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lunes, 28 de octubre de 2024

El clientelismo

El clientelismo es un sistema caracterizado por unos políticos o dirigentes que otorgan favores, dádivas o privilegios a ciertas personas, o grupos concretos, a cambio de apoyo para obtener el poder o mantenerse en él. Este intercambio de favores necesita mecanismos que permitan una elevada dosis de discrecionalidad y arbitrariedad en las decisiones públicas para poder beneficiar a algunos grupos a costa de otros como normas complejas cuya puesta en práctica resulte discutible, leyes que no se apliquen generalmente pero puedan usarse a voluntad, a modo de chantaje o extorsión, etc. En este contexto de favoritismo desaparece la teórica igualdad de los ciudadanos ante las decisiones del poder. 
En las sociedades sometidas al Estado, la vigencia de los valores queda a expensas de los incentivos que dimanan de las instituciones, sea formalmente como leyes, sea informalmente como la cultura y los hábitos promovidos por la clase dirigente y asimilados por el resto. Si los dirigentes trasladan a la opinión pública la idea de que la Justicia es intencionadamente arbitraria, que las relaciones personalistas o los privilegios están por encima de los conocimientos, el mérito y el esfuerzo, que el engaño y la mentira son recursos legítimos y que la corrupción o el latrocinio, lejos de ser perseguidos, pueden proporcionar suculentos réditos, los valores éticos se convierten en una pesada carga. Pero no desaparecen, pues, por grave que sea la degradación, la gente aún distingue el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto.
Referencia: Catarsis (Javier Benegas;Juan M. Blanco)

martes, 15 de septiembre de 2020

El desacoplamiento entre Washington y Pekín



Para Gideon Rachman, periodista del Financial Times, el desacoplamiento entre Washington y Pekín acaba de empezar. De las amenazas verbales y el rechazo a un nuevo acuerdo comercial se ha pasado a una carrera tecnológica y financiera. Esto se explica porque la lógica empresarial que regía las relaciones entre los Estados Unidos y China se ha sustituido por la lógica de la competición estratégica. En otras palabras, los intereses políticos han rebasado por primera vez los incentivos económicos a la cooperación. Rachman deja bien claro que no se trata de una obsesión de Donald Trump. En Washington, afirma, reina un amplio consenso entre republicanos y demócratas sobre la conveniencia de endurecer la posición hacia China.


Hoy, el desacoplamiento es una carrera que recuerda a su equivalente armamentístico, más lúgubre, de la Guerra Fría. Rachman piensa que, en un futuro, la competición afectará a todos los aspectos de la vida económica de los Estados Unidos y China. Apple, hasta ahora centrado en China para la producción de sus aparatos, manufactura su nuevo Phone en la India, y ha abierto nuevas fábricas en los Estados Unidos. Las empresas tecnológicas de ambos países, como Huawei, Google, o más recientemente ByteDance, han sido sólo las primeras afectadas. Otras marcas americanas, como Starbucks, se preparan para un golpe demoledor que las fuerce a salir de China.


Como en la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, el resto de países del mundo no tendrá otro remedio que posicionarse a favor de una o de la otra superpotencia. La alternativa será la marginación económica porque ningún otro país puede permitirse prescindir de los dos sistemas económicos chino y norteamericano a la vez en términos de tecnología, derechos comerciales, financiación o materias primas. A pesar de que Europa todavía duda no le quedará otro remedio que posicionarse bajo la protección de los Estados Unidos, como a finales de los años 40. La alternativa sería tan alocada como pedir formar parte del Pacto de Varsovia en 1955.