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viernes, 19 de septiembre de 2025

Para leer un poema hay que entrar en él

Escribe Ethel Krauze en Cómo acercarse a la poesía:
“Las leía con voz ahogada delante del espejo, mirándome los hilos de lágrimas que llegaban silenciosas hasta el pijama. Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar y otra vez con el ala en sus cristales jugando llamarán.Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez, a la tarde, aún más hermosas sus flores abrirán… Aquí se me quebraba la voz. No sabía muy bien por qué, pero que las golondrinas volvieran, y también las madreselvas (no sabía qué eran “madreselvas”), me parecía de lo más necesario en el amor. Y así era, porque Bécquer lo decía. Nunca me importó no entender el significado de cada una de las palabras que leía. Ni aun ahora. Nunca anduve detrás de los diccionarios. Ni hoy lo hago. Para leer un poema hay que “entrar” en él, tomarlo como se toma un buen vino ¿qué importa su añada, su cosecha o su región? Vas haciendo paladar al ir bebiendo, vas haciendo camino al andar, como quiere Machado. Cuando un rostro te hipnotiza, no tratas de entenderlo, te sumerges en su contemplación.”
“Sobé las páginas del libro, mis páginas queridas, mis pobrecitas páginas, tan tristes como yo, mis cómplices nocturnas, y leí, gimiendo ya: Volverán del amor a tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón, de su profundo sueño, tal vez despertará. Pero mudo, absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante el altar, como yo te he querido, ¡desengáñate! ¡así no te querrán!”.

viernes, 6 de abril de 2018

El papel impreso.

Papel impreso.
El libro impreso, se mantendrá en su puesto sin graves dificultades, salvando solo algunas excepciones como las grandes obras de referencia, los vocabularios, diccionarios, etc.; en suma, los niños mimados de internet. Ni tan siquiera el dispositivo de libros digitales se difunden apelando a una legibilidad superior, sino a que tiene mayor capacidad de almacenaje y nos evita pasar las páginas.
El papel impreso, dice Eric Hobsbawm, es, hasta la fecha, más duradero que los medios tecnológicos más avanzados. La primera edición de Las desventuras del joven Werther todavía se puede leer hoy, pero no sucede necesariamente lo mismo con los textos informáticos de hace treinta años, ya sea porque, igual que las fotocopias y películas viejas, tienen una vida limitada o porque la tecnología queda atrasada con tanta celeridad que los últimos ordenadores no pueden, sencillamente, seguir leyendo aquel formato.