Según un estudio, publicado por los investigadores del Weill Cornell Medicine de Qatar en la revista científica BMJ Global Health, los ciudadanos no deberían beber agua embotellada. Su uso supone un enorme coste para la salud humana y el medio ambiente. Esto se debe a factores como la liberación de sustancias tóxicas, la degradación de ecosistemas y el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero.
A pesar de las advertencias, la industria del agua embotellada de plástico está experimentando un rápido crecimiento. Se compran aproximadamente un millón de botellas cada minuto, ya que casi 2.000 millones de ciudadanos no pueden acceder a agua potable segura en sus países. Sin embargo, aunque el agua del grifo se ha ganado una mala fama, es mucho más segura, puesto que no contiene contaminantes como microplásticos, bisfenol A (BPA) y ftalatos. Indica el estudio, estos contaminantes pueden interferir «con el funcionamiento normal de las hormonas reproductivas, las hormonas tiroideas y los receptores de glucocorticoides», especialmente durante las etapas embrionarias críticas. En el caso del BPA, se ha descubierto que está vinculado a una variedad de problemas de salud como hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad. Los investigadores señalan que los pacientes con microplásticos o nanoplásticos en muestras de placa carotídea presentaban "un mayor riesgo de infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares o muerte en los 34 meses posteriores", en comparación con aquellos sin presencia de microplásticos.
Los investigadores del Weill Cornell Medicine de Qatar recomiendan, siempre que sea posible, beber agua del grifo, ya que los microplásticos están presentes en el 78 % del agua embotellada.
Los investigadores del Weill Cornell Medicine de Qatar recomiendan, siempre que sea posible, beber agua del grifo, ya que los microplásticos están presentes en el 78 % del agua embotellada.








