domingo, 13 de septiembre de 2026

Generaciones de estadounidenses han sido catequizadas en la creencia de que los bebés no nacidos no tienen derechos

Ryan T. Anderson publica un artículo donde explica que “los conservadores tienen razón al señalar la función pedagógica de la ley; la ley es, como señaló Aristóteles, un maestro. El resultado pedagógico de una mala sentencia del Tribunal Supremo, que se permitió que se mantuviera durante tanto tiempo el aborto, es el oscurecimiento de nuestra conciencia nacional. Generaciones de estadounidenses han sido catequizadas en la creencia de que el aborto es un derecho, de que los bebés no nacidos no tienen derechos. Aunque Dobbs ha tenido un impacto importante para reparar parte del daño infligido a nuestro orden constitucional, no borra (no podría borrar) medio siglo de corrupción política y social. E incluso aquellos de nosotros que creemos que los no nacidos son personas según la Decimocuarta Enmienda, con derecho constitucional a igual protección, hemos de ser conscientes de que el reconocimiento generalizado de este hecho no se va a producir rápidamente.” 
“Durante décadas la opinión pública se había mantenido relativamente estable sobre el aborto, y la mayoría de los estadounidenses apoyaban algunos límites legales al aborto. Pero desde 2016 se ha dado un marcado giro hacia el extremismo abortista en muchos aspectos. Consideremos las recientes encuestas de Gallup. No sólo la cifra récord de un 69 % dice que el aborto debería ser legal durante los tres primeros meses de embarazo, sino que un 34 %, cifra también récord, dice que el aborto debería ser legal en cualquier circunstancia. El 52 % dice que el aborto es moralmente aceptable, diez puntos por encima de lo que había sido la media desde 2001. Es difícil asimilar el cambio que ha experimentado la opinión pública en la última década, pero el movimiento pro-vida tiene que hacerlo. Entre las mujeres estadounidenses el apoyo al aborto ilimitado ha crecido del 30 % al 40 %. Como muestra de lo que está por venir, consideremos que el 63 % de las mujeres de entre 50 y 64 años apoyan el aborto durante el primer trimestre, mientras que ese apoyo asciende hasta la friolera del 83 % en las mujeres de entre 18 y 29 años. El extremismo abortista de Kamala Harris coincide con las opiniones de su base.”
“Hay muchas razones para este cambio en la opinión pública. Una es el aumento de la depresión, la desconexión y la ansiedad en nuestras generaciones más jóvenes, entre las mujeres jóvenes y de izquierdas. Las jóvenes tienen mucho miedo a los embarazos no deseados. Otra razón probable es la persona de Donald Trump. Pero, por encima de todo, está lo que Trump primero simbolizó y luego hizo realidad, la anulación de Roe. Antes de Dobbs, la mayoría de los estadounidenses no se jugaban nada, no les preocupaba que les negaran un aborto si llegaba el día en que lo “necesitaran”. Era más fácil afirmar la dignidad del niño en el vientre materno cuando la afirmación era abstracta y no implicaba una amenaza a la elección de nadie. Ahora todos nosotros, incluidos los antiabortistas, tenemos que contar con ese coste potencial. Parece que la mayoría de los estadounidenses, incluso algunos que se consideran pro-vida, apoyan cuatro excepciones: violación, incesto, riesgo para la vida de la madre y… “mi caso”. O “el caso de mi hija”, o “el caso de mi novia”. Durante casi cincuenta años, el pueblo estadounidense ha construido su vida en torno a la fácil disponibilidad del aborto. Incluso cuando saben que el aborto detiene el latido de un corazón, no siempre les importa, o cuando les importa, no siempre están dispuestos a hacer los sacrificios personales que se derivan de ese hecho…. Mientras se consideren las relaciones sexuales fuera del matrimonio como algo inevitable, un gran número de estadounidenses considerará el aborto como un anticonceptivo de emergencia necesario. Mientras sigan disminuyendo las tasas de matrimonio y se retrase la edad de contraer matrimonio, pero persista el impulso sexual humano, las tasas de aborto seguirán siendo altas.”


Lo propio de la modernidad no es tanto perder el rumbo, sino perder la meta

Chesterton escribe que “el hombre, por primera vez en la historia, comienza a dudar del objeto de sus andanzas sobre la tierra. Siempre ha extraviado el rumbo, pero ahora ha perdido la meta. Ha comenzado a sentir perplejidad sobre la finalidad de sus esfuerzos y por lo tanto sus esfuerzos se han hecho cada vez más débiles”. 
Para Ignacio Munilla lo propio de la modernidad no es tanto perder el rumbo, sino perder la meta, perder la conciencia de a donde vamos. Si no hay razón por la que luchar, ¿para que luchar?


Ninguna persona tiene autoridad innata sobre los demás

Jonathan Sacks
Jonathan Sacks, que fue durante muchos años el Rabino principal de las Congregaciones hebreas unidas de la Commonwealth, afirma que todo el ejercicio del poder humano, toda la autoridad política, según la Biblia, está sujeta a la autoridad trascendente de lo divino. En términos prácticos esto significa que hay límites morales en todo ejercicio de poder en la sociedad, y que el derecho está por encima del poder. El despotismo y el totalitarismo simplemente están excluidos de la relaciones humanas ya que ninguna persona tiene autoridad innata sobre los demás; y el pretender que la tiene constituiría un abuso de poder. Las personas están obligadas en conciencia a hacer lo que deben.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Instituciones inclusivas e instituciones extractivas

Acemoglu, Johnson y Robinson
El desarrollo económico sostenible depende de la creación y el mantenimiento de instituciones inclusivas. Esto implica fomentar la participación política, limitar el poder de las élites y asegurar el respeto al estado de derecho. Hay que rechazar explicaciones simplistas que atribuyen el éxito o fracaso de las naciones únicamente a factores como la cultura, la geografía o los recursos naturales, argumentando que, aunque estos factores son importantes, es la calidad de las instituciones lo que determina el destino económico de un país.
El Premio Nobel de Economía 2024 sirve como recordatorio de la importancia de las instituciones en el desarrollo económico y social. Las investigaciones de Acemoglu, Johnson y Robinson muestran que la prosperidad no depende únicamente de los recursos naturales o de la ubicación geográfica, sino de las buenas instituciones que gobiernan nuestras sociedades. La clave para un desarrollo inclusivo y sostenible radica en fortalecer las instituciones y garantizar que estas sean inclusivas, favoreciendo la participación de todos en la vida económica y política. Las instituciones políticas inclusivas, como la democracia y la separación de poderes, son fundamentales para fomentar la creación de instituciones económicas que favorezcan el desarrollo. 
Cuando el poder político está en manos de una amplia coalición de actores, es más probable que se generen instituciones inclusivas que beneficien a la mayoría de la población. Por el contrario, cuando el poder está concentrado en una élite, es más común que surjan instituciones extractivas que favorezcan solo a unos pocos.
Las instituciones inclusivas son aquellas que fomentan la participación amplia en la economía, promoviendo la competencia, la innovación, la independencia de los reguladores, la alternancia en el poder, la igualdad de oportunidades y el respeto a la propiedad privada. Este tipo de instituciones crean un entorno donde la mayoría de la población puede aprovechar las oportunidades para mejorar su bienestar, lo que impulsa el crecimiento económico sostenido. Las instituciones extractivas tienden a bloquear cualquier cambio que amenace los intereses de la oligarquía dominante. Estas instituciones son corruptas, colonizan los organismos reguladores, no tienen separación de poderes (entre el legislativo, ejecutivo y judicial) y limitan la libertad de expresión, el acceso a la educación, la innovación y el emprendimiento, lo que dificulta el desarrollo económico y perpetúa la pobreza y la desigualdad.

Los políticos constantemente utilizan la ambigüedad como forma de engaño

“Los políticos constantemente utilizan esta forma de engaño (la ambigüedad), cuando sus posibles votantes les piden que revelen sus compromisos de futuro. Para obtener su apoyo, necesitan decir lo que ellos quieren escuchar, pero sin quedar comprometidos en una posición falsa de la que luego les sería imposible retractarse. Para hacerlo, a menudo emplean mensajes llenos de vaguedades, anfibologías y eufemismos. El engaño mediante la omisión de la verdad tiene muchas ventajas respecto a la mentira. Por una parte, permite esquivar el estigma cultural de la mentira, rebajando la presión moral sobre el individuo (arrepentimiento, culpa, miedo al castigo etc.). Por la otra, permite obtener los beneficios de hacer trampa evitando sus consecuencias sociales negativas (posibles represalias de la víctima, desconfianza, exclusión del grupo etc.)”. The ethics of deception de Diego Rubio 


viernes, 11 de septiembre de 2026

La década de 1960

Si la imagen dominante de Estados Unidos en la década de 1950 había sido el idilio de tranquilidad suburbana unida para resistir a la amenaza roja, en los sesenta los jóvenes y los viejos, los blancos y los negros se gritaban insultos unos a otros. 
En los cien años anteriores, madres y abuelas eran primordialmente las responsables de inculcar los valores religiosos a sus hijos.En los sesenta se rompió el ciclo, en el sentido que los padres religiosos solo tienen una posibilidad del cincuenta por ciento de reproducir sus creencias entre sus hijos, mientras que los padres no creyentes consiguen transmitir su propia incredulidad. Durante la década de 1960, una cultura instintivamente juvenil, alimentada por una prosperidad, llevó a que la religión tradicional perdiese el puesto principal para su transmisión a través de generaciones. Según el historiador Calum Brown las revistas para mujeres que celebraban una gama tradicional de virtudes femeninas domésticas quedaron barridas por productos Jackie, en la que “los relatos se centraban en las palabras tú, amor y felicidad”.El contenido Jackie parece inocente de la posición de hoy, en que revistas dirigidas a adolescentes hablan de cuestiones reservadas hasta hace poco a adultos. En esta nueva gama de revistas desaparecían las alusiones a la religión. 
En la década de 1960 se abandonaron liturgias seculares en favor de oficios religiosos de “palmoteo fácil”, aunque pocos se aventuraron tan lejos como los colegiales católicos cuyas payasadas en la capilla noveló David Lodge. Durante esos años los cristianos fueron importantes para el éxito de muchas de las nuevas organizaciones benéficas como Amnistía Internacional, Oxfam, Samaritans, Cáritas, cuya tarea en pro de los afligidos, moribundos y desamparados ha sido una manifestación impresionante de caridad cristiana.
El marxismo creó desolación en todos los lugares en que se ensayó, sobre todo en Africa, donde las fuerzas de liberación de Angola, Etiopía y Mozambique presidieron decenios de guerra civil cuyas víctimas directas y colaterales empequeñecieron a las de Sudáfrica.
En Inglaterra, la llegada de muchos emigrantes, que eran sijs, hinduistas y musulmanes, dio un oportuno impulso al número de creyentes religiosos en una sociedad secularizada. La necesidad de reconocer su credo asestó un último golpe a la Constitución exclusivamente cristiana de Inglaterra. Lo que parecía una prometedora celebración de la diferencia ha resultado ser sumamente disgregador. 
El periodo final del los años sesenta preparó en gran parte el terreno para lo que han venido a llamarse los credos de la Nueva era, que fusionaron trocitos de misticismo oriental, astrología y ocultismo, ecología y psicoterapia, y cuyas eclécticas filosofías adornan hoy paredes enteras de las librerías. 
La década de 1960 estará asociada siempre a la cultura pop y una cultura estudiantil que agitaba pancartas con Marx, Lenin y Mao. La primara tuvo eco en los jóvenes del otro lado del telón de Acero, en sociedades donde escuchar música rock era un delito de subversión. Sin embargo, Marx, Lenin y Mao no tenían ningún poder de compra allí, pues los dos primeros eran los filósofos del orden establecido comunista dominante. Por eso Europa oriental y la Unión Soviética eran una molesta carga para los estudiantes estudiantiles occidentales. 
La Iglesia Católica estaba en crisis. Las vocaciones religiosas cayeron a plomo. En 1963, habían optado por la vida secular 167 sacerdotes; en 1965 fueron 1.189 y cuatro años después se legaría a la cifra de 3.700. Los jesuitas perdieron un tercio de sus miembros en diez años.En el Pais Vasco y Cataluña muchos sacerdotes hicieron causa común con los autonomistas locales, incluida la organización marxista terrorista ETA. Para las mentes de muchos teólogos de la década de los 60 los Evangelios no eran lo suficientemente sexis si no estaban sazonados con un denso batido de marxismo. 


Referencia: Causas sagradas, religión y política en Europa de Michael Burleigh.


Proyecto Da'wah

Muchos inmigrantes, especialmente musulmanes, viven cerca unos de otros, en enclaves, y empiezan a recrear las condiciones de los Estados fallidos de los que huyeron. Hay calles en Londres, París y Berlín que ahora podrían confundirse con algún lugar de Argel, Mogadiscio o Lahore. A las mujeres no se les permite salir de casa sin vigilancia, sin cubrirse o hablar cuando no les toca. A los inmigrantes musulmanes de primera y segunda generación la prosperidad de Occidente no les libró de su antisemitismo. Por el contrario, los derechos humanos concedidos a las minorías les permiten hacer llamamientos a la Yihad y al genocidio de los judíos mientras son protegidos de las críticas por sus anfitriones europeos.
Inmigración “estúpida”, no se presta atención a las diferencias culturales que se importan. Pero sólo los que promulgan esas políticas son deliberadamente ciegos a estas irreconciliables diferencias. Los islamistas lo saben y toman por tontos a los liberales europeos. Aunque logramos destruir a Al Qaeda, y más tarde al ISIS, Occidente permitió que millones de musulmanes entraran en sus países y empezaran a vivir en universos culturales separados de la población de acogida. No se ven a sí mismos como actores económicos. No aman a Occidente ni quieren descubrir su historia o contribuir a su patrimonio. Se ven a sí mismos como parte de un proyecto de Da'wah. Se trata de un esfuerzo mucho más insidioso para establecer un Estado islámico en Occidente mediante el lento crecimiento del Islam, a través de la conversión, de la inmigración, de la argumentación. Y me temo que la indiferencia liberal hacia la cultura y el odio a nosotros mismos que se enseña a nuestros jóvenes nos están volviendo impotentes para detenerlo.
El Islam sigue siendo la religión de más rápido crecimiento en el mundo. Los musulmanes constituyen una cuarta parte de la población mundial. Es la religión de más rápido crecimiento en Europa. En el Reino Unido, los musulmanes son el 18% de la población reclusa, y uno de cada cinco es un blanco converso. La población cristiana de Gran Bretaña se ha reducido a menos de la mitad, mientras que su población musulmana ha crecido hasta el 6,5 por ciento, en más de un millón desde 2011. 
En un número de la revista en inglés del ISIS, Dabiq, un ensayo titulado Por qué os odiamos y por qué luchamos contra vosotros, decía que “el hecho es que, aunque dejarais de bombardearnos, encarcelarnos, torturarnos, vilipendiarnos y usurpar nuestras tierras, seguiríamos odiándoos porque nuestra razón principal para odiaros no dejará de existir hasta que abracéis el Islam”. Estamos ante una ideología política que no comparte nuestra historia, nuestras creencias religiosas, nuestra cultura ni nuestras costumbres. No existe un principio común que sirva de medio para que muchos musulmanes acepten el modo de vida occidental.Lo que se requiere para que un inmigrante se asimile es a menudo un rechazo total de su hogar, su religión y su antigua forma de vida, escribe Ayaan Hirsi Alí.