jueves, 29 de octubre de 2026

Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio

En lugar de limitarse al tradicional debate entre la distribución gubernamental de la riqueza y el apoyo al libre mercado, los procesos electorales cada vez dan mayor importancia a cuestiones como la inmigración, la identidad nacional y la seguridad ciudadana. Este cambio en el paradigma perjudica a la izquierda. ¿Por qué? Pues porque como señaló David Goodhart, resulta más fácil que un partido de derechas dé un giro económico a la izquierda que el que uno de izquierdas dé un giro cultural a la derecha.Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio, un individuo que suele tender a lo conservador en lo cultural y al centro izquierda en lo económico. A los conservadores les resulta más sencillo, puesto que no están tan atados a la ortodoxia económica libertaria como lo están los partidos de izquierda a los valores culturales progresistas. Para el tipo de activista con estudios superiores que ha llevado las riendas en los partidos izquierdistas desde mayo del 68, las políticas identitarias y el multiculturalismo son dos caballos de batalla fundamentales. Sin embargo, se trata de ideas con un calado popular mucho menor que el de sus propuestas económicas, de ahí el atolladero en el que se encuentra el progresismo.
La corrección política tiene más poder en la izquierda que en la derecha. Muchos votantes conservadores en lo social podrán sentir antipatía por aquellos candidatos de sus filas que muestren un perfil más ecologista, pero ciertas disensiones de carácter progresista no van a hacer que la reputación de un candidato de derechas se ponga en entredicho, ni que su buen nombre acabe arrastrado por los suelos. Sin embargo, un político de izquierdas que tienda a la derecha en lo cultural, por ejemplo, que reclame una reducción de la inmigración o la abolición de la discriminación positiva, probablemente se encuentre con un aluvión de acusaciones de racismo y machismo en las redes sociales, escribe Eric Kaufmann, profesor de Política en la Universidad de Buckingham, miembro del Manhattan Institute. 


La experiencia de haber sido liberado verdaderamente

José Manuel Horcajo Lucas que “en la novela de Víctor Hugo Los miserables ha sido adaptada al cine, al teatro y a musicales en numerosas ocasiones. A mí la que más me gusta es la película del director Bille August. La primera escena del convicto Jean Valjean con el obispo de Digne es un clásico del cine. En esos primeros minutos del filme se ve al protagonista recién salido de la cárcel, después de diecinueve años de prisión, que se refugia de noche en una sencilla población. Está durmiendo en la calle cuando una ancianita le indica que no se quede ahí fuera, sino que llame a una determinada puerta. Resulta ser la casa del obispo de la ciudad. Este le invita a cenar e incluso a dormir en su casa a pesar del riesgo que supone un tipo como ese. Durante la noche, el expresidiario no puede vencer la tentación de robar la vajilla de plata del prelado e incluso le golpea mientras se escapa de la casa. Al día siguiente, los gendarmes franceses llaman a la puerta del obispo trasladando preso a Jean Valjean. “Le hemos pillado con plata robada”, comentan satisfechos. Pero ante la sorpresa de los gendarmes, el pastor se muestra amable con el ladrón y le trata como amigo explicando que esa plata se la ha donado él mismo, e incluso le ofrece más. Así pues, le dejan libre. Ante el asombro del confuso Jean Valjean, el obispo le dice con fuerza: –No olvide, no olvide nunca, que prometió convertirse en un hombre nuevo. –¿Por qué hace esto? –replica Jean. –Jean Valjean –concluye el anciano prelado–, mi hermano, ya no pertenece a la maldad. Con esta plata he comprado su alma, he pagado para rescatarle del miedo y del odio. Y ahora le devuelvo a Dios.”
“Con mirada penetrante, el pastor infunde esperanza en el corazón atormentado de aquella escombrera de hombre, que le devuelve la mirada frunciendo el ceño y con el asombro que implica haber sido amado sin merecerlo. Es la experiencia de haber sido liberado verdaderamente, para nunca más tener miedo. Ahí comienza la vida de un hombre libre, de un hombre nuevo. En la figura de esta persona dolida por su infortunio y sin esperanza de cambiar de rumbo, se puede contemplar a multitud de personas. Son historias concretas con una turbulencia y un drama que rara vez afloran.”

miércoles, 28 de octubre de 2026

El islam es uno de los principales desafíos del siglo XXI

Según un estudio de 2017 realizado por el Centro de Investigación Pew, los habitantes que se declaran musulmanes podría aumentar hasta el 18% en Francia, el 19% en Alemania e incluso el 30% en Suecia. Europa asiste a un declive constante del cristianismo. 
El islam es uno de los principales desafíos del siglo XXI. En palabras del escritor argelino Boualem  Sansal, “el Islam es, pues, el principal desafío para Francia, y lo será durante mucho tiempo”.
“Dominar el terreno y ocupar posiciones siempre ha sido una cuestión estratégica para el islam, afirma Lukas Wick. Más que los corazones, la vocación del islam consiste en conquistar territorio. No hay que olvidar que los grandes paises musulmanes en términos de población no se encuentran en Oriente Próximo, sino en Asia o en el Africa subsahariana.” Indonesia cuenta con 240 millones de musulmanes, Pakistán con 200 millones, la India con 195 millones, Bangladesh con 150 millones y Nigeria con 100 millones. 
 

Las marcas siempre han querido vender estatus

Las marcas siempre han querido vender lo mismo, el estatus. Durante el siglo XX y principios del siglo XXI el estatus era, principalmente, material, y sus promesas eran dinero, poder y sexo; cuando se trataba de estatus moral, se vinculaba a la libertad. El vaquero de Marlboro o el conductor de un Jeep Cherokee eran role modelo, lideres que se habían desprendido de sus ataduras y llevaban las vidas que otros no podían o no se atrevían a llevar. Ahora, las empresas dicen que son buenas, que protegen al planeta y a las minorías que, si compramos su producto, participara el comprador de su bondad, adquirirá un salvoconducto ético que le tranquilizará y le identificará ante los demás. El estatus material no ha desaparecido, sino que se ha disfrazado; si te haces con un coche eléctrico estás  comprando un producto elitista, más caro que un diésel o un gasolina, pero en un tiempo en que el consumo material está mal visto, la marca te ofrece un camuflaje ético.


Referencia: El malestar de las élites y la revolución de la agenda de Juande González

El amor no se cobra ni se compra

El hombre no ha sido creado para ser esclavo, sino para dominar la Creación. Así lo dice el Génesis. Nadie ha sido hecho para llevar una vida apagada, estrecha y constreñida a un espacio reducido, sino para vivir a sus “anchas”. Por el simple hecho de haber sido creado a imagen de Dios, los espacios limitados le resultan insoportables y guarda en su interior una necesidad irreprimible de absoluto e infinito.
El hombre ha sido creado por amor y para amar, y solo puede hallar la felicidad amando y siendo amado. Un amor que proceda de la coacción, del interés o de la simple satisfacción de una necesidad no merece ser llamado amor. El amor no se cobra ni se compra. 


Referencia: La libertad interior de Jacques Philippe

martes, 27 de octubre de 2026

Al andar se hace camino, pero al amar se hace vida

Camino del Rocio
Amar es lo más libre y lo más originario de nuestra libertad, y si nadie puede hacerlo por nosotros mismos, y si resulta que es tan nuestro que no tiene justificación, y si además sólo mi querer da lugar a lo que quiero, ¿cómo es posible que no exista una acción que la identifique? Nadie puede decir “mira, ese está amando”.
Amar no es un decir, ni andar, ni cocinar, sino el origen primerísimo de cómo y por qué cocinamos, andamos o besamos o cualquier acción que se nos ocurra. El amor es la causa de esas acciones que son el fruto irremplazable de lo que hacemos por el simple y fascinante hecho de quererlo. ¿Es amar cocinarle a alguien una comida? Y la respuesta es clara, no. Pero es que si nos quedásemos ahí no llegaríamos a ver la profundidad de nuestra libertad y nuestro querer, que amar no es una acción sino el origen inaugural de todo lo que hacemos y podemos ser por y para otro. Se cocina con amor, se besa con amor, se anda con amor.
El amor se hace y que hacer el amor es lo más propio de él, pero no porque sea una acción específica, sino porque es la fuente de todo lo que podemos y queremos hacer desde nosotros hacia y para quienes amamos. El amor es algo más propio del hacer que del pensar, el decir o el sentir. Porque al andar se hace camino, pero al amar se hace vida, y porque decir “te quiero” está bien, pero hacer el amor está mucho mejor, escribe Enrique Anrubia, profesor de Antropología Filosófica. 


Criterio es el antídoto contra la ingenuidad

Al dejar de importar lo que merece atención, nos adentramos en un síndrome de levedad que pavimenta el fin del proyecto donde aquello que es relevante no depende exclusivamente de las implicaciones que tiene hacia uno de nosotros en particular, sino al grupo de aquellos con quienes hacemos sociedad. Ese proyecto es la civilización.
En el fin de la modernidad, valoramos los principios de conciencia política mediante actos donde se aplaude a los aplaudidores, como si el rechazo al pensamiento crítico y contrario implicara alguna valentía. Como si la democracia y el conjunto fuese un asunto de focas en acuario.
Podemos decir que criterio es el antídoto contra la ingenuidad, escribe Maruan Soto Antaki, escritor mexicano.