En psicoanálisis, Melanie Klein, especialista en infancia, recuerda por un lado, que todo acto viene a ser como una reparación de haber hecho algo con malestar, o siempre en deuda. Pero también dice que hay personas que dan porque aman, y no esperan ninguna recompensa ni han faltado a nadie. Donación gratuita. El ejemplo más claro de esto es el amor de los padres por los hijos o el amor de amistad. Se da y no se espera nada a cambio. No quiere decir que no haya una satisfacción por tener esta actitud, pero la persona que ama no espera ni se frustra ni se desespera para que no se le reconozca ni se le dé nada a cambio.
Al ser humano, desde que está en la matriz hasta que nace y empieza a caminar, todo se le da. No hace ningún esfuerzo por conseguir las cosas, ni puede. Todo es protección. Una entrega de los demás hacia él, esperando que de mayor se acuerde o madure. Pero al mismo tiempo el niño debe aprender que también debe dar, así como a él le han dado. Ley de reciprocidad. Y en este proceso de individuación, deslizamiento, maduración o toma de los distintos niveles de conciencia debe poder ver que hay otros que dan y no esperan.
Una actitud de servicio desinteresada en un mundo global, en un sistema neoliberal imperante, tecnificado, digitalizado y excluyente, o la de dar sin esperar respuesta o recibir generosamente sin tener que devolver son indicadores de madurez, de amor que dan felicidad y al mismo tiempo abren un horizonte de esperanza para que vaya llegando a las personas concretas. Si no fuera así sería un derribo humano y tendríamos la codicia como meta, una inhumanidad, concluye el psicólogo Jaume Patuel.
Una actitud de servicio desinteresada en un mundo global, en un sistema neoliberal imperante, tecnificado, digitalizado y excluyente, o la de dar sin esperar respuesta o recibir generosamente sin tener que devolver son indicadores de madurez, de amor que dan felicidad y al mismo tiempo abren un horizonte de esperanza para que vaya llegando a las personas concretas. Si no fuera así sería un derribo humano y tendríamos la codicia como meta, una inhumanidad, concluye el psicólogo Jaume Patuel.






