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sábado, 2 de mayo de 2020

El Partido Comunista Chino calló



“El Partido Comunista Chino (PCC) es el más grande y más peligroso virus en el mundo”, afirma el disidente Chen Guangcheng  como conclusión de una conferencia-debate online organizada por la Universidad Católica de América. En el Fórum, organizado por la asociación Faith & Law y por el Instituto para la ecología humana, Chen subrayó que el PCC calló sobre la difusión del virus en Wuhan y en el país, manipuló la cifras de las infecciones y de las muertes, violó los derechos de los ciudadanos. “Es tiempo de reconocer la amenaza que el PCC pone a toda la humanidad. El PCC reprime y manipula informaciones para reforzar su toma del poder, sin alguna consideración al precio de las vidas humanas”.


Chen puso en guardia a los gobiernos de seguir el “método chino” en la lucha al coronavirus, citando la falta de fiabilidad de los datos dados por el gobierno. “Familias enteras, contó Chen Guangcheng, fueron encontradas muertas en su departamento, porque no podían salir”. También subrayo que “las autoridades dicen que ellos tienen el virus bajo control” y “ordenan a todos a volver al trabajo”, pero hay todavía zonas aisladas en el país. “El resurgir del virus está directamente relacionado al hecho que el PCC esconde la verdad sobre la epidemia". Chen denunció que el Partido está usando la crisis pandémica para perseguir a los disidentes, deteniendo activistas por los derechos humanos con la excusa de la cuarentena.

miércoles, 29 de abril de 2020

España es el país del mundo con el mayor número de profesionales infectados con coronavirus



España es el país del mundo con el mayor número de profesionales de la salud infectados con coronavirus, según los datos oficiales disponibles. Un informe publicado por el Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC) muestra que el 20% de los casos de infecciones registrados en España se refieren a ese grupo, mientras que en Italia ese porcentaje cae al 10%, aunque en Lombardía, el epicentro de la epidemia en ese país, el porcentaje también es del 20%. En los Estados Unidos, los trabajadores sanitarios infectados apenas alcanzan el 3% y en China, donde empezó la pandemia, alcanzan el 3,8%.

lunes, 27 de marzo de 2017

Los antibióticos dieron lugar a toda una revolución en el control de las enfermedades infecciosas.


Cuando Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo en 1492, se estima que en todo el continente había 50 millones de habitantes. Sin embargo, a mediados del siglo XVII la población indígena era entre 6 y 8 millones de personas. Los asesinos fueron las enfermedades que llevaron consigo los conquistadores. Durante siglos, los nativos del Viejo Mundo habían convivido con los virus de la viruela y el sarampión, así como con los microorganismos causantes del tifus y de la fiebre amarilla. Habían desarrollado un cierto grado de resistencia, la selección natural había favorecido la persistencia ante estas infecciones. Por el contrario, los indígenas americanos carecían de estimulación antigénica previa. Su ambiente libre del virus de la viruela no habían fomentado la aparición de mutaciones aleatorias que les otorgaran resistencia. Por ello, cuando llegó el virus, no hubo nada que lo contuviera. El científico Jared Diamond ha narrado en Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años que las enfermedades que llevaron los españoles consigo tuvieron, en lo relativo a la rápida conquista del continente, al menos la misma importancia que su tecnología. 


Un proceso similar explica cómo las nuevas enfermedades infecciosas han saltado la barrera entre las especies animales y el ser humano. El VIH causa el sida, y se considera que, en su origen, infectaba a los chimpancés; durante las décadas de 1960 o 1970 pasó al ser humano, posiblemente cuando un cazador de animales salvajes recibió una mordedura. Aunque esta infección era inocua en los chimpancés, los humanos carecían de defensas genéticas. En poco tiempo, el virus desarrolló nuevas mutaciones que le permitieron propagarse de persona a persona, causando desde entonces el fallecimiento de al menos 2,5 millones de personas cada año. Eludiendo nuestras defensas Con el paso del tiempo, algunas personas desarrollarán resistencia al VIH,escribe el profesor Henderson, de la misma forma que algunos individuos han desarrollado mecanismos de defensa ante la viruela o la malaria. Sin embargo, el largo ciclo vital del ser humano hace que sean necesarios varios siglos para que estos rasgos se manifiesten en mutaciones y, después, se
propaguen a todo el acervo. Los microorganismos patógenos no tienen este problema. La increíble velocidad con la que se reproducen las bacterias y los virus les concede una ventaja enorme sobre sus huéspedes. Dicho de forma sencilla, pueden evolucionar con una rapidez mucho mayor de la que podemos hacerlo nosotros y, así, evitar las armas que utilizamos para combatirlos. 

Envases de antibióticos
La introducción de los antibióticos a mediados del siglo XX dio lugar a toda una revolución en el control de las enfermedades infecciosas. La penicilina y la estreptomicina permitieron tratar con éxito amenazas como la tuberculosis y la meningitis. Sin embargo, las bacterias se multiplican con tal rapidez que sus genomas apenas sí permanecen sin modificarse. Cada una de las miles de millones de divisiones celulares que experimenta a diario una colonia representa una oportunidad para que se produzca una mutación que otorgue un cierto grado de resistencia a los antibióticos. La resistencia también se puede propagar a través de otro mecanismo, dado que las bacterias donan genes de inmunidad a sus vecinas a través del intercambio de pequeños paquetes portátiles de ADN llamadas plásmidos, dice Henderson. De esta manera se originan los denominados supermicroorganismos. La mayor parte de las cepas de Staphylococcus aureus resistentes a meticilina (SARM) es resistente a todos los antibióticos de la familia de las penicilinas.