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viernes, 7 de marzo de 2025

No hay refrán que no sea verdadero

Todos los refranes encierran una verdad y tienen un sentido porque están basados en la experiencia, afirma el escritor y profesor Andrés Amorós. El Quijote dice que “no hay refrán que no sea verdadero”. Los primeros en apreciar los refranes no son gente inculta, son los humanistas del Renacimiento quienes se interesan por la cultura popular auténtica, como Erasmo de Rotterdam, y nuestros clásicos, desde Berceo, Alfonso X el Sabio, el Arcipreste de Hita, don Juan Manuel, el marqués de Santillana o La Celestina, a los más grandes del Siglo de Oro, Quevedo, Góngora, Lope, Tirso, Gracián y Cervantes.
De Mal Lara distingue dos tipos de filosofía, la que se aprende en los libros estudiando a Aristóteles, San Agustín y todos los pensadores y la popular, que no se estudia porque nace de la experiencia y se transmite oralmente, eso son los refranes. Según Rodríguez Marín, el refrán ha de ser popular, breve, simbólico y didáctico, ha de enseñar algo, por eso el refranero, que es un resumen de la filosofía popular, ha influido tanto en nuestra mentalidad y muchas virtudes y defectos del carácter español se reflejan ahí.
Bajo su aparente sencillez, dice Amorós, utilizan eficazmente muchos recursos retóricos, paralelismos, anáforas, antítesis, elipsis, pareados…No es sencillo resumir un pensamiento en una fórmula breve, ha de estar bien escrito, tener forma poética, como un eslogan que se graba en la memoria. Son frases sencillas, pero rotundas y fáciles de recordar. Cuando el pueblo español repite un refrán es porque responde a la realidad, habla de los problemas de la vida, que a veces no son políticamente correctos, tienes un vecino canalla, un médico malo puede matarte, un político te hace la vida imposible, un abogado te puede hacer perder un pleito.


lunes, 13 de enero de 2020

Hoy es habitual la delegación de la educación de los hijos



Suele ser hoy habitual la delegación de la educación de los hijos tanto en abuelos, como en los docentes que ya tienen bastante con preocuparse de la formación humanista, cultural y académica de sus alumnos; y por último en la propia sociedad, “pero aunque, hoy en día, en mayor medida, se corre el grave riesgo de que en esa sociedad existe una preocupante quiebra y carencia de valores, por lo que si en nuestra generación nuestros padres se quedaban tranquilos cuando nos dejaban ante el televisor viendo Barrio Sésamo, pues sus contenidos eran didácticos y moralizantes, sin embargo los niños de ahora se instruyen de los desvalores que transmiten programas que intoxican sus mentes infantiles”, dice el jurista español Francisco Serrano.