuclear no solo ha perfeccionado una seguridad siempre en altas cotas de eficiencia, también favorece una pronta eliminación de las fuentes contaminantes y un suministro de energía a precios competitivos. Y esta transición hacia lo sostenible, hacia un medioambiente sin exceso de carbono, se logra sin comprometer el confort vital alcanzado y favoreciendo a un conglomerado industrial siempre necesitado de una buena electricidad ajustada en su coste como factor productivo.


martes, 14 de julio de 2026

General Giáp

General Giáp
Desde el final de la II Guerra Mundial hasta nuestros días ha habido muy pocas figuras en el ámbito militar que se hayan ganado un puesto en la historia por su capacidad para entender el campo de batalla y adaptarse a sus condiciones…..El más grande, quizás el único realmente grande, fue el general Giáp, el estratega vietnamita que derrotó a Francia y a Estados Unidos, logrando así la unificación de su país en clave comunista. Giáp supo extraer las lecciones apropiadas de la guerra de Argelia y comenzar a desarrollar lo que hoy conocemos como estrategias asimétricas. Entendió a Occidente, localizó sus debilidades y contradicciones y, con la paciencia estratégica de la que nosotros carecemos, planteó un conflicto en el que las victorias militares de Estados Unidos alimentaban la crítica interna al mantenimiento de la guerra. Con Giáp comprendimos que el cuarto de estar y el aparato de TV son el campo de batalla principal en las guerras contra Occidente, al disponer de un ejército de periodistas gratuito introduciendo en los hogares la información necesaria para privar a los gobiernos del necesario apoyo público. Con Giáp aprendimos que la victoria militar tiene un interés muy relativo cuando se pierde el apoyo social, escribe el profesor Florentino Portero.


La pompa y el ceremonial eran los medios de arrogarse lo que no había sido otorgado

Cuenta el historiador J. H. Elliott que “la pompa y el ceremonial, como Catalina de Médicis advirtió rápidamente, eran los medios usuales de arrogarse lo que no había sido otorgado automáticamente. Diestramente manejados, podían ser utilizados para impresionar a los súbditos inquietos con la autoridad y esplendor sin igual de la corona; y al acentuar la majestad de la institución podían contribuir a ocultar la debilidad del hombre.”


lunes, 13 de julio de 2026

Europa central

Kundera en su ensayo Un Occidente secuestrado habla de las tres Europas que surgieron después de la Guerra Mundial. La Occidental, la Oriental y la situada geográficamente en el centro, “culturalmente en el Oeste y políticamente en el Este, la más complicada de las tres”. La explicación es que la Europa geográfica comportaba dos Europas. Una de ascendencia romana, alfabeto latino y vinculada a la Iglesia católica y otra marcada por Bizancio, la Iglesia ortodoxa y de alfabeto cirílico. Tras 1945 “la frontera entre esas dos Europas se desplazó unos pocos cientos de kilómetros hacia el Oeste y algunas naciones que siempre se habían considerado occidentales se despertaron en un buen día y constataron que se encontraban en el Este”. Polonia, Chequia, Hungría… Se trata de naciones históricamente exhaustas que “arrinconadas por un lado por los alemanes y por el otro por los rusos, en la lucha por su supervivencia y por su lengua consumieron demasiadas fuerzas. Así, después de la Primera Guerra mundial, Europa central se transformó en una zona de pequeños y vulnerables estados cuya debilidad permitió las primeras conquistas de Hitler y el triunfo final de Stalin”. 
“¿Qué es Europa central?, se pregunta Kundera, es esa cierta zona de pequeñas naciones entre Rusia y Alemania”. Y repregunta, “¿Que es una pequeña nación? Aquella cuya existencia puede ser cuestionada en cualquier momento, aquella que puede desaparecer, y lo sabe. Un francés, un ruso o un inglés no suelen hacerse preguntas sobre la supervivencia de su nación. Sus himnos no hablan más que de grandeza y de eternidad. Ahora bien, el himno polaco empieza con este verso, Polonia aún no ha perecido…”. Kundera no le da demasiado valor a esas fronteras políticas “inauténticas, siempre impuestas por invasiones, conquistas y ocupaciones”, porque lo que define al conjunto centroeuropeo “son las grandes situaciones comunes que reúnen a los pueblos y los agrupan cada vez de manera diferente, dentro de fronteras imaginarias y siempre cambiante, en cuyo interior subsisten la misma memoria, la misma experiencia, la misma comunidad de tradición”. Esa vivencia que comparten las pequeñas naciones es la sensación de vivir en la cuerda floja, de no haber perecido aún, como decía el himno polaco, pero poder hacerlo en cualquier momento. Bajo el yugo de una existencia amenazada y en entredicho, su identidad se revuelve, se reafirma, se proyecta en manifestaciones diversas de algo que les une y les libera; la cultura, o mejor, un sentido profundo, radical y vital de cultura. Schönberg y Béla Bartok, Kakfa y Hasel, Broch, Musil. Gombrowicz, Schulz, Witkiewicz, Freud, Husserl, Joseph Roth, Danilo Kiš… Muchos representantes de esa gran cultura centroeuropea son judíos y marcaron con su genio, por encima de luchas nacionales, el devenir de las artes, el pensamiento… “Los judíos han sido en el siglo XX el principal elemento cosmopolita e integrador de Europa central, su argamasa intelectual, condensación de su espíritu creador, de su unidad espiritual. Por eso los amo y me aferro a su legado con pasión y nostalgia, como si fuera mi propio legado personal. ¿Que son los judíos sino una pequeña nación, la pequeña nación por excelencia?”.


Obsesionarse con todo lo que hay que hacer o con lo malo que pueda pasar no ayuda

“Cuando la imaginación y la fuerza de voluntad están en conflicto, son antagónicas, siempre es la imaginación la que gana, sin excepción”, explica el psicólogo francés Émile Coué. El intelectual y escritor Aldous Huxley nombró la Ley del Esfuerzo Invertido. Cuando no puedes conciliar el sueño, o te da un ataque de risa en un momento inconveniente, o no puedes recordar algo, en vez de obligarte a tratar de hacer lo que no estás pudiendo, relájate y haz o piensa en otra cosa. Aunque parezca contradictorio, a veces fracasamos porque nos esforzamos demasiado. Eso no quiere decir que nunca haya que hacer nada, o que siempre haya que asumir una actitud pasiva frente a la vida, sino que a veces cuanto más intentas mejorar algo a punta de fuerza de voluntad, más lo empeoras. León Tolstói ilustró el concepto en su libro Anna Karénina al describir lo que le ocurrió al terrateniente Konstantin Levin a medida que encontraba armonía labrando la tierra con los campesinos.“Comenzó a producirse un cambio en su trabajo que lo colmaba de placer. En medio de su labor había momentos en los que olvidaba lo que hacía y trabajaba sin esfuerzo, y en esos mismos momentos su hilera quedaba tan bien cortada como la de Tit"."Pero en cuanto recordaba qué estaba haciendo y procuraba hacerlo mejor, sentía el peso del esfuerzo y todo resultaba peor”.
La ley no es sinónimo de resignación ni invita a la pasividad, apatía o mediocridad.Más bien fomenta la reflexión y motiva a detenerse, valorar las circunstancias y asumir la mejor actitud posible.Ayuda a reducir el estrés en cualquiera de esos días o períodos de la vida personal o laboral en los que no parece haber más que presión. Obsesionarse con todo lo que hay que hacer o con lo malo que pueda pasar no ayuda, pero tomar distancia psicológica y darse tiempo para respirar sí.Es una herramienta útil cuando te sientas frente a una página en blanco que tienes que llenar con pensamientos que no sabes cómo expresar, seas escritor profesional o no.Y hasta en las relaciones interpersonales tiene su lugar, a veces, cuanto más tratas de acercarte a alguien, más se aleja.