viernes, 13 de marzo de 2026

Famoso por ser famoso

En las redes sociales, el antiguo vinculo entre excelencia y prestigio puede romperse más fácilmente que nunca, por lo que, al seguir a las influencers que han cobrado fama por lo que hacen en el mundo virtual, los jóvenes suelen aprender formas de hablar, comportarse y exteriorizar sus sentimientos que pueden ser contraproducentes en una oficina, en casa o en otro entorno del mundo real. El auge de los medios de comunicación de masas en el siglo XX inicio esta disociación entre excelencia y prestigio. La expresión “famoso por ser famoso” se popularizó en la década de 1960, cuando fue posible que una persona corriente fuese conocida por el gran público, no por haber hecho algo importante, sino porque la habían visto millones de personas en televisión y después se habló de ella en unos cuantos ciclos de noticias.
Las redes sociales basadas en el prestigio han hackeado uno de los mecanismos de aprendizaje más importantes para los adolescentes, al distraer su tiempo, atención y comportamiento imitativo de una variedad de modelos de conducta con los que podrían desarrollar una relación de tutoría que los ayudaría a prosperar en sus comunidades del mundo real. En su lugar, desde el principio de las década de 2010, millones de chicas de la generación Z dirigieron colectivamente sus sistemas de aprendizaje más potentes a un pequeño número de mujeres cuya excelencia parece residir en acumular seguidores sobre los que ejercer su influencia.
Los trece años, la edad mínima actual para abrir una cuenta en las redes sociales (criterio que no siempre se cumple), es demasiado baja. Los niños de trece años no deberían ver infinitas publicaciones de influencers y otros desconocidos cuando su cerebro es tan receptivo y está buscando ejemplos en los que fijarse. Deberían estar jugando, sincronizándose y pasando el rato con sus amigos en persona, y así dejar espacio en los que les entra por los ojos y los oídos el aprendizaje social proporcionado por sus padres, profesores y otros modelos de conducta de su comunidad, escribe Jonathan Haidt, profesor de Liderazgo Ético en la Universidad de Nueva York.

jueves, 12 de marzo de 2026

Nos acercamos peligrosamente a un pastiche cultural

Llegó la globalización, escribe Gabriela Bustelo, esa abrumadora interconexión planetaria que empezó en 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió el continente americano, inaugurando la Edad Moderna. Y que culminaron Steve Jobs y Bill Gates, con el teléfono inteligente y el ordenador personal, capaces de acoplar en tiempo real a 8.000 millones de personas. Esa pequeña computadora portátil, el teléfono inteligente que Steve Jobs presentó al mundo en 2007, cinco años antes de morir, es hoy un artefacto cotidiano que parece que siempre estuvo ahí, cuando de hecho es el tótem tecnológico, informativo y cultural de la era ciber. Resulta prácticamente imposible conjeturar nuestros tiempos sin internet, ni móviles, ni redes sociales. Pero viniendo del siglo del modernismo literario, el diálogo interior, la narración fragmentada y la autoficción, del siglo de Freud, Picasso, Foucault, Wittgenstein, Curie, Beauvoir, cabe preguntarse, ¿cuál es la situación de la cultura? 

En 2014 el periodista estadounidense Carl Taro Greenfeld publicaba en el New York Times que “nunca como en el siglo XXI ha sido tan simple aparentar saber tanto sin saber realmente nada”, cosa que relacionaba con el modelo de interacción frenética de las redes sociales, que obliga a demostrar las veinticuatro horas al día que no se es analfabeto. “Nos acercamos peligrosamente a un pastiche cultural que en realidad es un nuevo modelo de incultura”, avisaba el periodista antes de confesarse un impostor cultural que también ha sucumbido al maleficio de alardear de conocimientos en las redes.
Esta perspectiva arrolladora llevaría a plantear que nos hallemos ante una transmutación de la noción occidental de cultura. De hecho, la era cíber en tanto que democracia digital permite a los siete millones de dueños de un teléfono inteligente decidir qué consideran cultura y en qué formato quieren recibirla. En este proceso de autoculturización, la labor del prescriptor cultural clásico, el adorado intelectual del siglo XX, sería innecesaria o sustituible por la de una estrella mediática con pódcast en YouTube. A juzgar por estos nuevos parámetros, la cultura posterior a la revolución informática no va a ser la que ha sido hasta ahora.

El libre albedrío

El libre albedrío es necesario para que una acción sea buena, pero también para que sea mala y, a fin de cuentas, para que cualquiera de las dos sea responsable. Benedicto XVI observa que Carlos Marx “ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado”. El libre albedrío produce progreso, pero el progreso, en palabras de Theodore Adomo solo “va de la honda a la superbomba”.
Muchas personas están que más felices de renunciar a la responsabilidad que conlleva la acción libre. “Nada es más insoportable para los hombres y la sociedad que la libertad”, afirmó un personaje de Dostoievski. El escritor hindú Sri Aurobindo dijo que “el mundo entero aspira a la libertad; sin embargo, cada criatura ama sus cadenas”. El filósofo Paul Claudel afirma que “ Dios mio, soy libre.Libérame de la libertad”.
Cuanto más auténticamente libre es el hombre, mayor es su certeza de Dios. Cuando soy auténticamente libre, tengo la certeza de que no soy libre por mi mismo…La libertad del hombre le abre, junto con la incertidumbre de su ser,  oportunidad de convertirse en lo que auténticamente puede ser, escribe Karl Jaspers.
El neurocientífico Vilayanur Ramachandran comenta que “es posible que nuestras mentes conscientes no tengan el libre albedrío, pero al parecer si lo tienen para elegir qué no”.


miércoles, 11 de marzo de 2026

388 millones de cristianos enfrentan niveles extremos de hostilidad

La Lista Mundial de la Persecución 2026 elaborada por la organización Puertas Abiertas, sitúa a Nigeria como responsable del 72% de los asesinatos de cristianos cometidos en todo el planeta por motivos religiosos durante el último periodo analizado. De los 4.849 creyentes asesinados en el mundo, 3.490 murieron en suelo nigeriano, una cifra que no solo señala una tendencia sostenida, sino que marca un nuevo máximo histórico desde que se tienen registros.El país, el más poblado de África y hogar de la mayor comunidad cristiana del continente, lleva desde 2021 instalado entre los diez primeros puestos del ranking de persecución religiosa. 
El caso de Nigeria no se entiende de forma aislada. El informe de 2026 subraya que los tres países más violentos del mundo (Sudán, Nigeria y Malí) son Estados fallidos en el África subsahariana donde los grupos armados imponen su ley ante la ausencia de autoridad. El empeoramiento más drástico se ha registrado en Siria. El país ha escalado 12 puestos hasta situarse como el sexto lugar más peligroso del planeta tras la caída del régimen de Bashar Al Assad en diciembre de 2024. Practicar el cristianismo en Siria hoy se traduce en iglesias profanadas, asesinatos selectivos y un éxodo que amenaza con borrar la presencia cristiana de la región. 
388 millones de cristianos enfrentan niveles extremos de hostilidad, un máximo histórico que sitúa la libertad religiosa como uno de los derechos humanos más vulnerables del siglo XXI.

Londres estaba dispuesta a devolver Gibraltar, pero el activismo de los sefardíes lo impidió

El derrumbe del imperio en los años posteriores hizo que el Reino Unido llevase sus colonias al comité de descolonización de la ONU. Todas querían quitarse de encima a la metrópoli y la metrópoli estaba encantada de deshacerse de unos territorios que no podía mantener. ¿Todas? No. Una pequeña aldea al sur de la Península Ibérica se resistió ferozmente. De ninguna manera querían dejar de ser británicos si eso significaba que debían ser españoles. La idea horrorizaba especialmente a los comerciantes y abogados sefarditas, que percibían (con razón) que no encontrarían acomodo en un estado nacional-católico. Hoy sabemos que su activismo político fue crucial, pues Londres estaba más que dispuesto a entregar Gibraltar a España. En el nuevo contexto de alianzas posbélicas, el peñón había dejado de tener valor estratégico. Si no se produjo esa entrega que los ministros de Franco esperaban “como fruta madura”, fue porque la sociedad civil, liderada por la comunidad judía y transformada en fuerza política, se plantó y dijo aquello de “British we are, British we stay”. El resultado fue la creación de un sistema parlamentario autónomo de Downing Street y de Westminster que, en 1964, eligió su primer parlamento y su primer Gobierno. En ese ejecutivo estaban Joshua Hassan de ministro principal y Solomón Seruya de ministro de Turismo y Puertos. De aquella legislatura nació la Constitución de Gibraltar de 1969, a la que Franco respondió cerrando la verja e inaugurando el período más asfixiante y traumático de la historia de la roca desde el Gran Sitio. Hassan se convirtió en el líder eterno de Gibraltar, donde gobernó veinte años en dos períodos (de 1964 a 1969 y de 1972 a 1987). Seruya, sin embargo, adoptó la nacionalidad israelí y fue embajador de su nuevo país en Filipinas, hasta que regresó a Gibraltar para hacerse cargo del negocio familiar, pero nunca perdió de vista su ascendiente sobre la comunidad judía y sobre la ciudad en general. Ambos sostuvieron el ánimo y la autoestima de los gibraltareños cuando más cuesta arriba se puso su vida, en el largo período del aislamiento, cuando se cortaron todas las comunicaciones con España, incluidas las telefónicas, y su casa se convirtió en prisión. La Línea y Gibraltar forman un continuo urbano. Los centros de ambas ciudades están a media hora de paseo. En los años del cierre, para ir a La Línea había que tomar un ferry o un avión de Gib Air hasta Tánger y, desde allí, tomar otro ferry hasta Algeciras. Desde el puerto de Algeciras, un taxi puede hacer el trayecto a La Línea en media hora. En total, con suerte, se tardaba cinco o seis horas (con un desembolso notable de dinero) en hacer un viaje que obligaba a cruzar tres fronteras. Manu Leguineche, que lo hizo en la década de 1970, cuenta historias de gibraltareños desesperados que saltaban la verja en mitad de la noche. 

Referencia:Lugares fuera de sitio (Sergio del Molino)

La ausencia de las sensaciones corporales que acompañan en el tránsito hacia la muerte deja un vacío insoportable

Comercialmente bien explotado, el miedo al dolor se transforma en un auténtico pánico que, de manera paradójica, acarrea nuevos sufrimientos. Stephen Jenkinson, uno de los especialistas mundiales en cuidados paliativos, habla de las expresiones de terror que con frecuencia contempla en los ojos de los moribundos a quienes se medica para que no sufran.
La ausencia de las sensaciones corporales que nos acompañan de forma natural en el tránsito hacia la muerte deja a los pacientes en una especie de vacío insoportable y convierte esa transición esencial de la vida en una experiencia espantosa. En la misma línea, estudios recientes han demostrado que el uso de drogas como los antidepresivos para cambiar estados psíquicos produce “embotamiento emocional” (emotional blunting), un fenómeno caracterizado por la dificultad para conectar con lo que sentimos; imposibilidad de llorar, de reaccionar frente a eventos con una fuerte carga sensible y de empatizar con otras personas. Separados drásticamente de nuestras propias emociones, somos incapaces de comprender y aceptar las de los demás, escribe la filósofa y psicóloga  Heike Freire.

martes, 10 de marzo de 2026

La delicada luz de la conciencia humana

D. H. Lawrence escribe en El amor es la felicidad del mundo: “La delicada luz de la conciencia humana, exquisita y perenne, no se apaga nunca. Las luces de las grandes ciudades sí se apagan, las rodean las sombras, y todo son aullidos en el monte. Pero siempre, desde que el hombre es hombre, la luz de la conciencia humana, pura y conocedora de Dios, ha seguido encendida. A veces, como pasó en los años oscuros, quedó reducida a un reguero de llamas diminutas, pero perfectas, del más puro conocimiento de Dios, aquí o allá.”…. "Y ese es el destino humano. La luz nunca se apagará, hasta el último día. La luz de la aventura humana en pos de la conciencia, lo que es, en resumidas cuentas, la luz humana del conocimiento de Dios”.
“La vida del hombre es una aventura sin fin en la conciencia. Allá que va la columna de humo por el día, la columna de fuego por la noche, a través de los páramos del tiempo. Hasta que el hombre se cuenta a sí mismo una mentira, otra mentira. Y la mentira va delante de él, como la zanahoria delante del burro. Hay en la conciencia del hombre dos corpus de conocimiento; las cosas que se cuenta a sí mismo, y las que descubre. Las que se cuenta a sí mismo son casi siempre agradables, y casi siempre mentira. Las que descubre son generalmente dolorosas al principio.”