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jueves, 27 de julio de 2023

La Iglesia Católica consideraba la filosofía hitleriana contraria a la fe cristiana

El 10 de febrero de 1931, una declaración episcopal prohíbe a los católicos adherirse al NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), bajo pena de ser excluido de los sacramentos, e incluso de ser privado de sepultura religiosa. Firmada por Pío XI el 14 de marzo de 1937, transmitida en secreto para desbaratar la vigilancia de la Gestapo, la encíclica Mit brennender Sorge es leída el domingo 21 de marzo en las quince mil iglesias de Alemania. No solamente denuncia la falta de respeto del concordato, sino que estigmatiza la filosofía hitleriana: “Se trata de una verdadera apostasía. Esta doctrina es contraria a la fe cristiana”. Pío XI no se queda ahí. Por otra parte, publica el 19 de marzo la encíclica Divini Redemptoris, que condena el comunismo. La Iglesia lanza un doble tiro de barrera en contra de la deriva totalitaria del siglo XX.

A partir del momento en que los alemanes ocupan Roma, en septiembre de 1943, Pío XII vivirá bajo la amenaza permanente de ser secuestrado y deportado a Alemania, los nazis tenían el plan a punto y Pío XII lo sabía. Recientemente, el padre Peter Gumpel, jesuita alemán, postulador del proceso de beatificación de Pío XII, reveló que el soberano pontífice había procedido varias veces a un exorcismo a distancia en contra del Führer, lo consideraba, en sentido propio, como un poseso.



martes, 19 de marzo de 2019

Eutanasia preventiva


Una vez que se acepta la eutanasia el problema pasa a ser cuándo se aplica. En Holanda, por ejemplo, se han inventado la eutanasia preventiva. A veces tiene lugar tras el diagnóstico de una enfermedad degenerativa, pero mucho antes de su desarrollo total. Se quiere evitar que el paciente sufra poniendo fin antes de tiempo a su existencia. Mejor prevenir que curar. 

Si se prevé que la vejez o cualquier otra patología te puede quitar la lucidez, es mejor eliminar el problema con antelación. Es decir, nos mantenemos en vida sólo si estamos sanos, conscientes, brillantes y no tenemos ninguna discapacidad. Y aun así, hay quien tiene el valor de estigmatizar las teorías arias sobre la pureza de la raza. 

jueves, 14 de septiembre de 2017

Infraclase.

Existe una nueva categoría de población, antes ausente del mapa mental de las divisiones sociales, que puede considerarse víctima colectiva del “daño colateral múltiple” del consumismo. El los últimos años, esta categoría ha sido definida como “infraclase”.El inventario de la gente amontonada en la imagen genérica de la infraclase, tal como lo describe Herbert J. Gans, resulta notable sobre todo por su variedad. Esta definición conductista abarca a los pobres que abandonan la escuela, no trabajan, y en el caso de las mujeres jóvenes, a las que tienen bebés sin el beneficio del matrimonio y dependen del bienestar social. La infraclase
Herbert J. Gans
definida por su comportamiento incluye también a los sin techo, los mendigos y pordioseros, los pobres adictos al alcohol y las drogas y a los delincuentes callejeros. Como el término es flexible, los pobres que viven en “viviendas sociales”, los inmigrantes ilegales y las pandillas adolescentes suelen incluirse en esa categoría. De hecho, la flexibilidad de esa definición conductista se presta a que el término se convierta en un rótulo que puede emplearse para estigmatizar a los pobres, sea cual fuere su comportamiento.

Las personas condenadas a la infraclase son consideradas totalmente inútiles, lisa y llanamente una molestia, algo de lo que todos podríamos prescindir con gusto. En una sociedad de consumidores, un mundo que evalúa a todos y a todo por su valor de cambio, esa gente no tiene ningún valor de mercado, son hombres y mujeres no comercializables, y su incapacidad de alcanzar el estatus de producto coincide con (de hecho, deriva de) su incapacidad para abocarse de lleno a la tarea de consumir. Son consumidores fallidos, símbolos flagrantes del desastre que acecha a los consumidores fracasados, y del destino último de cualquiera que no cumpla las obligaciones de un consumidor, escribe Zygmunt Bauman.

Zygmunt Bauman
Zygmunt Bauman sigue narrando que los sufrimientos de los pobres contemporáneos, los pobres de la sociedad de consumidores, no hacen causa común. Cada consumidor fallado se lame las heridas en soledad, en el mejor de los casos en compañía de su familia, si es que aún no se disolvió. Los consumidores fallados son solitarios, y cuando se los deja en soledad durante mucho tiempo tienden a convertirse en personas que prefieren estar solas: ya no creen que la sociedad o algún grupo social (salvo una pandilla criminal) puedan ayudarlas, ya no esperan ayuda, ya no creen que su suerte pueda cambiar legalmente, salvo ganando la lotería.

Alain Finkielkraut nos recuerda lo que puede ocurrir cuando se silencian las consideraciones éticas, cuando se extingue toda empatía y se derriban las barreras morales: La violencia nazi no se produjo por gusto, sino por obligación, no por sadismo sino por virtud, no placentera sino metódicamente, no por salvajes impulsos desatados y abandono de todo escrúpulo, sino en nombre de valores superiores, con competencia profesional y sin perder de vista en ningún momento la tarea a realizar.

los sufrimientos de los pobres contemporáneos, los pobres de la sociedad de consumidores, no hacen causa común