lunes, 23 de marzo de 2026

Hay que devolver competencias a los ciudadanos, para que éstos puedan organizar su vida, libres de la nefasta fiebre intervencionista

Hay que establecer el equilibrio de poderes y los controles mutuos, a promover una eficaz representación, implantar adecuados mecanismos de selección de los gobernantes, impedir la confusión entre lo público y los intereses privados, eliminar los privilegios, garantizando unas instituciones neutrales, y reinstaurar la independencia de la justicia. Transformaciones que garanticen una actuación pública basada en la igualdad de oportunidades y el trato impersonal, fomentando los descritos valores de honradez, mérito y esfuerzo. La solución pasa por racionalizar el caótico y oneroso sistema autonómico, garantizando que la distribución de competencias responda a criterios de economía y eficacia. Las autonomías deben derogar de una vez esa colosal montaña de leyes, normas y regulaciones que impone enormes trabas a los emprendedores, dificultando la innovación, el comercio interior y la creación de empleo. En definitiva, devolver muchas de sus competencias no ya al Estado, sino a los ciudadanos, para que éstos puedan organizar su vida, libres de esa nefasta y asfixiante fiebre intervencionista.


El mero acto de comer juntos refuerza el vínculo

La actividad más importante que une a las personas es comer. En la mayoría de los días festivos y ritos de paso hay un banquete, o al menos una comida compartida, a menudo con alimentos concretos para ese día. Cuando se junta la familia o los amigos, deben comer juntos, y ésta es una de las costumbres humanas más extendidas, las personas que comparten el pan tienen un vínculo. El mero acto de comer juntos refuerza ese vínculo y reduce la posibilidad de conflicto. Esta es una deficiencia que el mundo virtual nunca podrá superar, por mucho que mejore la tecnología de realidad virtual.

Referencia: La generación ansiosa de Jonathan Haidt


domingo, 22 de marzo de 2026

Un concepto fundamental para comprender la agresividad del nazismo es el conocido como Lebensraum o espacio vital

Lebensraum o espacio vital
Una de las causas que nos permiten comprender el estallido de la Segunda Guerra Mundial es, sin duda, la puesta en práctica de políticas nacionalistas expansionistas muy agresivas por parte de las potencias del Eje: Alemania, Japón e Italia. En el caso alemán, el principal sustento teórico de su expansión era la gran cantidad de alemanes que, tras la reordenación fronteriza del Tratado de Versalles, habían quedado fuera de su nación; en particular en países como Austria, Polonia y Checoslovaquia. Además, un concepto fundamental para comprender la agresividad del nacionalismo nazi es el conocido como Lebensraum o espacio vital, acuñado en el siglo XIX por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel. Esta idea establecía que era necesaria una correlación entre la población y el espacio que ocupaba una nación, puesto que, si esto no era posible, dicha nación no podía satisfacer las necesidades de sus habitantes. Así, Adolf Hitler utilizó este concepto para justificar su política expansiva, que comenzó con el Anschluss o anexión de Austria para luego ocupar Checoslovaquia y, finalmente, invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939 y dar inicio, con ello, a la Segunda Guerra Mundial. 
Nacionalsocialistas alemanes estaban obsesionados con que su país no tenía tierras suficientes para alimentar a su población, por lo que consideraban necesario ampliar territorios mediante conquistas, sobre todo en el este. Más allá de las teorías de Ratzel, Hitler utilizó además términos biológicos para establecer la necesidad de expandir la nación alemana hacia el este. El expansionismo era necesario para garantizar la supervivencia de la raza aria, identificada con el Estado alemán, y eliminar a las razas inferiores, como la eslava, que podían contaminarla. Esta teoría fue puesta en práctica de forma definitiva con la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941.

Referencia: Breve historia de los nacionalismos (Iván Romero)

En la Europa medieval la vida intelectual estaba dominada por las universidades

En la Europa medieval, más que en ninguna época posterior, la vida intelectual estaba dominada por las universidades. Las únicas instituciones que, además de esta, se ocupaban de la educación superior eran las escuelas de las órdenes religiosas, en gran parte extensiones del sistema universitario, que impartían el mismo tipo de enseñanza a fin de elevar el nivel intelectual de sus miembros. En términos generales, si un hombre deseaba adquirir una formación que le permitiera ocuparse de la filosofía, las ciencias, las matemáticas o la teología o un mayor conocimiento de las profesiones legales (que en la mayor parte de Europa significaba el Derecho Civil o Romano), o de la medicina, tenía que asistir a una universidad. Hubo excepciones notables, tales como Dante o Chaucer, por ejemplo, pero estos poseían ambos un nivel de conocimientos extraordinarios para un autodidacto, lo cual ha llevado a los eruditos a especular acerca de la posibilidad de que hubieran asistido a la Universidad, aunque haya datos en contra. Los países de Europa meridional y occidental estaban bien provistos de universidades a principios del siglo XIV. En Italia eran famosas las de Bolonia, Padua y varias otras; en España, la de Salamanca; Francia contaba con las de París y Montpellier y varias más; Inglaterra con las de Oxford y Cambridge. En Alemania y Europa central no existió ninguna hasta que el mecenazgo de los príncipes llevó a la fundación de la de Praga (1347) y Cracovia (1364), Viena (1365), Heidelberg (1385) y varias más durante el siglo siguiente. Pero el mundo universitario era cosmopolita, y alemanes y neerlandeses asistían en elevado número a la Universidad de París y a otras. El número de hombres con formación universitaria era elevado por aquel entonces, tanto entre los eclesiásticos como entre los laicos. Formaban una elite intelectual e internacional de graduados muy claramente diferenciada. 
El propósito de la educación universitaria era poner al estudiante en contacto con ciertos textos cruciales y enseñarle a pensar metódicamente sobre ellos. Las universidades estaban esencialmente dedicadas al ejercicio y desarrollo de la facultad de pensar.

La vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro

Decía el papa Francisco en Fratelli Tutti que “hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente……..ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor”.
“La sociedad se encamine a la prosecución del bien común y, a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano…. La existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás. La vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro.”

sábado, 21 de marzo de 2026

Son los intelectuales y no las masas quienes sirven de apoyo al socialismo

Si en los años ochenta del siglo pasado la Escuela Austríaca se convirtió en una alternativa al socialismo de todas las cátedras fue porque los muchos millones de personas que padecieron la experiencia del socialismo real contribuyeron con su testimonio disidente o con su hambre y su desengaño a la caída del Muro y la ruina de la URSS. El socialismo había fallado desde el principio. Fue la experiencia del socialismo la que desprestigió la idea. Salvo, claro está, en eso que Mises llama “la clase media intelectual”. Como cualquier otra gran idea, el socialismo ha penetrado en las masas a través de la clase media intelectual. No es el pueblo, no son las masas las que primero han sido ganadas para el socialismo. Son los intelectuales los que han sido conquistados por el socialismo. Son estos y no las masas quienes sirven de apoyo al socialismo.

Referencia: Memoria del comunismo (Federico Jiménez Losantos)

Sufrir soledad

Son varios los estudios que relacionan el uso intensivo de redes sociales con una mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental, lo que supone un factor de riesgo para la soledad. Atendiendo a la variable de sexo, las mujeres se sienten más solas (21%) que los hombres (18%), especialmente a partir de los 55 años, donde la diferencia entre ellas y ellos alcanza hasta 7 puntos porcentuales, mientras que es mínima en la etapa de la juventud.
Un estudio de 2022 realizado en 30 países muestra algunos matices a esta relación entre vivir solo y sufrir soledad. La investigación (que se centra en personas de más de 65 años) señala que efectivamente los casados son los menos solitarios, seguidos de los solteros por elección, mientras que tienen más riesgo de soledad no deseada los viudos, divorciados y separados. El estudio sugiere que los solteros voluntarios desarrollan una amplia red social fuera del entorno familiar que les hace menos vulnerables a la soledad no deseada, mientras que los casados lo hacen en menor medida, lo que les perjudica en caso de divorcio, separación o viudez.Otras investigaciones han mostrado que existe una correlación entre la sensación de soledad habitual en la infancia y la probabilidad de sufrirla también en la vida adulta, y que entre los factores que más inciden en la soledad infantil hay varios relacionados con la estructura familiar. En concreto, un informe del Survey Center on American Life (SCAL), publicado en febrero de 2022, destacaba dos: el haber sido hijo único y el haberse criado en un hogar monoparental. La revista Social Indicators Research (“The More the Merrier? The Causal Effect of High Fertility on Later-Life Loneliness in Eastern Europe”, volumen 149, 2020) analizaba el efecto de este factor en más de 25.000 padres y madres de entre 50 y 80 años procedentes de ocho países del este de Europa, y concluía que tener hijos funcionaba como un “protector” contra la soledad en la edad adulta, de manera especial para las mujeres. 
La comunidad que funciona como escudo contra la soledad es la religiosa. Según el estudio del SCAL, la pertenencia a una confesión mitiga el impacto del factor sociocultural en la prevalencia de la soledad. Según el estudio del SCAL antes mencionado, en Estados Unidos el porcentaje de personas que dicen no contar con ninguna relación de amistad ha crecido mucho desde 1990, mientras que el de quienes señalan tener seis o más amigos  ha descendido también de forma significativa.