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| Marguerite Stern |
Stern se pregunta si, al atacar a la religión católica, no había entrado en una lógica de autodestrucción y de odio a sí misma. “Aunque no era creyente, me bauticé, hice mi primera comunión y, sobre todo, crecí en un país cuya historia, arquitectura y moral fueron moldeadas por la Iglesia. Rechazar esto, entrar gritando en Notre Dame de París, era una manera de dañar una parte de Francia, es decir, una parte de mí misma. A los 22 años no me daba cuenta. Sin embargo, a mí me encantaba esta catedral. Recuerdo que al día siguiente del incendio fui a llorar a una iglesia. A veces amamos mal”.
“Los ritos nos unen, nos calman, a veces reparan y regulan nuestras emociones, nos anclan en el presente recordándonos lo que nos precedió.Muchos de nuestros ritos dependen de la Iglesia Católica, e incluso los incrédulos deberían luchar por preservarlos.Y luego hay algo más, que está más allá de nosotros, los campanarios que se elevan sobre nosotros y que adornan nuestros paisajes sonoros; la grandeza de los edificios, la maravilla de entrar a una iglesia, la belleza. Y la fe de los creyentes. Lamento haber pisoteado todo esto”.
“Los ritos nos unen, nos calman, a veces reparan y regulan nuestras emociones, nos anclan en el presente recordándonos lo que nos precedió.Muchos de nuestros ritos dependen de la Iglesia Católica, e incluso los incrédulos deberían luchar por preservarlos.Y luego hay algo más, que está más allá de nosotros, los campanarios que se elevan sobre nosotros y que adornan nuestros paisajes sonoros; la grandeza de los edificios, la maravilla de entrar a una iglesia, la belleza. Y la fe de los creyentes. Lamento haber pisoteado todo esto”.
