jueves, 13 de agosto de 2026

Vida estética

"Para cuidar a alguien hace falta sensibilidad estética. Puedo ayudarte a cruzar la calle con cara de perro o con una sonrisa. Aunque lleguemos al mismo lugar, hay un abismo entre ambas posibilidades. La diferencia tiene que ver con la estética del cuerpo: la delicadeza con la que te sujeto, el tono de mi voz, mi expresión facial… Si las formas expresan desdén, no me voy a sentir cuidada", afirma la filósofa Yuriko Saito, referente mundial en Estética de lo cotidiano y profesora emérita de la Escuela de Diseño de Rhode Island.
"Cuando estoy preparando una sopa, añade Saito, procuro no picar la verdura a todo correr. Presto atención a detalles como el tacto del mango del cuchillo, el sonido de la tabla, la sensación al cortar las zanahorias… Intento poner en juego todos mis sentidos y concentrarme en el ahora. Aquí y ahora." 
Nos falta silencio, ir despacio, no hacer nada. "En cambio, dice Yuriko Saito, hoy día parece que hay que llenar cada momento haciendo algo. Y la verdad es que esto no excluye la posibilidad de realizar las tareas de forma atenta y cuidadosa. Puedo estar muy ocupada pero muy concentrada, como cuando pico verduras. La clave es cómo me relaciono con las cosas. Por ejemplo, aunque podría ver el pelador o la prensa de ajos como simples objetos, viejos y sin nada especial, los valoro porque me sirven y han estado conmigo fielmente mucho tiempo. Y cuando no los encuentro, ¡entro en pánico! Me importan porque me han hecho bien y me siento agradecida."
La estética está vinculada a la moralidad. "Un periodista italiano, cuenta la filósofa, publicó una crítica a mi libro Estética del cuidado en la que planteaba: ¿puede haber vida estética sin vida moral? Un nazi puede disfrutar de la música, pero la verdadera belleza aparece cuando estoy abierta al mundo con una actitud humilde basada en la gratitud. Tener una vida estética implica esa disposición moral. El crítico también me preguntaba, ¿puede haber una vida moral sin vida estética? Es posible hacerse una idea de cómo debes tratar a la gente sin entrar para nada en la estética. ¡Pero basar nuestra conducta en la estética y el amor a la belleza es más fácil y alegre! Si nos mueve la experiencia de la belleza de la otra persona y del mundo, no actuaremos a regañadientes sino con cuidado, amabilidad y respeto". 

No quieras para otro lo que no quieres para ti

¿Qué es bien?, ¿qué es mal?, las cosas no están tan claras. Por eso se vio como más intuitiva y cierta la expresión “no quieras para otro lo que no quieres para ti”. Está en el Evangelio y también en libros de otras religiones o cosmovisiones. En la filosofía de Confucio: “¿Hay alguna máxima que deba uno seguir en la vida? Lo que no deseamos que nos hagan no lo hagamos a los demás”. En el Avesta indio: “Es bueno el que se abstiene de hacer a otros lo que no es bueno para uno mismo”. En el Corán: “Ninguno de vosotros será verdadero creyente, a no ser que desee para su hermano lo mismo que desea para sí mismo”. En la tradición hebrea del Talmud: “Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tu prójimo; esto es toda la ley; lo demás es comentario”.
En el Antiguo Testamento y por Jesucristo en los Evangelios se manifiesta “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Salvo en casos extremos de desesperación o de graves enfermedades mentales, cada ser humano desea lo bueno para sí mismo, que eso es amar, desear el bien. Y esa es la medida del amor al prójimo, que sería, en positivo, la regla áurea: “quiere para otros lo bueno que quieres para ti”.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Una extraña euforia parecía apoderarse de los supervivientes


Escribe Anne Applebaum que “una extraña euforia parecía apoderarse de los supervivientes. Estar vivo era un alivio y el dolor se mezclaba con la alegría, y el comercio, los negocios y la reconstrucción empezaron de inmediato, de manera espontánea”. En el verano de 1945, Varsovia rebosaba actividad. Stefan Kisielewski escribió: “Entre las ruinas de las calles hay un alboroto como no se había conocido hasta ahora. El comercio bulle. El trabajo en auge. El humor en todas partes. La vida fluye en las calles y nadie pensaría que esta multitud la constituyen las víctimas de un terrible desastre, gente que apenas se ha recuperado de una catástrofe o que vive en condiciones extremas e inhumanas…”. Sándor Márai describió Budapest en este período en una de sus novelas: "Y lo que quedaba de una ciudad y de una sociedad renació con una alegría tan apasionada y testaruda, con una fuerza tan persistente y astuta como si nada hubiera pasado…..en las avenidas del centro de Pest, bajo los soportales, ya se podía comprar toda clase de comidas deliciosas, artículos de tocador, ropa, calzado, todo lo que se podía imaginar. Monedas de oro de la época de Napoleón, morfina, manteca de cerdo… Los judíos salieron tambaleándose de las casas marcadas con la estrella y, al cabo de una o dos semanas, ya se podía regatear en Budapest, entre restos de caballos, cadáveres humanos aún sin enterrar y edificios en ruinas, para comprar gruesas telas inglesas, perfumes franceses, aguardientes holandeses y relojes suizos…Este entusiasmo por el trabajo y la renovación habría de durar muchos años." El sociólogo británico Arthur Marwick aventuró en una ocasión que la experiencia de fracaso nacional tal vez sirviera a los alemanes occidentales como estímulo para reconstruirse y recuperar la noción de orgullo nacional. Argumentó también que la propia magnitud del desastre nacional quizá contribuyera al auge de posguerra; habiendo experimentado tal catástrofe económica y personal, los alemanes se dedicaron de inmediato a la reconstrucción. 


Los bolcheviques leyeron las obras de Lenin y Marx como un hecho científico

Los bolcheviques leyeron las obras de Lenin y Marx, no como se leen hoy en día, como textos incluidos en un curso universitario, o como una de las muchas teorías que existen sobre la historia, sino como un hecho científico. Contenida en la obra de Lenin (y desarrollada por Trotski), se encontraba una teoría muy clara e igualmente científica sobre las relaciones internacionales, que venía a sostener algo así como que la Revolución rusa era la primera de muchas revoluciones comunistas; otras llegarían muy pronto, en Europa del Este, en Alemania, en Europa occidental, y después por todo el mundo. Y una vez que el mundo estuviera gobernado por regímenes comunistas, podría realizarse la utopía comunista. Seguro de este futuro halagüeño, el propio Lenin se refirió a las rebeliones que se avecinaban con convicción e incluso con insensata indiferencia. “Zinoviev, Bujarin y también yo pensamos que en Italia la revolución debería estimularse de inmediato (escribió en una nota a Stalin en julio de 1920). Mi opinión personal es que, a este fin, Hungría debería sovietizarse, y tal vez también Checoslovaquia y Rumanía. Tenemos que considerarlo detenidamente”. Un año antes, se refirió al “desmoronamiento mundial de la democracia burguesa y el parlamentarismo burgués” como si fuera un hecho inminente. Los bolcheviques no tenían intención de sentarse a esperar que esas revoluciones tuvieran lugar. Como vanguardia revolucionaria, esperaban facilitar la agitación venidera mediante la propaganda, los subterfugios e incluso la guerra. 

El romanticismo

Zorrilla con el poeta Fernández Grilo
Escribe el filósofo Julián Marías que “el romanticismo es una época de inseguridad, de luchas, de peligros, de vida a la intemperie, en que las formas consagradas están rotas y hay que llegar a otras nuevas. Hay una valoración del heroísmo, que adquiere una significación amorosa. En España, desde la Guerra de la Independencia comienzan las luchas políticas del reinado de Fernando VII, y a continuación la guerra carlista. Guerra,conspiraciones,sociedades secretas,pronunciamientos y represiones.El valor personal es frecuente y estimado. En toda Europa sucede algo semejante; revoluciones de 1830 y 1848, carbonarios, levantamientos liberales, intervenciones de la Santa Alianza.”
“La vida tiene una particular intensidad, antes de que se inicie el aburguesamiento. La inseguridad, la vida “a la intemperie”, que vieron pronto Lara y Alfred de Musset, hace que se busquen apoyos para vivir en la vida personal, en el amor, en el sentido de la dignidad, en la exaltación, en el orgullo, que puede llegar a la soberbia. La culminación de esta actitud es el liberalismo como melancolía entusiasta o entusiasmo escéptico.”
“Lejos de la seguridad racionalista, del despotismo ilustrado, de esa otra “seguridad” que fue el utopismo revolucionario y fanático, los ojos inquietos se vuelven a la historia, a las formas variadas y cambiantes de la vida; se siente la necesidad de justificar la vida mediante la entrega a una causa o un amor. De ahí el triunfo de la retórica, el arte de mover a los hombres mediante el poder de la palabra, sin profanarlos; y de la poética, el arte de conmover mediante el descubrimiento y ofrenda de la intimidad apasionada.”
“El teatro de Zorrilla tiene un elemento amoroso esencial, desde Don Juan Tenorio, que tanto contribuyó a crear el lenguaje y la retórica del amor, hasta Traidor, inconfeso y mártir, de 1849, que señala acaso el final de la época romántica……Pero sobre todo son representativas las leyendas, en muchas de las cuales lo decisivo es el amor, su expresión, su desenlace, felices desilusionados, trágicos.”
“El romanticismo fue una de las grandes etapas en el desarrollo y expresión de los sentimientos, muy especialmente de los amorosos, y en la realidad de lo que, por debajo de ello, es la sustancia última del amor.”

martes, 11 de agosto de 2026

Las personas con divorcios en sus círculos sociales tienen más probabilidades de divorciarse

Según las últimas cifras ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística, en 2022 se dieron algo más de 81.300 divorcios en España, donde más del 50% de las uniones rotas tenían hijos; aquel año, al menos 40.000 hijos presenciaron la ruptura de su familia. El año anterior, según Forbes, la cifra de divorcios se elevó en Estados Unidos a casi 690.000 divorcios. Ante una avalancha ingente de menores que acaban de sufrir esta ruptura o de adultos que la sufrieron hace años, las consultas en psicólogos y terapeutas deben destinar multitud de recursos a paliar los estragos. Especialistas mencionan problemas de adaptación, tasas superiores de agresión, delincuencia o consumo de drogas que en familias unidas, conducta delictiva o consumo de drogas, puntuaciones extremas de depresión o baja autoestima o mayor hostilidad y pérdida de afecto entre hermanos.
Con las cifras que se desprenden cada año del divorcio, surge la pregunta de cómo ha podido llegar a normalizarse tanto. Una pregunta para la que hay multitud de respuestas de corte sociológico, como es el "efecto contagio" que siguió al boom del divorcio y la revolución sexual."Las personas con divorcios en sus círculos sociales tienen más probabilidades de divorciarse. Ha habido un efecto bola de nieve, hasta el nivel sin precedentes de la actual normalización de las rupturas", explican.También refieren a la "impotencia aprendida" que surge de esta normalización, y que consiste en las "respuestas silenciosas, tibias o destructivas" en cristianos y no cristianos ante el divorcio. "Muchos se encogen de hombros y evitan hablar de ello, o peor aún, lo celebran, cuando se debería luchar por el matrimonio y la reconciliación, recordando la belleza, sanación y alegría que puede llegar a ellos y a sus hijos al perseverar en su vínculo”.
"Se necesita mucho más apoyo para los hijos adultos de divorciados para que el ciclo se detenga en sus vidas y vocaciones. Estadísticamente, los hombres y mujeres que provienen de hogares rotos tienen más probabilidades de divorciarse, por lo que si no se cura, se puede transmitir a las generaciones siguientes”.

Salir a caminar

Charles Dickens

“Salir a caminar” no era realmente una actividad en sí hasta finales del siglo XVIII.La caminata como actividad de ocio surgió alrededor de la década de 1780. Hasta ese momento, caminar había sido un acto de necesidad, asociado con la pobreza, la vagancia e incluso con intenciones criminales. Muchas personas vivirían y morirían sin haber visto más allá de unos pocos kilómetros cuadrados de paisaje urbano sombrío y sólo un poco más para los que se encontraban en el campo.Caminantes famosos como Charles Dickens hicieron que el pasatiempo de caminar se pusiera de moda.
Se ha escrito mucho sobre el celo religioso con el que Dickens realizaba su “trabajo andante” diario.Recorría un promedio de 19 km por día y a un ritmo notable de más de 6 km por hora, suficiente para que otros "se hicieran a un lado mientras el gran escritor, que siempre parecía estar caminando en contra del pensamiento, avanzaba". Caminar era un engranaje esencial en el proceso creativo de Dickens; un momento para absorber, casi por ósmosis, la idiosincrasia de las calles. Desde incursiones en los barrios marginales de Londres hasta marchas nocturnas impulsadas por el insomnio, sus encuentros proporcionaron la brillantez excéntrica de sus personajes, las instantáneas callejeras retenidas “en orden regular en diferentes estantes de mi cerebro, listas con sus etiquetas para ser mostradas cuando yo las quiero”.


Fuente:Artículo de Lauren Colley, doctora en Literatura Inglesa, Universidad de Notthingham, Reino Unido.