jueves, 25 de junio de 2026

La unidad siempre es buena cosa

Juan Luis Selma escribe que la unidad siempre es buena cosa, es signo de vida, de armonía, de fuerza. Lo mejor que se puede hacer para vencer a un enemigo es dividirlo. Este es el oficio del diablo, desunir. Nosotros podemos plantearnos la vida como pegamento, ser personas que unen, o como cizañeros, que desunen. Necesitamos la unión en nuestra vida. Unidad y armonía entre nuestros principios y modo de actuar; de lo contrario la esquizofrenia hará estragos. Armonía en los ciudadanos, que sepamos convivir; apreciar lo bueno de los otros, sumar.
Los hombres y mujeres nos rompemos; estropeamos nuestras relaciones. Lo lógico será recomponernos. La sociedad de consumo nos lleva al “usar y tirar”. Ya no compensa recomponer lo roto, arreglar lo estropeado. Es más barato cambiar de móvil, de lavadora, tirar los cacharros rotos. Sin darnos cuenta, esta filosofía ha invadido nuestras relaciones; ya no nos tiene cuenta rehacerlas, recomponerlas. Vamos a por otras. El mercado es rico en ofertas. No queremos a personas recompuestas, relaciones con cicatrices. Ni siquiera somos capaces de aceptar nuestros errores, que somos frágiles y necesitamos sanar, curar.
 

miércoles, 24 de junio de 2026

Millares de personas están desgastando sus vidas para lograr una existencia más digna en un país distinto del suyo

Contemplamos a diario cómo millares de personas están desgastando y consumiendo sus vidas para lograr una existencia más digna en un país o en un continente distinto del suyo. No es un fenómeno nuevo, pero recientemente las desigualdades sociales y las guerras han llegado a tales niveles, que ni el mar ni otros límites naturales han podido contener por más tiempo ese flujo migratorio. El peregrino ya no es una figura lejana, sino que está cada vez más presente en las calles de nuestras ciudades. El Papa  Francisco ha señalado que, si miramos con indiferencia el doloroso viaje de estas familias, es que hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraternal.
Será necesario desarrollar iniciativas diversas para distribuir entre todos el bienestar indispensable, los puestos de trabajo, los hogares, la educación, etcétera.

El tiempo universal

Greenwich como meridiano cero
El oficial alemán Helmuth von Moltke solicitó al Parlamento alemán que fuera adoptado un horario estándar, pues en Alemania existían cinco zonas horarias que impedían una planificación militar efectiva. Cuando Fleming envió el discurso de Moltke a los diarios, no podía imaginarse que, en 1914, el mundo se lanzaría a la guerra de acuerdo con calendarios precisos facilitados por el tiempo estándar que él pensaba que iba a generar paz y cooperación. Se había creado así el tiempo universal que permitía movilizar a miles de hombres y librar la guerra de forma simultánea con el enemigo. Se trató de una revolución doble del continuo espacio-tiempo, máquina de vapor-motor de gasolina y la creación del tiempo universal. No obstante, a pesar de los argumentos militares y científicos para un horario mundial, fueron las compañías del ferrocarril las primeras en ponerlo en marcha, pues, hacia 1870, si una persona viajaba desde Washington a San Francisco y ponía en hora su reloj en cada localidad por la que atravesaba, tenía que hacerlo más de 200 veces. Los ferrocarriles intentaron poner fin al problema utilizando un tiempo separado para cada región. En 1884, representantes de 25 países se reunieron en Washington para establecer Greenwich como meridiano cero, determinando la duración exacta del día y dividiendo la Tierra en 24 zonas horarias con una hora de diferencia entre ellas. En la novela El agente secreto (1907) de Conrad, un anarquista ruso tiene como misión volar el observatorio de Greenwich, un objetivo muy apropiado para el anarquismo como símbolo gráfico de la autoridad política centralizada.


Referencia:XX un siglo tempestuoso (Álvaro Lozano Cutanda)

De la muerte y de lo muerto hubo mucho en la Guerra de la Independencia

De la muerte y de lo muerto hubo mucho en la Guerra de la Independencia, una guerra civil que trastocó los valores y transformó el sistema político poniendo de manifiesto la crisis del antiguo régimen absolutista, lo precario de sus fundamentos, y la posibilidad de una sociedad nueva que, lamentablemente, no se asentaría con la firmeza necesaria, que necesitaba, en los tiempos futuros. Los testimonios de la violencia son abundantes tanto entre las fuentes francesas como en las españolas. El terror de los soldados franceses ante las navajas de los "patriotas" no es menor que la crueldad de estos para con sus prisioneros, la misma crueldad que los franceses perpetraron sobre los suyos, sobre los patriotas, guerrilleros o no, simple población civil muchas veces, obligada a huir, a entregar sus bienes, a esconderse. Todo lo representó Goya, no ignoró nada, como si deseara dejar el testimonio más minucioso, el más meticuloso, de la violencia. Y esto es algo nuevo, una actitud por completo original, desconocida en la tradición pictórica y, aún, cultural. Nada le era ajeno al pintor, y ya nada nunca le fue ajeno.

Referencia: Goya (Valeriano Bozal)

martes, 23 de junio de 2026

Sonrisa

Existe una diferencia entre la sonrisa de una vendedora de tienda, la de un hombre que es nuestro enemigo pero quiere ocultar su enemistad, y la de un amigo que se alegra de vernos. Sabemos que hay diferencia entre muchos centenares de maneras de sonreír, que provienen de distintos motivos anímicos; esto vale para toda sonrisa, pero lo que ésta expresa puede ser algo totalmente opuesto, que ningún aparato puede medir ni siquiera percibir, pues sólo puede hacerlo alguien que no es ningún aparato, y somos nosotros mismos. Nosotros realizamos nuestras observaciones no sólo con el cerebro, sino también con el corazón. Captamos con toda nuestra persona lo que ocurre en ese caso, y tenemos una idea acerca de la clase de sonrisa de que se trata, y si no la tenemos, sufrimos naturalmente muchas desilusiones en nuestra vida, escribe Erich Fromm.

Las historias de perdedores

Las historias de perdedores siempre han funcionado muy bien, y lo siguen haciendo en el cine y en la literatura. Quizá porque, como explican más adelante en este reportaje algunos psicólogos, mirarse en el espejo de un perdedor ayuda a superar frustraciones propias.Charles Chaplin robó el corazón de millones de personas en Luces de la ciudad (1931) al ponerse en la piel de un vagabundo que hará lo imposible y pasará por todo tipo de avatares para ayudar a una chica ciega que vive en la calle y de la que se enamora.Nadie ha vivido el fracaso con tanta dignidad como Charlot. Se comía los zapatos y cordones con el mismo porte que un sibarita degusta un manjar en un restaurante de lujo. Y se sacudía el polvo de sus raidos pantalones para recuperar la compostura con una elegancia envidiable.El Quijote o El Lazarillo de Tormes, eran también perdedores. Personajes que atrapan de inmediato al lector por sus particulares circunstancias y generan al mismo tiempo admiración por su entereza o esfuerzo en sus actos para alcanzar, aunque pueda parecer imposible, sus particulares objetivos, escribe Javier Ricou.
¿Continúa hoy viva esa admiración por los perdedores? Responde Helena Romeu, psicóloga clínica. “Vivimos en una sociedad en la que todos llevamos una máscara, con patrones que hay que seguir. Se supone que tenemos que ser buenas personas, ganar dinero, tener éxito en el trabajo, triunfar en las relaciones de pareja, aprovechar los estudios... Y eso provoca que haya mucha frustración al percibir o descubrir que no estamos alcanzado todos esos objetivos. Es lo que vemos en las consultas”. Romeu confirma que sí, que se sigue empatizando con los perdedores. Y además eso nos aporta más efectos positivos que negativos. “Conocer sus historias es como mirarse en un espejo y comprobar que todo no puede ser tan perfecto, ese reflejo del perdedor nos hace sentir más humanos”.
Para Helena Romeu hay muchos perfiles de perdedores. Todo va a depender del mundo o entorno en el que se viva. Y se pregunta quién decide qué es éxito y qué es fracaso. “Para algunos trabajar diez horas en una fábrica puede ser una frustración, mientras que para otros los perdedores son los que viven atrapados en una sociedad de consumo”. Para Arantxa Coca, doctora en Psicología, un perdedor “sería el que no tiene reconocimiento o admiración social, pero también la persona anónima, que no destaca en nada y por los tanto es vista a ojos de los demás como una persona plana, aburrida, e incluso tonta”. También podría considerarse como perdedor “a la persona que asume un rol de víctima…todo me sale mal, no tengo suerte en el amor o en el trabajo...”. O el que clínicamente arrastra un guión de perdedor, o sea, el que no tiene autoestima o tiene algún tipo de depresión. “Estas personas a veces no son vistas como perdedoras por su entorno. Son ellas mismas las que se sienten perdedoras”, concluye la doctora Coca.

lunes, 22 de junio de 2026

El budismo se construyó sobre la antigua filosofía de los Vedas indios y sobre el brahmanismo

El budismo no surgió en un espacio vacío, sino que se construyó sobre la antigua filosofía de los Vedas indios y sobre el brahmanismo en sentido amplio. Su definitivo distanciamiento de este último tuvo lugar, a decir verdad, mediante el rechazo de los escritos sagrados tradicionales, que casi con certeza propició con el tiempo el aislamiento cultural del budismo en su propia tierra natal. Con todo, el brahmanismo y el budismo tenían en común pensamientos tan elementales como la idea de redención y la idea (aunque muy modificada) de la reencarnación. Pero en los detalles, el budismo resultó ser el más aguerrido adversario del brahmanismo al intentar despojar a éste del fundamento de sus ideas esenciales. En la propia India, por lo demás, a la victoria inicial acabó por sucederle el destierro total ocasionado por un brahmanismo reformado como hinduismo. Es sabido que sólo en el extranjero sobrevivió en diversas tradiciones, en Sri Lanka y en el sureste asiático; en el Tíbet y en Mongolia, y, por último, en China y en Japón. Desde la perspectiva de la historia de la filosofía y de la religión chinas (y, en general, de Asia oriental), debe destacarse que el budismo no se limitó a introducir en China sus propias doctrinas en las más diversas variantes, sino de forma indirecta también elementos del antiguo sistema de pensamiento indio, que había sido, a su vez, antepasado y antagonista del budismo. 
Tres ideas que en sí no son budistas, sino prebudistas, pero que, sin embargo, llegaron a China junto con el budismo, resultaron ser en especial influyentes. La primera de ellas consiste en la idea de la reencarnación en forma de una verdadera transmigración de las almas, según la cual un alma indestructible debía recorrer un sinnúmero de existencias en los planos más diversos. Esta idea se había impuesto en gran medida en la filosofía india. Vinculada a ella estaba el concepto del karma. La segunda noción concernía a la idea brahmánica de que brahman, la fuerza eterna, absoluta e inmutable, subyacente a todo ser y, en ocasiones, personificada también como divinidad, era idéntica al Yo de cada individuo singular, de manera que también el conocimiento del propio Yo coincidía con el del brahman y conducía a una reunificación de ambos y, al mismo tiempo, a la redención. La tercera idea provenía de la escuela india de Sāmkhya, que desarrolló un sistema dualista de forma paralela al sistema monista y brahmánico en sentido estricto. Conforme a esta idea, el ser se componía, por una parte, de un sinnúmero de almas (puruwa) eternas e indestructibles y, por otra parte, de infinitos elementos materiales y mentales (guna). En todos los seres humanos se encontraban unidos entre sí, durante su vida, el alma y estos elementos físicos y psíquicos. Su unión se desintegraba con la muerte, pero se recomponía de nuevo una y otra vez en la reencarnación, en la cual el alma era el portador del karma. El alma, por principio completamente inactiva, no era reconocible de manera inmediata, sino que sólo se proyectaba en el intelecto (al que le confiere una función mediadora) como sobre una pantalla. La redención, aquí en el más genuino sentido de la palabra, consistía en que el alma se desprendiese de los elementos físicos y psíquicos, lo cual podía alcanzarse mediante ejercicios de yoga corporales y espirituales de dificultad creciente (y por los cuales en concreto el alma se tornaba perceptible).


Referencia:Historia de la filosofía china (Wolfgang Bauer)