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miércoles, 22 de noviembre de 2023

El factor Churchill

Winston Churchill y Boris Johnson 

Boris Johnson, político y periodista británico que fue líder del Partido Conservador y primer ministro del Reino Unido desde 2019 hasta 2022., en su libro El factor Churchill cuenta que Churchill fue un político tan admirado como cuestionado. Amante de la buena mesa, la bebida y el tabaco, fue un político de amplias miras y un orador sin igual, uno de los pioneros en Gran Bretaña en defender la sanidad pública, la educación y el bienestar social, sin por ello renunciar a su incorregible incorrección política. Nunca mostró miedo ni como militar, ni como periodista en Sudán y Sudáfrica, ni como ministro paseando por los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial o enfrentándose a Hitler…Quiso incluso personarse en el desembarco en Normandía, pero se lo impidió el rey. Hombre de armas, pero también de letras, es el único premier británico galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Johnson pasa revista tanto a sus éxitos, a veces sobredimensionados y mitificados, como a sus errores, para describirnos, con su característico ingenio y apasionamiento, a un hombre, lleno de contradicciones, de una profunda humanidad, de una valentía contagiosa y de una impresionante elocuencia, pero también dotado como nadie de un talento incomparable para la estrategia…….Churchill ni siquiera había pasado por la Universidad y que le costó tres intentos ingresar en la Real Academia Militar de Sandhurst.

viernes, 5 de junio de 2020

Turismo médico



Conseguir en el extranjero tratamientos a mejor precio o intervenciones que quedan fuera de la oferta de la sanidad pública son las principales causas del turismo médico, un fenómeno empresarial que crece de manera progresiva en los últimos años. Tailandia, México, India y ahora Canadá son los principales destinos de estos viajes, que impulsan las aseguradoras y disfrutan los particulares, con la contribución de médicos y empresarios de países receptores. Según Glenn Cohen, profesor de la Facultad de Derecho de Harvard especializado en temas bioéticos, los viajes programados se agrupan en torno a tres grandes categorías: “servicios que son ilegales tanto en el país de origen del paciente como en el de destino, como puede ser la venta de órganos humanos; servicios que solo son legales en el país de destino; y servicios que son legales en ambos, pero mucho más baratos en el país de destino”.

Los que defienden la necesidad de globalizar el mercado sanitario aseguran que los beneficios redundarán a la larga en los pacientes locales, una afirmación difícilmente comprobable en casos como el de Canadá u otros con un sistema de cobertura sanitaria universal, donde el turismo médico acaba privilegiando a los que más pagan. “Hemos financiado entre todos los enormes costes de construir nuestras instituciones públicas sanitarias y ahora se plantea dar prioridad a las personas con más dinero”, declara el parlamentario Fix.


La India ha experimentado un boom en este negocio, y la facturación de las cadenas de hospitales privados crece a buen ritmo con los incentivos gubernamentales a este mercado. Para construir hospitales, estas cadenas contaron con el apoyo estatal para obtener suelo barato, créditos blandos y exenciones fiscales. A cambio, se comprometían a la atención gratuita de pacientes locales, debería alcanzarse al 25% de los pacientes hospitalizados y al 40% de los que acuden a consultas externas. Parece que las promesas de atención gratuita para los pacientes locales no se cumplen, según recoge un informe gubernamental sobre los hospitales privados en Delhi.

sábado, 6 de octubre de 2018

¿Hacia donde va Europa con los actuales niveles de fertilidad?

UN DESA
La División de Población de las Naciones Unidas prevé que, de mantenerse la fertilidad en niveles tan bajos, en el plazo de cincuenta años la población española, por ejemplo, se reduciría en 3,4 millones de personas, mientras que la italiana lo haría en una quinta parte. La disminución global del número de “europeos autóctonos” sería del orden de los 14 millones de personas. Ni siquiera las dos guerras mundiales habían infligido una reducción absoluta de la población de tal magnitud.


Con una proyección de la media de edad para 2050 superior a los cincuenta años en Grecia, Italia y España, donde una de cada tres personas sería mayor de sesenta y cinco años, los estados del bienestar creados inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial parecían haberse quedado obsoletos. O bien los futuros europeos habrían de pasarse su vida laboral pagando tasas fiscales de hasta el 75 por ciento, o bien sencillamente habría que descartar la jubilación y la sanidad pública. Alternativamente o adicionalmente, los europeos habrían de tolerar una inmigración legal sustantivamente más voluminosa. La ONU estimaba que, para mantener constante la relación entre la población trabajadora y la no trabajadora, Europa habría de aceptar 1,4 millones de inmigrantes al año hasta 2050.

¿De dónde vendrían esos nuevos inmigrantes?, se pregunta
el profesor de la Universidad de Harvard Niall Ferguson. En las afueras de Ceuta, dice, acampan miles de personas procedentes del Magreb, y de más lejos, algunas huyendo de zonas en conflicto, otras simplemente en busca de mejores oportunidades económicas. Permanecen allí días y días, esperando la oportunidad de colarse al menor despiste de las patrullas fronterizas españolas. La Unión Europea ha respondido a esta situación subvencionando la construcción de ocho kilómetros de valla fronteriza, equipada con alambre de espino, torres de vigilancia y cámaras de infrarrojos. Los funcionarios europeos admiten que no tienen ni idea de cuánta gente está entrando ilegalmente en Europa. Alrededor de cincuenta mil inmigrantes ilegales son detenidos cada año en los puertos o en las aguas territoriales del continente, pero es imposible saber cuántos logran pasar o cuántos mueren en el intento.