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viernes, 15 de marzo de 2019

Esclavos dichosos.

Rousseau 
Mínimo de sentimientos comunitarios y sacrificios colectivos cuya carencia provoca que la privatizada vida contemporánea corra el riesgo de diluirse en un vacío amoral, falto de nervio y de sentido, dice el profesor Gonzalo Díez. El vacío de aquellos esclavos dichosos de los que hablaba Rousseau con desprecio porque entregaban su libertad y virtud a los gobernantes a cambio de que éstos les garantizasen los medios de su disfrute.

Weber teme de ese mundo racionalizado, carente de rutina religiosa, sumido en un pluralismo conflictivo, el triunfo de
Weber.
un capitalismo bucanero, sin unos mínimos de ética y de virtud, y de las religiones sustitutorias propagadas por intelectuales carentes de una ética de la responsabilidad. Constant teme que el hedonismo, también criticado por Weber, lleve a la instauración de un despotismo benévolo que convierta a los modernos en esclavos dichosos.

jueves, 24 de mayo de 2018

¿Qué es lo que haría verdaderamente libre a una sociedad?


Si las democracias, sin dejar de serlo, pueden suprimir la libertad, al menos en el sentido en el que los liberales usaron esta palabra, ¿qué es lo que haría verdaderamente libre a una sociedad? Para Constant, Mill, Tocqueville y la tradición liberal a la que ellos pertenecen, una sociedad no es libre a no ser que esté gobernada por dos principios que guardan relación entre sí. Primero, que solamente los derechos, y no el poder, pueden ser considerados cómo absolutos, de manera que todos los hombres, cualquiera que sea el poder que les gobierne, tienen el derecho absoluto de negarse a comportarse de una manera que no es humana, y segundo,
Tocqueville
que hay fronteras, trazadas no artificialmente, dentro de las cuales los hombres deben ser inviolables, siendo definidas estas fronteras en función de normas aceptadas por tantos hombres y por tanto tiempo que su observancia ha entrado a formar parte de la concepción misma de lo que es un ser humano normal y, por tanto, de lo que es obrar de manera inhumana o insensata; normas de las que sería absurdo decir, por ejemplo, que podrían ser derogadas por algún procedimiento formal por parte de algún tribunal o de alguna entidad soberana. 

Cuando se habla de un hombre que es normal, dice Isaiah
Isaiah Berlin
Berlin, es que no se puede violar fácilmente las normas sin una desagradable sensación de revulsión. Tales normas son las que se violan cuando a un hombre se le declara culpable sin juicio o se le castiga con arreglo a una ley retroactiva; cuando se les ordena a los niños denunciar a sus padres, a los amigos, traicionarse uno al otro, o a los soldados, utilizar métodos bárbaros; cuando los hombres son torturados o asesinados, o cuando se hace una matanza con las minorías porque irritan a una mayoría o a un tirano. Tales actos, aunque sean legalizados por el soberano, causas horror incluso en estos días.