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jueves, 30 de mayo de 2019

Los Paises del Este estaban al borde de la ruina

El historiador Josep Fontana cuenta que en octubre de 1986 Nikolái Ryzhkov presentó al politburó del partido soviético un informe en que mostraba que tanto Polonia, como Hungría y Bulgaria estaban al borde de la ruina. El mes siguiente se convocó una reunión secreta del COMECON en Moscú, en que se presentó una especie de doctrina Gorbachov sobre las relaciones entre los países socialistas; la época del paternalismo había concluido y en el futuro cada partido sería responsable ante su propia población. En el futuro las relaciones económicas con la URSS debían realizarse en términos de las condiciones del mercado mundial.

General Wojciech Jaruzelski y Juan Pablo II
Los primeros cambios tuvieron lugar en Polonia, que desde 1981 tenía como jefe de estado al general Wojciech Jaruzelski, quien mantenía un clima de tolerancia que le llevó a aceptar una visita del papa polaco Juan Pablo II. En 1989 se inició una transición con unas elecciones parciales que dieron un triunfo arrollador al sindicato Solidarność; un cambio que Jaruzelski, elegido al propio tiempo presidente de la república, completó al nombrar primer ministro al católico Tadeusz Mazowiecki. En la República Democrática Alemana, donde el secretario general del partido, Erich Honecker, se había endeudado en secreto con los bancos de la Alemania occidental, y rehusaba realizar reforma política alguna. Sus problemas se precipitaron cuando los ministros de Asuntos exteriores de Hungría y de Austria cortaron simbólicamente las alambradas de la frontera que les separaba, y Hungría se llenó de turistas alemanes del este que deseaban emprender la ruta hacia Alemania occidental a través de su territorio. El 17 de octubre de 1989 Honecker fue destituido y reemplazado por Egon Krenz. La República Democrática Alemana estaba al borde de la quiebra. Cuando Egon Krenz comunicó a Gorbachov que el país se encontraba en una situación desesperada, recibió la respuesta de que la Unión Soviética no podía ayudarles.


La mitificada “caída del muro” del 9 de noviembre de 1989, fue un acontecimiento puntual que no tuvo su origen en la acción de las masas, sino en el desconcierto de un gobierno cuyo portavoz, Günter Schabowski, cometió el error, tal vez intencionado, de afirmar que se permitiría a los alemanes del este abandonar el país por la frontera con el oeste de inmediato, lo que dio lugar a una aglomeración ante los pasos fronterizos que obligó a las autoridades del este a ceder.


viernes, 7 de abril de 2017

Grenzmauer’75

Peter Fechter
Peter Fechter
Peter Fechter corrió como alma que lleva el diablo, pero cuando estaba a punto de llegar a la parte superior del muro, los guardias fronterizos le dispararon por la espalda. Peter Fechter estuvo allí tres horas gritando y pidiendo socorro, pero nadie sabía qué hacer. La gente asomaba la cabeza por encima del muro desde el lado occidental y lo miraba. Algunos le tiraron vendas, pero estaba demasiado débil para recogerlas. Los guardias fronterizos se limitaron a quedarse allí mirando. Al final lanzaron una bomba de humo y cuando el humo se disipó, los guardias y el cuerpo de Peter habían desaparecido. 


El muro no estaba agraviando a nadie, estaba garantizando la paz mundial y protegiendo a los trabajadores socialistas de los neohitlerianos de Occidente. Sin embargo, Peter Fechter corrió como alma que lleva el diablo por la tierra de nadie y prefirió morir sobre la arena a quedarse en casa. Así que no es de extrañar que las autoridades se vieran en la necesidad de mejorar el muro. Año tras año fue evolucionando y en 1975 fue perfeccionado. Hay un diagrama de Grenzmauer’75, como se conoce oficialmente a esta construcción. Tiene el aspecto de una fortaleza mágica concebida por un niño con su extraña perspectiva, su absurda y fantástica multiplicación de artilugios defensivos y su pequeño y esquemático pastor alemán preparado para
atacar. Cada uno de los bloques de hormigón prefabricados de Grenzmauer’75 tenía forma de L y una altura de 3,683 metros exactamente. La cara exterior, totalmente vertical, daba a Occidente; el ángulo interior de la L, a Oriente. Este ángulo interior estaba cuidadosamente curvado a fin de que fuera imposible encontrar un punto de apoyo para el pie. La parte superior del bloque estaba coronada por un tubo redondeado de hormigón a fin de que fuera imposible encontrar un punto de apoyo para la mano. El hormigón mismo era liso y resbaladizo. Estos bloques de hormigón formaban la cara occidental de Grenzmauer’75. Detrás de ellos, se extendía una hilera de trampas para carros de combate y, detrás de cada trampa, se abría una zanja. Detrás de la zanja, había un camino de ronda para vehículos y luego otro para infantería. Detrás de este último camino, una hilera de farolas y, detrás de las farolas, una hilera de torres de vigilancia. Detrás de las torres de vigilancia, un
pasillo de alambre de púas habitado por perros de ataque y, detrás, una valla eléctrica de baja tensión. Detrás de la valla eléctrica, había una “cama de faquir” con clavos que salían del suelo y otro muro de hormigón. Detrás de este muro trasero, una zona limítrofe sin edificios que no se permitía visitar a los ciudadanos de la República Democrática Alemana. Y detrás de esta zona limítrofe, toda una población a la que no se le había dicho nada acerca de la verdadera naturaleza del muro.