domingo, 1 de noviembre de 2026

Todo es un misterio; hay un misterio de Dios en todo


Pobre gente
fue la primera obra del novelista ruso Fiódor Dostoyevski:

-El suicidio es verdaderamente el mayor pecado humano…..Pero solo Dios puede juzgarlo, porque solo El lo sabe todo, cada objetivo y medida. Ciertamente debemos orar por quienes así pecan. Si oyes hablar de ese pecado, reza fervientemente por ese pecador antes de acostarte, y si suspiras a Dios por él, aunque solo sea una vez, aunque no conocieras en absoluto al pecador, con tanta mayor diligencia tu oración será escuchada. 

  • ¿Pero en que puede ayudarle mi oración si ya está condenado?
  • ¿Qué sabes tu de eso?….¿O cómo crees que se siente el que no tiene quien rece por él? Por eso, cuando reces tu oración antes de irte a dormir, añade al final las palabras, ten piedad, Señor, incluso de todos aquellos que no tienen quien rece por ellos”

…………..-Un anciano debe estar siempre contento, y debe morir en plena claridad de su mente, dichoso y digno, suspirando saciado de sus días hacia su última hora, y regocijándose, como una espiga de maíz va a la gavilla, y cumpliendo su misterio.

-Dice “misterio” de nuevo; ¿que significa eso de “cumplir su misterio”, le pregunté…

-¿Que es un misterio? Todo es un misterio, amigo; hay un misterio de Dios en todo. Este mismo misterio está encerrado en cada árbol, en cada mota de polvo. Que un pajarito cante, que la multitud de estrellas titilen en el cielo por la noche, todo es un mismo misterio, puedes estar seguro de ello. 

El conocimiento se convierte en dudas si todo no se apoya en una fe última. La fe y la oración son lo que sostiene toda la existencia humana. Y la ciencia debe vivir dentro de este conjunto, como una fuerza especial dentro de él; al igual que la naturaleza no existe aislada, sino en Dios, escribirá Romano Guardini.


La hipocresía del feminismo contemporáneo

La hipocresía del feminismo contemporáneo es flagrante. Se rasgan las vestiduras defendiendo el derecho de las mujeres musulmanas a llevar el velo en España, pero guardan un silencio cómplice frente a los regímenes islámicos donde el velo no es una opción, sino una imposición bajo amenaza de castigo. El objetivo real de estas feministas no es la mujer, sino la destrucción de la tradición cristiana, la única que ha garantizado en la historia la verdadera igualdad y dignidad de la mujer. No buscan la defensa de la mujer, sino la imposición de una ideología que promueve el odio a los valores cristianos. Se han convertido en las aliadas de una cosmovisión que esclaviza a la mujer en lugar de liberarla.
En Occidente las mujeres tienen la libertad de elegir gracias a la tradición cristiana que, durante siglos, ha construido los cimientos de una sociedad que defiende la dignidad humana. Frente a esto, el islam, carente de un magisterio sólido y uniforme, es susceptible a interpretaciones extremas que muchas veces han llevado a la opresión de la mujer. Mientras que la Iglesia Católica ha sostenido la dignidad de la mujer con un corpus doctrinal firme y claro, el islam se desenvuelve en un mar de subjetividades que, en múltiples ocasiones, han desembocado en normas y costumbres profundamente injustas y discriminatorias.


sábado, 31 de octubre de 2026

Con el auge de la libertad como bien supremo, la verdad ha sido desplazada a la región de la intolerancia

El sueño de Claudia, la esposa de Pilato
En la relación entre verdad y política Ratzinger ilustra su discusión recurriendo a la pregunta planteada por una futura más lejana pero decisiva en la historia del cristianismo, el gobernador Poncio Pilato. Ante Pilato, Jesús se presenta como el Rey de un Reino que no es de este mundo y como alguien que ha venido al mundo “para ser testigo de la verdad”. Frente a este aspecto negativo del concepto ( un reino sin poder militar), Cristo “pone un concepto un concepto positivo para hacer comprensible la esencia y el carácter particular del poder de este reinado, la verdad”. Para Pilato la esencia de un reinado es el poder, la autoridad; para Jesús, la verdad. En vista de ello, “el pragmático Pilato preguntara ¿Qué es la verdad?”
“El relativismo resulta por completo inadecuado como fundamento general para vivir. Pues donde el relativismo se piensa y se vive de modo consecuente, y no se apoya en silencio en en una certeza final de la fe, acaba por reducirse al nihilismo, o erigir el positivismo en poder que regula todo”.
Con el auge de la libertad como bien supremo, la verdad ha sido desplazada a la “región de la intolerancia y de lo antidemocrático”, o bien como expresión del fundamentalismo. Esto significa que “ el concepto moderno de democracia parece estar indisolublemente unido con el relativismo, que se presenta como la verdadera garantía de la libertad, especialmente de la libertad esencial, la libertad religiosa y de conciencia”.


La cosmovisión secular que impregna nuestra cultura es todo ilusión

Casi todos los días, de una manera u otra, todos nos enfrentamos a la cosmovisión secular que impregna nuestra cultura. Es atractiva y persuasiva, se presenta como abierta y respetuosa de las diferentes perspectivas. Se presenta como algo que enriquece tanto a la sociedad como a los individuos al permitir la coexistencia de una variedad de estilos de vida. Esta diversidad mejora la elección sin imponerle a nadie una opción en particular; se la vende como un enfoque práctico para vivir en una sociedad pluralista, ya que promueve la paz, la justicia, la libertad, la igualdad y los derechos humanos. Permite a las personas tomar sus propias decisiones en cuestiones como el divorcio, el aborto, las relaciones entre personas del mismo sexo, la anticoncepción, la eutanasia, las cuestiones transgénero, la promiscuidad, el consumo de drogas y más. Esta visión se considera a menudo madura y crítica, ya que nos anima a determinar nuestro propio sentido del bien y del mal. Al mismo tiempo, esta visión del mundo tiende a responsabilizar al cristianismo, y en particular a la Iglesia católica, de muchos de los defectos de la civilización occidental. La religión es poco más que superstición, y los cristianos son intolerantes, dogmáticos y de mente estrecha. La Iglesia es arrogante porque reivindica el acceso exclusivo a la verdad. Según esta visión del mundo, los grandes logros de la civilización sólo se consiguieron una vez que la sociedad se liberó del oscurantismo del control de la Iglesia. El paraíso que promete esta cosmovisión es una ilusión y no puede brindar la verdadera felicidad. Al final, sólo Cristo puede satisfacer los anhelos más profundos del corazón humano.
El individualismo expresivo se basa en la autonomía personal, la autoexpresión y el relativismo moral. Cada uno de nosotros tiene derecho a definir su propio concepto de existencia, significado y verdad. Si bien el individualismo expresivo promete libertad y plenitud, socava el marco moral compartido necesario para la cohesión social y comunitaria. Su énfasis en la autodefinición subjetiva a menudo entra en conflicto con sus propios objetivos de igualdad e inclusión, ya que la ausencia de normas morales objetivas dificulta la resolución de disputas éticas o la protección de los vulnerables. Esto, a la larga, erosiona las dimensiones sociales y espirituales de la vida humana, dejándonos desconectados y nuestras comunidades fragmentadas.
Nuestras inclinaciones más profundas hacia la verdad, la bondad y el amor no son arbitrarias, sino que tienen su raíz en un orden divinamente ordenado. En contraposición al individualismo expresivo, la ley natural reconoce que la naturaleza humana y su propósito último no son autodeterminados, sino dados; fundamenta los principios morales en la realidad de lo que significa ser humano. En consecuencia, la ley natural proporciona un marco estable para discernir el bien del mal, guiar a los individuos en la virtud, fortalecer las comunidades y construir sociedades que promuevan el bien común.


Referencia: Paradise Cancelled de Anthony Schratz

viernes, 30 de octubre de 2026

A la inteligencia artificial le falta la inteligencia general y la conciencia de su existencia

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico del Centro de Neurociencia de Sistemas de la Universidad Británica de Leicester y descubridor de las neuronas Jennifer Aniston, afirma que “mucha gente siente miedo de los avances de la inteligencia artificial, porque creen que se van a replicar escenarios distópicos como el de la película de ciencia ficción Terminator. Pero, muy al contrario, la inteligencia artificial ofrece muchas ventajas. Puede ayudar en análisis médicos, por ejemplo. No va a reemplazar a un médico, pero puede servir como una herramienta para analizar imágenes o estudios. Hace unos años nos sorprendía que la IA pudiera ganarles a los mejores ajedrecistas del mundo. Pero hoy los mismos ajedrecistas utilizan IA para aprender a jugar ajedrez o mejorar. Como con toda tecnología, a la IA se le puede dar un buen o mal uso. Es el hombre el que decide.
A la IA le faltan dos cosas. Primero, le falta lo que se conoce como inteligencia general, que es la capacidad de aprender nuevas tareas en contextos totalmente novedosos y sin entrenamiento. Es algo que nosotros hacemos todo el tiempo; nos enfrentamos a situaciones que son nuevas, usamos el sentido común y sabemos cómo reaccionar. Explicado de manera más sencilla, para replicar la inteligencia humana, a la IA le falta desarrollar un sentido común que todavía no tiene y no sabemos cómo dárselo. Lo otro que le falta es la conciencia de su existencia, que nosotros sí tenemos. La inteligencia artificial se limita a procesar patrones estadísticos sin poseer una experiencia subjetiva ni un mundo interior.


El hombre debe aprender a pensarse a sí mismo como un ser limitado y dependiente

Los griegos nunca atribuyeron valor al sufrimiento en sí, como hacen ciertos enfermos en nuestra época. La palabra elegida para designar el sufrimiento es πάθoς, que evoca sobre todo la idea de padecer más que la de dolor. El hombre debe padecer lo que no quiere, debe encontrarse sometido a la necesidad. Las desgracias dejan heridas que sangran gota a gota hasta en el sueño; y así poco a poco adiestran al hombre por violencia y lo disponen a pesar suyo a la sabiduría, la cual se define por la moderación. El hombre debe aprender a pensarse a sí mismo como un ser limitado y dependiente; sólo el sufrimiento puede enseñárselo, escribe la filósofa Simone Weil.


jueves, 29 de octubre de 2026

Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio

En lugar de limitarse al tradicional debate entre la distribución gubernamental de la riqueza y el apoyo al libre mercado, los procesos electorales cada vez dan mayor importancia a cuestiones como la inmigración, la identidad nacional y la seguridad ciudadana. Este cambio en el paradigma perjudica a la izquierda. ¿Por qué? Pues porque como señaló David Goodhart, resulta más fácil que un partido de derechas dé un giro económico a la izquierda que el que uno de izquierdas dé un giro cultural a la derecha.Los partidos de izquierdas no son capaces de abrirse hueco en esa amplia franja del electorado en el que reside el votante medio, un individuo que suele tender a lo conservador en lo cultural y al centro izquierda en lo económico. A los conservadores les resulta más sencillo, puesto que no están tan atados a la ortodoxia económica libertaria como lo están los partidos de izquierda a los valores culturales progresistas. Para el tipo de activista con estudios superiores que ha llevado las riendas en los partidos izquierdistas desde mayo del 68, las políticas identitarias y el multiculturalismo son dos caballos de batalla fundamentales. Sin embargo, se trata de ideas con un calado popular mucho menor que el de sus propuestas económicas, de ahí el atolladero en el que se encuentra el progresismo.
La corrección política tiene más poder en la izquierda que en la derecha. Muchos votantes conservadores en lo social podrán sentir antipatía por aquellos candidatos de sus filas que muestren un perfil más ecologista, pero ciertas disensiones de carácter progresista no van a hacer que la reputación de un candidato de derechas se ponga en entredicho, ni que su buen nombre acabe arrastrado por los suelos. Sin embargo, un político de izquierdas que tienda a la derecha en lo cultural, por ejemplo, que reclame una reducción de la inmigración o la abolición de la discriminación positiva, probablemente se encuentre con un aluvión de acusaciones de racismo y machismo en las redes sociales, escribe Eric Kaufmann, profesor de Política en la Universidad de Buckingham, miembro del Manhattan Institute.