domingo, 15 de marzo de 2026

Dios puso límites a la influencia directa del diablo

Zimbardo
Philip Zimbardo escribe en El efecto Lucifer que “Dios puso límites a la influencia directa del diablo sobre la humanidad por haber corrompido a Adán y Eva. La solución del diablo fue llevar a cabo sus maldades usando a los brujos y las brujas como intermediarios con las personas a las que quería corromper.”
Zimbardo fue profesor en la Universidad de Yale, en la Universidad de Nueva York y en la Universidad de Columbia y dio clases en la Universidad de Stanford desde 1968 hasta su retiro. 

Yo lo he visto, afirma el ciudadano cuando lo que realmente ha visto es algo elaborado artificialmente

En España, si analizamos el conflicto catalán, debemos cuestionarnos sobre cuál es la dimensión de las mentiras establecidas y las manipulaciones legitimadas de los dos bandos en el conflicto y cuál es la construcción de la realidad en el doble eje independentismo/españolismo. ¿Cuáles son las verdades y cuáles las mentiras de ambos lados? Se ha comprobado que alrededor de los hechos acaecidos en Cataluña con motivo del referéndum de independencia del 1 de octubre de 2017 se fusionaron imágenes reales con imágenes falsas. Ésta es una práctica muy habitual en un mundo como el de hoy que no coloca significativas barreras para la manipulación de imágenes digitales. El resultado es que el usuario de redes, el espectador de televisión, no toma conciencia del engaño, desconoce que le están mintiendo. Existe una tendencia a creer en la verosimilitud de lo audiovisual por mostrarse como una testificación, una demostración de que algo de verdad está sucediendo. “Yo lo he visto”, afirma el engañado ciudadano cuando lo que realmente ha visto no es sino algo construido, elaborado artificialmente, un relato creado ad hoc para servir los intereses ideológicos de un sector u otro. Una mentira…. En la generación de esta falsedad, el miedo es una de las herramientas fundamentales. El miedo al diferente y la expulsión de lo distinto están presentes en muchos de los relatos de posverdad que tenemos en la actualidad, en diferentes contextos, distintos países y situaciones diversas. El recurso al miedo como factor emocional clave en la generación de posverdad en numerosos partidos políticos europeos. El miedo es especialmente efectivo en las redes, donde se combina con la familiaridad. Una relación de proximidad entre sujeto y origen de la información le otorga verosimilitud a los relatos. Cuando una información falsa compartida en las redes sociales procede de alguien que nos resulta cercano, su credibilidad aumenta de forma exponencial. En este contexto, entendemos la familiaridad como la proximidad que mantienen sujeto y fuente de información no necesariamente desde el punto de vista del parentesco, sino también desde su conexión ideológica o desde la pertenencia a un mismo grupo de afinidad. Que la fuente de una información falsa tenga algún tipo de conexión o relación de similitud con nosotros, o si pertenece a nuestro mismo grupo, hace que sintamos una relación de identificación con ella. A la vez, sentirnos identificados con la fuente de la información es también un poderoso motor de verosimilitud y de legitimación de la mentira, escriben David García-Marín y Roberto Aparici.

sábado, 14 de marzo de 2026

En el hombre la libertad es la facultad de la voluntad de conducirse rectamente por amor a la rectitud


La filósofa Victoria Camps cuenta que “la libertad no se define por el poder de pecar o no pecar. Su modelo es la libertad divina. En el hombre es la facultad de la voluntad de conducirse rectamente por amor a la rectitud. Esa razón de libertad define su naturaleza, que no puede perderse. Lo contrario sería una libertad sin la razón de ser libertad. El hombre libre pudo no haber pecado. Después del pecado no pierde el libre albedrío, pero es inoperante sin la gracia. La voluntad de rectitud y justicia, perdida, no se recupera a voluntad. La voluntad para la rectitud no se puede perder, es la esencia misma de la voluntad. Ningún impedimento exterior afecta a la naturaleza de la voluntad, que será siempre voluntad. Nada ni nadie, ni Dios mismo, puede hacer desaparecer el querer la verdad-rectitud-justicia, porque ello equivaldría a hacer que la voluntad no fuera voluntad. O querer Dios que la voluntad quiera otra cosa distinta de la que quiso que quisiera al hacerla voluntad (De li. arb., 8). Lo que la voluntad pierde lo hace voluntariamente, no a pesar suyo. Quien por librarse de morir miente, no miente por necesidad. El hombre torturado a la fuerza nunca podrá ser forzado a querer ser torturado.”
“La voluntad está sobre la tentación, aunque sea vencida por ésta. Cuando la voluntad quiere el pecado traiciona la rectitud, se aparta de la justicia y queda imposibilitada para recuperarla por sí misma. Así como ninguna voluntad.”

La existencia de todas las sociedades modernas depende de la producción de bienes públicos

Elizabeth Warren de un video de Youtube que se hizo viral. Esto fue lo que dijo Warren: “Nadie en este país se hace rico por sí solo. Nadie. Si construiste una fábrica aquí, me alegro por ti. Pero voy a dejarlo claro. Tú transportabas tus bienes por carreteras que pagamos todos los demás. Contrataste empleados cuya educación pagamos todos los demás. Estabas seguro en tu fábrica gracias a los cuerpos de policía y bomberos que pagamos todos los demás. No tenías que preocuparte porque bandas de ladrones vinieran a llevarse todo lo que hubiera en tu fábrica.” 
Warren está apuntando a otra forma crucial de cooperación, la producción de bienes públicos. Ciertos elementos como las carreteras, la educación pública, el orden público o la defensa colectiva crean enormes beneficios que comparten todos los miembros de una sociedad moderna, contribuyan o no a los costes de producción de dichos bienes. Esto lleva a la gente a aprovecharse, a recibir los beneficios de los bienes públicos sin contribuir a su producción. Para algunos bienes como las carreteras, la educación y la defensa colectiva, los estados tienen instituciones (como los impuestos y el reclutamiento militar) que, respaldadas por sanciones penales, están diseñadas para impeler a la gente a contribuir; pero para otros bienes la contribución es voluntaria. La existencia de todas las sociedades modernas depende de la producción de bienes públicos.


viernes, 13 de marzo de 2026

Lo que Napoleón decidió contra los cautivos españoles resulta estremecedor

Napoleón
Napoleón decía de si mismo: “Un hombre como yo, es un dios o un diablo”. Metternich ( Coblenza, 15 de mayo de 1773-Viena, 11 de junio de 1859) decía hablando de Napoleón: “Gran Dios, cuántos reproches debe hacerse este hombre que, en un vano sentimiento de falsa gloria, sacrifica la sangre de millones de hombres.¿Como después de contemplar semejante espectáculo no retrocede de horror ante sí mismo?”
Lo que Napoleón decidió contra los cautivos españoles, algunos de ellos héroes tan admirados por sus enemigos como Palafox, resulta estremecedor. Relata un prisionero inglés que tuvo ocasión de verlos: “Lo peor tratados son los españoles, a quienes Napoleón no reconoce el estatuto de beligerantes. Por los caminos de España y de Francia se arrastran sus tristes cortejos. Atados como esclavos en el mercado, medio muertos de hambre y fatiga, sin calzado, los pies desgarrados, se les obliga a avanzar a palos y matan a tiros a los que se retrasan. Los que llegan a Francia mueren de hambre y sufrimiento en los trabajos forzados. Resulta increíble lo que hacen con ellos si enferman y les llevan a un hospital francés; se niegan a tratarles y de cada cien que entran no salen ni dos. No exagero; lo que digo es exacto.”
Las dos personas que más odiaron a Napoleón y que con más entereza lucharon contra él fueron la reina de Prusia y la de Nápoles. María-Carolina, despojada y perseguida por Napoleón con verdadero ensañamiento, acababa de llegar a Viena tras un largo calvario de huidas y fustigaciones, y su reacción ante la presencia en la corte del hijo de Napoleón fue una manifestación de verdadera debilidad por el niño en el que volcó cariño y mimos. La reina de Nápoles falleció poco después.
María-Carolina era una mujer con enormes defectos y también con cualidades notables, fue la única en reprochar a María Luisa haber abandonado a Napoleón en la derrota: “ El puesto de una mujer está con su esposo, mucho más en la desgracia, tu deber es huir y acudir a su lado”. Para entonces María-Carolina era una pobre vieja destronada y ¿quien hace caso de los consejos y admoniciones de un fracasado, cuando la opinión de todos los demás coincide con nuestros deseos?

Referencia: Perfiles humanos de Juan Antonio Vallejo-Nágera.

Famoso por ser famoso

En las redes sociales, el antiguo vinculo entre excelencia y prestigio puede romperse más fácilmente que nunca, por lo que, al seguir a las influencers que han cobrado fama por lo que hacen en el mundo virtual, los jóvenes suelen aprender formas de hablar, comportarse y exteriorizar sus sentimientos que pueden ser contraproducentes en una oficina, en casa o en otro entorno del mundo real. El auge de los medios de comunicación de masas en el siglo XX inicio esta disociación entre excelencia y prestigio. La expresión “famoso por ser famoso” se popularizó en la década de 1960, cuando fue posible que una persona corriente fuese conocida por el gran público, no por haber hecho algo importante, sino porque la habían visto millones de personas en televisión y después se habló de ella en unos cuantos ciclos de noticias.
Las redes sociales basadas en el prestigio han hackeado uno de los mecanismos de aprendizaje más importantes para los adolescentes, al distraer su tiempo, atención y comportamiento imitativo de una variedad de modelos de conducta con los que podrían desarrollar una relación de tutoría que los ayudaría a prosperar en sus comunidades del mundo real. En su lugar, desde el principio de las década de 2010, millones de chicas de la generación Z dirigieron colectivamente sus sistemas de aprendizaje más potentes a un pequeño número de mujeres cuya excelencia parece residir en acumular seguidores sobre los que ejercer su influencia.
Los trece años, la edad mínima actual para abrir una cuenta en las redes sociales (criterio que no siempre se cumple), es demasiado baja. Los niños de trece años no deberían ver infinitas publicaciones de influencers y otros desconocidos cuando su cerebro es tan receptivo y está buscando ejemplos en los que fijarse. Deberían estar jugando, sincronizándose y pasando el rato con sus amigos en persona, y así dejar espacio en los que les entra por los ojos y los oídos el aprendizaje social proporcionado por sus padres, profesores y otros modelos de conducta de su comunidad, escribe Jonathan Haidt, profesor de Liderazgo Ético en la Universidad de Nueva York.

jueves, 12 de marzo de 2026

Nos acercamos peligrosamente a un pastiche cultural

Llegó la globalización, escribe Gabriela Bustelo, esa abrumadora interconexión planetaria que empezó en 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió el continente americano, inaugurando la Edad Moderna. Y que culminaron Steve Jobs y Bill Gates, con el teléfono inteligente y el ordenador personal, capaces de acoplar en tiempo real a 8.000 millones de personas. Esa pequeña computadora portátil, el teléfono inteligente que Steve Jobs presentó al mundo en 2007, cinco años antes de morir, es hoy un artefacto cotidiano que parece que siempre estuvo ahí, cuando de hecho es el tótem tecnológico, informativo y cultural de la era ciber. Resulta prácticamente imposible conjeturar nuestros tiempos sin internet, ni móviles, ni redes sociales. Pero viniendo del siglo del modernismo literario, el diálogo interior, la narración fragmentada y la autoficción, del siglo de Freud, Picasso, Foucault, Wittgenstein, Curie, Beauvoir, cabe preguntarse, ¿cuál es la situación de la cultura? 

En 2014 el periodista estadounidense Carl Taro Greenfeld publicaba en el New York Times que “nunca como en el siglo XXI ha sido tan simple aparentar saber tanto sin saber realmente nada”, cosa que relacionaba con el modelo de interacción frenética de las redes sociales, que obliga a demostrar las veinticuatro horas al día que no se es analfabeto. “Nos acercamos peligrosamente a un pastiche cultural que en realidad es un nuevo modelo de incultura”, avisaba el periodista antes de confesarse un impostor cultural que también ha sucumbido al maleficio de alardear de conocimientos en las redes.
Esta perspectiva arrolladora llevaría a plantear que nos hallemos ante una transmutación de la noción occidental de cultura. De hecho, la era cíber en tanto que democracia digital permite a los siete millones de dueños de un teléfono inteligente decidir qué consideran cultura y en qué formato quieren recibirla. En este proceso de autoculturización, la labor del prescriptor cultural clásico, el adorado intelectual del siglo XX, sería innecesaria o sustituible por la de una estrella mediática con pódcast en YouTube. A juzgar por estos nuevos parámetros, la cultura posterior a la revolución informática no va a ser la que ha sido hasta ahora.