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lunes, 5 de agosto de 2024

Siempre hay tiempo

José Luis Martín Descalzo escribe en su libro La frontera de Dios: "En el juicio, yo pienso que, si encuentra un solo céntimo, ya llenará Él lo que falte, que siempre será mucho. No sé cómo, pero lo llenará. Y aquí… siempre hay tiempo de ser buenos… —¡Tiempo…! —Sí, siempre hay tiempo. Basta un instante para decir: te amo."

sábado, 16 de junio de 2018

Tristeza

Séneca explicó muy bien que “la tristeza, aun cuando esté justificada, muchas veces es sólo pereza, ya que nada necesita menos esfuerzo que estar triste”. Pero es que, de veras, ¿puede combatirse la tristeza? Desde luego. Un refrán chino lo explicaba muy bien: “No puedes evitar que el pájaro de tu tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí que anide en tu cabellera”. Efectivamente, a uno pueden darle disgustos; pero, en definitiva, siempre es libre de tomarlos o no, y de tomarlos con mayor o menor coraje y entereza, de modo que no acaben entenebreciendo nuestra alma. Y es que no hay bruma que, a la corta o a la larga, no sea desgarrada por el sol.

Martín Descalzo decía que el egoísmo de nuestro tiempo suele olvidar demasiado aquella obra de misericordia que era consolar al triste, pero también lo es que hay personas que prefieren encerrarse a sufrir solos antes que abrir el alma a los demás. Y eso sí que es un gran error. 

San Juan de la Cruz. Códice de la Llama de amor viva
Una de las normas de conducta que se imponía San Juan de la Cruz, cuando era superior de algún convento, era la de que jamás el súbdito saliera de su habitación entristecido. Cuando veía algún fraile melancólico le cogía de la mano, le llevaba al campo y comenzaba a hablarle de la hermosura del mundo, la belleza de la hierba y las flores, la alegría de la creación, hasta que veía aflorar en sus labios una sonrisa.

jueves, 20 de julio de 2017

Prefiere seguir contando contigo.

José Luis Martín Descalzo
Escribía José Luis Martín Descalzo que en los momentos de desaliento, “me acuerdo de una oración de cristianos brasileños que una vez escuché y que no he olvidado del todo, pero que, reconstruida ahora por mí, podría decir algo parecido a esto: – Sí, ya sé que sólo Dios puede dar la vida; pero tú puedes ayudarle a transmitirla. – Sólo Dios puede dar la fe; pero tú puedes dar tu testimonio. – Sólo Dios es el autor de toda esperanza; pero tú puedes ayudar a tu amigo a encontrarla. – Sólo Dios es el camino; pero tú eres el dedo que señala cómo se va a Él. – Sólo Dios puede dar el amor; pero tú puedes enseñar a otros cómo se ama. – Dios es el único que tiene fuerza, la crea, la da; pero nosotros podemos animar al desanimado. – Sólo Dios puede hacer que se conserve o prolongue una vida; pero tú puedes hacer que esté llena o vacía. – Sólo Dios puede hacer lo imposible; sólo tú puedes hacer lo posible. – Sólo Dios puede hacer un sol que caliente a todos los hombres; sólo tú puedes hacer una silla en la que se siente un viejo cansado. – Sólo Dios es capaz de fabricar el milagro de la carne de un niño; pero tú puedes hacerle sonreír. – Sólo Dios hace que bajo el sol
crezcan los trigales; pero tú puedes triturar ese grano y repartir ese pan. – Sólo Dios puede impedir las guerras; pero tú puedes no reñir con tu mujer o tu hermano. – Sólo a Dios se le ocurrió el invento del fuego; pero tú puedes prestar una caja de cerillas. – Sólo Dios da la verdadera y completa libertad; pero nosotros podríamos, al menos, pintar de azul las rejas y poner unas flores frescas en la ventana de la prisión. – Sólo Dios podría devolverle la vida del esposo a la joven viuda; tú puedes sentarte en silencio a su lado para que se sienta menos sola. – Sólo Dios puede devolverle las fuerzas a un anciano; tú puedes demostrarle que no está solo y que sus opiniones te siguen interesando. – Sólo Dios puede inventar una pureza como la de la Virgen; pero tú puedes conseguir que alguien, que ya las había olvidado, vuelva a rezar las tres Avemarías. – Sólo Dios puede salvar el mundo porque sólo Él salva; pero tú puedes hacer un poco más pequeñita
la injusticia de la que tiene que salvarnos. – Sólo Dios puede hacer que le toque la Primitiva a ese pobre mendigo que tanto la necesita; pero tú puedes irle conservando esa esperanza con un pequeña sonrisa y un «mañana será». – Sólo Dios puede conseguir que reciba esa carta la vecina del quinto, porque Dios sabe que aquel antiguo novio hace muchos años que la olvidó; pero tú podrías suplir hoy un poco esa carta con un piropo y una palabra cariñosa. En realidad, ya ves que Dios se basta a sí mismo; pero parece que prefiere seguir contando contigo, con tus nadas, con tus casi-nadas”.