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jueves, 11 de abril de 2024

La organización, presidida por Sabino de Arana,era de inspiración tradicionalista, teocrática, racista y manifiestamente separatista

Estatua de Sabino Arana

Escribe Julián Marías en su libro España inteligible que “lo catalanisme, de Valentí Almirall (1841-1904) es en rigor nacionalista. En 1886 había escrito España tal como es, donde habla de su bien probado patriotismo catalán, pero dice que “los catalanes son tan españoles como los habitantes de las demás regiones de España” y que “no podemos ser más que españoles”. Por supuesto, el federal Pi y Margall afirma con la mayor energía la unidad nacional de España. Las cosas empiezan a cambiar en 1888 (Exposición Universal de Barcelona) y sobre todo en 1892 (Bases de Manresa, publicación de La tradició catalana del obispo Torras y Bages); desde entonces sí hay un nacionalismo cuya expresión más famosa es La nacionalitat catalana, de Enric Prat de la Riba (1906). Casi simultáneamente se inicia el nacionalismo vasco, llamado inicialmente bizkaitarrismo. Luis y Sabino de Arana habían estudiado en Barcelona, donde se familiarizaron con el nacionalismo catalán, y lo trasladaron al sentimiento vasco y la protesta por la supresión de los fueros, que se expresó en disturbios en San Sebastián en 1893. Al año siguiente se fundó la primera organización nacionalista, presidida por Sabino de Arana, con una extremada declaración de principios, de inspiración tradicionalista, teocrática, racista y manifiestamente separatista.

sábado, 16 de julio de 2022

Los nacionalistas son muy conscientes de que su fuerza está en la propaganda

Iñaki Ezkerra, uno de los fundadores de la asociación el Foro de Ermua, escribe que los nacionalistas y los populistas que se quedan tan anchos anteponiendo el proyecto más rupturista y traumático a las consecuencias que pueda tener en una economía, en la educación, en la convivencia o en las vidas privadas de los ciudadanos, comparecen infaliblemente en los medios de comunicación con una serenidad sospechosa de maestros zen. Los «Mases» y los «Iglesias», los «Urkullus» y los «Puigdemontes», como hace unos pocos años los «Pujoles» y los «Arzalluz», hacen gala en las emisoras y los platós de una calma espiritual y unos modales que les deben de situar interiormente ante el dilema de si son ellos mismos o el duque de Edimburgo; de si se hallan en el casting para un anuncio de Valium o si van a fundar una religión. Saben bien a quién se dirigen, a una sociedad embrutecida por la telebasura que, por esa razón misma, rinde un supersticioso culto a la cortesía de caricatura, a la urbanidad de libro, a la falsa y acartonada educación. Como buenos goebbelsianos, son muy conscientes de que su fuerza está en la propaganda, en los medios de comunicación, y por esa razón tratan a sus entrevistadores con un servil respeto en las formas que se da de tortas con sus descabelladas ideologías del odio y del desprecio. Con esa pátina de moderación epidérmica que esconde una radicalidad irracional, cuando no criminal, dibujan en el mapa nuevas fronteras que debemos aceptar como propuestas cabales, ignorando o queriendo ignorar que la tierra y su reparto han sido, y son, la principal fuente de conflictos en la historia de la humanidad.

Jordi Pujol 

Aquí ya no estamos ante el rechazo del inmigrante, sino ante la acuñación, fabricación e imposición de lo que es un buen vasco o un buen catalán. El mal se hallaba en la doctrina que va de la comparación del español con el mono en Sabino Arana, hasta el RH negativo de Xabier Arzalluz y de la obsesión por preservar la pureza aria sin mezclarse con la inmigración de Enric Prat de la Riba, o las “diferencias entre cráneos catalanes y castellanos” que establecía Daniel Cardona, hasta el “estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual” en los que viviría sumido “el hombre andaluz” según las reflexiones de Jordi Pujol en su libro La inmigración, problema y esperanza de Cataluña, publicado en 1976.

lunes, 23 de julio de 2018

La religión catalanista tiene por Dios a la Patria.

En Cataluña, han ido cobrando fuerza separatismos que exaltan las diferencias por encima de los rasgos comunes y de la unidad histórica de siglos, y cultivan una hispanofobia obsesiva tratando de convertir Cataluña en una nueva nación.

Enric Prat de la Riba. 
Para Prat de la Riba “la religión catalanista tiene por Dios a la Patria”. Según la nueva doctrina, un catalán debía llegar a preferir la compañía de su perro a la de un castellano, un gallego o un vasco". Son grandes, totales, irreductibles, las diferencias que separan a Castilla y Cataluña, Cataluña y Galicia, Andalucía y Vasconia. Las separa, por no buscar nada más, lo que más separa, lo que hace a los hombres extranjeros unos de otros, lo que según decía San Agustín, nos hace preferir a la compañía de un extranjero la de nuestro perro, les separa la lengua” decía el nacionalista catalán Prat de la Riba. .

“Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes, dice Prat, y erradicar la monstruosa bifurcación de la conciencia” que hacía sentirse español al catalán. Para ello combinaría “los transportes de adoración” a Cataluña con el odio a sus pretendidos enemigos, los castellanos. “La fuerza del amor a Cataluña se transformó en odio, y dejándose de odas y elegías a las cosas de la tierra, la musa catalana, con trágico vuelo, maldijo, imprecó, amenazó”. Para “resarcirse” de una supuesta “esclavitud pasada”, “tanto como exageramos la apología de lo nuestro, rebajamos y menospreciamos todo lo castellano, a tuertas y a derechas, sin medida”.
Pompeu Gener. 


Según Pompeu Gener, los catalanes pertenecerían a “la raza aria”, frente al resto de España donde “predomina demasiado el elemento semítico, y más aún el presemítico o berber. Lo que ahí priva son las degeneraciones de esos elementos inferiores importados de Asia y del África. Nosotros, indogermánicos de origen y corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales razas inferiores”. “Los catalanes valemos más como hombres en camino al Superhombre” manifiesta Pompeu Gener.