domingo, 18 de octubre de 2026

Hay personas que dan porque aman

En psicoanálisis, Melanie Klein, especialista en infancia, recuerda por un lado, que todo acto viene a ser como una reparación de haber hecho algo con malestar, o siempre en deuda. Pero también dice que hay personas que dan porque aman, y no esperan ninguna recompensa ni han faltado a nadie. Donación gratuita. El ejemplo más claro de esto es el amor de los padres por los hijos o el amor de amistad. Se da y no se espera nada a cambio. No quiere decir que no haya una satisfacción por tener esta actitud, pero la persona que ama no espera ni se frustra ni se desespera para que no se le reconozca ni se le dé nada a cambio.
Al ser humano, desde que está en la matriz hasta que nace y empieza a caminar, todo se le da. No hace ningún esfuerzo por conseguir las cosas, ni puede. Todo es protección. Una entrega de los demás hacia él, esperando que de mayor se acuerde o madure. Pero al mismo tiempo el niño debe aprender que también debe dar, así como a él le han dado. Ley de reciprocidad. Y en este proceso de individuación, deslizamiento, maduración o toma de los distintos niveles de conciencia debe poder ver que hay otros que dan y no esperan.
Una actitud de servicio desinteresada en un mundo global, en un sistema neoliberal imperante, tecnificado, digitalizado y excluyente, o la de dar sin esperar respuesta o recibir generosamente sin tener que devolver son indicadores de madurez, de amor que dan felicidad y al mismo tiempo abren un horizonte de esperanza para que vaya llegando a las personas concretas. Si no fuera así sería un derribo humano y tendríamos la codicia como meta, una inhumanidad, concluye el psicólogo Jaume Patuel.

sábado, 17 de octubre de 2026

La visión del embarazo como amenaza esconde un problema irresoluble

La Comisión de Control de Medios de Comunicación de Francia ha multado a la cadena de TV CNews por afirmar, en uno de sus programas dominicales en febrero de 2024, que el aborto, con 73 millones de casos al año, es la principal causa de muerte en el mundo, por delante del cáncer, que registra anualmente 10 millones. Para el ministro de Sanidad francés del momento, el escándalo provocado por la cadena llevó a que, pocos meses después, se incluyera el derecho al aborto en la Constitución francesa.
La visión del embarazo como amenaza esconde un problema irresoluble, el cuerpo no deseado, que aparece como intruso en el claustro uterino, invade un espacio ajeno, sí, pero resulta que es el único espacio del mundo del que puede emerger. En la fecundación se forja una célula especial llamada cigoto, cuya dotación genética es única, original y distinta de la de sus progenitores. Ninguna fase embrionaria, aun desde la misma fecundación, ha demostrado ser un simple cúmulo celular. Por el contrario, es un organismo complejo y organizado, cuyo continuo desarrollo está siempre, y hasta su último latido, vinculado a los miembros de su especie. Prohibir la realidad del feto para preservar la autonomía de la gestante dota a la ley francesa de un carácter fuertemente totalitario. Dicha cualidad funda una escuela de costumbres contraria a los principios que definen la civilización. Si se ignora la dignidad del embrión humano, la ley del más fuerte prevalecerá sobre la del débil, y entonces habremos emprendido el camino de vuelta a la selva, escribe Esteban Fernández-Hinojosa, doctor en medicina.


El bebé necesita un entorno emocional cálido y seguro

La lactancia materna sirve como sustituto directo del cordón umbilical, al tiempo que ofrece una transición desde la completa fusión física a la separación definitiva del cuerpo de la madre. La disminución de esta práctica en las sociedades industriales se ha identificado como una de las causas de las inseguridades y problemas emocionales que aquejan a Occidente. Para un crecimiento global saludable, el bebé necesita un entorno emocional cálido y seguro. Pero más allá del amor y de las buenas intenciones de los padres, que los bebés reciban cuidados adecuados depende también de hasta qué punto sus progenitores estén libres de estrés. Si en el entorno inmediato hay tensiones, ansiedades, fatigas, agotamiento, largas ausencias por cuestiones laborales o problemas familiares, las criaturas difícilmente van a poder satisfacer su necesidad de una presencia parental atenta, segura y confiable.
Si nuestra cultura estuviera centrada en el cuidado de la vida, en lugar de en su destrucción, la sociedad y los Estados protegerían y ayudarían a las familias en la delicada y fundamental tarea de criar hijos en el mundo.
 


Referencia: ¡Estate quieto y atiende! (Heike Freire)

viernes, 16 de octubre de 2026

Por la utilización de la propaganda, un pueblo puede llegar a confundir el cielo con el infierno y viceversa

En una existencia inauténtica, la búsqueda sistemática de diversiones, sucedáneos o tranquilizantes que caracteriza tantos “divertimentos” y “atracciones” de hoy, todavía no deja presentir a la mujer la crisis que la espera cuando se dé cuenta de cómo las ocupaciones masculinas para las cuales ha luchado tanto están desprovistas de sentido, cuando se desvanezcan sus ilusiones y la euforia que le da la satisfacción de sus reivindicaciones, cuando constatará por otro lado, que, debido al clima de disolución, familia e hijos ya no pueden dar un sentido satisfactorio a su vida, mientras que, debido al descenso de la tensión ocurrido, hombre y mujer ya no podrán significar tampoco gran cosa, no podrán constituir ya, como lo hicieron para la mujer absoluta y tradicional, el centro natural de su existencia, no representarán para ella más que uno de los elementos de una existencia dispersa y exteriorizada que irá a la par con la vanidad, el deporte, el culto narcisista del cuerpo, los intereses prácticos y otras cosas del mismo género, Es necesario tener en cuenta los efectos destructores que están produciendo en la mujer moderna una vocación falseada, ambiciones desviadas y, por añadidura, las condiciones objetivas. Así, cuando incluso la raza de los hombres verdaderos no hubiera casi desaparecido enteramente, ya que el hombre moderno conserva muy poco de lo que es propiamente la virilidad en el sentido superior del término, lo que se dijo respecto a la capacidad del hombre verdadero de “rescatar”, de “salvar a la mujer dentro de la mujer” permanecería problemático, explica Julius Evola en su libro Cabalgar el tigre.
Hitler conocía muy bien el poder de la propaganda y llegó a afirmar que, “por la astuta utilización de la propaganda, un pueblo puede llegar a confundir el cielo con el infierno y viceversa”.

No es de las cosas de donde podemos extraer la verdad

“Todo lo que los sentidos del cuerpo alcanzan, lo que llamamos lo sensible, no por un instante deja de cambiar. El que los cabellos crezcan en la cabeza, que el cuerpo envejezca o esté lozano en la juventud, está en un perpetuo devenir y jamás se interrumpe. Ahora bien, lo que no permanece incambiado no puede ser percibido. Percibir es comprender por la ciencia, y no se puede comprender lo que no cesa de cambiar. No debemos esperar, pues, que los sentidos corporales nos entreguen la verdad de su pureza”, escribe San Agustín.
La verdad es necesaria e inmutable; en el orden sensible no se encuentra nada necesario e inmutable, de modo que no es de las cosas de donde podemos extraer la verdad. Dice San Agustín que “todo lo que toco por mis sentidos corporales, ese cielo o esta tierra, por ejemplo, o todos los demás cuerpos que puedo percibir, no sé cuanto tiempo existirá; pero siete más tres hacen diez, y no solo ahora sino siempre, y no hay modo de que siete más tres hayan podido alguna vez no hacer diez, ni que alguna vez dejen de hacer diez”. Por ahí vemos de que existe una ciencia necesaria y que su origen no puede encontrarse en la contingencia de lo sensible.      
En relación al hombre, la verdad está sobre todo en el intelecto humano, pero absolutamente hablando está en el intelecto divino. Hay una sola verdad de todas las cosas, en el sentido que la verdad del intelecto divino es una, y de ella derivan las múltiples verdades de las cosas particulares, aunque sin embargo, hay una verdad propia en cada cosa, que le pertenece con el mismo título que su entidad. Comunicada a todo ser por Dios, le es inseparable, puesto que las cosas solo subsisten porque el intelecto divino las produce en el ser. La acción creadora divina, engendrando los seres, les comunica por eso mismo una verdad que les es inherente, diría San Anselmo.
¿Queda una verdad cuando las cosas mismas se destruyen? Sí, podría decir Santo Tomás, la del intelecto divino subsiste, pero la verdad relativa de las cosas desaparece con ellas o con el intelecto humano que solo puede percibirla.


Referencia: El espíritu de la filosofía medieval de Etienne Gilson

jueves, 15 de octubre de 2026

La vivencia del silbido de una flecha voladora

Robert Musil describe en su novela La flecha voladora (las flechas voladoras eran pequeñas flechas de acero lanzadas durante la primera guerra mundial desde aviones contra aglomeraciones de tropas enemigas) la vivencia del silbido de una flecha voladora en su descenso: “Era un sonido tenue, cantarín, sencillo, agudo, como cuando se pellizca el borde de una copa de cristal para que suene. Pero había allí algo de irreal. “Nunca aún lo has oído”, me decía a mí mismo. Y ese sonido iba dirigido a mí. Yo estaba en conexión con ese sonido y no tuve ni la menor duda de que me iba a suceder algo decisivo. Ni uno solo de mis pensamientos era del tipo de los que hacen acto de presencia en el instante de despedirse de la vida, sino que todo lo que sentía estaba orientado hacia el futuro. Debo decir sin ambages que estaba seguro de sentir en el instante siguiente la proximidad de Dios en la cercanía de mi cuerpo. Mi corazón latía ancho y sereno. No pude estar asustado ni una décima de segundo. No faltó la mínima partícula de tiempo en mi vida”.


El amor que ponemos en nuestros actos es lo que les da diferente valor

El amor que ponemos en nuestros actos es lo que les da diferente valor, cualesquiera que sean las tareas en que nos ocupemos: Estas tareas pueden ser, ciertamente, muy variadas, pero el amor con el que las tenemos que hacer es siempre el mismo. Solamente el amor es el que da diferente valor a nuestras acciones, escribe Fernand-Pierre Vidal.