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martes, 23 de diciembre de 2025

Cada vez que le decimos al niño cualquier frase que empiece por “eres”, el cerebro del niño guarda esos datos

Cuando al niño lo castigamos por desobedecer o le decimos que es un desobediente, su cerebro utiliza esa información para formar un autoconcepto. Cada vez que le decimos al niño cualquier frase que empiece por “eres”, el cerebro del niño guarda esos datos en una estructura llamada hipocampo que está encargada de almacenar todos los conocimientos sobre el mundo y sobre sí mismo, que van a permitirle tomar decisiones en la vida. Así, si el niño sabe que un perro contento mueve la colita, decidirá tocar a un perro que la mueve. Si sabe que en verano se toman helados, pedirá un helado a su mamá en un día de calor para disfrutar de su frescor. De la misma manera, si el niño se reconoce valiente u obediente actuará en consecuencia, mientras que si los mensajes de sus padres o maestros han fijado en su memoria que es un niño desobediente, también actuará en consecuencia. El niño que se sabe desobediente, caprichoso, egoísta o vago no tendrá más remedio que actuar en la vida en relación con lo que sabe de sí mismo. En este sentido, hay pocas cosas que puedan hacer tanto daño al autoconcepto y a las posibilidades de un niño como todos aquellos mensajes negativos acerca de sí mismo que quedan grabados en su memoria.
Referencia: El cerebro del niño explicado a los padres (Álvaro Bilbao)

viernes, 21 de julio de 2023

Los disconformes que quieren hacerse oír transgrediendo las normas de la propia democracia

Cuenta el filósofo Fernando Savater que a Franco, que fondeaba su yate Azor en plena bahía de la Concha durante semanas y se paseaba por San Sebastián con menos medidas de seguridad de las que necesitarían el Rey o Rajoy para hacer el mismo recorrido, no solían hacerle algaradas ni escraches. Lo malo, sin embargo, comienza cuando los disconformes que quieren hacerse oír se empeñan en manifestar su desacuerdo transgrediendo las normas de la propia democracia y sobre todo empeñándose en descalificarla como si fuese en el fondo la peor de las dictaduras, aunque, eso sí, astutamente disimulada. Una cosa es que protesten o reclamen en democracia quienes no se hubieran atrevido a tanto en una dictadura y otra que para hacerse los héroes o cargarse de unas razones que muchos les discuten pretendan convertir en dictadura lo que no lo es.Cuando desobedecen a las autoridades actuales, en su imaginación se están enfrentando retrospectivamente a Franco, a Hitler o si me apuran un poco a Calígula. Y además con la ventaja de que su audaz batalla contra la tiranía puede hasta salirles gratis, con un poco de suerte y una ayudita de los biempensantes…