“Omne ens est verum, todo lo real es verdadero.Cuando el hombre de nuestro tiempo se enfrenta con la claridad de esta frase y ante su grandiosa sencillez, siente perplejidad y una presentida admiración; incluso podríamos decir que le embarga el desconcierto debido a lo que con tanta exactitud y precisión se dice con esas cuatro palabras”, escribe el filósofo Josef Pieper.
“En lo objetivo y realmente existente fuera del alma hay algo por lo que puede ser llamado verdadero”, dice Tomás de Aquino. “En la creación se encuentra la verdad tanto en las cosas mismas como en el entendimiento”. Según la opinión de Aquino, pues, llamar a las cosas verdaderas no es solo retórica, como dice Spinoza; existe, en sentido propio, una verdad de las cosas. Se podría decir incluso más; las cosas son verdaderas en virtud de su más intima esencia. “Lo verdadero se encuentra en las cosas y en el entendimiento. Pero lo verdadero que existe en las cosas se identifica con el propio ente, como su sustancia”, dice Tomás de Aquino. La verdad de las cosas no es una “propiedad” que podrían igualmente no tener. No; lo que hace que las cosas sean, eso mismo es los que hace que sean verdaderas. “El ente no puede concebirse sin lo verdadero”.
Nuestro juicio puede ser verdadero o falso. Las cosas son siempre y solo verdaderas, jamás falsas, dice Pieper.
Nuestro juicio puede ser verdadero o falso. Las cosas son siempre y solo verdaderas, jamás falsas, dice Pieper.






