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sábado, 18 de enero de 2020

Estados Unidos glorifica y exalta al ejército



El profesor e historiador Tony Judt manifiesta que la mayoría de los estadounidenses siguen pensando que las guerras en las que ha luchado su país son buenas guerras. Estados Unidos resultó enriquecido, no empobrecido, de su intervención en las dos guerras mundiales y su desenlace; al contrario que Gran Bretaña, el otro país que salió victorioso de forma inequívoca de esas guerras, pero al precio de una ruina casi total y la pérdida del imperio. Y en comparación con los otros grandes contendientes del siglo XX, Estados Unidos perdió relativamente pocos soldados en combate y apenas tuvo bajas civiles. Por lo tanto, Estados Unidos es hoy el único país avanzado que todavía glorifica y exalta al ejército, un sentimiento familiar en Europa antes de 1945, pero hoy completamente desconocido. En Estados Unidos los políticos y estadistas se rodean de los símbolos y adornos de las hazañas de armas; sus comentaristas muestran desdén y menosprecio por los países que dudan en participar en conflictos armados. Es este recuerdo diferente de la guerra y su impacto, más que alguna diferencia estructural entre Estados Unidos y otros países por lo demás equiparables, lo que explica sus distintas respuestas a los asuntos internacionales hoy día.

miércoles, 2 de enero de 2019

¿ La idea de Europa ya ha recorrido su trayectoria?

Parece como si Europa, a diferencia de otras civilizaciones, hubiera intuido que un día se hundiría bajo el paradójico peso de sus conquistas y de la riqueza y complejidad sin parangón de su historia. Dos guerras mundiales, que fueron en realidad guerras civiles europeas, llevaron este
presentimiento al paroxismo, dice George Steiner. De ahí el moderno apocalipsis de los Últimos días de la humanidad de Karl Kraus. Entre agosto de 1914 y mayo de 1945, desde Madrid hasta el Volga, desde el Ártico hasta Sicilia, se calcula que un centenar de millones de hombres, mujeres y niños perecieron a causa de la guerra, la hambruna, la deportación, la limpieza étnica. Europa Occidental y el occidente de Rusia se convirtieron en la casa de la muerte, en el escenario de una brutalidad sin precedentes, ya sea la de Auschwitz, ya la del Gulag. Más recientemente, dice Steiner, el genocidio y la tortura han vuelto a los Balcanes. A la luz, ¿no deberíamos decir “a la oscuridad”?, de estos hechos, la creencia en el final de la idea europea y sus moradas es casi una obligación moral. ¿Con qué derecho habríamos de sobrevivir a nuestra inhumanidad suicida?

“El rapto de Europa”, Tiziano
La barbarie  una vez más anegó Europa, como ha seguido ocurriendo desde Sarajevo hasta Sarajevo. Incluso citar las orgullosas esperanzas de Weber y Husserl supone una invitación a la ironía. ¿Significa esto que la idea de Europa ya ha recorrido su trayectoria, que no tiene ningún futuro sustantivo? Ésta es, qué duda cabe, una clara posibilidad. Se corresponde con esa lógica de la mortalidad de las civilizaciones y de las ideologías, añade Steiner. O ¿hay caminos de esperanza que todavía merece la pena recorrer?