“Mientras mil millones y medio de imbéciles en Occidente suspiran, se manifiestan, roban, vociferan, escriben, se desnudan, se dejan crecer la barba, hacen el amor en público, tiran cócteles molotov para realizar su ideal. Las mujeres no tienen otra cosa que hacer. Pero si te pones a pensar en los mil millones y medio, te vuelves loco”, escribe Nicolae Steinhardt.
“¿Otro comunismo? ¿Como si en otro lugar hubiera sido distinto? Cuando lo hagamos nosotros será otra cosa….ilusiones, bobadas. Vais a trabajar siempre con los mismos elementos. Y llegareis al mismo punto. Al mismo racismo social, no menos marxista que leninista (aunque seas, quizá, un hombre cabal, aunque la burguesía haya desempeñado un papel progresista, no hay nada que hacer; eres como eres y, como no puede ser de otra forma, hay que condenarte).”
“Así es; no hay otro, dice Steinhardt. Vengativo. Mezquino. Apestoso. Barriobajero. Rencoroso. Devoto de las trinidad del odio, sospecha, envidia. Con la lengua de una verdulera y el odio de un sirviente. La sociedad del bienestar, en que la cocina es el hornillo en el pasillo. Los demonios saben muy bien como encarnarse, no es casualidad.”
“Así es; no hay otro, dice Steinhardt. Vengativo. Mezquino. Apestoso. Barriobajero. Rencoroso. Devoto de las trinidad del odio, sospecha, envidia. Con la lengua de una verdulera y el odio de un sirviente. La sociedad del bienestar, en que la cocina es el hornillo en el pasillo. Los demonios saben muy bien como encarnarse, no es casualidad.”






