miércoles, 6 de mayo de 2026

Appen

Mucho antes de que Google Translate, Siri o ChatGPT fueran nombres conocidos por todos, Appen ya estaba ayudando a construir los sistemas que nos permiten hablar con nuestros ordenadores. Fundada en Sídney en 1996, Appen se convirtió en líder del mercado en la venta de datos que se utilizarían para ayudar a las computadoras a "aprender" un idioma mediante el reconocimiento de patrones en texto o voz.Cuando un usuario de iPhone le pide a Siri que configure un recordatorio, el proceso parece totalmente automatizado. En realidad, este diálogo solo es posible porque empresas como Appen han suministrado a Apple material producido tras incontables horas de trabajo manual realizado por trabajadores eventuales mal pagados. Los trabajadores de Appen, muchos de ellos radicados en países más pobres, ayudaron a la empresa a crear un extenso catálogo de conjuntos de datos de texto y voz. Estos se vendieron posteriormente a empresas que desarrollaban software capaz de procesar, traducir y transcribir el lenguaje humano. Estas tecnologías también han sido de gran interés para el gobierno estadounidense, que durante décadas ha invertido cientos de millones de dólares en programas de investigación lingüística. (De hecho, el asistente de voz Siri de Apple tiene su origen en un proyecto de investigación militar).
Appen es solo una de las muchas empresas que proporcionan datos de entrenamiento a las compañías tecnológicas más poderosas del mundo. Estos proveedores de datos, aunque poco conocidos fuera del sector, desempeñan un papel crucial en el auge de la IA. Dan empleo a millones de trabajadores independientes como Ismail, que saben poco sobre los sistemas que desarrollan y, a menudo, reciben una remuneración baja por su trabajo. La Asociación de Etiquetadores de Datos, fundada en Kenia el año pasado, afirma que estos trabajadores, a quienes denomina "los arquitectos invisibles que dan forma al futuro de la tecnología", también se enfrentan a contratos precarios, problemas de salud mental y oportunidades de crecimiento limitadas.

Referencia: The Bureau of Investigative Journalism. Reporteros: Niamh McIntyre, Edwin Okoth y Cam Wilson.

Las mujeres de la contracultura no van detrás de la fama o del dinero

En 1983 se realizó una encuesta entre las mujeres que actúan por motivaciones internas para determinar las razones por las que usan VISA y Master Card con preferencia a la American Express. La encuesta demostró que a las mujeres socioconscientes les desagradaba la campaña “Do you know me” porque identificaba la posesión de una tarjeta de crédito de la American Express con el prestigio y el éxito material.William Meyers manifiesta que las mujeres de la contracultura no van detrás de la fama o del dinero, lo cual las diferencia de los ejecutivos varones. Para ellas vivir consiste en realizar una existencia rica, interesante y plena de realización a nivel personal, un tipo de vida que no incluye el convertirse en el director gerente de una de las quinientas empresas clasificadas por Fortune. 


La genuina lealtad

Cuando hablamos de genuina lealtad organizacional, escribe Alejandro Moreno, nos referimos a comportamientos que van más allá de lo legal, mas allá de lo exigible por las normas o los códigos. Un comportamiento leal es aquel que desearíamos que nuestros empleados manifiesten, pero que muy seguramente si no existiese, no podríamos reprocharlo. La lealtad genuina solo se demuestra en las adversidades. Es cuando las cosas están mal, cuando aquellos empleados genuinamente leales nos manifiestan su aprecio mediante acciones que, en estricto sentido, no están obligados a emprender.
La mayoría de los programas de reclutamiento y selección se centran en las competencias técnicas de la persona, pero raras veces en sus competencias morales. Una buena conversación, una invitación a cenar, un trabajo de conocimiento profundo del carácter moral del empleado que vamos a contratar sin duda puede ayudar para contratar no solo empleados eficientes y técnicamente capaces, sino empleados que vivan virtudes.
La deslealtad se controla vía exigencia, la genuina lealtad hay que ganársela. Es en este sentido que como directivos debemos revisar el trato que damos a nuestros empleados como personas.Los empleados no son tontos. Ellos saben si nuestro trato es meramente instrumental. Ellos perciben cuando lo único que nos interesa de ellos es su productividad y eficiencia. Si un empleado no se siente tratado como persona, es muy difícil que cuando vengan las dificultades esté dispuesto a recorrer la milla extra con nosotros. La autentica lealtad no necesariamente es una actitud espontánea.Si queremos tener organizaciones con empleados realmente leales y comprometidos, debemos tratar a los demás como personas. Debemos tratarlos con la misma humanidad con la que nosotros mismos esperamos ser tratados. Es conveniente buscar el bien común de la organización por encima de intereses personales y no olvidar que nuestros subordinados siempre nos observan y que solo mediante un ejemplo de conducta consistente lograremos que ellos estén dispuestos, no solo a no sernos desleales, sino a efectivamente sacrificarse por nuestra empresa con esfuerzo, y por tanto, con genuina lealtad.


martes, 5 de mayo de 2026

Solamente el amor es el que da diferente valor a nuestras acciones


Para Francisco de Sales el amor que ponemos en nuestros actos es lo que les da diferente valor, cualesquiera que sean las tareas en que nos ocupemos. Estas tareas pueden ser, ciertamente, muy variadas, pero el amor con el que las tenemos que hacer es siempre el mismo. Solamente el amor es el que da diferente valor a nuestras acciones.

La argumentación de Satanás para tentar al ser humano

Hoy en día, abundan aquellas presentaciones de Dios como enemigo del hombre que enlaza directamente para quien quiera verlo con la argumentación inicial de Satanás en el Génesis para tentar al ser humano, que se extiende en otro variante que acusa a Jesucristo y al cristianismo de impedir vivir la vida porque coarta los deseos humanos. El enfoque siempre es el mismo, partiendo de un hecho mas o menos real, se extrapola, proyecta, deforma, para construir un discurso en el que el cristianismo es el malo de la historia de la humanidad. Es objetivamente un absurdo, pero es así, y de manera regular pero persistente, tanta insistencia ha ido dejando poso. Ahora mismo, el cristiano y la Iglesia es un enemigo de la ciencia,  porque rechaza la manipulación genética de los embriones y su uso como materia prima, rechaza el aborto masivo y eugenésico, convertido en un proceso histórico increíble que va del mal absoluto al mal menor, hasta llegar al derecho de la mujer sobre la vida humana engendrada. La Iglesia profesa una maldad antihistórica porque se opone al matrimonio homosexual, ahora llamado igualitario por los cetros de diseño de estrategia, como si la unión  entre un hombre y una mujer, que configuran el vinculo autentico, fuera un matrimonio desigual. 

Todos aquellos vectores están presentes en América del Norte, Centro y Sur, pero donde confluyen con fuerza y tienden a ser dominantes es  en buena parte de Europa. Mas pronto que tarde, la fuerzas gobernantes desencadenan la pugna por la modificación de la Constitución para que muchos de aquellos aspectos, y otros más, ahora solo regulados por leyes que pueden modificarse, sean consagrados como derechos constitucionales. Este es un peligro que está en el horizonte.


lunes, 4 de mayo de 2026

Ciclo de dopamina

Los algoritmos son el corazón de las redes sociales. Son sistemas diseñados para analizar grandes cantidades de datos y ofrecer a cada usuario una experiencia personalizada. Determinan qué contenido aparece en nuestro feed, qué publicaciones se destacan y cómo interactuamos con la plataforma, todo basado en nuestras actividades previas y preferencias.  El funcionamiento básico de los algoritmos de redes sociales puede explicarse de manera sencilla. Las plataformas recopilan información sobre nuestras interacciones, qué publicaciones nos gustan, cuáles compartimos, a quién seguimos y cuánto tiempo pasamos viendo ciertos contenidos. Con estos datos, los algoritmos intentan predecir qué contenido nos interesará más en el futuro.  Si frecuentemente interactuamos con videos de cocina, es probable que la plataforma nos muestre más contenido relacionado con recetas y gastronomía. El objetivo es mantener nuestra atención y que pasemos más tiempo en la aplicación.
Plataformas como Instagram y TikTok están diseñadas para mantenernos enganchados. ¿Cómo lo logran? Aprovechan un proceso psicológico conocido como el ciclo de dopamina. Cada vez que recibimos una notificación, un "me gusta" o vemos contenido que nos agrada, nuestro cerebro libera dopamina, un neurotransmisor asociado con la sensación de placer. Esta liberación nos incentiva a repetir la acción para obtener esa gratificación nuevamente.Este ciclo puede llevarnos a la “carrera de la rata”, donde constantemente buscamos esa pequeña dosis de satisfacción que nos ofrecen las redes sociales, desplazándonos sin fin por nuestros feeds en busca de más contenido que nos haga sentir bien. Los algoritmos identifican este comportamiento y nos ofrecen más de lo mismo para mantenernos enganchados.  Las redes sociales tienen control total sobre sus algoritmos y pueden ajustarlos según sus intereses. Pueden decidir priorizar cierto tipo de contenido, ya sea para promover nuevas funciones, responder a tendencias o influir en la opinión pública. 
Los algoritmos de las redes sociales tienen un impacto significativo en cómo percibimos el mundo y en nuestras interacciones diarias. Si bien están diseñados para mejorar nuestra experiencia, también pueden llevarnos a hábitos poco saludables, manteniéndonos en un ciclo interminable de búsqueda de gratificación inmediata.

El antiguo sueño de crear un hombre nuevo sigue vivo

En los albores del siglo XXI, el antiguo sueño de crear un “hombre nuevo” sigue vivo, metamorfoseándose en formas que nuestros antepasados apenas habrían imaginado. Este mito, que ha impulsado revoluciones y moldeado ideologías, ahora se infiltra en los rincones más insospechados de nuestra sociedad tecnológica. Los avances en biotecnología e inteligencia artificial prometen no solo curar enfermedades, sino “mejorar” la propia esencia del ser humano. Es el sueño del hombre nuevo, ahora vestido con bata de laboratorio.Pero el mito no se limita a los confines de la ciencia. En las aulas universitarias y en los debates sobre identidad de género, raza y nacionalidad, resuena la idea de que el ser humano es infinitamente maleable, capaz de “reinventarse” a voluntad. Es como si la sociedad entera se hubiera convertido en un inmenso experimento de ingeniería social, con cada individuo como su propio Dr. Frankenstein.
Hannah Arendt nos advirtió sobre los peligros de las ideologías que buscan crear un “hombre nuevo”, recordándonos los horrores del totalitarismo del siglo XX. Desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, la noción de un ser humano radicalmente transformado ha sido el horizonte utópico de numerosos movimientos políticos y sociales. El mito persiste, aunque en formas más sutiles. Hoy lo encontramos en el transhumanismo, que promete superar las limitaciones biológicas mediante la tecnología; en ciertas corrientes pedagógicas que aspiran a crear un nuevo tipo de ciudadano; o en movimientos sociales que buscan redefinir aspectos fundamentales de la identidad humana.La atracción de este mito es comprensible. Ofrece una solución sencilla en apariencia a los problemas de la sociedad del siglo XXI. Si pudiéramos cambiar la naturaleza humana, argumentan sus defensores, podríamos eliminar el conflicto, la injusticia y el sufrimiento. Es una promesa seductora, pero potencialmente peligrosa.Dicho peligro radica en que el mito del hombre nuevo a menudo implica una negación de la complejidad y la diversidad de la experiencia humana. Tiende a reducir al ser humano a una fórmula, a un modelo ideal al que todos deberían ajustarse. Esta visión puede llevar fácilmente al autoritarismo, justificando la supresión de la disidencia o la diversidad en nombre de un futuro utópico.Además, como señala Negro, este mito suele ir acompañado de un rechazo a la tradición y a la sabiduría acumulada a lo largo de generaciones.
El verdadero progreso humano no reside en la creación de un “hombre nuevo”, sino en una comprensión más profunda y compasiva del ser humano tal como es, con todas sus contradicciones y potencialidades. Solo desde esta base de realismo y empatía podremos construir sociedades más justas y humanas, sin sacrificar la libertad y la dignidad individual en el altar de una utopía inalcanzable.


Referencia: El Mito del Hombre Nuevo de Dalmacio Negro