viernes, 2 de enero de 2026

El deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria

Decía Séneca que en la misma sociedad crecen las manadas de glotones entregados a la disipación y el lujo, hunden sus hocicos en nauseabundos platos extravagantes, como cerdos en el estiércol: “ya no agrada tomar los alimentos por separado, los sabores se mezclan, se realiza durante la comida que debería realizarse en el estómago…No resultaría más confuso el alimento vomitado”. Escribe el filósofo Volker Spierling que “el deseo desmedido de placeres sensuales aumenta la codicia y causa miseria. El placer es la consigna de cualquier afán humano, mientras que la virtud parece haber caído en el olvido. La abundancia y los excesos causan enfermedades propias de la vida acomodada, como el hastío, el tedio y el vacío interior. El natural amor propio, la preocupación por la propia vida, degeneran en egoísmo desaforado”.

jueves, 1 de enero de 2026

Extracto de la carta de G.K. Chesterton a su prometida

La señorita Frances Blogg cuando la conoció el joven Chesterton

Extracto de la carta de G.K. Chesterton a su prometida, Frances Blogg:

Me hierve la sangre cuando pienso en las afrentas que hacen tantos torpes artistas ilustrados a las formas sólidas, dignas, honradas, feas y pacientes de las cosas que son necesarias, a esos valiosos y antiguos cimientos de la vida. Hay mojigatos esteticistas que pueden mirar una cacerola sin una lágrima de alegría o de tristeza, infelices decadentes que no pueden ver ninguna dignidad en las honrosas cicatrices de una tetera. Así que concentran toda la decoración de sus casas en ventanas de colores a las que nadie mira, y en jarrones con lirios que todo el mundo desea que no estorben. No, mi idea (que es mucho más barata) es hacer que una casa sea realmente alegórica, explicar realmente su propio significado esencial. En todos los objetos deben inscribirse dichos místicos o antiguos, cuanto más prosaico sea el objeto, mejor; y cuanto más tosca y rudamente se haya trazado la inscripción, mejor. “¿Has enviado la lluvia sobre la tierra?” [Job 5:101] debería estar inscrito en el paragüero, quizás en el paraguas. “Hasta los pelos de tu cabeza están contados”[Lc 12:7] daría un tremendo significado a los cepillos del pelo. Las palabras sobre el “agua viva” [Jn 4:10] revelarían la música y la santidad del fregadero, mientras que “nuestro Dios es un fuego consumidor” [Heb 12:29] podría escribirse sobre la rejilla de la cocina, para ayudar a las cavilaciones místicas de la cocinera. ¿Intentaremos alguna vez ese experimento, querida? Tal vez no, porque ninguna palabra sería lo suficientemente dorada para los utensilios que tuvieras que tocar, tú serías belleza suficiente para toda una casa…

Una vida buena

Yuriko Saito
Para la filósofa Yuriko Saito “una vida buena es aquella en la que puedo encontrar alegría en mi relación con los demás, en la felicidad de los demás, y en la que disfruto de una relación recíproca, es decir, que también me siento cuidada.”
“Desde la revolución científica entendemos la vida buena como superación de los límites. Así, la noche es oscura y procuramos evitarla con luz muy brillante. En Japón claro que tenemos luz eléctrica, pero a lo que se refiere Tanizaki es a que el ethos japonés procura hacer lo que puede con lo que tiene. Si se me da oscuridad, tendré que ver qué puedo hacer con ella. Eso requiere humildad. Sin humildad, lo que surge es decir “No quiero eso, cámbialo”. De nuevo, habría que preguntarse primero si cambiarlo te lleva a una vida buena.”
“Se necesita de alguien que se relacione con ese algo bello. La belleza se crea. Más bien, se cocrea de forma colaborativa. Es algo… Es luz. Ilumina el mundo como un faro. Sí, es una luz que hace que la vida merezca la pena.”

miércoles, 31 de diciembre de 2025

¿Puede una cultura sobrevivir al culto que la engendró?

Mathieu Bock-Còté (sociólogo, profesor, ensayista y columnista en la prensa canadiense) escribe que la Revolución Francesa fue fundamentalmente anticatólica. Se trataba de arrancar la matriz de una civilización y sustituirla por otra, portadora de la promesa de un nuevo gran comienzo, de un nuevo año cero. El hombre iba a renacer liberado de toda trascendencia, capaz por fin de autoengendrarse. Pero para ello, el mundo de ayer debía ser arrasado con furia iconoclasta; el hombre moderno se sentía humillado por la grandeza del pasado y quería conseguir plenos poderes sobre el mismo, deconstruyéndolo piedra a piedra, confiscando sus obras, profanando sus tumbas, arrancando la cruz de la faz del mundo.
La hipnosis nihilista duró evidentemente poco tiempo, pero algo quedó de ella, en particular una aversión a la religión católica, que el moderno militante sigue considerando, en el fondo, como el último obstáculo a su tentación demiúrgica. Resulta, no obstante, menos importante saber si el hombre cree en Dios que saber si se cree Dios. Pues esta pretensión es el origen de muchos desastres.
El hombre creyó crecer reduciéndolo todo a su medida… y al final se descubrió minúsculo. Sin Dios, o al menos sin la posibilidad o la búsqueda de un Dios cuya posible existencia escruta por todas partes, el hombre tiende a perder la conciencia de su singularidad y acaba fundiéndose en el magma indiferenciado de lo vivo. De vez en cuando, incluso llegamos a creer que estamos de más. El fantasma de la omnipotencia y el paradójico orgullo de la reivindicación de una insignificancia ontológica son inseparables. 
El cristianismo, en Europa, no es sólo una fe, no es sólo un encuentro personal, sino que es una civilización, estructurada en torno a una propuesta que ha permitido al hombre desplegar plenamente su genio. Pero, ¿puede una cultura sobrevivir al culto que la engendró? Puede ser que el hombre que busca un rastro de Dios lo encuentre en la grandeza de un mundo que otros muchos han construido mientras le buscaban o le rendían culto.

Cualquier situación moral es siempre más complicada de lo que nos imaginamos


El filósofo Peter Singer sugiere que te imagines que vas de camino al trabajo y que, de pronto, te topas con un niño que se está ahogando en un estanque. No hay nadie más por allí cerca, y si no te metes y lo rescatas, el niño morirá. Por desgracia, el agua estancada echará a perder tu elegante traje nuevo. La pregunta que Singer plantea es: «¿tú qué harías?».Pues echas a correr y lo salvas, por supuesto. ¿Qué clase de monstruo inmoral antepondría un traje a un niño? Singer utiliza ese ejemplo para darle la vuelta al argumento, lo que él sugiere es que, de hecho, la amplia mayoría de nosotros somos monstruos. Cada año, millones de personas mueren a consecuencia de males de fácil prevención, derivados de vivir en situación de pobreza. Sin embargo, nosotros seguimos comprándonos ropa nueva y comiendo en restaurantes, a pesar de que ese dinero podría utilizarse para evitar que otros murieran.El planteamiento de Singer se utiliza con frecuencia en el entorno intelectual para demostrar la inmoralidad que subyace en nuestra preocupación por las víctimas. No nos decidimos a prestarles ayuda hasta que no las tenemos delante y podemos verles la cara. Sin embargo, esta historia tiene una segunda parte que solemos olvidar, la de las locuras que estamos dispuestos a hacer cuando nos ponen delante una víctima clara.
Vamos a plantearnos un escenario similar, pero con cierto giro dramático. Ya no es un estanque junto a lo que pasamos, sino una presa, y el niño está atrapado por la corriente, que lo arrastra hacia la compuerta de evacuación del agua. No hay nadie más cerca, y la única manera de salvar al pequeño es abriendo la presa, lo que vaciaría el embalse. Aquí viene la trampa; si lo hacemos, inundaremos el pueblo que hay valle abajo, destrozando hogares y provocando que otras personas se ahoguen. ¿Salvarías al niño, incluso si esto implica la posibilidad de matar a muchos más?A todos nos gusta creer que saldríamos indemnes de este dilema moral, pero lo cierto es que, cuando estamos frente a frente con el sufrimiento manifiesto de una víctima, nos ciega la miopía moral. Ignoramos el dolor potencial de otros inocentes porque el impulso irrefrenable de salvar a la víctima evidente nos obliga a ello. Las auténticas consecuencias de nuestros actos solo se vuelven nítidas al verlas en retrospectiva.
Si tanto nos importan las víctimas, ¿cómo es que terminamos haciendo daño a muchas más sin darnos cuenta? La miopía del heroísmo implica que, cuando una víctima evidente capta toda nuestra atención, la imagen de las demás se difumina. Este tipo de atención selectiva es una característica fundamental de nuestro criterio moral, pero también se asienta firmemente en nuestro sistema de percepción.Sentimos el irrefrenable impulso de prestar nuestra heroica ayuda a víctimas señaladas, pero la miopía del heroísmo puede hacer que pasemos por alto el sufrimiento de los demás inocentes.
Según Singer, deberíamos salvar al niño que se ahoga no porque nuestra reacción emocional nos impulse a hacerlo, sino porque sabemos que es lo que se debe hacer. Asimismo, deberíamos dar nuestro apoyo a causas que nos resultan ajenas a pesar de no experimentar ninguna conexión con ellas, solo porque, en principio, el sufrimiento de todo ser humano tiene el mismo valor.
Al mismo tiempo, aplicar la compasión racional supone que, por mucho que tengamos la sensación de que deberíamos ayudar a la víctima, es aconsejable tomarse al menos un momento para valorar la situación en su conjunto, lo que incluye reconocer al resto de víctimas potenciales. Puede ser que terminemos llegando a la misma conclusión de todas formas, pero lo importante aquí es recordar que, en el fondo, casi cualquier situación moral es siempre más complicada de lo que nos imaginamos en un principio.

La vida humana va aconteciendo y se la va descubriendo

La vida (1903). Pablo Picasso.
La vida humana no está “dada”; va aconteciendo y se la va descubriendo. La historia no es solo una serie de vicisitudes por que “pasa” una realidad ya dada y existente, sino que es su constitución, su exploración, ensayo, intento, fracaso, rectificación,vuelta a empezar…..La historia es sobre todo historia de la vida, porque la vida es una extraña realidad intrínsecamente histórica, es decir, que en la historia, y solo en ella, se hace. 
El hombre se proyecta dentro de una forma histórico-social. Pero hay que añadir que de ella se puede salir, lo que con manifiesta falsedad se ha negado muchas veces. Más aun, se sale siempre, porque toda situación es inestable, y justamente por eso hay historia. 

martes, 30 de diciembre de 2025

El mundo parece estar permanentemente en estado de llegar a ser


Como apuntaba Hanna Arendt, no hay testamento que especifique qué pertenece a quién; lo que nosotros llamamos legado o herencia es poco más que el acto de dejar el pasado a merced del destino. Escribe Zygmunt Bauman que “el pasado es rehén del futuro, y está destinado a serlo para siempre, por mucho que se haya negociado celosamente su liberación o manumisión y por alto que sea el rescate ya pagado. El famoso aforismo de Orwell, que dice que quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado, sigue siendo válido y creíble mucho después de que su inspiración original (las ambiciones y prácticas de los “Ministerios de la Verdad” totalitarios) se hundiera en el pasado (y para muchos de nuestros contemporáneos, en el olvido). El inconveniente, sin embargo, es que pocas personas, si es que hay alguna, pueden presumir hoy de controlar el presente y menos todavía merecen que se crea que hacen lo que dicen que pueden hacer.Con el presente cortado por ambos extremos; por el pasado, al que hoy se niega la autoridad de guía acreditado, y por el futuro, que ya ignora las demandas e inmolaciones del presente y que las trata con una negligencia no muy diferente de aquella con que el presente trata el pasado, el mundo parece estar permanentemente en estado de llegar a ser. El curso que tomará a la larga este llegar a ser es crónicamente indeterminado; su dirección tiende a variar (o ir a la deriva) aleatoriamente más que a obedecer cualquier orden específica del tipo de las que se postulaban no hace mucho bajo la denominación de leyes de la historia”.