domingo, 19 de abril de 2026

A los monjes se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico

Los monjes a lo largo de los siglos ejercieron la docencia.  Juan Crisóstomo cuenta que en sus tiempos ( 347-407) era costumbre entre las gentes de Antioquía enviar a sus hijos para ser educados entre los monjes. San Benito instruyó a los hijos de los nobles romanos. San Bonifacio creó una escuela en cada uno de los monasterios que fundó en Alemania, mientras San Agustín y sus monjes construyeron escuelas en Inglaterra. Entre los méritos de San Patricio destaca el fomento de la educación en Irlanda, donde los monasterios se convirtieran en importantes centros de conocimiento, que dispensaban instrucción a monjes y legos por igual. 
Los monjes durante la Edad Media, según Adolf von Harnack, estudiaban las canciones de los poetas paganos y los escritos de los historiadores y filósofos. Los monasterios y las escuelas monásticas vivieron un gran florecimiento, y cada casa se convirtió en un centro de enseñanza y de vida religiosa. Alexander Clarence Flick manifiesta que no solo crearon las escuelas y se convirtieron en maestros sino que sentaron los cimientos de las universidades. Fueron los pensadores y los filósofos de su tiempo y modelaron el pensamiento político y religioso. A ellos, tanto individual como colectivamente, se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico a lo largo de la Edad Media y el periodo moderno.


El hombre ha olvidado amar a Dios y debe aprenderlo de nuevo


Cuenta Guillermo de Saint-Thierry (1075-1148) que antes de la caída, el hombre sabe naturalmente que debe amar a Dios y cómo debe amarlo. Después de la caída lo ha olvidado y debe aprenderlo de nuevo. Si hoy necesitamos la gracia para amar a Dios sobre todas las cosas, no es, pues, porque nuestra naturaleza sea de suyo incapaz, sino porque ha llegado a ser incapaz sin una gracia que primero la cure de sus heridas y la oriente hacia su verdadero objeto, dirá Etienne Gilson (1884- 1978).
Tomás de Aquino (1224- 1274) dice que “así primitivamente, el hombre era naturalmente capaz de amar a Dios sobre todo; el único socorro divino que entonces necesitaba era una moción divina ejerciéndose sobre su naturaleza. Luego de la caída, por lo contrario, primero es menester que la gracia cure nuestra naturaleza, para que ésta pueda recibir la ayuda de la moción divina. De modo que en lo sucesivo ya no es más nuestra naturaleza simplemente la que puede amar a Dios por sobre todas las cosas, sino nuestra naturaleza restaurada por la gracia.”


Cuando quien dirige necesita la brutalidad, es que no ha sabido ejercer la autoridad

Si lo propio del ser humano es hablar, la violencia es inarticulada; no compromete a ningún dialogo. Solo después de realizada se habla de la violencia, para intentar justificarla, o bien para denunciarla como injustificable. La violencia no habla….Para que la obligación se imponga, se necesita el consentimiento, el del ciudadano pero también el de la ciudad, de la sociedad, de una forma de adhesión del número. El poder nunca se fundamenta solo. La violencia se funda sola, pero el poder no. El poder puede disolverse si el pueblo no consiente ya, si ya nadie consiente. El poder es una realidad humana, en el sentido de que se organiza a través de la sociedad. La violencia es una irrealidad inhumana, en su pura brutalidad, se afirma sin hablar.
La utilización de la violencia es un signo de un fracaso del poder. Y eso es verdad no solo en el orden político en cuanto tal, sino también en todas las pequeñas sociedades que rodean nuestra existencia, en todos los grupos humanos, en una empresa, una asociación o una familia. La violencia siempre es un signo de un fracaso de poder. Y cuando quien dirige necesita la brutalidad, es que no ha sabido ejercer la autoridad, escribe François-Xavier Bellamy, profesor de Filosofía y eurodiputado en el Parlamento Europeo.


sábado, 18 de abril de 2026

John M. Keynes pronosticó el fin del trabajo

Que los humanos vamos a tener que seguirnos especializando en aquellos trabajos que requieran flexibilidad, intuición y creatividad para seguir siendo necesarios. Otro de los valores en alza para las profesiones del futuro es la empatía, porque las personas vamos a seguir necesitando que nos entiendan. Los trabajos que requieran despertar emociones o reaccionar ante imprevistos son los que deberán ser necesariamente humanos. Además de la creatividad y la innovación, a salvo de la robotización, están también muchas de las ocupaciones relacionadas con el entretenimiento y el ocio, especialmente en España, donde el turismo es una pieza clave de su economía.
La mitad de los trabajos en el sector público, incluido el de los policías, serán automatizados antes de 2030. Tampoco los empleos de alta cualificación están exentos del riesgo de ser sustituidos por la inteligencia artificial. La buena noticia es que el proceso ahorraría a las arcas públicas millones de euros. Los robots, además, no acumulan moscosos. La mala no solo es la pérdida de empleos, sino que, en el caso de las fuerzas de seguridad, el dilema va mucho más allá de lo económico. Las implicaciones éticas de la robotización de los servicios públicos cobran otra dimensión con las armas autónomas y los drones de vigilancia a las ciudades. El trabajo policial robotizado cambiaría por completo, igual que ha transformado el militar. ¿Qué labores podrían ser sustituidas por la robotización? ¿Solo la vigilancia o también el ejercicio de la fuerza como en Dallas? ¿Dónde está el límite? Según el profesor Sharkey, es fundamental exigirles una caja negra a los robots que permita abrirlos y reprogramarlos. Por inofensivos que sean, si su comportamiento se basa en imitar patrones humanos, pueden reproducir conductas racistas o violentas. Todo depende de los humanos que los programen o imiten. La ventaja en el caso de que las redadas las hagan los policías automáticos es que,si se detectaran comportamientos inmorales, a ellos sí se los podrá reprogramar, siempre cuando respetar los derechos humanos esté en los planes de su dueño.
Más difícil será hacerles entender que quejarnos de lo ocupados que estábamos era, en realidad, una manera enrevesada de presumir de ello. El fin del trabajo no es nuevo. John M. Keynes lo pronosticaba en 1930. Decía que los avances tecnológicos del capitalismo reducirían la semana laboral a quince horas en el próximo siglo (o sea, en este) y ocupar el tiempo libre se convertiría en nuestra mayor preocupación. Todavía parece difícil de creer, pero su profecía podría cumplirse un siglo después, antes incluso de 2030.

Referencia:El fin del mundo tal y como lo conocemos  de Marta García Aller

Pedir disculpas

Pedir disculpas cuesta y por eso, escribe la psicóloga Inés Serrano Fernández, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, llegado el caso, intentamos poner en marcha toda clase de estrategias para evitarlo. Son varios los motivos por los que cuesta asumir la plena responsabilidad de las consecuencias de los actos y disculparse. El primero es que supone una pérdida de autoestima, ya que se ha de reconocer que con el propio comportamiento se hizo daño. La imagen de uno mismo se va a ver cuanto menos cuestionada. Si la valoración negativa es hacia el comportamiento que uno llevó a cabo, puede aparecer la culpa. En el caso de que esa valoración negativa se refiera a la persona por completo, es decir, sea una etiqueta global, entonces aparecerá la vergüenza. El segundo motivo implica cierta percepción de que se pierde poder o estatus. Algunas personas sienten que es humillante lo que se conoce como "agachar la cabeza" justo por este motivo. Sería una cuestión de orgullo, que es también una emoción autoconsciente junto con la culpa y la vergüenza. En el caso del orgullo que impide hacerse cargo del dolor causado al otro habría un excesivo apego a una imagen sobrevalorada de uno mismo. El tercer motivo es el miedo a que se le pida una compensación costosa.Puede ocurrir también que sea un mero temor, que después no se cumpla, ya que no siempre la persona ofendida solicita compensación; la mayoría de las veces busca comprensión de su dolor, percibir arrepentimiento sincero y buenos propósitos. Tan importante es pedir disculpas como que estas sean sinceras, ya que de lo contrario es difícil que llegue el perdón del ofendido. La percepción de sinceridad es mayor cuando la disculpa tiene lugar de forma espontánea y próxima a la ofensa, y es menor cuando se obtiene un beneficio por ello (penitenciario, por ejemplo).
¿De qué depende que al tomar conciencia del daño cometido aparezca dentro de uno la emoción de la culpa, de la vergüenza o bien el orgullo? Una importante razón, que no agota otras posibles, es el nivel de narcisismo que hay en la personalidad del individuo. Aquellos cuyo nivel de narcisismo sea más bajo tenderán más a la culpa. Por el contrario, los que tengan niveles mayores, tenderán a la vergüenza / orgullo, que son en realidad dos caras de una misma moneda. El problema con el orgullo aparece cuando es tan elevado que mueve a la persona a la soberbia, la cual le hace valorarse a sí misma por encima de las demás. Puede llegar a ser una fuente de bloqueo, tanto de las ideas, como de la empatía con los otros. La persona narcisista puede resistirse a tomar conciencia del daño al otro y aferrarse al orgullo. Consigue con ello salvaguardar su imagen ante sí, pero crea un intenso malestar al otro. No obstante, en ocasiones la resistencia cede a la evidencia, y se hace cargo en toda su magnitud. Y ahí sí aparecería la vergüenza, y con ella un intenso malestar.

viernes, 17 de abril de 2026

Inteligencia por revelación

El término se ha popularizado a raíz de la guerra de Ucrania y que con ocasión de aquélla se ha compartido un volumen de información a una frecuencia sin precedentes, no es la primera vez que se emplea.En 1962, durante la crisis de los misiles de Cuba, Estados Unidos exhibía ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas imágenes obtenidas por sus servicios de Inteligencia que confirmaban la presencia de misiles soviéticos en la isla. Del mismo modo, en 1983, la Administración Reagan hizo públicas las pruebas que responsabilizaban a la Unión Soviética del derribo del vuelo KAL007. Entre los ejemplos más recientes encontraríamos el supuesto acopio de armas de destrucción masiva en Irak en 2003 o las informaciones que acusaban al gobierno sirio de emplear armas químicas contra su población en 2017.Por definición, la Inteligencia sirve al propósito de proveer información oportuna para la toma de decisiones, de manera que actúa en una doble vertiente de anticipación y planificación, reduciendo la incertidumbre del decisor en la medida de lo posible. Sin embargo, cuando se trata de Inteligencia por revelación, los contornos entre informar e influir se desdibujan, y los objetivos perseguidos con dicha metodología no quedan del todo perfilados.
Pese a que la Inteligencia por revelación puede jugar una destacada baza en el tablero geopolítico actual, el recurso a esta técnica no exento de riesgos. Así, la crítica se refiere a la gravedad de desvelar las fuentes y métodos empleados para la obtención de información; desde amenazas a la integridad física de las fuentes humanas, hasta la pérdida de la ventaja estratégica, táctica y operativa, como resultado de la encriptación de las comunicaciones, del abandono de instalaciones o de la utilización de señuelos. Un abuso de esta metodología puede conducir al suministro deliberado de información falsa para engañar al enemigo, como hicieran los Aliados en la planificación del Desembarco de Normandía.
Por otra parte se hace necesario ponderar caso por caso la conveniencia de desvelar al adversario la información de que se dispone. Popularmente conocido como el Dilema de Coventry, alude a la disyuntiva a la que se habría enfrentado Winston Churchill ante el bombardeo de la ciudad inglesa de Coventry, del que los británicos habrían tenido conocimiento tras haber logrado descifrar el código nazi de Enigma.  
La Inteligencia por revelación, más allá de informar acerca de posibles escenarios, tiene el potencial de influir directamente en el curso de los acontecimientos.No por ello se desvanece el riesgo de que las revelaciones de unos y otros se contradigan eventualmente, lo que desembocará a buen seguro en una batalla informativa de resultado impredecible en la era de la inmediatez comunicativa.

Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano

Manuel Villegas, estudioso de Charles Chaplin concibe al personaje Charlot diciendo que “Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano, el ensueño, la soledad, la ingenuidad, la sencillez, la generosidad inútil, la bondad sin objeto, la libertad interior, el desprendimiento por todas las cosas, la ausencia de todo acto voluntario que decida su destino….Es el vagabundo arquetipo, en el sentido más alto y noble “metafísico” de la palabra. Vagabundaje de filósofo, de artista, de místico, de investigador, de profeta, de todos los que han descubierto el fondo perenne de la vida o de las leyes del universo…El hombre absoluto, sin tiempo, sin patria, sin raíces, sin destino, sin amigos, sin costumbres; el hombre universal y eterno, solo en el mundo, solo bajo las estrellas”. Y añade Villegas que “Chaplin es un luchador, el self-made man, el hombre salido de la nada y que llega a la riqueza y a la fama universal por su propio esfuerzo, sin ayuda de nadie”.
Candilejas, cuenta el profesor Juan Orellana, es el testamento fílmico de Chaplin, testimonio de su ocaso profesional y vital, la constancia del fracaso de su tesis voluntarista. Cualquier conquista de la voluntad acaba topándose con un muro inexpugnable, la muerte. Candilejas es un autentico ensayo sobre la muerte. Basta escuchar la famosa melodía que introduce la película, compuesta por el propio Chaplin, para intuir la melancolía trágica de la historia que se nos va a contar.