¿Que futuro le aguarda a una Europa Unida? Los franceses y holandeses le dieron un “no” a la propuesta de Constitución europea en el escenario de referendos nacionales. Esta era la primera vez que los holandeses votaban sobre cualquier aspecto de la participación de su país en la Unión Europea. Como ocurría también con otros muchos paises miembros, todas las demás decisiones al respecto las había tomado la clase dirigente política que, junto con la mediática, se había mantenido unida en su respaldo a la UE. Después de los plebiscitos francés y holandés, los políticos y burócratas de toda Europa se hicieron eco de este sentimiento; si, la gente había hablado, pero se había equivocado y había que corregirlo. Las reacciones de la élite al rechazo a la Constitución tan solo sugerían que los políticos europeos hacía tiempo que habían olvidado el significado de la palabra “democracia representativa”…..Para los dirigentes de la Unión Europea el hecho de que los partidos populistas atrajeran cada vez más votos significaba que el racismo iba en aumento. Sin embargo, la mayor parte del respaldo a esos partidos no provenía de neonazis o de elementos de la extrema derecha. Provenía de ciudadanos normales y corrientes, cansados de que les gobernaran élites que durante décadas se habían burlado de su orgullo patrio, imponiéndoles pesados impuestos y habían puesto en peligro su seguridad nacional mediante políticas de inmigración temerarias. Lo que atraía a muchos votantes a esos partidos no era la retórica del odio, sino opiniones sensatas sobre la inmigración, la Unión Europea y la Alianza Atlántica.
A los europeos, cuyas élites nostálgicas de la década de 1960 han buscado hacerles sentir avergonzados de su legado, desdeñosos de su libertad y deseosos y dispuestos a conformarse con cualquier clase de “paz” a cualquier precio, se los ha animado a enorgullecerse solo de los logros supremos de sus sistemas socialdemócratas, el multiculturalismo, el Estado de bienestar y el “proyecto europeo”. Es como si Europa después de todos los horrores que se infligió a si misma durante el siglo XX estuviera decidida a arrancar de cuajo todas sus raíces, arriar sus banderas y basar su sentido de identidad en cosas superficiales que no entrañaran ningún riesgo. Una civilización con tan prosaico concepto de si misma no es sino un castillo de naipes que puede echar abajo con facilidad un pueblo extranjero poseído por un sentido de quién es y de en qué cree.






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