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jueves, 22 de octubre de 2026

Confundir el sentimiento con el amor es un síntoma de inmadurez

El ser humano tiene dos clases de amores; aquellos que se pueden perder y los que no se pierden. Entre estos últimos se encuentran, por ejemplo, el afecto por la ciudad donde uno ha nacido y el amor a los hijos. Son amores que, sin hacer nada, se mantienen. Entre los que sí se pueden perder nos encontramos, entre otros, con el amor a la pareja y el amor al trabajo. Son amores que no se mantienen solos. Al principio deslumbran y los sentimientos son muy fuertes (al enamorarse o encontrar un buen trabajo, por ejemplo) pero, con el paso del tiempo, el entusiasmo se desvanece y puede estar uno más centrado en lo negativo que en lo positivo de la persona o puesto de trabajo. Si uno no lucha por mantenerlos, por amar, por querer amar, en definitiva si uno no lucha por ser libre en el amor, para lo cual tendrá que emplear, además de los sentimientos, la inteligencia y la voluntad, es probable que aparezcan sentimientos negativos que le pueden impedir seguir queriendo. En estos amores, los que no se mantienen solos, hay que saber que habrá épocas en que uno camine contracorriente, contra sentimientos; lo cual es normal: nadie es dueño de sus sentimientos.
Confundir el sentimiento con el amor es un síntoma de inmadurez que puede generar mucha inestabilidad en la vida. Una persona que piense así nunca va a saber mantener sus amores, porque ese sentimiento no lo podrá mantener de una manera estable.Aunque se pierda el sentimiento, el amor no se pierde. Si eso fuera así, el ser humano no sería libre porque no podría elegir sus amores al depender éstos de algo que yo no controlo, el sentimiento. La libertad tiene mucho que ver con vivir un poco al margen de los sentimientos. Cuando vivimos de esa manera, un poco por encima de los sentimientos, nos damos cuenta de todo lo positivo que hay en nuestra vida personal y nuestra visión es más equilibrada, escribe José María Contreras Luzón.