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lunes, 1 de septiembre de 2025

La emigración menos publicitada de la historia norteamericana

A comienzos de los años treinta, en plena Gran Depresión, miles de jóvenes desempleados abandonaron Estados Unidos rumbo a la Unión Soviética, el paraíso de los trabajadores. Algunos fueron ejecutados a los pocos años de llegar. Otros murieron en “campos de reeducación” estalinista. Unos pocos sobrevivieron.
En una nación de inmigrantes nadie se preocupa de recordar a los que dejaron atrás el sueño; aquellos exiliados olvidados que permanecieron de pie con sus familias en las cubiertas de madera de barcos de pasajeros viendo cómo la estatua de la Libertad se perdía en la distancia mientras ellos dejaban Nueva York rumbo a Leningrado. Una muestra representativa de la sociedad estadounidense, procedente de todos los sectores de la vida; profesores, ingenieros, obreros de fábrica, maestros, artistas, médicos e incluso granjeros, todos mezclados en los barcos de pasajeros. Se marcharon para participar en el Plan Quinquenal de la Rusia soviética, atraídos por la posibilidad de encontrar trabajo en plena Gran Depresión. Ingenieros cualificados, con trabajos bien pagados, se apretaban junto a obreros en paro que buscaban empleo en las fábricas soviéticas y compañeros de viaje soñadores cuyo equipaje estaba lleno a reventar de los gruesos tomos de Marx, Engels y Lenin. En sus filas había comunistas, sindicalistas y radicales varios de la escuela de John Reed, pero la mayoría de ellos eran ciudadanos normales, a los que no les interesaba demasiado la política. Lo que les unía era la esperanza que impulsa a todos los emigrantes, la búsqueda de una vida mejor para sus hijos y para ellos mismos. Con la ilusión de la partida, ningún ojo perspicaz se esforzó por prever la crónica de violencia que les aguardaba en Rusia.

Referencia: Los olvidados de Tim Tzouliadis


miércoles, 26 de julio de 2023

La honra del comunista consiste en no cumplir las obligaciones a menos que estas respondan a sus intereses

Los estalinistas han dado su apoyo al Gobierno de la Segunda República durante la guerra. Pero recuerdan este mandamiento de Lenin:“Aceptad todas las obligaciones que os pidan, pero cuando llegue la hora decisiva no olvidéis que la honra del comunista consiste en no cumplir estas obligaciones a menos que estas respondan a los intereses del proletariado”. Los comunistas controlaban la mitad del ejército del Gobierno y el 90 % de los comisarios políticos, escribe James W. Cortada.

jueves, 20 de abril de 2023

Adiós para siempre. Besos, besos

Todos tenían un nombre. El muchacho que imaginaba que veía trigo en los campos era Józef Sobolewski. Murió de hambre, lo mismo que su madre y cinco de sus hermanos y hermanas, en la Ucrania famélica de 1933. El hermano que sobrevivió fue ejecutado en 1937, durante el Gran Terror de Stalin. Sólo quedó su hermana, Hanna, para recordarles a él y a sus esperanzas. Stanislaw Wyganowski era el joven que cuando arrestaron a su esposa, Maria, adivinó que se reuniría con ella bajo tierra. Los dos fueron ejecutados por el NKVD en Leningrado en 1937. El oficial polaco que escribió sobre su anillo de bodas era Adam Solski. El diario fue encontrado en su cadáver cuando desenterraron sus restos en Katyn, donde fue ejecutado en 1940….La niña rusa de once años que llevaba un diario en el Leningrado sitiado y hambriento de 1941 era Tania Savicheva. Una de sus hermanas escapó por la superficie helada del lago Ladoga; Tania y el resto de la familia murieron. La niña judía de once años que le escribió a su padre sobre las zanjas de la muerte en Bielorrusia en 1942 era Junita Vishniatskaia. Su madre, qué escribió con ella, se llamaba Zlata. Ambas fueron asesinadas. La última línea de la carta de Junita decía: “Adiós para siempre. Besos, besos”.

Los regímenes nazi y estalinista asesinaron a más de catorce millones de personas.Cuando Hitler traicionó a Stalin y ordenó la invasión de la Unión Soviética, los alemanes mataron de hambre a los prisioneros de guerra soviéticos y a los habitantes de Leningrado durante el sitio de la ciudad, y se llevaron las vidas de más de cuatro millones de personas. Los alemanes pasaron por las armas o gasearon a unos cinco millones cuatrocientos mil judíos.
Tierras de sangre de Timothy Snyder