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viernes, 26 de enero de 2024

Disidencias antisistema

La complejidad social en entornos liberal-democráticos genera amplias  oportunidades para que surjan discretas e imperceptibles disidencias antisistema, indetectables para  unos mecanismos  de  control  social muy  deteriorados o inexistentes y unas fuerzas de seguridad sobrecargadas que priorizan lo urgente frente a lo importante. En este caso, el problema no es tanto la desafección ideológica por parte de los desafiadores respecto del sistema, sino la perspectiva de rentabilizar la violencia como instrumento para imponerse en una sociedad fracturada e internamente inconexa.Las  probabilidades de que,en sociedades como las occidentales, con tan variadas  dispares sensibilidades sociales y culturales emerjan actores  que exploren la  violencia como una opción estratégica,no es despreciable,escribe Óscar  Jaime Jiménez, profesor de Sociología  en  el  Departamento  de Tendencias Sociales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

sábado, 4 de febrero de 2023

La riqueza no les ha concedido felicidad

Para Rolland Munro, el concepto de “melancolía” en su uso actual “describe no tanto un estado de indecisión, una vacilación entre un camino u otro, sino más bien la tendencia a alejarse de esa encrucijada, abstenerse de la división misma”. Es sinónimo del “desapego” a “todo y a nada específicamente”. Ser “melancólico” es poder sentir “la infinidad de conexiones, sin quedar enganchado en ninguna”. Resumiendo, la “melancolía” se refiere a “una forma sin un contenido, el rechazo a saber sólo esto o sólo aquello”. Yo diría, dice Zygmunt Bauman, que la idea de “melancolía” se refiere al fin de cuentas a una dolencia genérica de los consumidores (el homo eligens por decreto de la sociedad de consumo), a una perturbación resultante del choque fatal entre la obligación-compulsión-adicción a elegir y la incapacidad para hacer esa elección. En el léxico de Simmel, representa la transitoriedad prefabricada y la insubstancialidad artificial de los objetos que flotan, se hunden y vuelven a emerger en esa marea de estímulos. Es sinónimo de la insubstancialidad que en el comportamiento del consumidor se manifiesta como gula omnívora y glotonería indiscriminada.

Andrew Oswald del Financial Times sugiere que a los habitantes de países ricos y altamente desarrollados, con economías basadas en el consumo, la riqueza no les ha concedido felicidad.Por otra parte,  escribe Zygmunt Bauman, también hay que decir que ese fenómeno negativo y las causas del malestar y la infelicidad, como el estrés o la depresión, horarios de trabajo extensos y antisociales, el franco deterioro de los vínculos, la falta de autoestima y la desesperante incertidumbre de no saber si uno está a salvo y en “lo correcto”, tienden a crecer en frecuencia, volumen e intensidad……Una economía orientada al consumo promueve activamente la desafección, socava la confianza y profundiza la sensación de inseguridad, hasta convertirse ella misma en una fuente de ese miedo ambiente que prometía curar o ahuyentar, ese miedo que satura la vida líquida moderna y es la causa principal del tipo de infelicidad propio de esta época.