Ryan T. Anderson publica un artículo donde explica que “los conservadores tienen razón al señalar la función pedagógica de la ley; la ley es, como señaló Aristóteles, un maestro. El resultado pedagógico de una mala sentencia del Tribunal Supremo, que se permitió que se mantuviera durante tanto tiempo el aborto, es el oscurecimiento de nuestra conciencia nacional. Generaciones de estadounidenses han sido catequizadas en la creencia de que el aborto es un derecho, de que los bebés no nacidos no tienen derechos. Aunque Dobbs ha tenido un impacto importante para reparar parte del daño infligido a nuestro orden constitucional, no borra (no podría borrar) medio siglo de corrupción política y social. E incluso aquellos de nosotros que creemos que los no nacidos son personas según la Decimocuarta Enmienda, con derecho constitucional a igual protección, hemos de ser conscientes de que el reconocimiento generalizado de este hecho no se va a producir rápidamente.”
“Durante décadas la opinión pública se había mantenido relativamente estable sobre el aborto, y la mayoría de los estadounidenses apoyaban algunos límites legales al aborto. Pero desde 2016 se ha dado un marcado giro hacia el extremismo abortista en muchos aspectos. Consideremos las recientes encuestas de Gallup. No sólo la cifra récord de un 69 % dice que el aborto debería ser legal durante los tres primeros meses de embarazo, sino que un 34 %, cifra también récord, dice que el aborto debería ser legal en cualquier circunstancia. El 52 % dice que el aborto es moralmente aceptable, diez puntos por encima de lo que había sido la media desde 2001. Es difícil asimilar el cambio que ha experimentado la opinión pública en la última década, pero el movimiento pro-vida tiene que hacerlo. Entre las mujeres estadounidenses el apoyo al aborto ilimitado ha crecido del 30 % al 40 %. Como muestra de lo que está por venir, consideremos que el 63 % de las mujeres de entre 50 y 64 años apoyan el aborto durante el primer trimestre, mientras que ese apoyo asciende hasta la friolera del 83 % en las mujeres de entre 18 y 29 años. El extremismo abortista de Kamala Harris coincide con las opiniones de su base.”
“Hay muchas razones para este cambio en la opinión pública. Una es el aumento de la depresión, la desconexión y la ansiedad en nuestras generaciones más jóvenes, entre las mujeres jóvenes y de izquierdas. Las jóvenes tienen mucho miedo a los embarazos no deseados. Otra razón probable es la persona de Donald Trump. Pero, por encima de todo, está lo que Trump primero simbolizó y luego hizo realidad, la anulación de Roe. Antes de Dobbs, la mayoría de los estadounidenses no se jugaban nada, no les preocupaba que les negaran un aborto si llegaba el día en que lo “necesitaran”. Era más fácil afirmar la dignidad del niño en el vientre materno cuando la afirmación era abstracta y no implicaba una amenaza a la elección de nadie. Ahora todos nosotros, incluidos los antiabortistas, tenemos que contar con ese coste potencial. Parece que la mayoría de los estadounidenses, incluso algunos que se consideran pro-vida, apoyan cuatro excepciones: violación, incesto, riesgo para la vida de la madre y… “mi caso”. O “el caso de mi hija”, o “el caso de mi novia”. Durante casi cincuenta años, el pueblo estadounidense ha construido su vida en torno a la fácil disponibilidad del aborto. Incluso cuando saben que el aborto detiene el latido de un corazón, no siempre les importa, o cuando les importa, no siempre están dispuestos a hacer los sacrificios personales que se derivan de ese hecho…. Mientras se consideren las relaciones sexuales fuera del matrimonio como algo inevitable, un gran número de estadounidenses considerará el aborto como un anticonceptivo de emergencia necesario. Mientras sigan disminuyendo las tasas de matrimonio y se retrase la edad de contraer matrimonio, pero persista el impulso sexual humano, las tasas de aborto seguirán siendo altas.”

.jpeg)







.jpeg)
