El Génesis es un conjunto de relatos orales, probablemente compilados en torno al siglo VI aC, compuesto por un pueblo de nómadas. Pero si uno ve el relato de la Creación y lo compara con los mitos babilónicos, por ejemplo, uno se da cuenta de lo preciso que es el relato de la Creación judeocristiana, con respecto a lo que sabemos hoy por la ciencia, en cuanto que hubo una aparición secuencial, primero los animales, y luego el ser humano, que no se ve en otros mitos. Esto requiere adentrarse bien en la ciencia, conocer bien la ciencia, pero conocer igual de bien la religión y lo que dice la Biblia. No hay conflicto por ningún lado. El propio relato del Génesis nos dice que Dios toma el polvo de la creación, del mundo, y ahí le insufla la vida. Eso es exactamente lo que como vemos que ocurrió según la teoría de la evolución. De lo que hay, de lo que hay en la Tierra, de esos animales que están evolucionando, de ese “polvo”, de la tierra, es de lo que parte Dios, que le insufla el alma, la vida, la vida espiritual al ser humano. Además, el Antiguo Testamento no lo podemos interpretar desde la perspectiva de nuestra época ni literalmente. La Biblia no es un tratado científico ni histórico, sino un tratado teológico, un tratado de fe. Tal como ha dicho el papa Francisco, la teoría de la evolución nos muestra cómo se ha ido desenvolviendo la Creación de Dios en la Tierra, manifiesta el neurocientífico Javier Bernácer, investigador del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra
Para Bernácer lo que se nos cuenta en el Génesis que sucedió en el Jardín del Edén eso queda fuera de la historia, fuera de la historia natural. El hombre está en presencia de Dios y eso queda fuera de la historia natural. Una vez que somos expulsados, es cuando empieza la historia natural. En la medida en que somos criaturas y somos libres, podemos tender hacia el pecado. No somos perfectos, en tanto que somos criaturas. Nos ha creado Dios y no somos dioses. Dios nos crea libres, y en esa medida podemos pecar…..Cuando Adán y Eva están en el Jardín del Edén, se hallan en presencia de Dios. La presencia de Dios es lo que nos hace tender hacia el bien. Dentro de nuestra libertad y de nuestra imperfección. Cuando perdemos la gracia de Dios, soltamos las riendas y entonces podemos pecar. Yo creo que el ser humano, en la medida en que es libre y es criatura, ya tiene ese pecado original. Lo que sucede en el Jardín del Edén se quedó en el Jardín del Edén. Allí es donde sucede el pecado original. En el momento en el que Dios nos expulsa del Jardín del Edén, ya salimos con el pecado original.


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