viernes, 29 de mayo de 2026

La persona desprendida

La persona que vive desprendida valora los bienes materiales en su justa medida, ni piensa que son malos, ni les concede una importancia que no tienen. Quien, en cambio, no se esfuerza en vivir así, acabará otorgándoles un valor mayor del que poseen y eso incidirá en sus decisiones, será poco realista, aunque aparezca ante otros como un auténtico hombre de mundo, que sabe moverse en ciertos ambientes. La persona sobria sabe disfrutar de una buena comida; la que no lo es, en cambio, otorga a ese placer una importancia de la que objetivamente carece.

La prensa creo un espacio público, en el que el ciudadano razonaba y era informado

La expansión de la prensa en el siglo XIX la convirtió en algo aún más universal que la novela realista, la estadística y el análisis social empírico. Con frecuencia semanal o diaria, los periódicos, gacetas y revistas ofrecían espacios de comunicación para toda clase de ámbitos, desde la publicación local al Times de Londres, que, a finales de siglo, recogía noticias de todo el mundo y, a la inversa, se leía en todos los continentes. Allí donde la prensa arraigaba, transformaba en seguida las condiciones de la comunicación política. La exigencia de libertad de prensa (la seguridad de poder expresar en público y de forma recurrente la propia opinión, sin ser castigado por ello) actuó en todo el mundo como un impulso transformador. La prensa fue la primera en crear algo parecido a un espacio público, en el que el ciudadano razonaba y, al mismo tiempo, afirmaba su derecho a ser informado. Los padres fundadores de Estados Unidos ya defendieron que solo un miembro bien informado de la comunidad sería capaz de cumplir bien con su responsabilidad cívica.
La prensa otorgó la mayoría de edad a los lectores en cuanto súbditos políticos y, cada vez con más frecuencia, intentó movilizarlos para sus propios fines. Entre mediados del siglo XIX y finales de la década de 1920 (cuando en Europa y Norteamérica la radio alcanzó a públicos más numerosos), la prensa dominó sin competencia.
Entre los rasgos típicos de la prensa del siglo XIX figura el carácter globalizado de sus organizaciones rectoras. Los grandes periódicos se sentían obligados a dar noticias de todo el mundo y, a la inversa, solamente podían acceder al círculo selecto las cabeceras capaces de ofrecer esa clase de noticias. Había un nuevo tipo de periodista, el corresponsal en el extranjero. Al principio, apenas se lo diferenciaba del corresponsal de guerra. El primer periodista que corrió de un escenario a otro para ir contando los levantamientos, sitios y batallas a los lectores de su país natal fue William Howard Russell, corresponsal de guerra del Times de Londres. Russell transmitió sus impresiones sobre la India, Sudáfrica y Egipto, sobre la guerra de Crimea, la guerra civil estadounidense y la guerra franco-prusiana de 1871. No era militarista ni, desde luego, partidario del imperialismo, y logró elevar el género del informe de guerra a una altura literaria que apenas se ha vuelto a alcanzar desde entonces. La figura típica que él creó se mantuvo, y el Times la cultivó en particular.

jueves, 28 de mayo de 2026

Un juez progresista

Si algo nos han puesto sobre la mesa los últimos doscientos años, es que fingir finalidades a la historia resulta la vía más rápida de transitar a la masacre. Los grandes genocidios del siglo XX se ejercieron bajo retóricas inequívocamente “progresistas”. “Progreso de la raza aria” en el nazismo, “progreso del proletariado mundial” en el estalinismo. Una fugaz ojeada a los diccionarios constata lo reciente de los vocablos. Ambos, “progresista” como “progresismo” no existen en ninguna lengua con anterioridad al siglo XIX….Hijo de las ilusiones, que son siempre pequeñas formas de delirio, del siglo XIX, el “progresismo” designa el sueño de una humanidad destinada a su inminente mejora. Visto lo que vino luego, pocas fantasías cabe que sigamos haciéndonos acerca de su funcionalidad hoy. En lo moral, y, por extensión, en lo político, no hay revestidura de “progresismo” que no camufle una privada voluntad de prosperar. No siempre confesable. Pero, ¿qué diablos puede significar, en rigor, “juez progresista”? Es lo que tienen las palabras. Engañan, más que dicen, a quien se deja seducir por sus promesas. Un magistrado no debería dejarse hacer rehén de ellas tan fácilmente, escribe el filósofo Gabriel Albiac.


Megalitismo

Con alguna frecuencia en los tratados de prehistoria se tiende a concebir el megalitismo como una etapa cultural o fase de la historia de la humanidad, más o menos coincidente con el inicio de la Edad de los Metales. Se trata, sin embargo, de una idea desafortunada, ya que ni el megalitismo fue propiamente una cultura, ni puede admitirse que fuera sólo una época. Una lectura desapasionada de la realidad arqueológica nos permitiría afirmar, en cambio, que en un momento de la prehistoria coincidente en líneas generales con los milenios IV y III a. C. numerosas poblaciones europeas de la fachada atlántica, del entorno báltico y de las riberas del Mediterráneo, que ya conocían la agricultura y la ganadería (pero aún no, normalmente, el metal) adoptaron un mismo modelo de tumba construido con enormes bloques de piedra y diseñado, a modo de osario colectivo, para albergar múltiples y sucesivas inhumaciones. Tales sepulcros monumentales constituyen la esencia del megalitismo, de lo cual cabe deducir, que dicho fenómeno, en efecto, lejos de ser una época o una cultura, fue simplemente una circunstancia funeraria común a una amplia gama de poblaciones culturalmente diversas, aunque coetáneas.El megalito viene a ser equiparable al dolmen del argot popular, cuya definición podría ser la de una cámara sepulcral abierta, generalmente megalítica, destinada a recibir varios enterramientos.

Todo parece indicar que las 32 toneladas que pesaba el bloque, apoyadas sobre unos improvisados raíles de madera y sobre unos rodillos, hubieron de ser arrastradas gracias al esfuerzo de casi 200 hombres, y merced al uso de atalajes de soga. Esta debía ser, esencialmente, la asombrosa ingeniería megalítica. Afianzada la construcción con estos últimos, la gran losa monolítica de cubierta (algún dintel de la cueva de Menga, en Antequera, pesa cerca de 200 toneladas) sería deslizada por la pendiente tumular hasta colocarse en su punto de destino. No puede dudarse del uso de palancas en todo este proceso, y asimismo no es improbable que la propia cámara se llenara de bloques durante la instalación de la cubierta, con objeto de conferir a todo el conjunto una mayor macicez, y evitar el desplome o simple desplazamiento de alguno de los ortostatos.


La leyenda ha conseguido con frecuencia hacer de los monumentos megalíticos lugares de culto, santuarios, y mansiones de druidas, pasando por alto que en su origen fueron tumbas. Tal vez haya podido contribuir a ello el hecho de que con cierta asiduidad, cuando los monumentos se hallan emplazados en suelos ácidos, los osarios se han consumido literalmente, no quedando sino una mancha oscura, rica en materia orgánica. Sin embargo, en terrenos calcáreos todos los dólmenes proporcionan invariablemente esqueletos humanos, lo cual es prueba incontestable de su finalidad funeraria.

El mayor problema cronológico de los dólmenes es que, a diferencia de las tumbas individuales, no tienen una única fecha de uso, sino tantas como ocasiones fueron objeto de depósitos fúnebres.


Referencia: El megalitismo ibérico (Germán Delibes)

miércoles, 27 de mayo de 2026

El establecimiento de un Nuevo Orden Mundial

“El establecimiento de un Nuevo Orden Mundial, tiene su origen en un pensamiento diabólico-destructivo y no teológico”, dice el cardenal Müller.”El programa de un Nuevo Orden Mundial bajo la condición de una economización total del hombre, en el que las élites financieras y políticas autoproclamadas quedan como sujetos pensantes y controladores, tiene el precio de despersonalizar a las masas. El ser humano es sólo el producto biológico en bruto que se actualiza en un ordenador, en una red total de información. Entonces ya no hay persona, no hay inmortalidad del alma, no hay ser vivo con corazón y mente, espíritu y libre albedrío. Sigue siendo una construcción sin hogar y sin esperanza”. “Esto implica la reducción del 99% de la población mundial a una biomasa astillada, a un material humano o a un grupo de consumidores, a bots. Los seres humanos sólo tienen tanto valor económico (no moral) como contribuyen y funcionan dentro del mantenimiento de este sistema de dominación y explotación”."Esa deshumanización no es más que el producto de un ser humano, concebido desde una perspectiva materialista (ya sea liberal o marxista), es decir, despojar al ser humano de toda realidad metafísica, despojarle de Dios; que vale en tanto en cuanto “contribuyen y funcionan dentro del mantenimiento de este sistema”.


La red de espionaje vasco

José Antonio Aguirre, en el centro sentado

El 23 de Enero de 1942, Laurence Duggan, asesor de Asuntos Políticos  con los secretarios de Estado Cordell Hull y Summer Welles, elabora el siguiente memorándum: “El doctor Aguirre, acompañado por el señor Ynchausti, me propusieron un plan para utilizar a las colonias vascas en la repúblicas sudamericanas para crear una actitud más receptiva con los respectivos gobiernos hacia la democracia”. Bajo el pomposo proyecto de crear una “actitud más receptiva hacia la democracia” se oculta el proyecto de poner en marcha un servicio de espionaje, operado por agentes vascos, con el objetivo de vigilar, controlar y perseguir a todos los partidos políticos, gobiernos, sindicatos, intelectuales, periodistas y militares comunistas y de otras ideologías  que cuestionaran en Hispanoamérica el gobierno de los Estados Unidos.

Una buena parte de los agentes de la red de espionaje propuesta por Aguirre eran los 160 dirigentes del PNV y del Gobierno Vasco huidos a México, Argentina, Uruguay, Venezuela, Santo Domingo y otras naciones de América del Sur y un número similar de sacerdotes vascos. Dentro de sus cálculos entraba infiltrarse en los círculos del exilio español y mantener informados a los americanos de sus actividades. Pasan de pedir un Pais Vasco independiente, a engrosar la lista de espías para los servicios secretos de Estados Unidos, un país que en 1861 declaró una guerra de cuatro años a los estados del Sur para impedir que fueran independientes y que se anexionó los restos coloniales de España en Filipinas, Cuba, Puerto Rico e isla de Guam.En el seno del PNV se incubaron acciones contra aquellos que habían perdido la guerra y era compañeros de infortunio. Se persiguió a los partidos políticos de las democracias de Hispanoamérica, delatar los planes de los disidentes y vigilar a los exiliados. A la vez que el lendakari Aguirre no deja de preconizar la independencia del Pais Vasco, sus agentes se infiltran en los movimientos nacionalistas portorriqueños, filipinos, panameños, dominicanos y cubanos. 


Referencia: Los mitos del nacionalismo vasco de José Diaz Herrera

Goya, la escisión entre arte público y arte privado

Escribe Tzvetan Todorov en su libro Goya. A la sombra de las Luces que “el acontecimiento decisivo en la evolución de Goya es su decisión de dividir en dos su creación, de aceptar la escisión entre arte público y arte privado, un desdoblamiento totalmente inédito antes de él. En uno de sus caminos sigue pintando según el canon que admite la sociedad de su tiempo y ganando dinero gracias a sus obras; en el otro, sigue investigando sin preocuparse lo más mínimo de la opinión pública. La razón inicial de esta división es su enfermedad de 1792, y la consiguiente sordera, pero esta concatenación en absoluto era previsible. Otra persona, otro pintor habría podido reaccionar de forma totalmente diferente. La enfermedad empuja a Goya a no preocuparse sólo de los encargos que le hace la sociedad, sino a expresar, en los años que le quedan de vida, sus sensaciones, sus visiones y sus emociones, a actuar bajo la presión no de las circunstancias externas, sino de las necesidades internas. Con el paso de los años se añadirán otras razones. Durante la guerra de la Independencia y los años de la Restauración, los gustos y las opiniones de Goya son demasiado diferentes de los que acepta el poder, de modo que su desdoblamiento le permite refugiarse en una especie de exilio interior. Después, en la última década de su vida, y a consecuencia de otra enfermedad, que refuerza su decisión de dedicarse sólo a lo esencial, se sumerge en el mundo de sus fantasmas hasta tal punto que le parece inútil mostrar a sus contemporáneos en general el resultado de sus incursiones. Así adquiere forma una obra única en la historia de la pintura, en el sentido de que obedece sólo a las exigencias del pintor, sin el menor compromiso con el gusto común. Progresivamente, una parte cada vez más importante de la obra de Goya se aleja de la valoración pública. Primero los dibujos (que hace en grandes cantidades y reúne en álbumes), después los grabados, y por último las pinturas.”
Dado que para Goya la pintura es fundamentalmente crear imágenes fieles al mundo (“significar cuanto Dios ha creado”, “conseguir la imitación de la verdad”), podemos decir que se trata de una reflexión sobre el conocimiento y a la vez sobre la representación. En este caso su aportación tiene su origen en el espíritu de la Ilustración, esa corriente de ideas que altera radicalmente la antigua jerarquía de valores, ya que prioriza la libertad individual y el juicio racional en detrimento del respeto a las tradiciones. Los hombres dejan de someterse a la sabiduría ancestral, a las normas y convenciones de la sociedad en la que han nacido, y deciden recurrir a su espíritu crítico, enfrentarse a las instituciones y huir del conformismo. Hemos entrado en la “época de los individuos”, como decía Benjamín Constant a principios del siglo XIX. Las consecuencias de este desplazamiento son incalculables, y afectan tanto a la estructura política de los Estados como al quehacer artístico. Para los europeos del siglo XXI, la oposición a las jerarquías, el derecho a la igualdad, y la libertad respecto de los cánones establecidos se han convertido en evidentes, de modo que olvidamos lo que suponían en la época de Goya, cuando sólo podían surgir de un grito de rebeldía.