sábado, 27 de junio de 2026

El hombre es el único animal con posibilidades de lo mejor y de lo peor

El hombre es el único animal con posibilidades de lo mejor y de lo peor. De lo peor porque es la única especie capaz de asesinar y de autodestruirse; de lo mejor porque también es la única capaz de adaptarse a todo, de inventar todo.

Ideología y política hacen que la historia se vea constantemente alterada de manera tendenciosa

La historia es un campo minado, expuesto al capricho ideológico y a los intereses políticos. A la mínima que se baje la guardia aparece una vía de fuga por la que la ficción, la leyenda, la deformación, en fin, casi siempre interesadas, ocupan el lugar de la verdad histórica y la encubren. Historia y ficción se ven así enmarañadas, solapadas, confundidas, y distinguirlas supone un gran esfuerzo de erudición.
Ideología y política, hacen, sea como fuere, que la historia, cuyo fin es la verdad histórica (la historia solo lo es si es verdadera), se vea constantemente distorsionada, alterada de manera tendenciosa, por los intentos de justificación, solo aparentemente históricos, de las posiciones de estos distintos grupos de interés (ideológicos o políticos). La lucha por la historia, es decir, la lucha por ganar la verdad histórica, le puede interesar a toda facción o grupo para mantener su hegemonía frente a otros en el presente (sea con fines políticos, sea con fines ideológicos), escribe el filósofo Pedro Insua.

viernes, 26 de junio de 2026

Evitad obligar a formar un solo grupo en lo que es opinable

Evitad ese abuso que parece exasperado en nuestros tiempos, está patente y se sigue manifestando de hecho en naciones de todo el mundo, que revela el deseo, contrario a la lícita independencia de los hombres, de obligar a todos a formar un solo grupo en lo que es opinable, a crear como dogmas doctrinales temporales; y a defender ese falso criterio con intentos y propaganda de naturaleza y substancia escandalosas, contra los que tienen la nobleza de no sujetarse, escribe Josemaría Escrivá.

Los padres educan fundamentalmente con su conducta

Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría, un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años. Los hijos han de percibir que la conducta que ven hecha vida en sus padres no es un agobio, sino fuente de libertad interior. Y los padres, sin amenazas, con sentido positivo, deben “estructurar” interiormente a sus hijos, educarles para esta libertad, dándoles razones para que entiendan la bondad de lo que se les pide, de modo que lo hagan suyo.

Referencia: La educación en familia (José Manuel Martín)

jueves, 25 de junio de 2026

La deprimente sensación de la iniquidad humana

Cuenta Joseph Pearce en su libro Tolkien, hombre y mito que “Tolkien creía que el conflicto eterno entre el bien y el mal formaba parte de la Tierra y de la Tierra Media. En una carta a su hijo Christopher fechada el 14 de mayo de 1944, escribió: Un ligero conocimiento de la historia le procura a uno la deprimente sensación del sempiterno volumen y peso de la iniquidad humana: una muy, muy vieja maldad espantosa, infinitamente repetitiva, inalterable, incurable. Todas las ciudades, todas las aldeas, todos los habitáculos del hombre… ¡se hunden! Y al mismo tiempo uno sabe siempre que el bien existe, mucho más oculto, mucho menos claramente discernible, que rara vez irrumpe en las bellezas reconocibles y visibles de la palabra, la acción o la cara; ni siquiera cuando está verdaderamente presente la santidad, mucho más grande que la visible y proclamada maldad. Pero me temo que las vidas individuales de apenas unos pocos el balance es negativo: es tan poco lo que hacemos positivamente de bueno, aun si negativamente evitamos lo que es activamente malo.”

La unidad siempre es buena cosa

Juan Luis Selma escribe que la unidad siempre es buena cosa, es signo de vida, de armonía, de fuerza. Lo mejor que se puede hacer para vencer a un enemigo es dividirlo. Este es el oficio del diablo, desunir. Nosotros podemos plantearnos la vida como pegamento, ser personas que unen, o como cizañeros, que desunen. Necesitamos la unión en nuestra vida. Unidad y armonía entre nuestros principios y modo de actuar; de lo contrario la esquizofrenia hará estragos. Armonía en los ciudadanos, que sepamos convivir; apreciar lo bueno de los otros, sumar.
Los hombres y mujeres nos rompemos; estropeamos nuestras relaciones. Lo lógico será recomponernos. La sociedad de consumo nos lleva al “usar y tirar”. Ya no compensa recomponer lo roto, arreglar lo estropeado. Es más barato cambiar de móvil, de lavadora, tirar los cacharros rotos. Sin darnos cuenta, esta filosofía ha invadido nuestras relaciones; ya no nos tiene cuenta rehacerlas, recomponerlas. Vamos a por otras. El mercado es rico en ofertas. No queremos a personas recompuestas, relaciones con cicatrices. Ni siquiera somos capaces de aceptar nuestros errores, que somos frágiles y necesitamos sanar, curar.
 

miércoles, 24 de junio de 2026

Millares de personas están desgastando sus vidas para lograr una existencia más digna en un país distinto del suyo

Contemplamos a diario cómo millares de personas están desgastando y consumiendo sus vidas para lograr una existencia más digna en un país o en un continente distinto del suyo. No es un fenómeno nuevo, pero recientemente las desigualdades sociales y las guerras han llegado a tales niveles, que ni el mar ni otros límites naturales han podido contener por más tiempo ese flujo migratorio. El peregrino ya no es una figura lejana, sino que está cada vez más presente en las calles de nuestras ciudades. El Papa  Francisco ha señalado que, si miramos con indiferencia el doloroso viaje de estas familias, es que hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraternal.
Será necesario desarrollar iniciativas diversas para distribuir entre todos el bienestar indispensable, los puestos de trabajo, los hogares, la educación, etcétera.