viernes, 16 de octubre de 2026

Por la utilización de la propaganda, un pueblo puede llegar a confundir el cielo con el infierno y viceversa

En una existencia inauténtica, la búsqueda sistemática de diversiones, sucedáneos o tranquilizantes que caracteriza tantos “divertimentos” y “atracciones” de hoy, todavía no deja presentir a la mujer la crisis que la espera cuando se dé cuenta de cómo las ocupaciones masculinas para las cuales ha luchado tanto están desprovistas de sentido, cuando se desvanezcan sus ilusiones y la euforia que le da la satisfacción de sus reivindicaciones, cuando constatará por otro lado, que, debido al clima de disolución, familia e hijos ya no pueden dar un sentido satisfactorio a su vida, mientras que, debido al descenso de la tensión ocurrido, hombre y mujer ya no podrán significar tampoco gran cosa, no podrán constituir ya, como lo hicieron para la mujer absoluta y tradicional, el centro natural de su existencia, no representarán para ella más que uno de los elementos de una existencia dispersa y exteriorizada que irá a la par con la vanidad, el deporte, el culto narcisista del cuerpo, los intereses prácticos y otras cosas del mismo género, Es necesario tener en cuenta los efectos destructores que están produciendo en la mujer moderna una vocación falseada, ambiciones desviadas y, por añadidura, las condiciones objetivas. Así, cuando incluso la raza de los hombres verdaderos no hubiera casi desaparecido enteramente, ya que el hombre moderno conserva muy poco de lo que es propiamente la virilidad en el sentido superior del término, lo que se dijo respecto a la capacidad del hombre verdadero de “rescatar”, de “salvar a la mujer dentro de la mujer” permanecería problemático, explica Julius Evola en su libro Cabalgar el tigre.
Hitler conocía muy bien el poder de la propaganda y llegó a afirmar que, “por la astuta utilización de la propaganda, un pueblo puede llegar a confundir el cielo con el infierno y viceversa”.

No es de las cosas de donde podemos extraer la verdad

“Todo lo que los sentidos del cuerpo alcanzan, lo que llamamos lo sensible, no por un instante deja de cambiar. El que los cabellos crezcan en la cabeza, que el cuerpo envejezca o esté lozano en la juventud, está en un perpetuo devenir y jamás se interrumpe. Ahora bien, lo que no permanece incambiado no puede ser percibido. Percibir es comprender por la ciencia, y no se puede comprender lo que no cesa de cambiar. No debemos esperar, pues, que los sentidos corporales nos entreguen la verdad de su pureza”, escribe San Agustín.
La verdad es necesaria e inmutable; en el orden sensible no se encuentra nada necesario e inmutable, de modo que no es de las cosas de donde podemos extraer la verdad. Dice San Agustín que “todo lo que toco por mis sentidos corporales, ese cielo o esta tierra, por ejemplo, o todos los demás cuerpos que puedo percibir, no sé cuanto tiempo existirá; pero siete más tres hacen diez, y no solo ahora sino siempre, y no hay modo de que siete más tres hayan podido alguna vez no hacer diez, ni que alguna vez dejen de hacer diez”. Por ahí vemos de que existe una ciencia necesaria y que su origen no puede encontrarse en la contingencia de lo sensible.      
En relación al hombre, la verdad está sobre todo en el intelecto humano, pero absolutamente hablando está en el intelecto divino. Hay una sola verdad de todas las cosas, en el sentido que la verdad del intelecto divino es una, y de ella derivan las múltiples verdades de las cosas particulares, aunque sin embargo, hay una verdad propia en cada cosa, que le pertenece con el mismo título que su entidad. Comunicada a todo ser por Dios, le es inseparable, puesto que las cosas solo subsisten porque el intelecto divino las produce en el ser. La acción creadora divina, engendrando los seres, les comunica por eso mismo una verdad que les es inherente, diría San Anselmo.
¿Queda una verdad cuando las cosas mismas se destruyen? Sí, podría decir Santo Tomás, la del intelecto divino subsiste, pero la verdad relativa de las cosas desaparece con ellas o con el intelecto humano que solo puede percibirla.


Referencia: El espíritu de la filosofía medieval de Etienne Gilson

jueves, 15 de octubre de 2026

La vivencia del silbido de una flecha voladora

Robert Musil describe en su novela La flecha voladora (las flechas voladoras eran pequeñas flechas de acero lanzadas durante la primera guerra mundial desde aviones contra aglomeraciones de tropas enemigas) la vivencia del silbido de una flecha voladora en su descenso: “Era un sonido tenue, cantarín, sencillo, agudo, como cuando se pellizca el borde de una copa de cristal para que suene. Pero había allí algo de irreal. “Nunca aún lo has oído”, me decía a mí mismo. Y ese sonido iba dirigido a mí. Yo estaba en conexión con ese sonido y no tuve ni la menor duda de que me iba a suceder algo decisivo. Ni uno solo de mis pensamientos era del tipo de los que hacen acto de presencia en el instante de despedirse de la vida, sino que todo lo que sentía estaba orientado hacia el futuro. Debo decir sin ambages que estaba seguro de sentir en el instante siguiente la proximidad de Dios en la cercanía de mi cuerpo. Mi corazón latía ancho y sereno. No pude estar asustado ni una décima de segundo. No faltó la mínima partícula de tiempo en mi vida”.


El amor que ponemos en nuestros actos es lo que les da diferente valor

El amor que ponemos en nuestros actos es lo que les da diferente valor, cualesquiera que sean las tareas en que nos ocupemos: Estas tareas pueden ser, ciertamente, muy variadas, pero el amor con el que las tenemos que hacer es siempre el mismo. Solamente el amor es el que da diferente valor a nuestras acciones, escribe Fernand-Pierre Vidal.

miércoles, 14 de octubre de 2026

La web profunda no es más que la traslación del mundo offline a internet

La venta de droga por internet ha experimentado un boom en los últimos años. El auge tiene mucho que ver con el mediático cierre de Silk Road, el que fuera el mayor mercado negro online del mundo, que el FBI clausuró en 2013. Pero en vez de atajar el problema, lo agravó. Desde el colapso de Silk Road, escribe Marta García Aller, los ingresos por tráfico de drogas se han duplicado, el número total de transacciones se ha triplicado y la cantidad de drogas y medicamentos que se venden irregularmente en internet se ha multiplicado por cinco. En estos eBay del lado oscuro hay cada vez más competencia: AlphaBay, Cryptomarket y Dark Net Heroes son solo algunas de estas tiendas que ofrecen, algunas con gastos de envío incluidos, desde clásicos como anfetas, cocaína, cannabis y LSD, a sofisticadas combinaciones químicas de sustancias tan inverosímiles como sales de baño, con las que prometen viajes inolvidables (y a veces mortales). “La web profunda no es una extraña fosa séptica, no es más que la traslación del mundo offline a internet (así lo explica el doctor Jorge Ramiro Pérez, profesor de Criminología de la Universidad Europea). Los delitos que se cometen son los mismos de siempre, solo que esta plataforma permite operar de forma global, accesible y con un anonimato mayor, pero no total. Siempre se deja un rastro, y es ese el que sigue la policía.” Los interesados en aprender a comprar drogas online no lo tienen difícil gracias a multitud de foros y vídeos en webs que explican cómo comprar, paso a paso, cualquier sustancia ilegal. El sistema de venta es muy similar al de plataformas de venta de segunda mano como eBay, pero a través de una navegación encriptada en la llamada web profunda. Y en vez de pagar con tarjetas de crédito, claro, estos dealers prefieren las criptomonedas virtuales como bitcoin o monero. En la web profunda es tan sencillo navegar como en cualquier otra web. Hace dos décadas había que ser un gran experto en programación. “Pero ahora el grueso de las actividades delictivas, incluido el tráfico de drogas, lo realizan personas que solo saben mover el ratón; ya no hace falta saber programar ni nada por el estilo”, explica Arturo Ribagorda, presidente de la Red de Excelencia Nacional de Investigación en Ciberseguridad. La red que encripta la comunicación se llama Tor (y se puede llegar a ella a través de Google sin problemas). Esta ofrece una serie de servidores que canalizan el tráfico y lo cifran a su paso para garantizar un altísimo nivel de anonimato. Una vez que se instala en el ordenador, no se puede saber cuál es el origen porque crea varias escalas intermedias. No es más que una red, pero con anonimato. En lugar de tener un dominio .com se utiliza un dominio .onion.

Sólo los seres humanos exhiben un alto grado de cooperación entre no parientes

Enseñar es cooperativo porque proporciona beneficios para el aprendiz, pero es costoso para el maestro. Si fuera práctico aprender sólo de nuestros padres, no nos encontraríamos ante un enigma evolutivo, ya que los padres tienen un interés genético en enseñar a sus hijos. Pero la gente en las sociedades tradicionales aprende mucho de miembros de su grupo con los que no están emparentados. Sólo los seres humanos exhiben un alto grado de cooperación entre no parientes. Por último, el aprendizaje cultural puede depender de la cooperación, ya que el primero a menudo se potencia con el lenguaje hablado. Por ejemplo, un reciente experimento organizado con alumnos de la universidad sugiere que la instrucción verbal es esencial para aprender cómo hacer herramientas sencillas de piedra como las que aparecen en el registro arqueológico. Los alumnos que sólo vieron cómo hacían otros las herramientas o a los que les enseñaron directamente las herramientas terminadas tuvieron mucho menos éxito que los que recibieron instrucción verbal. El lenguaje es un enigma en sí mismo. En la mayoría de las especies animales, las señales comunicativas deben ser costosas para garantizar su honestidad. Sólo hay que pensar en el rugido del león o en las astas del ciervo rojo, estas son señales tan costosas de producir que no pueden ser falseadas. Un león débil no puede emitir un rugido convincente. Pero el lenguaje humano es “cheap talk” (comunicación no vinculante) y es susceptible al engaño. Yo puedo decir que salí en persecución de un león en una cacería, aunque hubiera estado encogido de pavor entre los arbustos. Es probable que el engaño se mantenga bajo control gracias a la supervisión mutua y el castigo, pero esto requiere de cooperación entre los individuos. En los grupos humanos contemporáneos de cazadores-recolectores, el número de personas que hablaba una lengua era de aproximadamente un millar. Ningún otro vertebrado coopera a esa escala con no parientes, escribe Robert Boyd, profesor de evolución humana y cambio social en la Universidad Estatal de Arizona.

Existen sistemas para vigilarnos cómodamente unos a otros

En 2016, comenzaron a surgir otros servicios de este tipo como Tenant Assured, que evalúa hasta qué punto es de fiar un futuro inquilino al que se le quiere alquilar una casa. ¿Por qué dejar a la intuición lo que puede hacer una máquina? Este sistema, no exento de polémica, escanea Linkedin, Instagram, Facebook y el resto de información pública que uno ha ido colgando online para crear un perfil del riesgo del solicitante. Estudia desde la edad y las mascotas que uno tiene a las bodas y los embarazos que ha ido compartiendo. “Si tienes una vida normal, no tienes de qué preocuparte”, explicaba Steve Thornhill, cofundador de Tenant Assured, a The Washington Post en 2016, en la que seguramente fuera la frase más inquietante de toda la entrevista.
Existen sistemas para vigilarnos cómodamente unos a otros. Una aplicación llamada Blippar ayuda a identificar a cualquier persona con solo enfocarle con la cámara del móvil. Este sistema de reconocimiento facial empezó pensándose para escanear la imagen de un famoso en una revista del que no recordamos su nombre y proporcionarnos información sobre él, con sus apariciones en webs o la biografía en Wikipedia. Pero a medida que se amplía su base de datos va sirviendo también para espiar a un desconocido en un bar y averiguar más sobre él. Antes de conocerle, ya podríamos saber lo que cenó anoche, qué estudió y dónde fue de vacaciones el verano pasado. Ofrece un resumen de su vida online con solo enfocarle con el objetivo. Para evitar problemas de privacidad, el servicio es opcional. Si alguien no quiere que su rostro sea almacenado en los servidores de Blippar, puede pedir que lo elimine. De momento, ya tiene 70.000 personas en su archivo. Tiene ventajas. De extenderse esta práctica, de momento anecdótica(pero técnicamente posible), en el futuro podríamos dar por resuelta la clásica situación embarazosa de llevar diez minutos hablando con alguien en una fiesta del que no recuerdas su nombre cuando ya se ha hecho demasiado tarde para preguntarlo. O la de llegar a una reunión y no tener claro quién es quién. Un rastreo rápido mostraría su perfil. Claro que arruinaría el efecto sorpresa de las primeras citas. Nada más sentarnos a la mesa, podríamos saberlo casi todo del acompañante.

Referencia: El fin del mundo tal y como lo conocemos escrito por Marta García Aller