Puesto que el coste del riesgo es muy elevado y el seguro que se puede conseguir a través de canales informales tiene muchas limitaciones, cabe preguntarse por qué los pobres no acceden más a los seguros oficiales, es decir, a los ofrecidos por las compañías aseguradoras. Cualquier tipo de seguro formal es una rareza entre los pobres. Determinados contratos de seguro que son productos estándar entre los agricultores de países ricos, como los seguros de salud, los seguros contra el mal tiempo o contra la muerte del ganado, prácticamente no existen en el mundo en desarrollo. Ahora que todo el mundo conoce los microcréditos, los seguros para los pobres parecen un objetivo evidente, una oportunidad para los capitalistas creativos llenos de buenas intenciones (un editorial de la revista Forbes lo llamó “un mercado natural no penetrado”). Los pobres se enfrentan a un riesgo enorme y deberían estar dispuestos a pagar una prima razonable para asegurar sus vidas, su salud, su ganado o su cosecha. Con miles de millones de pobres a la espera de contratar seguros, incluso si se obtiene un beneficio minúsculo por cada póliza, podría generarse ya un gran proyecto empresarial y, a la vez, les serviría a estos de gran ayuda. Lo único que falta es alguien que organice este mercado. Por eso, algunas organizaciones internacionales (como el Banco Mundial) y grandes fundaciones (como la Fundación Gates) han invertido cientos de millones de dólares para fomentar el desarrollo de los seguros para los pobres.
Referencia: Repensar la pobreza (Abhijit V. Banerjee;Esther Duflo)





