![]() |
| José Antonio Aguirre, en el centro sentado |
El 23 de Enero de 1942, Laurence Duggan, asesor de Asuntos Políticos con los secretarios de Estado Cordell Hull y Summer Welles, elabora el siguiente memorándum: “El doctor Aguirre, acompañado por el señor Ynchausti, me propusieron un plan para utilizar a las colonias vascas en la repúblicas sudamericanas para crear una actitud más receptiva con los respectivos gobiernos hacia la democracia”. Bajo el pomposo proyecto de crear una “actitud más receptiva hacia la democracia” se oculta el proyecto de poner en marcha un servicio de espionaje, operado por agentes vascos, con el objetivo de vigilar, controlar y perseguir a todos los partidos políticos, gobiernos, sindicatos, intelectuales, periodistas y militares comunistas y de otras ideologías que cuestionaran en Hispanoamérica el gobierno de los Estados Unidos.
Una buena parte de los agentes de la red de espionaje propuesta por Aguirre eran los 160 dirigentes del PNV y del Gobierno Vasco huidos a México, Argentina, Uruguay, Venezuela, Santo Domingo y otras naciones de América del Sur y un número similar de sacerdotes vascos. Dentro de sus cálculos entraba infiltrarse en los círculos del exilio español y mantener informados a los americanos de sus actividades. Pasan de pedir un Pais Vasco independiente, a engrosar la lista de espías para los servicios secretos de Estados Unidos, un país que en 1861 declaró una guerra de cuatro años a los estados del Sur para impedir que fueran independientes y que se anexionó los restos coloniales de España en Filipinas, Cuba, Puerto Rico e isla de Guam.En el seno del PNV se incubaron acciones contra aquellos que habían perdido la guerra y era compañeros de infortunio. Se persiguió a los partidos políticos de las democracias de Hispanoamérica, delatar los planes de los disidentes y vigilar a los exiliados. A la vez que el lendakari Aguirre no deja de preconizar la independencia del Pais Vasco, sus agentes se infiltran en los movimientos nacionalistas portorriqueños, filipinos, panameños, dominicanos y cubanos.
Referencia: Los mitos del nacionalismo vasco de José Diaz Herrera







