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sábado, 6 de julio de 2024

La ideología woke ha alcanzado amplia repercusión en la opinión pública y en la cultura popular

Difundida desde las universidades y las redacciones de grandes medios de izquierdas como The New York Times, The Washington Post o The Guardian, la ideología woke ha alcanzado amplia repercusión en la opinión pública y en la cultura popular de dentro y fuera de EE.UU. Sus manifestaciones más llamativas incluyen el derribo de estatuas; la quema de libros de Astérix, Tintín o Lucky Luke; el sándwich LGTB de Marks & Spencer; las matemáticas con perspectiva de género; el pulso entre Disney y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, por la ley conocida como “No digas gay”; o el cómic protagonizado por el hijo de Superman, un joven de 17 años que “lucha contra el cambio climático, participa en protestas contra la deportación de refugiados y es bisexual”, en palabras de la escritora Leila Guerriero. El periodista Andrew Sullivan, quien cree que el estirón del fenómeno woke llegó a mediados de la década 2010. Fue entonces cuando “un nuevo y curioso vocabulario” comenzó a ponerse de moda en determinados medios de comunicación. “Términos que antes eran casi totalmente oscuros, se convirtieron de repente en omnipresentes”. Y cita, entre otros ejemplos sacados de The New York Times, los siguientes, no binario, masculinidad tóxica, supremacía blanca, queer, transfobia, blancura… No es disparatado relacionar el fervor mediático por este lenguaje con el cambio de actitudes registrado por Yglesias.
Kimberlé Crenshaw,acuñó el término interseccionalidad para aludir al solapamiento de dos o más formas de discriminación, fruto de la confluencia de varias “identidades oprimidas” en una misma persona o grupo. Por ejemplo, mujer negra lesbiana. Esta noción permite comprender por qué Black Lives Matter (BLM) considera que la lucha contra el racismo es inseparable de la lucha contra el patriarcado, la “heteronormatividad” o el capitalismo.
La batalla real comenzó cuando Donald Trump decidió entrar de lleno en este asunto en septiembre de 2020, a tan solo dos meses de las elecciones presidenciales que perdió contra Biden. Además de prometer una educación patriótica en los colegios públicos y de condenar la propaganda tóxica de la TCR y del Proyecto 1619, lo más sonado fueron dos decretos presidenciales. Uno, prohibir la financiación con fondos federales de cualquier formación basada en los postulados de la TCR o sus derivados; el otro, para crear una comisión encargada de defender el “legado de 1776”. El mismo día que Joe Biden tomó posesión como nuevo presidente de EE.UU., el 20 de enero de 2021, anuló esas dos órdenes ejecutivas, lo que da idea de la importancia que ambos mandatarios dieron a esta cuestión.


jueves, 16 de marzo de 2023

Discordancia de género

Para la medicina, la discordancia de género sigue siendo considerada una patología, así como la disforia de género. El problema de la ley es que ya no permite ejercer este diagnóstico, que una persona considere que su cuerpo no se corresponde con su sexo sentido pasa a ser un elemento identitario y, por tanto, no “tratable” ni diagnosticable. Se prohíben las “terapias de conversión”, consideradas como cualquier método que procure “modificar la orientación o identidad sexual o expresión de género de las personas, incluso si cuentan con el consentimiento de la persona interesada o de su representante legal” (Artículo 17). Es un artículo que preocupa sobremanera a profesionales como médicos, psicólogos o psiquiatras.
Esta ley ha sido fuertemente atacado desde el feminismo porque supone reafirmar los estereotipos sexistas (del tipo “si es una niña y juega al fútbol, es que tal vez sea un niño”) en edades muy tempranas. En países como Reino Unido, la experiencia ha mostrado que la aplicación de esta teoría afecta sobre todo a chicas en la adolescencia y ha llevado a miles a identificarse como varones, comenzando procesos de hormonación a edades muy tempranas, cuyas consecuencias médicas pueden ser de por vida.La norma incluye que la autodeterminación de sexo en menores debe ser apoyada por todas las instancias, y abre la puerta a que se quite la custodia a unos padres que no quieran apoyar a su hijo en la “transición”. La norma dice que prohibe la intervención de modificación genital en menores de 12 años, pero abre la puerta a que sí se puedan practicar en adolescentes de 12 a 16 años bajo el solo consentimiento del menor, sin el acompañamiento de los padres en una decisión que marcará toda su vida.

Con esta ley en la mano, cualquier hombre biológico que se auto-identifique como mujer, es mujer. De ahí que tantas feministas hayan puesto el grito en el cielo, aunque apenas hayan querido ser escuchadas por quienes han llevado la ley adelante, que las acusan de transfobia. La AEE expresaba en su comunicado: “Los espacios segregados por sexo que, hasta ahora, eran espacios seguros para las mujeres, como los vestuarios, baños escolares, refugios para mujeres, módulos de prisiones… dejarían de serlo. Cualquier hombre inscrito en el Registro Civil como mujer podría acceder a ellos sin problemas sólo con su "declaración de voluntad". Esta ley supondría también que desaparezca la realidad del deporte femenino, que sería invadido por personas biológicamente varones que se declaran con una identidad de género femenina”.
Se convierte en una “ley mordaza” porque desarrolla un fuerte aparato sancionador que promete establecer multas económicas a quienes fomenten la discriminación. El aparato sancionador es tan poco específico que abre la puerta a que cualquier persona, entidad o medio pueda ser acusada de homofobia o transfobia, simplemente por expresar una opinión diferente a la que presenta la ley.

sábado, 12 de febrero de 2022

Muchas mujeres se niegan a aceptar el concepto de identidad de género

"Muchas, muchas mujeres han sido objeto de campañas de intimidación que van desde ser acosadas en las redes sociales o denunciadas ante sus empleadores, hasta sufrir doxing (divulgación de información personal) y amenazas directas de violencia, incluida la violación. Ellas y sus familias se han visto sumidas en un estado de miedo y angustia por el único motivo de que se niegan a aceptar acríticamente que el concepto de identidad de género debe reemplazar al de sexo" (tuit de J.K. Rowling del 22 de noviembre). Mujeres, feministas, de todos los ámbitos, aunque los casos de cancelación más recientes, y más ruidosos, han tenido lugar en el mundo académico y universitario. El pecado de todas ellas es cuestionar las leyes de autodeterminación del sexo legal; defender que el sexo es real e inmutable, que no se puede elegir a voluntad y que el concepto "mujer" está en riesgo si se admite, como quiere el activismo trans, que para ser mujer es suficiente con sentirse mujer.

Kathleen Stock

En noviembre, Kathleen Stock, catedrática de Filosofía, renunció a su puesto en la Universidad de Sussex tras las acusaciones de transfobia y de varios actos violentos protagonizados por activistas trans. El recinto universitario fue empapelado con pasquines exigiendo su despido y se quemó una figura con su nombre. Las acusaciones se intensificaron tras la publicación de su libro “Material Girls. Por qué la realidad es importante para el feminismo”, en el que desarrolla una crítica de la idea de la identidad de género. Stock denunció haber sido víctima de un ostracismo medieval por escribir sobre el sexo biológico, la identidad de género, los derechos de las mujeres y las demandas transactivistas.En la Universidad de Oxford, un estudiante transgénero puso en marcha en octubre de 2020 una campaña, suscrita por unos 500 alumnos y exalumnos, pidiendo la expulsión de las profesoras Selina Todd y Senia Paseta. Fue la respuesta al nombramiento de las docentes para dirigir un nuevo programa sobre Igualdad y Desigualdad de la Mujer en la Oxford Martin School.

Maya Forstater

Fuera de las universidades, las mujeres también han sido despedidas o han tenido que renunciar a sus trabajos por las acusaciones infundadas de odio o de transfobia. El caso más conocido es el de Maya Forstater, que resume su experiencia: "He pasado los últimos dos años atrapada en una pesadilla kafkiana. Todo comenzó a principios de 2019, cuando perdí mi trabajo en un grupo de expertos en desarrollo internacional por decir que el sexo importa; que ser hombre e identificarse como mujer no es lo mismo que ser mujer". "Cuando busqué representación legal para presentar una demanda contra mi exempleador, dos importantes bufetes de abogados se negaron a aceptar mi caso y uno lo abandonó unos días antes de que yo lanzara una petición de financiación colectiva por su preocupación de ser acusada de transfobia. Cuando me quejé ante la Autoridad de Regulación de Abogados, me dijeron que no era una violación de los estándares profesionales examinar y rechazar clientes. Mientras tanto, busqué otro trabajo en el sector del desarrollo internacional, pero me dijeron que era demasiado controvertida para contratarme”. Maya perdió el juicio en el tribunal laboral pero posteriormente obtuvo una sentencia favorable que reconocía que su afirmación de que el sexo es real está respaldada por la Ley de Igualdad y por el derecho a la libertad de expresión.