domingo, 31 de mayo de 2026

España está entre los que más castigan a las familias con hijos

El informe “Impuestos sobre los salarios 2026” elaborado por la OCDE señala que España está entre los que más castigan a las familias con hijos.Existe una ausencia de ayudas reales a las familias. El salario maternal permanece paralizado y las ventajas fiscales brillan por su ausencia.
El sistema fiscal español castiga el esfuerzo laboral. Actualmente, el 41,4% del coste laboral se destina a impuestos y cotizaciones sociales,  muy por encima de la media de la OCDE, que se sitúa en el 35,1%.
Uno de los factores clave radica en la negativa del Gobierno a deflactar el IRPF. Cuando los salarios suben para compensar la inflación, los impuestos no se ajustan. Como consecuencia, el trabajador paga más sin ganar poder adquisitivo.
La OCDE no solo describe el problema. También lanza recomendaciones. La organización pide reducir la fiscalidad sobre el trabajo, ya que desincentiva la creación de empleo y dificulta el acceso al mercado laboral.El impacto sobre las familias resulta especialmente grave. España no solo grava más, sino que ofrece menos apoyo. Esta combinación genera un entorno desfavorable para la natalidad y la estabilidad familiar. Las familias que trabajan y sostienen el sistema reciben el mayor castigo fiscal.Una sociedad necesita un equilibrio entre contribución y recompensa. Cuando el Estado absorbe más de la mitad del esfuerzo, ese equilibrio desaparece. 

El buen descanso está abierto a la familia y a los amigos

El buen descanso está abierto a la familia y a los amigos; no tendría sentido que llegara el fin de semana y uno se cerrara en su cascarón. El descanso individualista acaba por no aliviar verdaderamente, y produce una extraña ansiedad por escaparse.

¿No os admira que un crucificado sea la persona más amada del mundo?

En el cuerpo humano existen enfermedades que apenas se notan y que avanzan calladamente hasta que, muchas veces, ya no tienen remedio. Algo parecido puede suceder en el alma. La tibieza es una enfermedad silenciosa y paralizante cuyo avance imparable apenas se advierte. Afecta primero al entendimiento, lo oscurece; después a la voluntad, y la vuelve floja, débil, con poca capacidad para el esfuerzo, escribe Francisco Fernández-Carvajal.
Una joven judía llamada Etty Hillesum murió en el campo de concentración de Auschwitz en septiembre de 1942. Su diario fue publicado hace no muchos años.Esta mañana, cuenta, mientras paseaba en bicicleta por el Stadionkade, he disfrutado del amplio horizonte que se descubre desde los alrededores de la ciudad, mientras respiraba el aire fresco, que todavía no nos han racionado. Por todas partes se ven carteles en los que se prohíbe a los judíos transitar por los senderos que conducen al campo. Pero, por encima de ese poquito de carretera que nos permiten recorrer, se extiende el cielo entero. No pueden nada contra nosotros; absolutamente nada. Pueden hacernos la vida muy dura, pueden despojarnos de algunos bienes materiales, pueden quitarnos la libertad exterior de movimientos…; pero es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestras mejores fuerzas, la actitud de sentirnos perseguidos, humillados, oprimidos; la de dejarnos llevar por el rencor la de envalentonarnos para ocultar nuestro miedo. Tenemos todo el derecho de estar de vez en cuando tristes y abatidos, porque nos hacen sufrir es humano y comprensible. Y, sin embargo, la auténtica expoliación nos la infligimos nosotros. La vida me parece tan hermosa… y me siento libre. Dentro de mí el cielo se despliega tan grande como el firmamento. Creo en Dios y creo en el hombre, y me atrevo a decirlo sin falsa vergüenza… Soy una mujer feliz y ¡sí!, me vuelco en alabanzas a esta vida en el año del Señor 1942… ¿qué año es de la guerra?”
San Agustín, en el siglo IV, preguntaba, ¿no os admira que un crucificado sea la persona más amada del mundo?

sábado, 30 de mayo de 2026

Es mejor ser Sócrates insatisfecho que un cerdo satisfecho

John Stuart Mill
Para el filósofo John Stuart Mill es mejor ser Sócrates insatisfecho que un cerdo satisfecho; es mejor ser Sócrates insatisfecho que un tonto satisfecho. Y si el tonto o el cerdo son de una opinión distinta, es porque sólo conocen un lado del asunto, el suyo. La otra parte, para poder comparar, conoce ambos lados. 

Querer y amar

El poder seductor de “te amo” entronca con la misma raíz de la palabra “amor”, mucho menos polisémica que “querer”. “Siento amor por ti” podemos decir; pero no “siento querer por ti”, pese a que “querer” se ha sustantivado (después de que existiese el verbo, mientras que amor y amar no guardan una sucesión cronológica): “las cosas del querer”, “querer es poder”… La profundidad del sustantivo “amor” y del verbo “amar” se nos representa, pues, mucho más vasta. Alguna relación guardará con el hecho de que la voz “amor” la pronunciaran ya los romanos, y la escribieran exactamente así, y con el mismo sentido que nosotros, y tiene, por tanto, miles de años. Su longevidad seduce, como la antigüedad de la palabra “rosa”. “Querer”, en cambio, procede en español de “quaerere” (tratar de obtener, buscar). Por supuesto, aquello que amamos intentamos obtenerlo (es decir, aquello que amamos lo queremos), pero el concepto de amor es previo al propósito de conseguirlo. En “querer” toma mayor importancia subliminal la búsqueda misma. La palabra amor se aplica a los sentimientos más sublimes: el amor a la patria, el amor a la profesión, el amor al trabajo, el amor a unos ideales, el amor a Dios (ningún cristiano reza “quiero a Dios y a la Virgen”, sino “amo a Dios y a la Virgen”; y pronuncia “mi amor hacia la Virgen”, no “mi querer hacia la Virgen”)… Todo lo cual nos convierte también, paradójicamente, en amantes de los conceptos y de los objetos más asexuados: uno puede ser amante de la historia, amante de los libros, amante de la naturaleza, amante de la música, amante del vino… Todos estos valores se hallan en el poder seductor del verbo “amar”, en el que caben todas las pasiones que ha conocido el ser humano desde que emplea esta palabra. Oír “te amo” propina un aldabonazo a quien lo escuche, bien se reciba la palabra en persona o bien como parte de un diálogo en la película que estamos presenciando.Y “te amo” supone una mayor responsabilidad en quien lo dice y en quien lo recibe. Mucho más que “te quiero”.


Referencia: La seducción de las palabras (Álex Grijelmo)

viernes, 29 de mayo de 2026

La persona desprendida

La persona que vive desprendida valora los bienes materiales en su justa medida, ni piensa que son malos, ni les concede una importancia que no tienen. Quien, en cambio, no se esfuerza en vivir así, acabará otorgándoles un valor mayor del que poseen y eso incidirá en sus decisiones, será poco realista, aunque aparezca ante otros como un auténtico hombre de mundo, que sabe moverse en ciertos ambientes. La persona sobria sabe disfrutar de una buena comida; la que no lo es, en cambio, otorga a ese placer una importancia de la que objetivamente carece.

La prensa creo un espacio público, en el que el ciudadano razonaba y era informado

La expansión de la prensa en el siglo XIX la convirtió en algo aún más universal que la novela realista, la estadística y el análisis social empírico. Con frecuencia semanal o diaria, los periódicos, gacetas y revistas ofrecían espacios de comunicación para toda clase de ámbitos, desde la publicación local al Times de Londres, que, a finales de siglo, recogía noticias de todo el mundo y, a la inversa, se leía en todos los continentes. Allí donde la prensa arraigaba, transformaba en seguida las condiciones de la comunicación política. La exigencia de libertad de prensa (la seguridad de poder expresar en público y de forma recurrente la propia opinión, sin ser castigado por ello) actuó en todo el mundo como un impulso transformador. La prensa fue la primera en crear algo parecido a un espacio público, en el que el ciudadano razonaba y, al mismo tiempo, afirmaba su derecho a ser informado. Los padres fundadores de Estados Unidos ya defendieron que solo un miembro bien informado de la comunidad sería capaz de cumplir bien con su responsabilidad cívica.
La prensa otorgó la mayoría de edad a los lectores en cuanto súbditos políticos y, cada vez con más frecuencia, intentó movilizarlos para sus propios fines. Entre mediados del siglo XIX y finales de la década de 1920 (cuando en Europa y Norteamérica la radio alcanzó a públicos más numerosos), la prensa dominó sin competencia.
Entre los rasgos típicos de la prensa del siglo XIX figura el carácter globalizado de sus organizaciones rectoras. Los grandes periódicos se sentían obligados a dar noticias de todo el mundo y, a la inversa, solamente podían acceder al círculo selecto las cabeceras capaces de ofrecer esa clase de noticias. Había un nuevo tipo de periodista, el corresponsal en el extranjero. Al principio, apenas se lo diferenciaba del corresponsal de guerra. El primer periodista que corrió de un escenario a otro para ir contando los levantamientos, sitios y batallas a los lectores de su país natal fue William Howard Russell, corresponsal de guerra del Times de Londres. Russell transmitió sus impresiones sobre la India, Sudáfrica y Egipto, sobre la guerra de Crimea, la guerra civil estadounidense y la guerra franco-prusiana de 1871. No era militarista ni, desde luego, partidario del imperialismo, y logró elevar el género del informe de guerra a una altura literaria que apenas se ha vuelto a alcanzar desde entonces. La figura típica que él creó se mantuvo, y el Times la cultivó en particular.