viernes, 1 de mayo de 2026

La política y la vergüenza suelen caminar en sentidos contrarios

Los políticos son muy dados a sentir vergüenza por actos ajenos, escribía el periodista Javier Somalo. La prueba de que nunca la sienten en carne propia es que jamás dimiten. Usan la vergüenza como marca, como tacha acusatoria ante algún acto que no les agrada y, sobre todo, ante aquello que contraviene sus planes para acceder al poder, que les supera, que recorta las distancias. La política y la vergüenza suelen caminar en sentidos contrarios. Se argumenta que la pérdida de la vergüenza, entendida como el desprecio por la opinión pública sobre uno mismo, permite la mentira y el engaño a los electores.


No hay que confundir lástima con compasión

José Manuel Horcajo en su libro Al cruzar el puente escribe que no hay que confundir lástima con compasión.“La primera es una caricatura de la segunda. La compasión edifica, es positiva y sabe ayudar porque se implica con el otro y padece con él. La lástima es un sentimiento, de por sí, ciego, por el cual podemos hacer incluso cosas injustas, se puede matar a una persona terminal, por ejemplo. Es un sentimiento incapaz de construir una acción justa, como sí lo hace la compasión. Es un dato de nuestra sensibilidad a tener en cuenta, pero no puede decidir nuestras acciones. La lástima acompaña nuestra percepción de las realidades sufrientes, pero no podemos dejarnos guiar por su escasa luz porque no alcanza a ver el verdadero drama del otro, sino que solamente nos permite ver nuestra propia sensibilidad. La lástima habla más de nosotros mismos que del que sufre. No me permite llegar al otro en sí mismo, a su verdadera identidad, a su persona. Es una emoción que describe más nuestra escala de valores que la situación real de los demás."

jueves, 30 de abril de 2026

Los fabricantes de bulos desde las instituciones, han decidido que la desinformación es un problema

Desde las universidades, nos predicaban ayer que no hay una verdad en la historia, sino que hay una por cada colectivo implicado, hoy nos hablan de sesgos y de parcialidad. Son los mismos que sometieron la preocupación por la verdad y el rigor de los hechos, a menudo tan difícil de apresar, al poder del relato. En el trasfondo latía una visión perversa que proclamaba que la democracia, la opinión de la mayoría, también tenía la capacidad para decidir sobre lo cierto. Si un relato triunfaba es porque la ciudadanía lo consideraba más cierto que sus alternativas, y, por tanto, estaba bien. O al menos lo estuvo hasta que empezaron a triunfar los relatos de los otros, de los fachas, y entonces resultó que la democracia podía equivocarse. Ahora se rasgan las vestiduras y parecen clamar, como el Capitán Renault, de Casablanca: ¡Qué escándalo, aquí se juega! Pero es sólo porque contemplan con alarma y preocupación cómo relatos distintos a los suyos se abren paso y calan en la gente.
Ahora, de repente, los desinformadores profesionales; los maestros en la creación de cortinas de humo; los manipuladores de las emociones en contra de la verdad; los fabricantes de bulos, no desde cuentas anónimas, sino desde las instituciones, han decidido que la desinformación es un problema. La democracia está bien si triunfan nuestras ideas, pero no es verdadera democracia cuando triunfan las de los demás, que, por descontado, son perversas y peligrosas, escribe Vidal Arranz.

Belleza interior

“No hace falta que fabriquemos nuestra belleza exterior con maquillajes y ropa de última moda porque la verdadera belleza reside en nosotros mismos. Sé suave, no dejes que el dolor te endurezca. Crea tu propia belleza, una que no se pueda definir con palabras y cultívate con los pequeños detalles. La clave está ahí, dentro, aunque no le des la importancia que merece. Búscate, encuéntrate y deja que salga toda tu luz interior”, escribe la psicóloga Raquel Aldana.
“La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”, escribía George Sand, novelista y periodista francesa, considerada una de las escritoras más populares de Europa en el siglo XIX. Tenemos que ser muy fuertes para no dejarnos llevar por todo el entorno que intenta vendernos que la verdadera belleza se encuentra en el exterior, en vez de en el interior. Cambiemos nuestra perspectiva, reencontrémonos con nosotros mismos, logremos ver todo lo bello que reside en nuestro interior.
“El paso del tiempo arruga nuestro rostro, dice Aladana, resta energía física, blanquea nuestros cabellos, pero nuestro interior va en dirección opuesta, se enriquece. De nada sirve gastarse miles de euros en cirugías si ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos. Sabiendo que no podemos ser del gusto de todo aquel que nos crucemos, comenzaremos a aceptar que no debemos preocuparnos tanto por agradar. Esto nos hará mirar hacia nuestro interior y desarrollarnos. De esta forma, nuestra belleza interior aumentará y realmente seremos mucho más atractivos a los demás a pesar de que nuestro físico ya no sea tan juvenil.”
El equipo de Solano-Gómez realizó un experimento en el que comprobaron que el físico influye a la hora de contratar a alguien. Es decir, los contratantes se dejaban influir por el físico de los aspirantes a un puesto de trabajo. ¿Y qué podemos sacar de aquí? Que por mucho que un físico nos pueda servir para acceder a un puesto de trabajo, si por dentro no somos aptos para desempeñar la labor asignada, no duraremos mucho. Cuidar el físico es necesario, pero cuidarnos y cultivarnos, es fundamental.

miércoles, 29 de abril de 2026

Pasteur era violentamente atacado por sus mismos colegas

Louis Pasteur 
Escribe Axel Munthe en su libro La historia de San Michele que “el destino ha querido que el más adorable de los animales sea portador de la más terrible de las dolencias, la hidrofobia. He presenciado en el Instituto Pasteur las primeras fases de la larga batalla entre la ciencia y el temido enemigo, y he asistido también a la victoria final, que ha salido carísima. Han sido necesarias verdaderas hecatombes de perros y también, a veces, alguna vida humana. Visitaba yo a los animales condenados, para darles el poco consuelo que podía, pero llegó a ser para mí tan penoso, que tuve que dejar el Instituto Pasteur durante algún tiempo. Mas nunca pensé que aquello no fuera justo, que no se tuviese que hacer cuanto allí se hacía. Estuve presente en muchas tentativas fracasadas. Vi morir a muchas personas antes del tratamiento por el nuevo método y después de él. Pasteur era violentamente atacado, no sólo por toda clase de ignorantes, aunque caritativos apasionados de los perros, sino también por muchos de sus mismos colegas; fue asimismo acusado de ocasionar con su suero la muerte de varios de sus enfermos. Él prosiguió su camino sin desanimarse por el fracaso; pero quienes le vieron en aquel tiempo sabían muy bien lo mucho que padecía por tener que torturar perros, a los que tanto quería. Era el mejor de los hombres. Una vez le oí decir que nunca tendría valor para matar a un pájaro. Nada omitía para disminuir en lo posible el padecimiento de los perros del laboratorio; hasta el guardián de las perreras de Villeneuve de l’Etang, un antiguo gendarme llamado Pernier, fue elegido para aquel cargo por el mismo Pasteur, pues sabía que quería mucho a los perros. Aquellas perreras contenían sesenta, inoculados con suero y llevados regularmente a las perreras del antiguo Liceo Rollin para mordeduras de prueba. En estas perreras había cuarenta canes hidrófobos. La cura de éstos, espumajeantes de rabia, era muy peligrosa, y con frecuencia me asombró el valor demostrado por todos los que intervenían en la operación. Pasteur no tenía temor alguno.” 
“La mayor parte de esos perros de laboratorio la constituían perros vagabundos, sin casa, recogidos por la Policía en las calles de París; pero muchos de ellos parecían haber conocido días mejores; allí padecían y morían en la oscuridad, soldados desconocidos de la batalla del cerebro humano contra la enfermedad y la muerte. Allí cerca, en La Bagatelle, en el elegante cementerio de perros fundado por Sir Richard Wallace, hay enterrados centenares de perros falderos y perritos de salón, con inscripciones que recuerdan su inútil y blanda vida grabadas por tiernas manos en las cruces de mármol de sus tumbas.”

Los narcos no leen literatura

En una entrevista el escritor mexicano Eduardo Antonio Plana este cuenta como hay muchísimos esclavos en México, esclavos del narco. No nada más los que esclavizan para ser sicarios. Donde está muy cabrón es en Michoacán.  Tienen un chingo de esclavos en las minas. Hubo por ahí de 2010, 2012, un montón de médicos esclavizados por el cártel del Golfo. Un amigo mío nunca volvió a aparecer, lo sacaron de su casa. Ya sabes, entran varios tipos armados hasta los dientes, vestidos de negro con capucha, y delante de la familia lo sacan de las greñas y dicen: “tráete tu maletín y la chingada. Es para atender a los heridos”. Ya no lo volvieron a ver nunca. Elmer Mendoza, que está metidísimo en esto del narco y todo eso. Elmer lo dice muy claro, dice: “Los narcos no leen”. Y no leen. Pero sí leen periódicos. Entonces los cronistas, los que hacen crónica, sí han recibido muchas amenazas: Alejandro Almazán, Diego Enrique Osorno, todos ellos. Los literatos no. No hay bronca. Los narcos no leen literatura.

El gobierno representativo es una forma de gobierno esencialmente diferente a la democracia

Emmanuel-Joseph Sieyès
Emmanuel-Joseph Sieyès recalca la “enorme diferencia” entre democracia, en la que son los propios ciudadanos quienes hacen las leyes, y el sistema representativo de gobierno, en el que confían el ejercicio del poder a representantes electos. Para Siéyès la superioridad del sistema representativo no estriba tanto en el hecho de que produzca decisiones menos parciales y menos apasionadas, sino en que constituye la forma de gobierno más apropiada para las condiciones de las “sociedades comerciales” modernas, en las que los individuos se ocupan ante todo de la producción y el intercambio económico. En ese tipo de sociedades, indica Siéyès, los ciudadanos ya no gozan de tanto tiempo libre como requiere el prestar constante atención a los asuntos públicos y deben, por tanto, emplear la elección para confiar el gobierno a quienes puedan dedicar todo su tiempo a esa tarea.
Para Siéyès igual que para James Madison, el gobierno representativo no es un tipo de democracia; es una forma de gobierno esencialmente diferente y, además, preferible.