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sábado, 10 de noviembre de 2018

Sólo el Creador del alma podrá tratar el alma humana.


Adrienne von Speyr (1902-1967) ha sido una de las místicas más importantes del siglo XX. Fue la primera mujer que ejerció la profesión de médico en Suiza. El pasaje que publico está sacado de su libro “La confesión”.

“Sólo el Creador del alma podrá tratar el alma humana de tal modo que ella llegue a ser como Él la desea y necesita. Sólo Él puede curarla por caminos que sólo Él conoce, descubre y le prescribe en vista de su curación. Otro tipo de relación entre un director y su dirigido puede, por cierto, basarse en una necesidad. Pero el camino decisivo de Dios, la confesión, se basa en la obediencia. Y, precisamente, en la obediencia a Dios tanto del hombre que es dirigido como del que dirige. Por supuesto, en el hombre puede anidar una necesidad de confesarse. Pero si lo hace realmente, entonces lo hace en obediencia a Dios. Menos aún escucha el confesor los pecados ajenos movido por una necesidad subjetiva; lo hace ante todo y exclusivamente en obediencia a Dios. Dios mismo ha establecido de manera central el lugar en el que quiere practicar psicoanálisis con los pecadores: el lugar de la cruz y de la confesión instituida después de la cruz. Es un acto central de obediencia a Dios seguir este camino por Él indicado y que ha indicado como el único correcto y el único realmente capaz de curar. Esto no significa que todo diálogo sobre los propios asuntos del alma fuera de la confesión y del ministerio eclesial sea inútil o perjudicial. Pero si la necesidad de tal diálogo surge en su justo lugar y es conducido de modo correcto, el diálogo llevará, por caminos cortos o largos, directamente o con rodeos, al acto de la confesión.”

martes, 30 de octubre de 2018

El conocimiento de los propios orígenes.

Neurocirujano Eben Alexander
Eben Alexander, neurocirujano estadounidense y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, escribe en su libro autobiográfico que “por extraño que pueda parecer, al conocer a mi familia biológica, me sentí, por primera vez en mi vida, como si las cosas estuviesen realmente bien. La familia es algo muy importante y yo había recuperado la mía... o al menos en su mayor parte. Fue la primera vez que pude constatar hasta qué punto el conocimiento de los propios orígenes puede ejercer sobre una persona un efecto terapéutico inimaginable. El hecho de saber de dónde venía, mis orígenes biológicos, me permitió ver y aceptar cosas de mí mismo con las que nunca habría soñado. Al conocer a mi
familia pude desprenderme al fin de la última y persistente sospecha que había llevado conmigo sin siquiera ser consciente de ello, la de que, viniera de donde viniese desde el punto de vista biológico, no me habían querido. De manera subconsciente había llegado a aceptar que no merecía ser querido. Es más, que ni siquiera merecía existir. Descubrir que me habían querido desde el principio inició un proceso de curación interior a todos los niveles. Me sentí más completo que en toda mi vida”.