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jueves, 6 de septiembre de 2018

Quienes ven en las estructuras económicas y sociales injustas la raíz de todos los males han entendido todo al revés.

Benedicto XVI, escribe que la Sagrada Congregación buscaba “atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles sobre las desviaciones y riesgos de desviación ruinosos para la fe y para la vida cristiana que implican ciertas formas de la teología de la liberación y que recurren de manera insuficientemente crítica a conceptos
tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista”. Ratzinger dice que quienes ven en las estructuras económicas y sociales injustas la raíz de todos los males han entendido todo al revés, pues es la libertad de actuar bien y de evitar el mal lo que está fallando, y que, por tanto, el pecado no es social, sino individual. Dando una lección sobre libertad, Ratzinger afirma que esta se encuntra en todos los seres humanos, incluyendo ricos y pobres. Y que de ella, y no de la revolución violenta, depende la resolución de injusticias y miserias. “Cuando se pone como primer imperativo la revolución de las relaciones sociales, escribe, y se cuestiona a partir de aquí la búsqueda de la perfección moral, se entra en el camino de la negación del sentido de la persona y se arruina la ética y su fundamento que es el carácter absoluto de la distinción entre el bien y el mal”. 

“La negación de la persona humana, de su libertad y de sus derechos está en el centro de la concepción marxista”. Ratzinger lanza una crítica fulminante en contra de ese marxismo que muchos sacerdotes y fíeles católicos habían abrazado como método de análisis para
justificar su propuesta revolucionaria. El marxismo no tendría de “científico” más que una pretensión, explica Ratzinger, denunciando que ejerce “una fascinación casi mítica”, cuando en realidad se trata de una ideología “totalizadora” cuyo análisis se basa en tantos supuestos a priori que el hecho de compartirlo ya implica compartir la ideología.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Rumores.

Durante la Segunda Guerra Mundial alemanes y polacos se culpan recíprocamente de arrojar bebés desde los aviones, y en la guerra del Golfo entre Kuwait e Irak se acusa a los soldados iraquíes de haber sacado a recién nacidos de sus incubadoras. Existe, como acreditan las variantes de estas historias, un folclore internacional y transhistórico de las sociedades en guerra. Los rumores desempeñan un papel especial en este triste acervo, pues las historias de matanzas perpetradas por el enemigo que se propagan con las habladurías parecen especialmente indicadas para canalizar miedos y proyectar deseos negativos. La habladuría es una estrategia para la superación de inhibiciones comunicativas, de ahí que los rumores resulten esenciales en la economía emocional de la guerra. Marie Bonaparte, psicoanalista y amiga íntima de Sigmund Freud,
Rumores.
localizó en estos cuentos de guerra motivos de violencia recurrentes. Forman ese ruido de fondo de la historia universal que aglutina tanto los elementos míticos de las actuales culturas primitivas como las epopeyas homéricas o los rumores del “siglo de la máquina y el avión”.Los rumores son interpretaciones que pueden aportar coherencia a situaciones de gran inseguridad.


De forma premeditada, el Alto Mando del Ejército alemán difundía noticias sobre los supuestos actos despiadados de la población belga para apartar la atención de las masacres llevadas a cabo por las tropas alemanas en las primeras semanas de agosto de 1914, justo después del inicio de las hostilidades. La comunicación dirigida y el narrar incontrolable se atrajeron mutuamente. Los rumores sobre los actos de barbarie belgas costaron la vida a unos 6.000 civiles e hizo inviable un acuerdo de paz. Fuera cual fuese el origen de esas leyendas, tuvieron como consecuencia la creación en Colonia de un organismo cuyo único cometido era el de volver inocuos los rumores de guerra. Y es que no
todos los que circulaban por Alemania eran tan inocuos como el de las bellas y fatales mujeres belgas que pasaban sus ratos de ocio descuartizando a indefensos soldados alemanes heridos o sacándoles los ojos para guardarlos en botes de conservas.


El rumor es una voz y generalmente carece de importancia hasta qué punto una historia ha surgido de un rumor o un rumor lo ha hecho de una historia. Para el rumor, la incidencia que puedan tener los factores personales en el error del mensaje es secundaria. Lo determinante son las circunstancias que condicionan cómo y por qué un rumor determinado se divulga en el espacio, es decir, en un determinado círculo social, y en el tiempo. El enorme poder de la habladuría, el factor que la diferencia de la simple noticia, reside en la suma de las voces individuales. Además, la mayoría de rumores se conservan y transmiten en forma de sucesos curiosos o anécdotas que encierran un giro inesperado.