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viernes, 2 de julio de 2021

Europa, siglo XII

Catedral. Siglo XII

En el siglo XII los nuevos centros escolares, salidos de las escuelas episcopales, se independizan de ellas en lo referente al reclutamiento de sus maestros y de sus alumnos y en lo que atañe a sus programas y a sus métodos. La escolástica es hija de las ciudades. Es la reina de las nuevas instituciones, las universidades. El estudio y la enseñanza se convierten en un oficio, en una de las numerosas actividades especializadas del taller urbano. Por lo demás, el mismo nombre es significativo, universitas, que es lo mismo que corporación. Las universidades no son más que las corporaciones de maestros y de estudiantes; universitas magistrorum et scolarium, con sus diferencias y sus matices, de Bolonia donde dominan los estudiantes, o de París donde dominan los maestros. El libro se convierte en un instrumento y no en un ídolo. Como todo instrumento, tiende a fabricarse en serie, constituye el objeto de una producción, de un comercio. El arte románico, producto y expresión del desarrollo de la cristiandad después del año mil, se transforma en el transcurso del siglo XII. Su nuevo rostro, el gótico, es un arte urbano. Como arte de catedrales brotadas del cuerpo urbano, ellas mismas lo dominan y lo subliman. La iconografía de las catedrales es la expresión de la cultura urbana, la vida activa y la contemplativa buscan en él un equilibrio inestable, las corporaciones adornan la iglesia con vidrieras y en ellas se despliega todo el saber escolástico. En torno a la ciudad, las iglesias de la campaña reproducen con menor acierto artístico y con recursos materiales mucho más limitados el plano de la catedral de la ciudad modelo, o uno de sus elementos más significativos, el campanario, la torre, el tímpano. La catedral, hecha para albergar a un pueblo nuevo, más numeroso, más humano y más realista, no olvida de recordarle la vida rural cercana y bienhechora. El tema de los meses, marco de los trabajos rústicos, sigue siendo uno de los ornamentos tradicionales de la iglesia urbana.

martes, 28 de marzo de 2017

Él era el aire que temblaba, el aire que cantaba, el aire que se reflejaba en las bóvedas, el aire que se arremolinaba bajo la cúpula.

 Basílica de san Francisco el Grande de Madrid 
Hay distintas formas de descubrir que Dios está con nosotros. Una de ellas es la que nos cuenta el escritor y dramaturgo Éric-Emmanuel Schmitt en su libro El hijo de Noé: “Y en un segundo lo comprendí todo. Dios estaba allí. En todas partes, a nuestro alrededor. En todas partes, encima de nosotros. Él era el aire que temblaba, el aire que cantaba, el aire que se reflejaba en las bóvedas, el aire que se arremolinaba bajo la cúpula. Él era el aire que se bañaba en los tonos de las vidrieras, el aire que brillaba, el aire que seducía, el aire que olía a mirra, a cera de abejas y al jugo dulzón de los lirios. Y ese aire colmaba mi corazón, daba fuerza a mi corazón. Estaba llenando de Dios mis pulmones, llenándome de Él hasta casi los límites del desmayo”.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Las vidrieras de una iglesia transmiten la luz del verdadero Sol.

Guillermo Durando, obispo de Mende 
Decía “El simbolismo de las iglesias y sus ornamentos”, en el Rationale divinorum officiorum, c. 1290, de Guillermo Durando, obispo de Mende (1230-1296): “Las pinturas y ornamentos de las iglesias son lecciones y escrituras para el lego. Como declaró el Papa Gregorio, una cosa es adorar una pintura y otra, por medio de una pintura, aprender históricamente lo que hay que adorar. 

Lo que los escritos proporcionan a alguien que sabe leer, una pintura puede proporcionárselo a alguien que es iletrado y que sólo sabe mirar. El Papa Gregorio decía que no hay que rechazar las imágenes pintadas, porque las pinturas parecen conmover mucho más a la mente que las descripciones verbales. De este modo, en las pinturas los actos son colocados ante nuestros ojos y parece que están ocurriendo de verdad, mientras que en las descripciones el hecho se hace como si fuera de oídas, cosa que afecta a la mente mucho menos cuando lo traemos a la memoria.



Las vidrieras de una iglesia son Sagradas Escrituras, que repelen el viento y la lluvia, es decir, todas las cosas dañinas, pero transmiten la luz del verdadero Sol, es decir, de Dios, a los corazones de los fieles. Las vidrieras son más amplias por dentro que por fuera porque la comprensión mística es más amplia y precede al sentido literal. Asimismo, en las vidrieras se hallan representados los sentidos del cuerpo, por cuanto éstos deben estar cerrados a las vanidades de este mundo, y abiertos a recibir dones espirituales con total libertad. Mediante la tracería de las ventanas, comprendemos a los profetas u otros maestros menos conocidos en la Iglesia Militante”.