Misteriosos suicidios de una serie de personas, que se producen en cuanto comienzan a escuchar las notas de la canción Gloomy sunday, interpretada por Billie Holiday. En realidad, el tema musical es en sí mismo toda una leyenda urbana, porque se cuenta que las notas de esta triste y amarga melodía han incitado al suicidio a cientos de personas, incluidos su compositor y el autor de la letra. Incluso la canción llegó a estar prohibida en las emisoras de radio de Estados Unidos y Gran Bretaña porque se decía que escucharla afligía tanto a los oyentes que podía inducirles al suicidio.
Aclarando
sábado, 1 de agosto de 2026
Gloomy sunday
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viernes, 31 de julio de 2026
Un alma triste puede matarte más deprisa que un germen
"Me acuerdo de un viejo árabe del norte de África, escribe John Steinbeck, un hombre cuyas manos no habían tocado el agua. Me dio té en un vaso tan empañado por el uso que era opaco, pero me daba fraternidad y el té resultó maravilloso debido a ello. Y, aunque no tenía ninguna protección, no se me cayeron los dientes ni me llené de llagas. Me puse a formular una nueva ley que describiese la relación entre protección y abatimiento. Un alma triste puede matarte más deprisa que un germen, mucho más rápido."
Apetito
Avisador es el apetito, palabra que da a entender la primera impresión de que se necesita alimento. Anunciase el apetito por una cierta languidez en el estómago y por un leve sentimiento de fatiga. Al propio tiempo, se ocupa el alma de los objetos que sirven para satisfacer sus necesidades, recuerda la memoria las cosas que mejor sabor infundieron al gusto, cree la imaginación que los está viendo y resulta de todo esto algo parecido a un sueño. Estado semejante no carece de encantos y a millares de gastrónomos inteligentes oímos exclamar con cordial alegría: ¡Qué gran placer hay en sentir buen apetito, cuando se tiene la seguridad de satisfacerlo pronto con excelente comida! No obstante, el aparato nutritivo se conmueve, el estómago se pone impresionable, se exaltan los jugos gástricos, los gases interiores cambian de sitio ruidosamente, la boca se humedece llenándose de saliva y todas las facultades digestivas están armadas como los soldados que sólo esperan la voz de mando para acometer. Si pasan todavía algunos momentos más, se experimentarán movimientos espasmódicos, se bostezará, se padecerá y sentirá uno hambre. Los diversos matices de estas sensaciones varias pueden observarse en cualquier sitio donde se aguarde la hora de comer. Tan arraigados se encuentran en la naturaleza que ni la política más exquisita puede disimular sus síntomas; de donde he deducido el siguiente apotegma: La más indispensable de todas las cualidades del cocinero es la exactitud.
Referencia: Fisiología del gusto (Jean Anthelme Brillat-Savarin)
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jueves, 30 de julio de 2026
La mejor forma de gobierno
¿Cuál es la mejor forma de gobierno?, se pregunta Balmes, para responder: “Parécenos que la respuesta debiera ser otra pregunta: ¿De qué pueblo se trata?”. La mejor forma de gobierno es aquella que mejor se ajusta a la historia y al carácter de cada pueblo en concreto; por lo que no hay una fórmula universal válida para todos los pueblos y todos los tiempos. Pensar en formas de gobierno es pensar en la tradición de cada pueblo, en su particular forma de ser y aprender de lo que enseña su “antigua constitución” o “constitución interna”, según la fórmula empleada por Cánovas del Castillo.
Las formas de gobierno están para la preservación de un pueblo y no al contrario, bien podría suceder que la salus populi, que es siempre suprema lex, exija en una determinada circunstancia un cambio de régimen y abandonar, no sin dolor, la forma vigente hasta ese momento; pues la prudencia de lo concreto siempre prevalece sobre lo idealmente deseable en abstracto.
Toda forma de gobierno no deja de ser un medio al servicio de unos intereses y fines que van más allá de dicha forma. Balmes señala que no hay que adoptar como un absoluto este o aquel sistema, “sino apelar a los grandes principios conservadores de la sociedad, a aquellos principios que no son exclusivamente de ninguna escuela, que no son nuevos, sino antiguos como el mundo, existentes desde toda la eternidad en el tipo de toda perfección, comunicados a las sociedades como un soplo de vida… Razón, justicia, buena fe”. La estima por la democracia estará condicionada por la calidad de sus fundamentos y fines, es decir, por si es acorde con la ley natural y las costumbres del país con vistas al bien común.
Toda forma de gobierno no deja de ser un medio al servicio de unos intereses y fines que van más allá de dicha forma. Balmes señala que no hay que adoptar como un absoluto este o aquel sistema, “sino apelar a los grandes principios conservadores de la sociedad, a aquellos principios que no son exclusivamente de ninguna escuela, que no son nuevos, sino antiguos como el mundo, existentes desde toda la eternidad en el tipo de toda perfección, comunicados a las sociedades como un soplo de vida… Razón, justicia, buena fe”. La estima por la democracia estará condicionada por la calidad de sus fundamentos y fines, es decir, por si es acorde con la ley natural y las costumbres del país con vistas al bien común.
Referencia: Sobre las formas de gobierno, autor:Elio A. Gallego García , profesor de Teoría y Filosofía del Derecho
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Soberbia y vanidad
Escribe Jaume Balmes que “la exageración del amor propio, la soberbia, no siempre se presenta con un mismo carácter. En los hombres de temple fuerte y de entendimiento, sagaz es orgullo; en los flojos y poco avisados es vanidad.”
“El orgullo tiene más malicia, la vanidad más flaqueza; el orgullo irrita, la vanidad inspira compasión; el orgullo sugiere quizá grandes crímenes, la vanidad ridículas miserias; el orgullo está acompañado de un fuerte sentimiento de superioridad e independencia, la vanidad se aviene con la desconfianza de sí mismo, hasta con la humillación; el orgullo tiende los resortes del alma, la vanidad los afloja; el orgullo es violento, la vanidad es blanda; el orgullo quiere la gloria, pero con cierta dignidad, con cierto predominio, con altivez, sin degradarse; la vanidad la quiere también, pero con lánguida pasión, con abandono, con molicie.”
miércoles, 29 de julio de 2026
La guerra es un instrumento ineficaz para crear justicia, reconciliación u orden duradero
Los planes de victoria de cuatro días de Putin sobre Kiev se han prolongado hasta convertirse en un desastre de más de cuatro años, que ha dañado a Rusia militar, económica, demográfica, diplomática y psicológicamente. Han ampliado la OTAN y reforzado la identidad nacional y la destreza militar de Ucrania.
La fuerza militar puede destruir a los enemigos, pero rara vez los miedos, las identidades, los agravios o las ideologías más profundos que originaron el conflicto en primer lugar. De hecho, la guerra a menudo los refuerza.Sí, las naciones tienen derecho a defenderse. Hay que resistirse a la tiranía. Los estados se enfrentan a amenazas reales y, a veces, el mal solo puede frenarse por la fuerza.Pero la lección es clara, la guerra es un instrumento profundamente ineficaz para crear justicia, reconciliación u orden duradero.
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La verdad novelesca
René Girard, filósofo francés, nos muestra cómo las obras por él analizadas, con el Quijote a la cabeza, ponen al descubierto la “mentira romántica”, consistente en hacer creer a los lectores que el deseo del personaje protagonista es autónomo y original. Por contraposición, la “verdad novelesca” supondría poner al descubierto el origen mimético del deseo del héroe, proyectando idénticas conclusiones sobre nuestros propios anhelos. Desde la historia de la literatura podríamos afirmar que, para que esto sea así, Cervantes ha necesitado primero llevar a cabo una revolucionaria reivindicación del modo de narrar propio de la novela; verosímil, pero no verdadero. Con este fin, el autor alcalaíno guiña constantemente el ojo de forma cómplice al “desocupado lector”: querido amigo, esto que tienes delante, lejos de ser una verdadera crónica, no es otra cosa más que fabulación mía (parece decirle). Así, los juegos irónicos con las voces narrativas o los episodios metaficcionales de la segunda parte vienen a reivindicar un estatuto propio para la ficción en prosa, necesitado de la validación de un lector crítico que asuma el distanciamiento de quien sabe que aquello que lee no es real. La revelación de la verdad novelesca de la que habla Girard solo puede darse tras esta afirmación que Cervantes hace de la verdad poética, con la que se inaugura nada más y nada menos que la novela moderna.
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