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viernes, 10 de julio de 2026

No hay derecho a la estupidez ni a la incompetencia

No hay “derecho a la estupidez” ni “a la incompetencia”, dice Rob Riemen. La universidad actual ha caído en lo woke y “decide qué se puede leer o no, decir o no, pensar o no”; ha transformado el concepto de identidad, que ya no se busca en los grandes valores sino en lo que diferencia; sexo, raza, religión, origen, nacionalidad y aspecto físico.
Recalca Riemen que la mentira y la necedad socavan la democracia. “Es una equivocación trágica pensar que las instituciones democráticas, o incluso las elecciones libres, garantizan la continuidad de la democracia liberal”. La dignidad de la existencia humana consiste en impedir que triunfen “los dos poderes malignos de la necedad y la mentira”. Y de nuevo, para combatir la estupidez y la mentira una gran ayuda es la lectura de grandes libros, como también recomendaba Thomas Mann.


lunes, 31 de julio de 2023

La reivindicación soviética de ser lo que en realidad no era

En la Unión Soviética no sólo se controlaban las emisiones de radio extranjeras, sino que a las mesas de trabajo de los líderes soviéticos llegaban también los estudios sistemáticos sobre el rendimiento de la economía occidental. Los servicios de inteligencia, los diplomáticos y los funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior eran fuentes de información sobre lo que sucedía en el exterior, aunque sólo la elite tuviera conocimiento de sus revelaciones. En lo que se refiere a un público soviético más amplio, no conviene subestimar la importancia de la literatura extranjera traducida, que, aunque seleccionada, era numerosa; entre los títulos había muchas obras maestras de la cultura universal, y la calidad de las traducciones era excelente. Los ciudadanos rusos adquirieron fama de grandes lectores de libros de calidad, por no hablar de su pasión por la poesía y del papel político específico de ella. Hoy estas cualidades se han desvanecido prácticamente por completo.

Deseaban proyectar la imagen de la URSS como un país que había nacido de la fuerza de un socialismo creador.La reivindicación soviética de ser lo que en realidad no era para conseguir fortalecer su imagen en las sociedades occidentales e intentar así minar las instituciones democráticas. La reivindicación soviética de que representaba un modelo diferente, una alternativa al capitalismo, sirvió a la URSS para movilizar no sólo a su gente, sino también para conseguir un considerable apoyo exterior, que empleó tras la guerra para defender la existencia de un “bando socialista” y vestirlo con lo que parecían sus mejores galas naturales. Mirada más de cerca, la realidad no tenía nada de idílica.


Referencia: El siglo soviético, Moshe Lewin


miércoles, 11 de marzo de 2020

Casi ninguno de los “tigres asiáticos” tuvieron la ayuda de instituciones democráticas



Casi ninguno de los “tigres asiáticos” que se industrializaron  a través de las exportaciones de productos, lo hicieron con ayuda de instituciones democráticas. Corea del Sur realizó su revolución industrial bajo la batuta de los generales Park Chung-hee (1960-1979) y Chun Doo-hwan (1980-1987), mientras que Lee Kuan Yew en Singapur y Suharto en Indonesia fueron esencialmente absolutistas (el primero de ellos ilustrado), y Taiwan y Japón estuvieron gobernados por partidos monopolistas. Hong Kong, por su parte, siguió siendo colonia británica hasta 1997. Sin embargo en todos estos casos, al éxito económico le siguió con cierto retraso la democratización. Asia oriental abandonó la órbita soviética porque se hizo partícipe de la sociedad de consumo estadounidense. La historia fue muy distinta en aquellos países como Cuba, Vietnam, Angola y Etiopía, donde la intervención o la ayuda soviética fueron más efectivas.