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jueves, 31 de octubre de 2024

Glaciares y el deshielo

Karakorum
Puede que su primera reacción sea gritar diciendo que debemos conservar los glaciares tal como están. Son, sin duda, magníficos estéticamente, y en el mejor de los mundos posibles, en el que no hubiera conflictos de ningún tipo, sería un ideal a defender. Pero en un mundo en el que sobran los problemas, debemos tener en cuenta que a los países en desarrollo podría interesarles el uso de parte de sus recursos naturales finitos, como los glaciares, para crecer en riqueza en lugar de mostrar paisajes bucólicos a los ricos que les visitan. Algo así es lo que hicimos en el mundo desarrollado cuando talamos la mayor parte de nuestros bosques para hacernos ricos. De hecho, quizá conviene que estudiemos el caso contrario. Desde 1961 las temperaturas estivales en las cordilleras del Karakorum y el Hindu Kush, en la cuenca alta del río Indo, han hecho caso omiso del calentamiento global, descendiendo cerca de 1°C. El resultado es que los glaciares del Karakorum han aumentado de grosor y tamaño, pero como era previsible, los caudales de los ríos Hunza y Shyok han descendido cerca de un 20% en verano. Este dato es importante ya que entre ambos proporcionan más del 25% del agua que llega al pantano Tarbela, desde el que se controla una de las redes de regadío más grandes del mundo. Y la pregunta es muy sencilla: ¿Preferimos disponer de más o de menos agua?
Los glaciares llevan varios siglos retrocediendo, las tasas de acumulación han ido descendiendo desde 1840 debido a un cambio en los vientos del Pacífico, y aunque se produjeran reducciones rápidas y arriesgadas en las emisiones de CO2, el cambio sería mínimo. Incluso dejando de lado todas las demás necesidades urgentes que debemos afrontar, sería más beneficioso invertir en infraestructuras para almacenar el agua, de forma que la India y China pudieran utilizar mejor esos excedentes de agua hoy en día y prepararse para cuando los ríos vuelvan a un flujo normal de agua, más en invierno y menos en verano.
Cuando el nivel de los mares sube, no se debe al deshielo, ya que lo único que hace el hielo al derretirse es desplazar su propia masa (si ponemos cubitos de hielo en un vaso de agua, el borde del agua no varía cuando el hielo se derrite). Por tanto, en contra de la opinión más extendida, el deshielo del Artico no variará el nivel de los mares. Esa variación se debe a dos factores. En primer lugar, cuando la temperatura del agua aumenta, se dilata como cualquier otro cuerpo. En segundo lugar, el descenso de los glaciares en tierra añade volumen de agua a los océanos. Durante los últimos cuarenta años, los glaciares han contribuido aproximadamente en un 60% (y la dilatación del agua en el 40% restante) al aumento del nivel de los mares. En su informe de 2007, la ONU calculó que los niveles marinos aumentarían 58 centímetros durante el resto del siglo. Aunque no se trata de una cifra despreciable, conviene recordar que no es la primera vez que ocurre a lo largo de la historia. Desde 1860 hemos sido testigos de una elevación aproximada de 29 centímetros,que desde luego no ha causado grandes problemas.
Referencia:En frío de Bjørn Lomborg.

viernes, 6 de mayo de 2022

Mientras exista un desequilibrio en la distribución de la energía, las cosas siempre tendrán el potencial de cambiar

Helen Czerski es investigadora en el departamento de ingeniería mecánica en la University College de Londres.​​ Su investigación se centra en la conexión entre la atmósfera y el océano. En su libro ¿Por qué a los patos no se les enfrían los pies? cuenta que la principal fuente de energía del motor externo de la Tierra es el Sol. A medida que calienta las rocas, los océanos o la atmósfera, o que proporciona el combustible necesario para que las plantas produzcan azúcar, va alejando el motor del equilibrio. Mientras exista un desequilibrio en la distribución de la energía, las cosas siempre tendrán el potencial de cambiar. La energía cinética de la lluvia puede erosionar montañas al salpicar las gotas la roca desnuda. El enorme exceso de energía calorífica que se encuentra en el ecuador causa las tormentas tropicales, las cuales zarandean las palmeras, redistribuyen el agua desde el nivel del mar hasta las altas montañas, y forman olas que rompen en las playas. La energía que una planta almacena será invertida en fabricar ramas, hojas, frutos y semillas, y finalmente perderá su utilidad, ya que su calor será demasiado débil. Solo quedará la semilla, un paquete de información genética destinado a reiniciar el ciclo con nueva energía obtenida de la fuente de luz que es el Sol. Nuestro planeta vive gracias a la constante inyección de energía que recibe desde ahí arriba y que alimenta el motor y evita que la Tierra se apacigüe y alcance un equilibrio estable e invariable.

La energía fluye desde el Sol hacia la Tierra, se filtra a través de los océanos, de la atmósfera y de la vida, y, por último, regresa al espacio a través del calor que irradia el planeta. Entra la misma cantidad de energía que sale. Pero en este flujo de energía, la Tierra actúa como una presa gigantesca, almacenando y usando este recurso tan valioso en infinidad de formas distintas antes de liberarla hacia el universo.

viernes, 16 de agosto de 2019

La Amazonia contribuye a la supervivencia del planeta



En una entrevista publicada en el diario italiano La Stampa, el papa Francisco subrayó que “la Laudato si’ no es una encíclica verde, es una encíclica social que se basa en una realidad ‘verde’, la custodia de la Creación”.Además, destacó que la razón por la que se ha decidido centrar el Sínodo de Obispos  en la Amazonía es por el carácter emblemático de este espacio natural. “Es un lugar representativo y decisivo. Junto con los océanos contribuye de manera determinante a la supervivencia del planeta”.“Gran parte del oxígeno que respiramos llega de allí. Es por ello por lo que la deforestación significa matar a la humanidad”.


También afirmó que los grandes obstáculos en la protección de la Amazonía son “las amenazas a la vida de las poblaciones y del territorio derivada de intereses económicos y políticos de sectores dominantes de la sociedad”.


Pidió a los poderes políticos que eliminen su complicidad con esos poderes y con la corrupción. “Deben asumir sus responsabilidades concretas, por ejemplo, en temas que afectan a la minería a cielo abierto, que envenenan el agua provocando muchas enfermedades”, señaló. El Papa reconoció que lo que más teme de la degradación medioambiental es “la desaparición de la biodiversidad” y la aparición de “nuevas enfermedades letales”. En definitiva, “una deriva y una devastación de la naturaleza que puedan llevar a la muerte a la humanidad”.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Incendios en California.


Fuertes vientos de Santa Ana afectan a California.
Los vientos de Santa Ana llegan en otoño, cuando el aire cruza los altos desiertos y fluye sobre la costa de California hacia el océano. Estos son vientos catabáticos, exactamente como los del Ártico. Pero para cuando llegan al océano, el aire está mucho más caliente en la costa de lo que lo estaba en el altiplano. Arriba, en el altiplano, el aire caliente del desierto se había enfriado y densificado, deslizándose seguidamente por las laderas. Pero si los incendios se desatan con tanta virulencia no es solo porque el aire es seco, sino también porque está caliente. ¿Por qué se calienta aún más al bajar de las alturas? ¿De dónde proviene esa energía? Se trata de una masa fija de aire, y se mueve a tal velocidad que no hay tiempo para que se produzca ningún intercambio de energía con algo de lo que la rodea. Mientras esa corriente de aire denso baja, la atmósfera del fondo de la montaña ejerce presión sobre ella, porque la presión es mayor ahí abajo. Ejercer presión sobre algo es una forma de darle energía.

El volumen del aire de los vientos de Santa Ana disminuye porque la atmósfera que lo rodea está apretándolo hacia dentro. Esa compresión proporcionó más energía a las moléculas de aire que están en movimiento y, por lo tanto, la temperatura del viento aumenta. A esto se lo llama “calentamiento adiabático”. Como ese aire tan caliente y seco lleva días robando la humedad del paisaje, es muy fácil que una chispa provoque un incendio. Y el calor no proviene únicamente del sol californiano; también procede de la energía extra que obtienen las moléculas del gas al ser comprimidas por el aire más denso que encuentran más cerca del océano. Cualquier cosa que varíe la velocidad de las moléculas del aire afectará a su temperatura.