El libre albedrío es necesario para que una acción sea buena, pero también para que sea mala y, a fin de cuentas, para que cualquiera de las dos sea responsable. Benedicto XVI observa que Carlos Marx “ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado”. El libre albedrío produce progreso, pero el progreso, en palabras de Theodore Adomo solo “va de la honda a la superbomba”.
Muchas personas están que más felices de renunciar a la responsabilidad que conlleva la acción libre. “Nada es más insoportable para los hombres y la sociedad que la libertad”, afirmó un personaje de Dostoievski. El escritor hindú Sri Aurobindo dijo que “el mundo entero aspira a la libertad; sin embargo, cada criatura ama sus cadenas”. El filósofo Paul Claudel afirma que “ Dios mio, soy libre.Libérame de la libertad”.
Cuanto más auténticamente libre es el hombre, mayor es su certeza de Dios. Cuando soy auténticamente libre, tengo la certeza de que no soy libre por mi mismo…La libertad del hombre le abre, junto con la incertidumbre de su ser, oportunidad de convertirse en lo que auténticamente puede ser, escribe Karl Jaspers.
El neurocientífico Vilayanur Ramachandran comenta que “es posible que nuestras mentes conscientes no tengan el libre albedrío, pero al parecer si lo tienen para elegir qué no”.
Cuanto más auténticamente libre es el hombre, mayor es su certeza de Dios. Cuando soy auténticamente libre, tengo la certeza de que no soy libre por mi mismo…La libertad del hombre le abre, junto con la incertidumbre de su ser, oportunidad de convertirse en lo que auténticamente puede ser, escribe Karl Jaspers.
El neurocientífico Vilayanur Ramachandran comenta que “es posible que nuestras mentes conscientes no tengan el libre albedrío, pero al parecer si lo tienen para elegir qué no”.






