La oxitocina es un pegamento social que tiene la capacidad de afectar a las conexiones de millones de circuitos cerebrales de los amantes, a veces después de un solo encuentro sexual, produciendo cambios profundos en su comportamiento y creando un lazo perdurable que puede prolongarse meses y hasta años después de dicho encuentro. En cuanto a la vasopresina, es un neurotransmisor que actúa en mayor medida en los varones, produciendo un efecto de fijación hacia una única mujer, su pareja sexual, mientras que les vuelve más bien indiferentes hacia las demás féminas. Mientras estas drogas inundan el cerebro de los amantes, tienen la capacidad de desactivar determinadas áreas de la corteza prefrontal relacionadas con la capacidad crítica y la experimentación de ciertas emociones negativas, como el miedo y la agresividad. Al adormecer los circuitos neurológicos asociados al sentido crítico, estas sustancias químicas hacen que normalmente las personas enamoradas no vean faltas en sus parejas. Por eso, los estudios indican que el 95% de las personas enamoradas piensan que su pareja está por encima de la media en cuanto a apariencia, inteligencia, calidez y sentido del humor. Sin duda, esta visión romántica de la propia pareja tiene el objetivo biológico de ayudar a que las personas se sientan más satisfechas con su relación y más comprometidas con su compañero o compañera, sin pensar demasiado críticamente en los defectos de la persona amada.
A medida que pasan los meses después del enamoramiento, el cerebro va desarrollando una creciente capacidad de resistencia frente a los altos niveles de las drogas naturales que lo habían inundado, y eso hace que los sentimientos de excitación, recompensa y vinculación vayan decreciendo. Paulatinamente, los amantes dejarán de sentirse tan eufóricos. Ya no tendrán tantas ganas de seguir haciendo locuras. Su obsesión menguará, siendo reemplazada por un afecto más tranquilo.
Referencia: Lo que Freud le diría a Spielberg (Samer Soufi)






