En Aristóteles no hay lugar para una separación entre “moral pública” y “moral privada”, pues la moral misma tiene como única posibilidad de propagación su hacerse pública; su perfección es un asunto de pedagogía social en cualquiera de sus niveles, ni exclusivamente familiar ni exclusivamente estatal. Y como la ley es dada por el legislador, la educación moral de éste ha de ser la primera preocupación pedagógica de la comunidad. Por eso la Ética Nicomaquea es un tratado escrito para los legisladores. Conviene recordar esto porque podría dar la impresión de que el esquema moral propuesto en esa obra es demasiado exigente, poco “realista”, olvidando que su destinatario no es el pueblo, al que Aristóteles considera incapaz de acceder inmediatamente a la perfección del carácter, sino el que está llamado a regirlo. La estructura misma de la Ética Nicomaquea y no pocos pasajes aparentemente inconexos, quedan suficientemente claros si conservamos la hipótesis de que su destinatario no es el pueblo (demos), sino aquellos llamados a darle a éste su forma o identidad como comunidad política, esto es, los legisladores (nomothétes). No se trata de encontrar la fórmula de “moralizar la política” sino de hallar la dimensión política de la moral, por medio de una rigurosa pedagogía ética de los futuros legisladores.
Aclarando
lunes, 25 de mayo de 2026
En Aristóteles no hay lugar para una separación entre moral pública y moral privada
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domingo, 24 de mayo de 2026
La revolución social rusa estuvo estrechamente relacionada con la secularización de la sociedad
Después de 1917 había muchos cristianos conmocionados que afirmaban que la revolución se había producido por la decadencia del influjo de la Iglesia. Esto, por supuesto, era un punto de vista simplista. Pero no hay duda de que la revolución social estuvo estrechamente relacionada con la secularización de la sociedad, y que en una buena medida dependió de ella. La urbanización fue la causa principal. El crecimiento de las ciudades superó el ritmo de construcción de iglesias en éstas, con el resultado de que millones de trabajadores que habían sido desarraigados de la aldea en la que había iglesia se vieron obligados a vivir en un estado de ausencia de Dios.
La llegada de Rasputin al poder en el seno de la Iglesia hizo que ésta cayera en desgracia. “¡El Santísimo Sínodo nunca había caído tan bajo!, dijo un antiguo ministro al embajador francés en febrero de 1916. Si deseaban destruir todo respeto hacia la religión, hacia toda fe religiosa, no podían haberlo hecho de mejor manera. ¿Qué quedará de la Iglesia ortodoxa dentro de poco? Cuando el zarismo, en peligro, busque su apoyo, descubrirá que no le queda nada”.
Referencia: La Revolución rusa (1891-1924) (Orlando Figes)
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Mauricio, comandante de la legendaria Legión Tebana
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El Greco · San Mauricio y la Legión Tebana |
“Apenas una década después del martirio de Mauricio, e incluso cuando la persecución de la Iglesia alcanzaba nuevas cuotas de feroz intensidad, la mano de Dios se preparaba para manifestarse de un modo totalmente inesperado. En el año 312 d. J.C., un aspirante al titulo de emperador que respondía al nombre de Constantino partió de la Galia, cruzó los Alpes y avanzo hacia Roma. La suerte no parecía estar a su lado. Sus enemigos no solo le superaban con creces en número, sino que habían tomado posesión de la capital. Pero un mediodía, al alzar la vista al cielo Constantino vio el resplandor de una cruz, que pudo contemplar todo su ejército, con la siguiente inscripción: “Con esta señal vencerás”. Esa noche, en su tienda, le visitó Cristo. De nuevo recibió la instrucción: “Con esta señal vencerás”. Constantino obedeció. Ordenó inscribir en el escudo de sus soldados “la señal divina de Dios”. Cuando entraron en combate a las puertas de Roma, Constantino venció. Dando la espalda a la tradición de todo un milenio, no ofreció sacrificio a esos demonios a los que los cesares habían adorado siempre como dioses. En su lugar, el gobierno del pueblo romano se fundamentó en una vía radicalmente nueva, en una en la que Dios llevaba mucho tiempo preparando para ese pueblo, de modo que le sirviera como instrumento y agente de su gracia, como un Imperium christianum. San Agustín cuenta que “la bondad de Dios enriqueció al emperador Constantino, que no tributaba adoración a los demonios, sino al mismo Dios verdadero, de tantos bienes terrenos cuantos nadie se atreviera a desear”. A cualquiera le cuesta cuestionar que su reinado no hubiera recibido la bendición divina. Constantino gobernó durante treinta y un años”, escribe Tom Holland en Milenio.
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La democratización de las vacaciones
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| Blackpool |
Referencia: La transformación del mundo (Jürgen Osterhammel)
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sábado, 23 de mayo de 2026
La guerra no es más que corrupción de los espíritus y de las costumbres
La guerra de 1914 fue la primera guerra democrática de la historia. El adjetivo no nos remite a sus intereses ni a las pasiones que despertó, puesto que al menos desde la época de la Revolución francesa los sentimientos nacionales de los pueblos y la idea de la patria han sido inseparables de todos los conflictos armados. Lo que distingue al de 1914 de los anteriores reside en otra causa, que toca la universalidad de los ciudadanos, en cada uno de los países en cuestión, es decir, en toda Europa. En efecto, la primera Guerra Mundial no enfrenta a más países que las guerras napoleónicas; ni esgrime conflictos de ideas más agudos que el interminable enfrentamiento de la Revolución francesa con las monarquías Europeas; pero involucra en una desgracia inaudita a millones de hombres durante más de cuatro años, sin ninguna de esas intermitencias estacionales que presentaban las campañas militares de la época clásica, comparado con Ludendorff o con Foch, Napoleón todavía hizo la guerra como Julio César. La de 1914 es industrial y democrática. Ha afectado a todo el mundo, hasta el punto de que casi no hay familia en Alemania o en Francia que no haya perdido a un padre o a un hijo. Y a los que han sobrevivido les ha dejado recuerdos inolvidables, destinados a influir sobre su actividad de ciudadanos en los años que van a seguir.No hay mejor testigo de esa situación que Alain, filósofo francés, en las cartas que escribe desde el frente a su amigo Élie Halévy entre agosto de 1914 y el comienzo de 1917.Filósofo y moralista del humanismo democrático, Alain no ama la guerra ni su cortejo de valores aristocráticos.
La guerra no es más que corrupción de los espíritus y de las costumbres, su verdad puede decirse invirtiendo las virtudes democráticas. Se encuentra en la esclavitud de los hombres puestos bajo el poder absoluto de sus jefes; en el miedo universal, que da a la acción militar un carácter mecánico, en la muerte de los mejores, como por una selección a la inversa. El ejército en guerra constituye un orden social en que el individuo ya no existe, y cuya inhumanidad misma explica su inercia casi imposible de quebrantar. Fuera de las trincheras, la situación no es más brillante. La guerra, en la que combaten estoicamente civiles en uniforme, se reduce a un espectáculo dirigido por los “patriotas de oficio”, que vociferan lejos del frente. Alain detesta el conformismo organizado de la opinión, el chauvinismo, la censura. No encuentra palabras bastante severas para fustigar la competencia belicista de los intelectuales, de los periodistas y de los políticos. No cree en la guerra del Derecho.
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Castilla medieval, un islote de hombres libres
La Castilla medieval era “un islote de hombres libres en un mar feudal”. Son palabras mayores, no las dijo un cualquiera. Lo proclamó el historiador Claudio Sánchez-Albornoz, un intelectual de altísima reputación que fue catedrático en las universidades de Barcelona, Valencia, Valladolid y Madrid, y rector de esta última y diputado y ministro y vicepresidente de las Cortes y embajador y presidente del Gobierno de la República española en el exilio. “Castilla miraba hacia el mañana mientras León y Galicia miraban al ayer”, redondea don Claudio, a quien llaman así, sin apellidos y con el don por delante, muchos de sus colegas historiadores. “Era una sociedad en continuo pie de guerra. Ese largo batallar creó en Castilla una singular contextura vital, una conciencia de su fuerza y un espíritu apartadizo y rebelde”.
viernes, 22 de mayo de 2026
Scott-Vincent Borba, cofundador de elf Cosmetics, será ordenado sacerdote católico
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| Scott-Vincent Borba |
Borba cofundó elf Cosmetics en 2004 junto con Alan y Joseph Shamah. La marca se convirtió en un referente en el sector de la belleza asequible y libre de crueldad animal, llegando a alcanzar los 100 millones de dólares en ventas en 2014. Pero Borba describió su vida anterior en Los Ángeles como espiritualmente vacía. “Era superficial y llevaba una vida perversa”, dijo Borba. “Me fui a Los Ángeles, me dejé absorber por el estilo de vida de Hollywood; casi llegué al punto de intentar vender mi alma por todas las riquezas del mundo, que no es lo que se supone que debemos ser… Vivía para mí mismo… Era el prototipo del lujo”. “Le pedí a nuestro Señor que me ayudara a ser el hombre que Él me creó para ser, y en ese instante, sentí una inmensa oleada de amor y misericordia que inundó mi vida. Fue una experiencia muy mística”, manifiesta Borba.
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