viernes, 30 de octubre de 2026

A la inteligencia artificial le falta la inteligencia general y la conciencia de su existencia

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico del Centro de Neurociencia de Sistemas de la Universidad Británica de Leicester y descubridor de las neuronas Jennifer Aniston, afirma que “mucha gente siente miedo de los avances de la inteligencia artificial, porque creen que se van a replicar escenarios distópicos como el de la película de ciencia ficción Terminator. Pero, muy al contrario, la inteligencia artificial ofrece muchas ventajas. Puede ayudar en análisis médicos, por ejemplo. No va a reemplazar a un médico, pero puede servir como una herramienta para analizar imágenes o estudios. Hace unos años nos sorprendía que la IA pudiera ganarles a los mejores ajedrecistas del mundo. Pero hoy los mismos ajedrecistas utilizan IA para aprender a jugar ajedrez o mejorar. Como con toda tecnología, a la IA se le puede dar un buen o mal uso. Es el hombre el que decide.
A la IA le faltan dos cosas. Primero, le falta lo que se conoce como inteligencia general, que es la capacidad de aprender nuevas tareas en contextos totalmente novedosos y sin entrenamiento. Es algo que nosotros hacemos todo el tiempo; nos enfrentamos a situaciones que son nuevas, usamos el sentido común y sabemos cómo reaccionar. Explicado de manera más sencilla, para replicar la inteligencia humana, a la IA le falta desarrollar un sentido común que todavía no tiene y no sabemos cómo dárselo. Lo otro que le falta es la conciencia de su existencia, que nosotros sí tenemos. La inteligencia artificial se limita a procesar patrones estadísticos sin poseer una experiencia subjetiva ni un mundo interior.


El hombre debe aprender a pensarse a sí mismo como un ser limitado y dependiente

Los griegos nunca atribuyeron valor al sufrimiento en sí, como hacen ciertos enfermos en nuestra época. La palabra elegida para designar el sufrimiento es πάθoς, que evoca sobre todo la idea de padecer más que la de dolor. El hombre debe padecer lo que no quiere, debe encontrarse sometido a la necesidad. Las desgracias dejan heridas que sangran gota a gota hasta en el sueño; y así poco a poco adiestran al hombre por violencia y lo disponen a pesar suyo a la sabiduría, la cual se define por la moderación. El hombre debe aprender a pensarse a sí mismo como un ser limitado y dependiente; sólo el sufrimiento puede enseñárselo, escribe la filósofa Simone Weil.


jueves, 29 de octubre de 2026

Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio

En lugar de limitarse al tradicional debate entre la distribución gubernamental de la riqueza y el apoyo al libre mercado, los procesos electorales cada vez dan mayor importancia a cuestiones como la inmigración, la identidad nacional y la seguridad ciudadana. Este cambio en el paradigma perjudica a la izquierda. ¿Por qué? Pues porque como señaló David Goodhart, resulta más fácil que un partido de derechas dé un giro económico a la izquierda que el que uno de izquierdas dé un giro cultural a la derecha.Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio, un individuo que suele tender a lo conservador en lo cultural y al centro izquierda en lo económico. A los conservadores les resulta más sencillo, puesto que no están tan atados a la ortodoxia económica libertaria como lo están los partidos de izquierda a los valores culturales progresistas. Para el tipo de activista con estudios superiores que ha llevado las riendas en los partidos izquierdistas desde mayo del 68, las políticas identitarias y el multiculturalismo son dos caballos de batalla fundamentales. Sin embargo, se trata de ideas con un calado popular mucho menor que el de sus propuestas económicas, de ahí el atolladero en el que se encuentra el progresismo.
La corrección política tiene más poder en la izquierda que en la derecha. Muchos votantes conservadores en lo social podrán sentir antipatía por aquellos candidatos de sus filas que muestren un perfil más ecologista, pero ciertas disensiones de carácter progresista no van a hacer que la reputación de un candidato de derechas se ponga en entredicho, ni que su buen nombre acabe arrastrado por los suelos. Sin embargo, un político de izquierdas que tienda a la derecha en lo cultural, por ejemplo, que reclame una reducción de la inmigración o la abolición de la discriminación positiva, probablemente se encuentre con un aluvión de acusaciones de racismo y machismo en las redes sociales, escribe Eric Kaufmann, profesor de Política en la Universidad de Buckingham, miembro del Manhattan Institute. 


La experiencia de haber sido liberado verdaderamente

José Manuel Horcajo Lucas que “en la novela de Víctor Hugo Los miserables ha sido adaptada al cine, al teatro y a musicales en numerosas ocasiones. A mí la que más me gusta es la película del director Bille August. La primera escena del convicto Jean Valjean con el obispo de Digne es un clásico del cine. En esos primeros minutos del filme se ve al protagonista recién salido de la cárcel, después de diecinueve años de prisión, que se refugia de noche en una sencilla población. Está durmiendo en la calle cuando una ancianita le indica que no se quede ahí fuera, sino que llame a una determinada puerta. Resulta ser la casa del obispo de la ciudad. Este le invita a cenar e incluso a dormir en su casa a pesar del riesgo que supone un tipo como ese. Durante la noche, el expresidiario no puede vencer la tentación de robar la vajilla de plata del prelado e incluso le golpea mientras se escapa de la casa. Al día siguiente, los gendarmes franceses llaman a la puerta del obispo trasladando preso a Jean Valjean. “Le hemos pillado con plata robada”, comentan satisfechos. Pero ante la sorpresa de los gendarmes, el pastor se muestra amable con el ladrón y le trata como amigo explicando que esa plata se la ha donado él mismo, e incluso le ofrece más. Así pues, le dejan libre. Ante el asombro del confuso Jean Valjean, el obispo le dice con fuerza: –No olvide, no olvide nunca, que prometió convertirse en un hombre nuevo. –¿Por qué hace esto? –replica Jean. –Jean Valjean –concluye el anciano prelado–, mi hermano, ya no pertenece a la maldad. Con esta plata he comprado su alma, he pagado para rescatarle del miedo y del odio. Y ahora le devuelvo a Dios.”
“Con mirada penetrante, el pastor infunde esperanza en el corazón atormentado de aquella escombrera de hombre, que le devuelve la mirada frunciendo el ceño y con el asombro que implica haber sido amado sin merecerlo. Es la experiencia de haber sido liberado verdaderamente, para nunca más tener miedo. Ahí comienza la vida de un hombre libre, de un hombre nuevo. En la figura de esta persona dolida por su infortunio y sin esperanza de cambiar de rumbo, se puede contemplar a multitud de personas. Son historias concretas con una turbulencia y un drama que rara vez afloran.”

miércoles, 28 de octubre de 2026

El islam es uno de los principales desafíos del siglo XXI

Según un estudio de 2017 realizado por el Centro de Investigación Pew, los habitantes que se declaran musulmanes podría aumentar hasta el 18% en Francia, el 19% en Alemania e incluso el 30% en Suecia. Europa asiste a un declive constante del cristianismo. 
El islam es uno de los principales desafíos del siglo XXI. En palabras del escritor argelino Boualem  Sansal, “el Islam es, pues, el principal desafío para Francia, y lo será durante mucho tiempo”.
“Dominar el terreno y ocupar posiciones siempre ha sido una cuestión estratégica para el islam, afirma Lukas Wick. Más que los corazones, la vocación del islam consiste en conquistar territorio. No hay que olvidar que los grandes paises musulmanes en términos de población no se encuentran en Oriente Próximo, sino en Asia o en el Africa subsahariana.” Indonesia cuenta con 240 millones de musulmanes, Pakistán con 200 millones, la India con 195 millones, Bangladesh con 150 millones y Nigeria con 100 millones. 
 

Las marcas siempre han querido vender estatus

Las marcas siempre han querido vender lo mismo, el estatus. Durante el siglo XX y principios del siglo XXI el estatus era, principalmente, material, y sus promesas eran dinero, poder y sexo; cuando se trataba de estatus moral, se vinculaba a la libertad. El vaquero de Marlboro o el conductor de un Jeep Cherokee eran role modelo, lideres que se habían desprendido de sus ataduras y llevaban las vidas que otros no podían o no se atrevían a llevar. Ahora, las empresas dicen que son buenas, que protegen al planeta y a las minorías que, si compramos su producto, participara el comprador de su bondad, adquirirá un salvoconducto ético que le tranquilizará y le identificará ante los demás. El estatus material no ha desaparecido, sino que se ha disfrazado; si te haces con un coche eléctrico estás  comprando un producto elitista, más caro que un diésel o un gasolina, pero en un tiempo en que el consumo material está mal visto, la marca te ofrece un camuflaje ético.


Referencia: El malestar de las élites y la revolución de la agenda de Juande González

El amor no se cobra ni se compra

El hombre no ha sido creado para ser esclavo, sino para dominar la Creación. Así lo dice el Génesis. Nadie ha sido hecho para llevar una vida apagada, estrecha y constreñida a un espacio reducido, sino para vivir a sus “anchas”. Por el simple hecho de haber sido creado a imagen de Dios, los espacios limitados le resultan insoportables y guarda en su interior una necesidad irreprimible de absoluto e infinito.
El hombre ha sido creado por amor y para amar, y solo puede hallar la felicidad amando y siendo amado. Un amor que proceda de la coacción, del interés o de la simple satisfacción de una necesidad no merece ser llamado amor. El amor no se cobra ni se compra. 


Referencia: La libertad interior de Jacques Philippe