Podemos encontrarnos ante la tesitura de decir o no la verdad. La tendencia natural que tenemos a la verdad nos la presentará como un bien. Sin embargo, tenemos también una tendencia natural al aprecio de los demás que, en este caso concreto, si nos parece que la verdad nos haría quedar mal, nos presentará la mentira como conveniente. Esas dos tendencias entran en conflicto. ¿Cuál de ellas prevalecerá? Depende de cuál de los dos bienes sea más importante para nosotros, y, en esta valoración, la afectividad juega un papel decisivo. Si está bien ordenada, ayudará a la razón a percibir que la verdad es muy valiosa y que el aprecio de los demás no es deseable si exige renunciar a ella. Este amor a la verdad, por encima de otros bienes que también nos atraen, es precisamente lo que denominamos sinceridad. En cambio, si el afán por quedar bien es más fuerte que la atracción de la verdad, es fácil que la razón se engañe, y, aun sabiendo que eso no es bueno, juzgue conveniente mentir. Así, aunque sepamos perfectamente que no se debe mentir, consideramos que en este caso nos conviene hacerlo.
Aclarando
viernes, 5 de junio de 2026
El perdón transforma el corazón humano
Todos queremos lograr la felicidad y tenemos en nuestras manos una de las claves para lograrlo, el perdón. El perdón es la manifestación más alta del amor y, en consecuencia, lo que más transforma el corazón humano. Sin embargo, existe un gran obstáculo que lo dificulta y éste es el resentimiento. La diferencia entre sentimiento y resentimiento consiste en que el sentimiento es “sentir” la herida, “sentir” la ofensa. Resentimiento significa “volver a sentir” la herida, lo cual equivale a decir que la ofensa se ha quedado dentro de la persona y se ha convertido en algo obsesivo, o sea, la persona vive concentrada en aquel suceso y vuelve a sentir la ofensa como si fuera totalmente actual a pesar que el tiempo haya transcurrido, manifiesta Monseñor Francisco Ugarte.
Cuando una persona perdona, añade Ugarte, no quiere decir que los sentimientos desaparezcan automáticamente, como tampoco el recuerdo. Lo ideal es que ese perdón vaya conduciendo a que también los sentimientos cambien. Es compatible en un inicio haber perdonado y seguir sintiendo odio, rechazo e incluso afán de venganza hacia la otra persona, pero lo importante será en estos casos, no consentir esos sentimientos, que la voluntad se mantenga firme en decir:“Yo ya he perdonado y no acepto esto que estoy sintiendo”. Para lograr que los sentimientos negativos hacia la persona que ya he perdonado vayan transformándose, bastaría seguir dos consejos muy significativos del Catecismo de la Iglesia Católica. El primero es “cambiar la herida en compasión” lo que quiere decir que si alguien me ha ofendido y yo soy capaz de comprender a la persona que me ofendió y darme cuenta que ella es quien se está haciendo daño, experimentaré compasión hacia ella y este sentimiento irá eliminando mis sentimientos negativos de odio, rechazo o venganza. El segundo consejo es “transformar la herida en intercesión”, quiere decir que, si yo siento la herida y la sigo sintiendo, la aprovecho para rezar por la persona que me ha ofendido, opina monseñor Ugarte.
Cuando una persona perdona, añade Ugarte, no quiere decir que los sentimientos desaparezcan automáticamente, como tampoco el recuerdo. Lo ideal es que ese perdón vaya conduciendo a que también los sentimientos cambien. Es compatible en un inicio haber perdonado y seguir sintiendo odio, rechazo e incluso afán de venganza hacia la otra persona, pero lo importante será en estos casos, no consentir esos sentimientos, que la voluntad se mantenga firme en decir:“Yo ya he perdonado y no acepto esto que estoy sintiendo”. Para lograr que los sentimientos negativos hacia la persona que ya he perdonado vayan transformándose, bastaría seguir dos consejos muy significativos del Catecismo de la Iglesia Católica. El primero es “cambiar la herida en compasión” lo que quiere decir que si alguien me ha ofendido y yo soy capaz de comprender a la persona que me ofendió y darme cuenta que ella es quien se está haciendo daño, experimentaré compasión hacia ella y este sentimiento irá eliminando mis sentimientos negativos de odio, rechazo o venganza. El segundo consejo es “transformar la herida en intercesión”, quiere decir que, si yo siento la herida y la sigo sintiendo, la aprovecho para rezar por la persona que me ha ofendido, opina monseñor Ugarte.
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jueves, 4 de junio de 2026
Estado de bienestar hace confortable la pobreza
“Estado de Bienestar hace confortable la pobreza, y penaliza cualquier intento de salir de la misma”, decía el economista Thomas Sowell. El problema de los sistemas asistencialistas es que generan incentivos perversos: “Para qué cambiar”. Y ahí radica la diferencia entre un Estado que garantiza un nivel de servicios adecuados para la población más desfavorecida y el sistema asistencialista, que penaliza al que lucha. El economista Daniel Lacalle manifiesta que “la subvención constante crea más pobreza. Hace que los trabajadores no se adapten ni busquen nuevas oportunidades de formación y crecimiento; de hecho, se entrega la formación a sindicatos y entes públicos cuyo objetivo es seguir cobrando dicha ayuda, no lanzar personas mejor preparadas al mercado laboral. Es curioso que las subvenciones a la formación de parados aumenten con el número de desempleados, creando un incentivo perverso. Se benefician por el aumento del problema.”
Fernando Sánchez-Dragó comentaba que “el Estado de Bienestar convierte al hombre en súbdito, en oficinista, en funcionario, en niño pitongo de beca permanente, en clase pasiva”.
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La libertad total para los lobos es la muerte para los corderos
Tanto la libertad como la igualdad se encuentran entre las metas básicas que los seres humanos han buscado durante muchos siglos; pero la libertad total para los lobos es la muerte para los corderos, la libertad total de los poderosos, de los talentosos, no es compatible con el derecho a una existencia decente de los débiles y los menos dotados.
La igualdad puede exigir la limitación de la libertad de quienes desean dominar; la libertad, sin un poco de la cual no hay elección y por tanto no hay posibilidad de ser seres humanos, tal como comprendemos el término, tendrá que ser constreñida para dejar espacio al bienestar social, para alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos, alojar a los que no tienen hogar, para dejar espacio a la libertad de los otros, para permitir que se ejerza la justicia o la imparcialidad, escribe Isaiah Berlin en su libro El estudio adecuado de la humanidad.
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miércoles, 3 de junio de 2026
El talón de Aquiles del reino visigodo fue la disidencia política
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| Don Pelayo |
Escribe el historiador Stanley G. Payne que “el talón de Aquiles del reino visigodo fue la disidencia política, a menudo intensa y violenta. Fue la tónica del siglo VII y de los primeros años del VIII, coincidiendo con una sequía importante, epidemias y una mortandad elevada. Estas fueron las condiciones que permitieron la conquista islámica, que tuvo lugar entre los años 711 y 718, y que cambió la historia de la Península para siempre.La España musulmana y el fin del reino visigodo. Solo un reducto de territorio peninsular, el reino astur, con el rey Pelayo a la cabeza, se defendió con éxito de la invasión y venció a los musulmanes en Covadonga. El resto de la Península se integró, primero como un emirato del gran imperio árabe, el califato de Damasco, y luego, a partir de 756, como el emirato independiente de al-Ándalus, con capital en Córdoba y encabezado por Abderramán I (756-788), único superviviente de la matanza de la familia Omeya en Damasco.”
“Se ha creado el gran mito de que al-Ándalus en la época medieval era un paraíso de tolerancia y multiculturalismo, una visión que resulta anacrónica y falsa. A lo largo de su historia, cada vez hubo menos tolerancia en al-Ándalus, hasta que, a finales del siglo XII, la población cristiana o había huido, o había sido deportada a África, o había sido masacrada. Al-Ándalus, de hecho, llegó a ser menos tolerante que el Medio Oriente árabe tanto con los judíos como con los cristianos.”
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Caminante, ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes
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| Ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes |
Sófocles habló en Atenas deleitándose en la libertad de pensamiento que le brindaba una política justa. Sin embargo, también advirtió del peligro de despreciar las leyes que son más antiguas que la ciudad, tan antiguas como el hombre. Hoy en día nos olvidamos que hay leyes tan antiguas como el hombre y nos desentendemos completamente de ello.
Podemos leer en el epitafio de los trescientos espartanos que dieron su vida defendiendo el paso de las Termópilas contra el invasor persa: “ Caminante, ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes” ( Las guerras médicas de Heródoto). Sócrates condenado a muerte injustamente no intentará escapar. La ley de la ciudad, aunque aplicada injustamente, le inspiraba respeto, e incluso amor.
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El secreto masónico y el Misterio católico
Contrariamente a lo que ocurre en la masonería, cuyo ritual está esencialmente ligado al secreto, la religión católica está fundada sobre el Misterio, escribe Serge Abad Gallardo.El Secreto, en el sentido que le da la masonería, es un conocimiento de tipo esotérico al cual el iniciado llegará por la práctica del ritual, y que ostentará a título estrictamente individual. Se trata pues de un conocimiento personal que no es compartible. En eso, la masonería se opone fundamentalmente a la religión católica, que profesa públicamente tanto su fe en Dios como su liturgia. profesa públicamente tanto su fe en Dios como su liturgia.El Misterio, en el sentido de la religión católica, participa de una trascendencia. Es el dominio de lo divino y ese divino no es ininteligible. El Señor marcha delante de los fieles y los guía en el camino que lleva al Misterio. Le dice Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.” Lo divino interviene en la vida cotidiana del cristiano a través de la Eucaristía. El Misterio interviene así al final de un proceso que la Iglesia católica ha denominado “transubstanciación”. No se trata, pues, de simbolismo alguno, de la expresión de un mito o de una metáfora, pues Jesús mismo está presente en el curso de la Eucaristía: "Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (Jn 6, 55-56).
Qué diferencia con la adhesión del masón, que se apoya en un mito, el de Hiram, enteramente inventado, totalmente ficticio y desprovisto de todo valor, tanto histórico como fáctico “Todo el mundo sabe hoy que Hiram es ante todo un mito y que no existe rastro alguno verdadero de la construcción del maestro arquitecto”. Esto es lo que me permite decir, manifiesta Serge Abad Gallardo, que, si bien es posible hablar de una verdadera fe católica, no puede, por el contrario, hablarse de otra cosa que de “compromiso” masónico.
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