Se puede desde luego argüir, siguiendo la distinción popularizada por Isaiah Berun, que la libertad de opinión pertenece a la categoría de “libertades negativas” que protegen al individuo de las intrusiones del gobierno.La libertad de opinión fue establecida tras la libertad religiosa, que protege la esfera de las creencias íntimas frente a la intervención estatal.La Primera Enmienda a la Constitución estadounidense estipula que “el Congreso no podrá aprobar ninguna ley conducente al establecimiento de religión alguna, ni a prohibir el libre ejercicio de ninguna de ellas. Tampoco aprobará ley alguna que coarte la libertad de palabra y de imprenta, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar al gobierno reparación de cualquier agravio”. Por lo tanto, la libertad de credo y la libertad de expresión política están estrechamente relacionadas.
No se requiere de los representantes que actúen según los deseos del pueblo, pero tampoco pueden ignorarlos. La libertad de opinión pública asegura que esos deseos puedan ser expresados y llevados a la atención de los que gobiernan. Son los representantes quienes toman la decisión final, pero se crea un marco en el que la voluntad del pueblo es una de las consideraciones en su proceso de toma de decisiones. Cuando un número de personas coincide en expresar opiniones similares, todos son conscientes de que no están manteniendo una opinión particular. La gente que expresa la misma opinión se da cuenta de la similitud de sus visiones, lo que les da una capacidad de acción que no tendrían de haberse reservado sus opiniones.
Referencia: Los principios del gobierno representativo (Bernard Manin)




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