viernes, 18 de septiembre de 2026

Existe una estrecha relación entre el disfrute de la vida y la felicidad

Cuenta el filósofo Alejandro Llano que “existe una estrecha relación entre el disfrute de la vida y la felicidad. El despliegue de la existencia humana incluye pasárselo bien, si no continuamente, porque eso quizá es imposible, al menos la mayor parte de las veces. Toda persona considerada normal trata de evitar el dolor. Huye del sufrimiento y busca el gozo, pero lo que va a resultar es una emulsión o mezcla de ambas situaciones vitales. La alternancia de placeres y dolores es una condición que hay que aceptar.”
“El cumplimiento de las obligaciones más ingratas y desagradables va acompañado de la satisfacción moral de estar haciendo lo que se debe, que resulta un sentimiento más grato y tranquilizante que cualquier otro.”


Las consecuencias de las crisis para los ricos han sido muy diferentes a lo largo de los años

Los ricos durante la Edad Media eran muy creyentes y querían preservar su alma. Por eso, nos encontramos con tantas donaciones para los pobres o para ayudar a monasterios e iglesias. Un ejemplo, el de Francesco Datini, el gran mercader del siglo XIV. Él era un huérfano que heredó durante la epidemia de la peste negra y que con ese dinero empezó a hacer negocios entre Francia e Italia. Al final, acabó convirtiéndose en uno de los superricos del momento. Bueno, pues cuando murió legó una parte pequeña a su hija ilegítima para su dote pero el resto lo dejó para construir un orfanato y una casa de pobres.A partir de finales del siglo XIV y durante el siglo XV ellos empezaron a percibir su propio rol de manera diferente y se produjo un cambio en su mentalidad…….empezaron a pensar que poseían virtud, dejaron de creer que eran pecadores. Esto ocurre porque los mercaderes se pusieron a discutir sobre las virtudes que debería tener el comerciante perfecto y el pecador se transformó en alguien virtuoso. Una idea que se hace fuerte durante la reforma protestante y con el calvinismo, donde aseguran que en la actividad económica se puede manifestar la gracia de Dios, que puede tener un sentido positivo.
A partir del fin de la Edad Media, cada vez que surge un problema se pide ayuda a los ricos del lugar por lo que su presencia se empieza a considerar como un beneficio colectivo para ayudar en momentos de crisis. Hay muchísimos casos de superricos salvando a sus ciudades de la ruina. El caso JP Morgan es muy interesante porque sugiere que hasta la primera parte del XX los superricos jugaban un rol que era muy similar al de la Edad Media. Este es el último caso de un superrico que salva a su estado de un colapso financiero y la historia está muy bien. Fue en 1907, cuando durante una crisis bancaria en EE.UU se tiene la certeza de que va a haber un pánico bancario. JP Morgan llama a un grupo de importantes financieros y les cita en su biblioteca de Nueva York. Cuando llegan, cierra la puerta con llave y les dice: "De aquí no sale nadie hasta que no encontremos una solución". Y la encuentran. Se coordinan y consiguen establecer la confianza colectiva en el sistema y la gente no corre a sacar su dinero.
Las consecuencias de las crisis para los ricos han sido muy diferentes a lo largo de los años. Si comparamos, por ejemplo, cómo afectó la crisis de 1929 a su patrimonio con cómo afectó la de 2008... Pues en la primera la cuota de riqueza se redujo considerablemente y en esta para nada. Tampoco se han visto afectados por el Covid ni las guerras.Los superricos hoy tienen una influencia sobre la política y las leyes mucho más fuerte que hace un siglo. El control sobre las democracias es ahora mucho más fuerte que en la primera parte del siglo XX y por eso es muy difícil por parte de las instituciones hacer que los más ricos contribuyan más, cuenta Guido Alfani, profesor de Historia Económica de la Universidad Bocconi de Milán. 

jueves, 17 de septiembre de 2026

La convicción se ha desplazado hacia los extremos

William Butler Yeats
Los famosos versos del poeta irlandés William Butler Yeats “los mejores no tienen convicción, y los peores / rebosan de febril intensidad” describen el talante político de las sociedades democráticas. Esa convicción se ha desplazado hacia los extremos, a los nacionalistas, a los populistas, a los demagogos de derechas y a los ideólogos de izquierdas.


¿Tú qué harías?

En un célebre experimento intelectual, el filósofo Peter Singer sugiere que te imagines que vas de camino al trabajo y que, de pronto, te topas con un niño que se está ahogando en un estanque. No hay nadie más por allí cerca, y si no te metes y lo rescatas, el niño morirá. Por desgracia, el agua estancada echará a perder tu elegante traje nuevo. La pregunta que Singer plantea es, ¿tú qué harías?. Pues echas a correr y lo salvas, por supuesto. ¿Qué clase de monstruo inmoral antepondría un traje a un niño? Sin embargo, Singer utiliza ese ejemplo para darle la vuelta al argumento, lo que él sugiere es que, de hecho, la amplia mayoría de nosotros somos monstruos. Cada año, millones de personas mueren a consecuencia de males de fácil prevención, derivados de vivir en situación de pobreza. Sin embargo, nosotros seguimos comprándonos ropa nueva y comiendo en restaurantes, a pesar de que ese dinero podría utilizarse para evitar que otros murieran.El planteamiento de Singer se utiliza con frecuencia en el entorno intelectual para demostrar la inmoralidad que subyace en nuestra preocupación por las víctimas. No nos decidimos a prestarles ayuda hasta que no las tenemos delante y podemos verles la cara. Sin embargo, esta historia tiene una segunda parte que solemos olvidar, la de las locuras que estamos dispuestos a hacer cuando nos ponen delante una víctima clara.
Vamos a plantearnos un escenario similar, pero con cierto giro dramático. Ya no es un estanque junto a lo que pasamos, sino una presa, y el niño está atrapado por la corriente, que lo arrastra hacia la compuerta de evacuación del agua. No hay nadie más cerca, y la única manera de salvar al pequeño es abriendo la presa, lo que vaciaría el embalse. Aquí viene la trampa, si lo hacemos, inundaremos el pueblo que hay valle abajo, destrozando hogares y provocando que otras personas se ahoguen. ¿Salvarías al niño, incluso si esto implica la posibilidad de matar a muchos más? A todos nos gusta creer que saldríamos indemnes de este dilema moral, pero lo cierto es que, cuando estamos frente a frente con el sufrimiento manifiesto de una víctima, nos ciega la miopía moral. Ignoramos el dolor potencial de otros inocentes porque el impulso irrefrenable de salvar a la víctima evidente nos obliga a ello. Al igual que en el caso del superhéroe que destruye la ciudad para salvar a los rehenes, las auténticas consecuencias de nuestros actos solo se vuelven nítidas al verlas en retrospectiva.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

La dramática situación de la infancia en España

Uno de cada cinco niños en España vive en situación de carencia material y el 12%, equivalente a cerca de 700.000 menores, en carencia material severa, según datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística. Este indicador es uno de los más consultados por los expertos a la hora de cuantificar la pobreza, ya que mide la incapacidad de poder permitirse necesidades básicas tangibles, a diferencia de otros índices que comparan cuántas personas están por debajo de un umbral relativo a la media.
En Unicef hablan de la dramática situación de la infancia en España. “Hay varios problemas, pero el más notorio, el que choca más, porque España no es Burkina Faso, es que un tercio, grosso modo, de la población infantil vive en situación de riesgo de pobreza y exclusión social y un 19% en la pobreza relativa”, alerta Chema Vera, director ejecutivo nacional de la organización. “El 11,8% de los niños españoles viven en privación material severa, familias que en una semana tienen que decidir si comen carne o calientan la casa o reparan una mesa, aunque sean necesidades básicas”. Además lamenta que no se estén produciendo avances en la situación de los niños más vulnerables. 
“En los últimos dos o tres años hemos visto un estancamiento o empeoramiento de la pobreza infantil”,asegura Vera. “Esa realidad obedece a el acceso a la vivienda y su impacto en la pobreza y el bienestar infantil, y la precariedad laboral”, señala Vera, que observa que “los salarios no son adecuados a los costes”. Además, España tiene un peor sistema de protección social a las familias con hijos que el resto de Europa, especialmente el este. “Polonia reduce su pobreza infantil relativa en 20 puntos post transferencias sociales, mientras que España lo hace en seis, señal de que la protección no está funcionando. Esa es la realidad, en España se protege poco y mal”.

Los niños necesitan el juego físico cara a cara, sincrónico y corpóreo

Todo niño necesita un adulto que le sirva de base seguro. Normalmente es la madre, pero también puede ser el padre o el abuelo.En cuanto los niños pueden gatear, quieren ir a las cosas que pueden tocar, chupar o explorar. Necesitan pasar mucho tiempo en modo descubrimiento, porque es ahí donde tiene lugar el aprendizaje y el ajuste neuronal. 
En la adolescencia, los jóvenes empiezan a buscar relaciones románticas, Estos nuevos apegos, reutilizaran la arquitectura psicológica y los “modelos de trabajo interno” que se desarrollaron mientras formaban las relaciones de apego con sus padres. Los adolescentes reutilizaran estos modelos para vincularse con la persona con la que tiene un interés amoroso y quizá su futuro cónyuge. 
No hay una forma correcta de educar a los hijos, no hay un modelo para construir un hijo perfecto. Sin embargo, es útil tener en cuenta algunos rasgos generales de la infancia humana; los niños son antifrágiles y, por tanto, se benefician del juego con riesgo que les ayude a cambiar hacia el modo descubrimiento. Una infancia basada en el juego tiene más probabilidades de conseguir eso que una infancia basada en el teléfono.
El ser humano es una criatura social y culturalmente adaptable que necesita una amplia variedad de experiencias sociales para su desarrollo como adulto flexible con habilidades sociales. Como los niños son antifrágiles, es esencial que esas experiencias impliquen una parte de miedo, conflicto y marginación ( aunque no demasiado). Impide que los niños obtengan la cantidad y variedad de experiencias y adversidades del mundo real que necesitan.
Los smartphone y otros dispositivos digitales aportan tantas experiencias interesantes a los niños y adolescentes que causan un grave problema. Reducen el interés en todas las formas de experiencia sin pantallas. Los smartphone son como el pájaro cuco, que pone sus huevos en los nidos de otros pájaros, y la cría empuja a los demás huevos para echarlos del nido y apoderarse así de toda la comida que trae la desprevenida madre. Asimismo, cuando un smartphone , tableta o videoconsola llega a la vida de un niño, desplazará a las demás actividades, al menos en parte. El niño se pasará sentado muchas horas al día, embelesado e inmóvil, mientras ignora todo lo que hay más allá de la pantalla.
Los niños necesitan el juego físico cara a cara, sincrónico y corpóreo. El juego más sano es el que transcurre al aire libre e incluye algún que otro riesgo físico y aventuras emocionantes. Estar a solas en una habitación, comiendo un feed de contenidos de otras personas, o jugando a videojuegos durante horas infinitas con un elenco variable de amigos y desconocidos, o publicando contenidos y esperando a que otros niños les den un like o dejen un comentario está tan alejado de lo que necesitan los niños, que estas actividades no deberían considerarse nuevas formas sanas de interacción adolescente; son alternativas que consumen tanto tiempo, que reducen el que los adolescentes pasan juntos.

Referencia: La generación ansiosa de Jonathan Haidt


La sentimentalización y la kitschificación de las mascotas

Contó el papa Francisco que una mujer se le acercó para pedirle que bendijera a su bebe, pero en cuanto descorrió la cortinilla del moisés, el papa Francisco vio que se trataba de un perro pequeño. “Perdí la paciencia, cuenta, le dije que con tantos niños que están pasando hambre ¿y me traes un perro?”
El filósofo Roger Scruton escribía en ¿Tienen derechos los animales? que “ la sentimentalización y la kitschificación de las mascotas pueden parecer a muchos el epitome de la bondad de corazón, pero, de hecho, muy a menudo es lo contrario; es una forma de disfrutar del lujo de las emociones cálidas sin el costo habitual de sentirlas; es un modo de dirigirse a una víctima inocente con un amor simulado que esta no tiene la comprensión para rechazar o criticar, una crueldad”