jueves, 30 de julio de 2026

La mejor forma de gobierno

¿Cuál es la mejor forma de gobierno?, se pregunta Balmes, para responder: “Parécenos que la respuesta debiera ser otra pregunta: ¿De qué pueblo se trata?”. La mejor forma de gobierno es aquella que mejor se ajusta a la historia y al carácter de cada pueblo en concreto; por lo que no hay una fórmula universal válida para todos los pueblos y todos los tiempos. Pensar en formas de gobierno es pensar en la tradición de cada pueblo, en su particular forma de ser y aprender de lo que enseña su “antigua constitución” o “constitución interna”, según la fórmula empleada por Cánovas del Castillo.
Las formas de gobierno están para la preservación de un pueblo y no al contrario, bien podría suceder que la salus populi, que es siempre suprema lex, exija en una determinada circunstancia un cambio de régimen y abandonar, no sin dolor, la forma vigente hasta ese momento; pues la prudencia de lo concreto siempre prevalece sobre lo idealmente deseable en abstracto.
Toda forma de gobierno no deja de ser un medio al servicio de unos intereses y fines que van más allá de dicha forma. Balmes señala que no hay que adoptar como un absoluto este o aquel sistema, “sino apelar a los grandes principios conservadores de la sociedad, a aquellos principios que no son exclusivamente de ninguna escuela, que no son nuevos, sino antiguos como el mundo, existentes desde toda la eternidad en el tipo de toda perfección, comunicados a las sociedades como un soplo de vida… Razón, justicia, buena fe”. La estima por la democracia estará condicionada por la calidad de sus fundamentos y fines, es decir, por si es acorde con la ley natural y las costumbres del país con vistas al bien común. 

Referencia: Sobre las formas de gobierno, autor:Elio A. Gallego García , profesor de Teoría y Filosofía del Derecho

Soberbia y vanidad

Escribe Jaume Balmes que “la exageración del amor propio, la soberbia, no siempre se presenta con un mismo carácter. En los hombres de temple fuerte y de entendimiento, sagaz es orgullo; en los flojos y poco avisados es vanidad.”
“El orgullo tiene más malicia, la vanidad más flaqueza; el orgullo irrita, la vanidad inspira compasión; el orgullo sugiere quizá grandes crímenes, la vanidad ridículas miserias; el orgullo está acompañado de un fuerte sentimiento de superioridad e independencia, la vanidad se aviene con la desconfianza de sí mismo, hasta con la humillación; el orgullo tiende los resortes del alma, la vanidad los afloja; el orgullo es violento, la vanidad es blanda; el orgullo quiere la gloria, pero con cierta dignidad, con cierto predominio, con altivez, sin degradarse; la vanidad la quiere también, pero con lánguida pasión, con abandono, con molicie.”


miércoles, 29 de julio de 2026

La guerra es un instrumento ineficaz para crear justicia, reconciliación u orden duradero

Los planes de victoria de cuatro días de Putin sobre Kiev se han prolongado hasta convertirse en un desastre de más de cuatro años, que ha dañado a Rusia militar, económica, demográfica, diplomática y psicológicamente. Han ampliado la OTAN y reforzado la identidad nacional y la destreza militar de Ucrania.
La fuerza militar puede destruir a los enemigos, pero rara vez los miedos, las identidades, los agravios o las ideologías más profundos que originaron el conflicto en primer lugar. De hecho, la guerra a menudo los refuerza.Sí, las naciones tienen derecho a defenderse. Hay que resistirse a la tiranía. Los estados se enfrentan a amenazas reales y, a veces, el mal solo puede frenarse por la fuerza.Pero la lección es clara, la guerra es un instrumento profundamente ineficaz para crear justicia, reconciliación u orden duradero.

La verdad novelesca

René Girard, filósofo francés, nos muestra cómo las obras por él analizadas, con el Quijote a la cabeza, ponen al descubierto la “mentira romántica”, consistente en hacer creer a los lectores que el deseo del personaje protagonista es autónomo y original. Por contraposición, la “verdad novelesca” supondría poner al descubierto el origen mimético del deseo del héroe, proyectando idénticas conclusiones sobre nuestros propios anhelos. Desde la historia de la literatura podríamos afirmar que, para que esto sea así, Cervantes ha necesitado primero llevar a cabo una revolucionaria reivindicación del modo de narrar propio de la novela; verosímil, pero no verdadero. Con este fin, el autor alcalaíno guiña constantemente el ojo de forma cómplice al “desocupado lector”: querido amigo, esto que tienes delante, lejos de ser una verdadera crónica, no es otra cosa más que fabulación mía (parece decirle). Así, los juegos irónicos con las voces narrativas o los episodios metaficcionales de la segunda parte vienen a reivindicar un estatuto propio para la ficción en prosa, necesitado de la validación de un lector crítico que asuma el distanciamiento de quien sabe que aquello que lee no es real. La revelación de la verdad novelesca de la que habla Girard solo puede darse tras esta afirmación que Cervantes hace de la verdad poética, con la que se inaugura nada más y nada menos que la novela moderna.

El mito de que Juan Pablo II y el presidente Reagan habían formado una alianza secreta

El presidente Reagan visito a Juan Pablo II el 26 de junio de 1982, ofreció a la Santa Sede colaboración económica y de los servicios de información para apoyar las actividades clandestinas de Solidaridad en Polonia. El Vaticano no tenia necesidad ni deseo de recibir tal colaboración, dado que ya contaba con los cauces propios para ayudar a la causa polaca. En Washington se creo el mito de que Juan Pablo II y el presidente Reagan habían formado una santa alianza secreta que acabaría provocando el derrumbamiento del comunismo en Europa oriental. Está versión falsificada de la historia molestó a la Santa Sede. Andrzej Micewski ha escrito que “sólo las personas que tienen un conocimiento muy escaso de la Iglesia católica podían suponer que las cuestiones relativas a los cauces financieros se comentaran o decidieran entre el papa y el presidente”. Si bien nunca existió una santa alianza, la coordinación y la cooperación entre Washington y la Santa Sede funcionaron de otras maneras. Entre ellas cabe citar las sesiones de información sobre situaciones políticas, diplomáticas y militares del mundo que con bastante frecuencia y en privado organizaba el papa.
Entre el resultado de la visita del presidente a Juan Pablo II estuvo la instauración de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y la santa Sede.Lo que Juan Pablo II no sabía es que la National Security Agency escuchaba en secreto sus comunicaciones telefónicas, y las de la Santa Sede, con el episcopado polaco. Es dudoso que Reagan estuviese enterado de ello. 
El Vaticano se brindo a hacer de mediador entre la OTAN y el Pacto de Varsovia en la negociación de un acuerdo para poner fin al despliegue de armas nucleares tácticas en Europa.En el terreno ecuménico de las relaciones norteamericanas y vaticanas, Billy Graham, evangelista protestante, visitó Roma el año 1983 para entrevistarse con Juan Pablo II. Los dos hombres simpatizaron.

martes, 28 de julio de 2026

Cuando digo que esta flor es bella, narro una historia de lo que a mí me pasa

Cuando digo que esta flor es bella, explicaba el filósofo Inmanuel Kant, no digo en realidad nada de la flor; no predico ninguna cualidad objetiva de ese objeto, sino que narro una historia de lo que a mí me pasa. Hablo de mí, de mis cualidades sensibles y de mis disposiciones morales.
Para Goethe, como más tarde para Hegel, esa subjetividad no se da de una vez y para siempre (como predicaba Kant), sino que se desenvuelve a través de las vicisitudes del tiempo y la conciencia. Dicho de otra manera, solo sabemos quiénes somos después de escribir nuestra biografía. Pero no antes.


El cerebro del niño está diseñado para aprender a través del juego

Escribe Alvaro Bilbao en su libro El cerebro del niño explicado a los padres que “el cerebro del niño está diseñado para aprender a través del juego. Cuando jugamos con un niño, este entra en modo aprendizaje; todos sus sentidos se centran en la actividad, es capaz de permanecer concentrado, de fijarse en tus gestos y en tus palabras y de recordarlas mucho mejor que cuando lo instruimos o le ordenamos. Cuando jugamos con el niño, entramos en contacto emocional con él; el propio juego despierta sus emociones, pero también el contacto físico con su papá o su mamá, que lo sostienen, abrazan o mordisquean como parte del juego. Cuando un niño juega es capaz de interpretar papeles, de ponerse en el lugar del otro y de pensar en el futuro. Cuando un niño juega es capaz de pensar y de actuar con mayor inteligencia y madurez que las propias de su edad, porque el juego expande su mente como ninguna otra actividad.”