sábado, 15 de agosto de 2026

La belleza salvaría al mundo

Dostoyevski en su obra “El idiota”, cuyo protagonista es el príncipe Misshkin, joven de gran corazón y bondad. Otro personaje, Ippolit, poco más joven que él, es tuberculoso, cercano a la muerte y ha decidido suicidarse; en una concurrida velada, se dirige a Misshkin, vociferando: “Príncipe, ¿es verdad que usted dijo una vez que al mundo lo salvaría la belleza? ¡Caballeros! ,gritó dirigiéndose a todos, el príncipe ha dicho que la belleza salvaría al mundo… Yo sostengo que si se le ocurren ideas tan peregrinas es porque está enamorado.”. (Parte III, cap. 5). Ippolit parece ya muerto a todo amor y encanto de la vida.
En el fondo, quien habla es Dostoyevski que, además, transfiere experiencias propias, a esos dos personajes. A Misshkin, la epilepsia que padecía el escritor ruso. Con Ippolit comparte la vivencia de una muerte inminente, experimentada también por Fiodor cuando, condenado por actividades revolucionarias y llevado al paredón, le conmutaron in extremis la pena de muerte por cinco años de exilio en Siberia. 
Ippolit, desde su situación personal, considera inconcebible que la belleza pueda salvar el mundo; pero Dostoyevski deja un resquicio de verosimilitud, y es que alguien, por estar tan enamorado, pueda conseguirlo; y tal persona es el príncipe Misshkin. 


Hay que volver a Dios para redescubrir lo bello que es vivir

El hombre postmoderno no sabe aprovechar los inmensos recursos de la ciencia, de la técnica, para ser feliz. Buscando su comodidad, queriendo tenerlo todo previsto, ser dueño absoluto y controlarlo todo, jugando a ser Dios, está provocando una gran desertización de la humanidad. Hobbes tiene razón al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre”. Hay que volver a Dios para hacer bella la vida, para redescubrir lo bello que es vivir.
El documento Dignitas infinita de la Iglesia católica dice que “el respeto de la dignidad de todos y de cada uno, es la base indispensable para la existencia misma de toda sociedad que pretenda fundarse en el derecho justo y no en la fuerza del poder. Es sobre la base del reconocimiento de la dignidad humana como se sostienen los derechos humanos fundamentales, que preceden y sustentan toda convivencia civilizada”.


viernes, 14 de agosto de 2026

El respeto a la legalidad que se exige a los ciudadanos es exigible de manera aun más estricta a los políticos

Escribe José Luis González Quirós que el respeto a la legalidad que se exige a los ciudadanos es exigible de manera aun más estricta a los políticos, pero es muy frecuente oír que los políticos consideren las leyes como una traba y ver como maniobran para situarse por encima de cualquier limitación legal y, si esto se hace con normas escritas, cabe suponer lo que puede pasar con lo que solo son hábitos morales o tradiciones institucionales.
Si se prohibe cuanto no nos guste, pronto no habrá más que cosas prohibidas y cosas obligadas, la perfecta dictadura de una inverosímil mayoría moral, siempre encantada de conocerse. En las sociedades contemporáneas existe un riesgo muy real en limitar las libertades porque la mayoría de los ciudadanos no concede un valor moral preciso a la libertad, en la medida en que siente que la posee. La restricción de las libertades con la conformidad pasiva de los ciudadanos puede conducir a sociedades muy eficientes desde un punto de vista de la asignación de recursos, pero sin el menor respeto a la libertad civil e individual. 
La política no debería hacerse con eslóganes, con verborrea y eufemismos, con engaños y promesas absurdas; exige estudios y estrategias bien fundadas, altruismo, piedad y buena intención, cualidades que más que dar por supuestas, habría que saber exigir a los políticos. Cuando no se hace eso, el poder se gana de manera inmerecida y se frustran las expectativas de los electores. No sirve de nada ocultar lo que se piensa y, la mayor parte de las veces, si se oculta es porque o no se sabe o porque es preferible que no se sepa.

La decisión del gobierno británico de prohibir a los niños el acceso a las redes sociales

Cuando el primer ministro británico, Keir Starmer, anunció que su gobierno prohibiría las redes sociales a los menores de 16 años, la sala de prensa de Downing Street estalló en un aplauso. “Creo que la mayoría de los padres acogerán con satisfacción esta medida”, dijo Starmer. 
Molly Rose Foundation, junto con 5Rights, la organización benéfica FlippGen, dedicada al bienestar digital y dirigida por jóvenes, y otras voces de la sociedad civil que han advertido que las prohibiciones generalizadas son un instrumento poco preciso que corre el riesgo de causar más daño que beneficio, se mantuvieron al margen del evento.
Los proveedores deberán demostrar la eficacia de sus herramientas (como la estimación de la edad facial) para diferenciar entre jóvenes de 15 y 16 años, o de 17 y 18 años y podría haber una regulación más estricta en el futuro, 
Los activistas por los derechos digitales temen que la rápida expansión de los controles de edad mal regulados cree una puerta trasera para una vigilancia más intensiva y aumente el riesgo de filtraciones masivas de datos. Un grupo de creadores de contenido y activistas del Reino Unido, Estados Unidos, la UE, Canadá e India se reunieron virtualmente para debatir el lanzamiento de un nuevo movimiento global llamado "Stop Killing the Internet”. La decisión del gobierno británico de prohibir a los niños el acceso a las redes sociales sugiere que acepta el argumento, al menos a corto plazo, de que las plataformas no pueden adaptarse a la edad mediante la regulación.“Seguimos opinando que prohibir el acceso de los niños a las plataformas de redes sociales sin abordar las decisiones de diseño subyacentes, inseguras y adictivas tomadas por las empresas tecnológicas que anteponen las ganancias a la seguridad y el bienestar no las hará más seguras”, dijo Maeve Walsh, directora de la Red de la Ley de Seguridad en Línea.  


Fuente: POLITICO

jueves, 13 de agosto de 2026

Vida estética

"Para cuidar a alguien hace falta sensibilidad estética. Puedo ayudarte a cruzar la calle con cara de perro o con una sonrisa. Aunque lleguemos al mismo lugar, hay un abismo entre ambas posibilidades. La diferencia tiene que ver con la estética del cuerpo: la delicadeza con la que te sujeto, el tono de mi voz, mi expresión facial… Si las formas expresan desdén, no me voy a sentir cuidada", afirma la filósofa Yuriko Saito, referente mundial en Estética de lo cotidiano y profesora emérita de la Escuela de Diseño de Rhode Island.
"Cuando estoy preparando una sopa, añade Saito, procuro no picar la verdura a todo correr. Presto atención a detalles como el tacto del mango del cuchillo, el sonido de la tabla, la sensación al cortar las zanahorias… Intento poner en juego todos mis sentidos y concentrarme en el ahora. Aquí y ahora." 
Nos falta silencio, ir despacio, no hacer nada. "En cambio, dice Yuriko Saito, hoy día parece que hay que llenar cada momento haciendo algo. Y la verdad es que esto no excluye la posibilidad de realizar las tareas de forma atenta y cuidadosa. Puedo estar muy ocupada pero muy concentrada, como cuando pico verduras. La clave es cómo me relaciono con las cosas. Por ejemplo, aunque podría ver el pelador o la prensa de ajos como simples objetos, viejos y sin nada especial, los valoro porque me sirven y han estado conmigo fielmente mucho tiempo. Y cuando no los encuentro, ¡entro en pánico! Me importan porque me han hecho bien y me siento agradecida."
La estética está vinculada a la moralidad. "Un periodista italiano, cuenta la filósofa, publicó una crítica a mi libro Estética del cuidado en la que planteaba: ¿puede haber vida estética sin vida moral? Un nazi puede disfrutar de la música, pero la verdadera belleza aparece cuando estoy abierta al mundo con una actitud humilde basada en la gratitud. Tener una vida estética implica esa disposición moral. El crítico también me preguntaba, ¿puede haber una vida moral sin vida estética? Es posible hacerse una idea de cómo debes tratar a la gente sin entrar para nada en la estética. ¡Pero basar nuestra conducta en la estética y el amor a la belleza es más fácil y alegre! Si nos mueve la experiencia de la belleza de la otra persona y del mundo, no actuaremos a regañadientes sino con cuidado, amabilidad y respeto". 

No quieras para otro lo que no quieres para ti

¿Qué es bien?, ¿qué es mal?, las cosas no están tan claras. Por eso se vio como más intuitiva y cierta la expresión “no quieras para otro lo que no quieres para ti”. Está en el Evangelio y también en libros de otras religiones o cosmovisiones. En la filosofía de Confucio: “¿Hay alguna máxima que deba uno seguir en la vida? Lo que no deseamos que nos hagan no lo hagamos a los demás”. En el Avesta indio: “Es bueno el que se abstiene de hacer a otros lo que no es bueno para uno mismo”. En el Corán: “Ninguno de vosotros será verdadero creyente, a no ser que desee para su hermano lo mismo que desea para sí mismo”. En la tradición hebrea del Talmud: “Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tu prójimo; esto es toda la ley; lo demás es comentario”.
En el Antiguo Testamento y por Jesucristo en los Evangelios se manifiesta “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Salvo en casos extremos de desesperación o de graves enfermedades mentales, cada ser humano desea lo bueno para sí mismo, que eso es amar, desear el bien. Y esa es la medida del amor al prójimo, que sería, en positivo, la regla áurea: “quiere para otros lo bueno que quieres para ti”.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Una extraña euforia parecía apoderarse de los supervivientes


Escribe Anne Applebaum que “una extraña euforia parecía apoderarse de los supervivientes. Estar vivo era un alivio y el dolor se mezclaba con la alegría, y el comercio, los negocios y la reconstrucción empezaron de inmediato, de manera espontánea”. En el verano de 1945, Varsovia rebosaba actividad. Stefan Kisielewski escribió: “Entre las ruinas de las calles hay un alboroto como no se había conocido hasta ahora. El comercio bulle. El trabajo en auge. El humor en todas partes. La vida fluye en las calles y nadie pensaría que esta multitud la constituyen las víctimas de un terrible desastre, gente que apenas se ha recuperado de una catástrofe o que vive en condiciones extremas e inhumanas…”. Sándor Márai describió Budapest en este período en una de sus novelas: "Y lo que quedaba de una ciudad y de una sociedad renació con una alegría tan apasionada y testaruda, con una fuerza tan persistente y astuta como si nada hubiera pasado…..en las avenidas del centro de Pest, bajo los soportales, ya se podía comprar toda clase de comidas deliciosas, artículos de tocador, ropa, calzado, todo lo que se podía imaginar. Monedas de oro de la época de Napoleón, morfina, manteca de cerdo… Los judíos salieron tambaleándose de las casas marcadas con la estrella y, al cabo de una o dos semanas, ya se podía regatear en Budapest, entre restos de caballos, cadáveres humanos aún sin enterrar y edificios en ruinas, para comprar gruesas telas inglesas, perfumes franceses, aguardientes holandeses y relojes suizos…Este entusiasmo por el trabajo y la renovación habría de durar muchos años." El sociólogo británico Arthur Marwick aventuró en una ocasión que la experiencia de fracaso nacional tal vez sirviera a los alemanes occidentales como estímulo para reconstruirse y recuperar la noción de orgullo nacional. Argumentó también que la propia magnitud del desastre nacional quizá contribuyera al auge de posguerra; habiendo experimentado tal catástrofe económica y personal, los alemanes se dedicaron de inmediato a la reconstrucción.