miércoles, 26 de agosto de 2026

Siempre que confundimos nuestros deseos con derechos, nos creemos justificados para ejercer violencia

Las nuevas formas de violencia no son exclusivas de determinados sectores de la sociedad y en cada contexto se manifiestan de diversos modos.El  aislamiento colectivo de personas cada vez más encerradas en sí mismas, en su teléfono inteligente, a quienes no les causa ningún inconveniente tratar con desprecio a los que se cruzan en su camino, porque simplemente alteran su cómodo espacio personal. La amabilidad y el buen trato se ven casi como un milagro en escenas cotidianas. Esto ha creado un incremento de faltas de respeto en la vida cotidiana  donde personas que no se conocen, se vuelven unos contra otros como si se odiaran desde toda una vida, por cuestiones banales.
Siempre que los seres humanos elevamos a categoría de absoluto la propia idea o imagen del mundo que se tiene y confundimos nuestros deseos con derechos, nos creemos justificados para ejercer violencia. Aunque sea solamente porque los demás aparecen en escena para alterar nuestro particular modo de ver y sentir las cosas. Se puede uno cruzar con personas, que, sin importar sus posibilidades económicas, su edad o su educación, parecen llenos de combustible emocional para disparar un odio irracional a cualquiera que se cruce en su camino, como si se sintiera un rencor contra toda la sociedad. Así, cualquiera a quien se le considere parte del “Sistema”, se convierte en enemigo, aunque sea un extraño que no me haya hecho nada objetivamente.
El hiperindividualismo contemporáneo, cargado de frustraciones sociales y de rencores hacia una realidad social injusta, que se percibe como imposible de cambiar, generan manifestaciones recurrentes de rechazo a toda persona o grupo que se perciba como perteneciente a la categoría de “dominante”, a todo tipo de “autoridad”, y a todos los que se consideren débiles o simplemente por fuera de mi tribu, los que son simplemente “diferentes” o porque no me gustan, escribe el filósofo Miguel Pastorino.

Las virtudes cotidianas

Marco Aurelio en su obra Pensamientos cuenta las pequeñas virtudes que hereda de sus mayores. “De mi abuelo heredé un carácter afable y poco dado a la cólera. De mi padre, la modestia y la hombría, que son las virtudes que mejor recuerdo de él. De mi madre, en cambio, heredé la religiosidad, la generosidad y una tendencia a no obrar mal, a ni siquiera pensar mal; y también a llevar una vida frugal y poco apegada a las riquezas. De mi bisabuelo heredé la costumbre de no discutir en público y de frecuentar los mejores maestros, consciente de que en tales asuntos no conviene reparar en gastos.” Marco Aurelio podría haber enumero títulos, patrimonios, parentescos ilustres, dignidades casi divinas, honores, victorias militares. Se fijó en virtudes cotidianas de sus antepasados por considerarlas su mejor herencia. 


martes, 25 de agosto de 2026

La democracia vigente va unida al relativismo

Böckenförde
La democracia vigente, explica Böckenförde, “va unida al relativismo”. Sólo exige resguardar la posibilidad de alternancia en el poder, es decir, no crear obstáculos legales que impidan que una minoría pueda llegar al poder, al transformarse en mayoría. Pero ninguna posición es impugnable de suyo, ninguna decisión está vetada de antemano a la voluntad de la autonomía colectiva; toda posición mayoritaria puede imponer sus criterios legalmente (y legítimamente, porque es mayoría) en la sociedad. Sólo se le exige, reitera el autor, que respete la igualdad de oportunidades, i.e., la posibilidad de alternancia dentro del sistema. Ejemplo de ello, para Böckenförde, lo ofrece la prohibición en Alemania del partido comunista. El fundamento constitucional para invalidar su acción no vino dado por el contenido de sus ideas, ni por ponderación alguna sobre su error o nocividad de la doctrina, sino porque el comunismo asigna a sus posiciones la categoría de una verdad objetiva y absoluta. 
Sarmiento
Pero la voluntad del pueblo elevada al rango de la voluntad de Dios (“soberanía del pueblo”) no es la única identificación ideológica que sustenta al sistema democrático-constitucional del Estado de Derecho liberal. Hay otras. Ante todo, la concurrente identificación entre lo cuantitativo (el real o presunto consenso) y lo cualitativo (la justicia de la norma). La minoría en el mando identifica su propia voluntad con la del pueblo y se sirve de su poder para educar a éste de modo de que piense correctamente; es el “educar al soberano” del liberal argentino Sarmiento. Sólo así han podido pretender legitimarse democráticamente el conjunto de leyes secularistas y laicistas impuestas por minorías masónicas sobre pueblos de aplastante mayoría cristiana, en Europa y América.
Las instancias jurisdiccionales supremas interpretan hoy la constitución y las leyes a partir de valores o principios, los cuales, en no pocos casos, aparecen impregnados de ideologías de fondo relativista.Lo podemos ver en los fallos de los tribunales supremos de nuestros días, como el del Tribunal Constitucional español de noviembre de 2012, convalidando la ley de “matrimonio” homosexual; o el fallo “FAL”, de la Corte Suprema argentina, imponiendo el aborto por la vía administrativa contra las normas ordinarias y la constitución vigentes. 

La infertilidad es la pérdida de un proyecto vital y toda pérdida conlleva un duelo

Cristina López del Burgo, doctora en Medicina por la Universidad de Navarra y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria cuenta que las reacciones más comunes que tienen las parejas al conocer que no pueden tener hijos son en primer lugar, desconcierto porque lo que pensaban que iba a ser fácil, no lo es. Después pueden aparecer la tristeza, la culpa, la rabia, el miedo. Son reacciones habituales en un proceso de duelo, porque la infertilidad es la pérdida de un proyecto vital y toda pérdida conlleva un duelo. También es normal sentir envidia y no alegrarse ante los embarazos de las demás, porque esos embarazos te recuerdan que tú no lo has conseguido y eso, inevitablemente, duele.
Pero ser fecundos no significa únicamente tener hijos, dice López de Burgo. Significa dar fruto. Y el amor siempre da fruto. Por eso cualquier persona, esté o no casada, tenga o no tenga hijos, puede ser muy fecunda. Las maneras de amar y de entregarse a los demás son infinitas. Muchas veces son pequeñas y muy concretas, como sonreír por la mañana a tu pareja o escuchar a una amiga, y otras puede que sean más grandes, como fundar una ONG para ayudar a los más necesitados.


lunes, 24 de agosto de 2026

Marx creía que los individuos son un reflejo del mundo en el que viven

Karl Marx
Karl Marx era un judío burgués en una ciudad predominantemente católica, de un país cuya religión oficial era el protestantismo evangélico. Murió ateo y apátrida, habiendo dedicado su vida a predecir el derrocamiento de la burguesía y la disolución del Estado-nación. En este distanciamiento de la religión, de la estructura de clases y de la nacionalidad personificaba la alienación, a la que identificaba como maldición infligida por el capitalismo sobre la humanidad. Tal vez este respetable alemán de clase media pueda parecer poco representativo de las masas oprimidas, pero su emblemática posición social no hubiese sorprendido al propio Marx, que creía que los individuos son un reflejo del mundo en el que viven.
Su hija Leonor afirmaba que su padre “era un narrador de historias incomparable, excepcional”.

La compasión que está dispuesta a compartir un sufrimiento


La compasión, pero no de cualquier forma de compasión, sino de la que Stefan Zweig describía en el comienzo de su espléndida novela Impaciencia del corazón.“Existen dos clases de compasión.Una cobarde y sentimental que, en verdad, no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la emoción molesta que causa la desgracia ajena, aquella compasión que no es compasión verdadera, sino una forma instintiva de ahuyentar la pena extraña del alma propia. La otra, la única que importa, es la compasión no sentimental pero productiva, la que sabe lo que quiere y está dispuesta a compartir un sufrimiento hasta el límite de sus fuerzas y aún más allá de ese límite.”


domingo, 23 de agosto de 2026

Más de 79.000 personas han sido asesinadas y cerca de 35.000 secuestradas en Nigeria

Según el informe publicado por el Observatorio para la Libertad Religiosa en África (ORFA), expone el enorme coste humano de la crisis de seguridad de Nigeria en los últimos seis años, revelando que más de 79.000 personas han sido asesinadas y cerca de 35.000 secuestradas en una ola de violencia etno-religiosa orquestada en gran medida por grupos militantes fulani. Basándose en investigación localizada y en los datos de conflictos del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED) entre octubre de 2019 y septiembre de 2025, el informe dibuja un cuadro de terror sistemático que el Estado no ha logrado contener. En una sección titulada Cuatro veces Boko Haram: cómo el mundo malinterpreta la violencia de Nigeria”, el informe revela que “79.323 personas fueron asesinadas en Nigeria entre 2020 y 2025, una media de siete ataques por día. Más de 42.000 eran civiles inocentes”.
El informe identifica como principal motor de esta matanza al grupo nómada y predominantemente musulmán de la Milicia Étnica Fulani (FEM), desafiando así la idea largamente sostenida de que los asesinatos en Nigeria son cometidos mayoritariamente por Boko Haram. “Boko Haram y el Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (los grupos terroristas más señalados por la violencia) cometieron juntos el 12 % de los asesinatos de civiles. Boko Haram el 8 % e ISWAP el 4 %”. La milicia étnica fulani y sus filiales fueron responsables del 44 % de todas las muertes de civiles y del 53 % de todos los asesinatos de civiles cristianos. “El terrorismo religioso de Boko Haram y similares ha sido gradualmente “superado” por el terrorismo etno-religioso de la FEM”, señala el documento. 
En el norte de Nigeria, un movimiento de clérigos adoctrinados en Arabia Saudita, llamado Izala, había estado difundiendo una interpretación extremista del islam y ganando poder. Para el año 2000, doce estados del norte de Nigeria habían impuesto la ley sharía, pese a que la constitución nigeriana prohíbe una religión de Estado. El movimiento Izala, combinado con la supremacía étnica fulani, capturó al establishment político en el norte. Ello condujo a la formación de un grupo terrorista etno-religioso llamado Milicia Étnica Fulani, que comenzó a sembrar el terror sobre los civiles musulmanes no fulani y los civiles cristianos por igual, cita el informe.
El setenta y cinco por ciento de las víctimas civiles fueron asesinadas durante ataques directos contra sus comunidades. Para los agricultores cristianos de la zona geopolítica del Centro-Norte, los meses más letales fueron sistemáticamente el corazón de la temporada agrícola, en abril y mayo. Durante esa ventana agrícola crítica, las fuerzas de seguridad estuvieron notoriamente ausentes, señala el informe, que sugiere que el ejército concentró sus operaciones en el Noroeste y el Noreste para combatir a Boko Haram, dejando muy vulnerable la zona del Centro-Norte. “Las fuerzas gubernamentales en gran medida no intervinieron, centrando sus esfuerzos en otros lugares mientras estos ataques continuaban sin oposición”, afirman los investigadores.