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martes, 9 de mayo de 2023

Al mal bien y al bien mal

Cuando la conciencia, este luminoso ojo del alma (cf. Mt 6, 22-23), llama “al mal bien y al bien mal”(Is 5, 20), camina ya hacia su degradación más inquietante y hacia la más tenebrosa ceguera moral. Sin embargo, todos los condicionamientos y esfuerzos por imponer el silencio no logran sofocar la voz del Señor que resuena en la conciencia de cada hombre, escribe Juan Pablo II en Evangelium Vitae.
Leo Trese escribe que si nos hacemos la pregunta “¿Qué pecados he cometido hoy?”. Si sólo me pregunto “¿Qué?”, y no “¿Por qué?”, mis pecados de mañana serán, muy probablemente, los mismos que los de hoy.


lunes, 15 de mayo de 2017

Pocos gobiernos han encontrado mucha dificultad en hacer que sus súbditos quisieran lo que quería el gobierno.

Los hombres que han luchado por la libertad han luchado generalmente por el derecho a ser gobernados por ellos mismos o por sus representantes; gobernados severamente, si era necesario, como los espartanos, con poca libertad individual, pero de una manera que les permitiese participar, o en todo caso, creer que participaban, en la legislación y administración de sus vidas colectivas. Y añade el profesor Isaiah Berlin, los hombres que han hecho las revoluciones han entendido por libertad algo que no era más que la conquista del poder por parte de alguna determinada secta de creyentes en alguna doctrina, o de una clase, o de algún otro grupo social, antiguo o moderno. Sus victorias frustraron desde luego a los que eliminaron, y a veces reprimieron, esclavizaron o exterminaron a un gran número de seres humanos. Sin embargo, tales revolucionarios generalmente han considerado que era necesario defender que, a pesar de esto, ellos representaban al partido de la libertad, de la verdadera libertad, proclamando universalmente su ideal y alegando que también lo querían los “verdaderos yos” de aquellos mismos que se les oponían, aunque considerando que estos últimos habían perdido el camino que les conducía a este fin, o que se habían equivocado en el fin mismo a causa de alguna ceguera moral o espiritual.


Isaiah Berlin
Está claro que la libertad tiene poco que esperar del gobierno de las mayorías, dice Isaiah Berlin; la democracia como tal no está, lógicamente, comprometida con ella, e históricamente a veces ha dejado de protegerla, permaneciendo fiel a sus propios principios. Se ha observado que pocos gobiernos han encontrado mucha dificultad en hacer que sus súbditos quisieran lo que quería el gobierno. “El triunfo del despotismo es forzar a los esclavos a declararse libres”. Puede que no sea necesaria la fuerza, puede que los esclavos proclamen su libertad sinceramente; pero por eso no son menos esclavos.