martes, 28 de abril de 2026

Populismo, una forma determinada de hacer política

El populismo es una forma determinada de hacer política, y se centra en la soberanía del pueblo. Esto significa que la democracia es importante para ella, por lo que el pueblo debe tener el poder. Este elemento se puede ubicar muy bien en la democracia.Pero más allá de eso, el populismo divide a la sociedad en dos bandos de poder: las élites, que tienen el poder, y el pueblo, que no lo tiene. El populismo dice que las élites han traicionado su promesa de representar al pueblo para favorecerse a sí mismas. Las instituciones políticas, como los partidos tradicionales o el aparato estatal, son siempre sospechosas para el populismo, porque, en su opinión, no reflejan la voluntad del pueblo. Lo mismo se aplica a los medios de comunicación tradicionales, a los que el populismo acusa de distorsionar la voluntad del pueblo.
El populismo polariza mucho y simplifica tanto el discurso que la gente tiene la impresión de que no necesita discutir nada más porque la solución es muy sencilla. La ventaja para la democracia es que con el populismo se puede movilizar a la gente muy rápidamente. Pero el populismo tiene un efecto divisorio; los problemas siempre se presentan en blanco y negro, se ignoran las zonas grises. Desde el año 2000, el populismo ha aumentado en todo el mundo. 
El populismo de derechas ha crecido significativamente desde aproximadamente 2010. En Alemania, un poco más tarde que en Austria, donde el FPÖ logró el éxito a finales de los años 90. Tiene que ver con la crisis de representación; la gente tiene la impresión de que sus preocupaciones ya no se tienen en cuenta. Los estudios de ciencia política en Alemania han preguntado si la población se siente representada por los partidos. Y algunos de los encuestados dijeron que no. También hay una crisis distributiva, la brecha entre ricos y pobres se ha ido ampliando, especialmente desde los años 2000, por no hablar de todas las demás crisis (la crisis climática, los problemas migratorios y la guerra en Ucrania) y, por supuesto, el auge de las redes sociales.

Tránsito de la vida a la muerte

Antonio de Gregorio Rocasolano
Antonio de Gregorio Rocasolano (1873-1941), catedrático de Química general de la Universidad de Zaragoza,Einstein visitó su Laboratorio de Investigaciones Bioquímicas cuando vino a España en 1923. Sus creencias católicas se ponen de manifiesto en el libro De la vida a la muerte, en cuyo prólogo comenta que “al estudiar el desarrollo de la vida y el tránsito de la vida a la muerte, surge el impulso religioso que no puede disimularse cuando se medita sobre estas ideas. Es cierto que esta inclinación religiosa origina algunas concepciones fantásticas; pero quien se oriente tomando como guía la Revelación y las enseñanzas del Creador, que quiso hacerse hombre para que pudiéramos comprenderle, queda libre de fantasías inútiles y de vacilaciones perturbadoras de la serenidad espiritual que precisa para interpretar los hechos experimentales que aparecen en el Laboratorio de Química cuando se estudian sin pasión estos problemas biológicos. En el momento actual los eclecticismos doctrinales, las medias tintas, han desaparecido, y en el continuo batallar que es la vida del hombre sobre la tierra, solo quedan en pie, cual gladiadores en plena lucha, la tradición espiritualista de la Iglesia Católica, con toda su fecundidad, difundiendo por el mundo el amor a Dios y al prójimo que enaltece la vida y nos prepara otra mejor, y el materialismo ateo bárbaramente lógico cuando actúa, porque si para el hombre, como para las fieras, no hay más vida que la presente, debe vivir como mejor pueda, aunque para conseguirlo tenga que atropellar todo usando de armas traidoras para derribar eso que sus sabios dirigentes llaman convencionalismos crueles, es decir, cuanto constituye el firme cimiento de la civilización cristiana”.


lunes, 27 de abril de 2026

La casa siempre acaba ganando

“Al igual que apostar en el casino o en las carreras de caballos, especular en el mercado puede ser emocionante o incluso provechoso (si se acaba teniendo suerte). En cualquier caso, es el peor modo imaginable para crear un patrimonio. El motivo es que Wall Street, al igual que Las Vegas o que el hipódromo, ha ajustado las probabilidades de modo que la casa siempre acabe ganando, al final, a cualquiera que trate de ganar a la casa a su propio juego especulativo. Por otra parte, la inversión es un tipo de casino único, en el que es posible no perder al final, siempre y cuando se juegue única y exclusivamente siguiendo las reglas que ponen las probabilidades claramente a su favor. Las personas que invierten ganan dinero para sí mismas; las personas que especulan ganan dinero para sus corredores. Ése, a su vez, es el motivo de que Wall Street siempre minusvalore las virtudes duraderas de la inversión y acentúe el llamativo atractivo de la especulación”, escribe Benjamin Graham, conocido como The Dean of Wall Street (el decano de Wall Street), Graham es considerado el padre de “inversión en valor”, una estrategia de inversión que empezó a enseñar en la Escuela de Negocios de Columbia. 

Las necesidades primordiales del hombre

Como afirmó Frazer,“vivir y hacer vivir, comer y engendrar hijos, tales han sido las necesidades primordiales del hombre en el pasado, y tales serán las necesidades primordiales del hombre en el futuro mientras el mundo exista. Se pueden añadir otras cosas para enriquecer y embellecer la vida humana, pero si antes no fueran satisfechas estas necesidades, la propia humanidad dejaría de existir”. 


domingo, 26 de abril de 2026

Una vez que se consiga la habilidad tecnológica para manipular el corazón, la política democrática se convertirá en un espectáculo de guiñol emocional

“Hemos perdido la noción de una realidad objetiva. La noticia está en describir qué ocurre en las redes” dice el catedrático de Ciencias Políticas Fernando Vallespín.“Ya no vivimos en una democracia, vivimos en una emocracia, donde los sentimientos importan más que la razón. Y nunca te valgas de palabras cuando puedas usar un emoji”, dice el historiador Niall Ferguson.
“Las redes sociales han erosionado la conversación pública, ineludible en una democracia; y ya no hay gatekeepers o intermediadores, como eran los medios de comunicación de masas tradicionales”. Y estos últimos en lugar de observar la realidad, como hacían antes, “cada vez observan más cómo las redes sociales observan la realidad”. De forma que, “ya nadie filtra o tutela la opinión pública”.Al perder esos medios o gatekeepers, la “auctoritas de intermediadores”, las redes se han convertido en “un espacio donde cualquiera puede entrar; donde nadie se cree nada y donde opiniones disidentes cuestionan la posición científica oficial”. Se trata, generalmente, de opiniones “reactivas, no se dialoga o argumenta”; y el usuario entra en las redes “para enfrentarse a alguien”, opina Fernando Vallespín.


“El control de las emociones por parte de la inteligencia artificial supone una revolución que tiene consecuencias políticas espeluznantes” afirma Vallespín. Con los algoritmos “nuestras preferencias, nuestros deseos, nuestros pensamientos son cognoscibles sin necesidad de que nosotros los declaremos”. Sobre todo, cuando en procesos electorales, se manipulan los comicios utilizando “nuestras debilidades y nuestros miedos contra nosotros. Tocan nuestras emociones como quien aprieta un botón”. Vallespín citando a Yuval Harari advierte que “una vez que alguien consiga la habilidad tecnológica para manipular el corazón humano, de forma fiable, barata y a escala, la política democrática se convertirá en un espectáculo de guiñol emocional”. A pesar de todo, “los medios tradicionales siguen ahí” apostilla; y las redes sociales también puede servir para “difundir buenos artículos”. Pero la pregunta que cabe hacerse es “si hay suficiente deliberación en el espacio público para compensar el ruido”.

Pecar contra la luz es ver el bien y elegir el mal

Pecar contra la luz es ver el bien y elegir el mal por simple voluntad de que prevalezca la propia libertad.Esta libertad sin Dios conduce a la nada, a la muerte de uno mismo.Este suicidio del alma rebasa a uno mismo y se vuelve contra los demás. Odian la luz en ellos y en los demás.
El cristianismo profundiza en el hombre pecador. Un drama de Shakespeare, una tragedia de Racine, una novela de Dostoievski, son más humanos, más ricos, más bellos que todo lo que produjo Grecia, no porque sus autores fueran más geniales, sino porque se dejaron influir por el cristianismo.Cierto que no abandonamos la belleza del hombre, tan amada por los griegos; más sabemos que es preciso volver a hallarla, reconquistarla, escribe Charles Moeller.

Pensar es difícil, por eso la mayor parte de la gente juzga


                                   
Sabemos que todo acontecimiento de la vida a menudo no es visto de la misma manera por todos. Decía Jung que “pensar es difícil, por eso la mayor parte de la gente juzga”. Es más fácil agarrarse a las simplezas, pero éstas a través de su sabor dulzón nos dejan amargas las entrañas, como el Libro que un ángel del Apocalipsis le pide a san Juan que coma (Apc 10,8-10). Una indigestión que en la actualidad degenera fácilmente en el que los psicólogos llaman Síndrome de Tarzán, el cual impide digerir y sanar a toda persona que va saltando de experiencia en experiencia y de relación en relación de manera irreflexiva.