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sábado, 4 de abril de 2026

El demonio es identificado como el acusador que acusa a nuestros hermanos ante Dios día y noche

Escribe Benedicto XVI que “el demonio es identificado como el acusador que acusa a nuestros hermanos ante Dios día y noche. (Ap 12, 10). El Apocalipsis toma entonces un pensamiento que está al centro de la narrativa en el libro de Job (Job 1 y 2, 10; 42:7-16). Allí se dice que el demonio buscaba mostrar que lo correcto en la vida de Job ante Dios era algo meramente externo. Y eso es exactamente lo que el Apocalipsis tiene que decir. El demonio quiere probar que no hay gente correcta, que su corrección solo se muestra en lo externo. Si uno pudiera acercarse, entonces la apariencia de justicia se caería rápidamente…..La narración comienza con una disputa entre Dios y el demonio, en la que Dios se ha referido a Job como un hombre verdaderamente justo. Ahora va a ser usado como un ejemplo para probar quién tiene razón. El demonio pide que se le quiten todas sus posesiones para ver que nada queda de su piedad. Dios le permite que lo haga, tras lo cual Jon actúa positivamente. Luego el demonio presiona y dice: “¡Piel por piel! Sí, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Sin embargo, extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne, verás si no te maldice en tu misma cara". (Job 2,4f). Entonces Dios le otorga al demonio un segundo turno. También toca la piel de Job y solo le está negado matarlo. Para los cristianos es claro que este Job, que está de pie ante Dios como ejemplo para toda la humanidad, es Jesucristo. En el Apocalipsis el drama de la humanidad nos es presentado en toda su amplitud…El Dios Creador es confrontado con el demonio que habla a toda la humanidad y a toda la creación. Le habla no solo a Dios, sino y sobre todo a la gente: Miren lo que este Dios ha hecho. Supuestamente una buena creación. En realidad está llena de miseria y disgustos. El desaliento de la creación es en realidad el menosprecio de Dios. Quiere probar que Dios mismo no es bueno y alejarnos de Él”.
“Hoy, la acusación contra Dios es sobre todo menosprecio de Su Iglesia como algo malo en su totalidad y por lo tanto nos disuade de ella. La idea de una Iglesia mejor, hecha por nosotros mismos, es de hecho una propuesta del demonio, con la que nos quiere alejar del Dios viviente usando una lógica mentirosa en la que fácilmente podemos caer…..Es muy importante oponerse con toda la verdad a las mentiras y las medias verdades del demonio…Dios también tiene hoy Sus testigos….Si miramos a nuestro alrededor y escuchamos con un corazón atento, podremos hoy encontrar testigos en todos lados, especialmente entre la gente ordinaria, pero también en los altos rangos de la Iglesia, que se alzan por Dios con sus vidas y su sufrimiento.”

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Fundamentar nuestra lucha en la gratitud

Gratitud.
Para Justin Gillespie “si nos esforzamos por lograr éxito para merecer así ser amados, es muy difícil que la lucha nos lleve a experimentar una paz genuina. Esforzarse por ser amado, aunque sea inconscientemente, siempre significa que los fracasos y los reveses conducirán a un profundo desaliento o, peor aún, a que la amargura invada el alma. En cambio, fundamentar nuestra lucha en la gratitud nos ayuda a evitar ese peligro.”

domingo, 24 de septiembre de 2017

La vocación del misionero.

David Livingstone
David Livingstone nació en 1813 en la ciudad textil de Blantyre en Lanarkshire, donde comenzó a trabajar en una fabrica a los diez años de edad. Se costeó los estudios en el Anderson’s College en Glasgow, y después solicitó convertirse en misionero en 1838. Dos años después, en noviembre de 1840, obtuvo la licenciatura de la Real Facultad de Medicina y Cirugía de Glasgow. El mismo mes fue ordenado ministro.

 David Livingstone, médico, misionero y explorador
Las respuestas de Livingstone al cuestionario de la sociedad revelan la naturaleza de la vocación del misionero: “Cuando llegué a conocer por vez primera el valor del Evangelio el deseo de que todos pudieran disfrutar de sus bendiciones me llenó la mente y esto, junto con la propia salvación, me pareció que debería ser la principal meta de todo cristiano. Los deberes del misionero principalmente son, según entiendo yo, dedicar todos los medios a su alcance a hacer conocer el Evangelio mediante la prédica, la exhortación, la conversión, la instrucción de los jóvenes, mejorando cuanto esté en su poder la condición temporal de aquellos entre quienes él trabaja introduciendo las artes y las ciencias de la civilización y hacer todo lo que esté en su poder para promover el cristianismo en los oídos y las conciencias. Se
expondrá a grandes pruebas de fe y paciencia, desde la indiferencia a la desconfianza, e incluso a la oposición directa y la mofa de aquellos por cuyo bien trabaja desinteresadamente, puede verse tentado por el desaliento debido al pequeño fruto aparente de sus esfuerzos, y expuesto a todas las influencias contaminantes del paganismo. Las dificultades y peligros de la vida misionera, hasta donde he tenido los medios para precisar su carácter y amplitud, han sido tema de una seria reflexión; y dependiendo del prometido auxilio del Espíritu Santo, no tengo duda en afirmar que yo voluntariamente me sometería a ellas considerando que mi constitución es capaz de sobrellevar cualquier grado normal de dureza o fatiga”.

jueves, 20 de julio de 2017

Prefiere seguir contando contigo.

José Luis Martín Descalzo
Escribía José Luis Martín Descalzo que en los momentos de desaliento, “me acuerdo de una oración de cristianos brasileños que una vez escuché y que no he olvidado del todo, pero que, reconstruida ahora por mí, podría decir algo parecido a esto: – Sí, ya sé que sólo Dios puede dar la vida; pero tú puedes ayudarle a transmitirla. – Sólo Dios puede dar la fe; pero tú puedes dar tu testimonio. – Sólo Dios es el autor de toda esperanza; pero tú puedes ayudar a tu amigo a encontrarla. – Sólo Dios es el camino; pero tú eres el dedo que señala cómo se va a Él. – Sólo Dios puede dar el amor; pero tú puedes enseñar a otros cómo se ama. – Dios es el único que tiene fuerza, la crea, la da; pero nosotros podemos animar al desanimado. – Sólo Dios puede hacer que se conserve o prolongue una vida; pero tú puedes hacer que esté llena o vacía. – Sólo Dios puede hacer lo imposible; sólo tú puedes hacer lo posible. – Sólo Dios puede hacer un sol que caliente a todos los hombres; sólo tú puedes hacer una silla en la que se siente un viejo cansado. – Sólo Dios es capaz de fabricar el milagro de la carne de un niño; pero tú puedes hacerle sonreír. – Sólo Dios hace que bajo el sol
crezcan los trigales; pero tú puedes triturar ese grano y repartir ese pan. – Sólo Dios puede impedir las guerras; pero tú puedes no reñir con tu mujer o tu hermano. – Sólo a Dios se le ocurrió el invento del fuego; pero tú puedes prestar una caja de cerillas. – Sólo Dios da la verdadera y completa libertad; pero nosotros podríamos, al menos, pintar de azul las rejas y poner unas flores frescas en la ventana de la prisión. – Sólo Dios podría devolverle la vida del esposo a la joven viuda; tú puedes sentarte en silencio a su lado para que se sienta menos sola. – Sólo Dios puede devolverle las fuerzas a un anciano; tú puedes demostrarle que no está solo y que sus opiniones te siguen interesando. – Sólo Dios puede inventar una pureza como la de la Virgen; pero tú puedes conseguir que alguien, que ya las había olvidado, vuelva a rezar las tres Avemarías. – Sólo Dios puede salvar el mundo porque sólo Él salva; pero tú puedes hacer un poco más pequeñita
la injusticia de la que tiene que salvarnos. – Sólo Dios puede hacer que le toque la Primitiva a ese pobre mendigo que tanto la necesita; pero tú puedes irle conservando esa esperanza con un pequeña sonrisa y un «mañana será». – Sólo Dios puede conseguir que reciba esa carta la vecina del quinto, porque Dios sabe que aquel antiguo novio hace muchos años que la olvidó; pero tú podrías suplir hoy un poco esa carta con un piropo y una palabra cariñosa. En realidad, ya ves que Dios se basta a sí mismo; pero parece que prefiere seguir contando contigo, con tus nadas, con tus casi-nadas”.