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martes, 4 de agosto de 2026

El error que comete la teología de la liberación es el mismo error que el movimiento del evangelio de la prosperidad

Robert Sirico, fundador del Instituto Acton y autor de La economía de las parábolas, cuenta que Jesús tenía seguidores que eran ricos, que lo apoyaban, que lo subvencionaban. Por eso, cuando dice lo difícil que es para los ricos entrar en el Reino de los Cielos está diciendo que hay tantas y tantas opciones que están frente a una persona con oportunidades y riqueza... Pero al final de esa historia, Jesús da la clave. Lo llamamos, en la hermenéutica, la comprensión de la historia. Porque los apóstoles le dicen a Jesús: "Entonces, ¿quién puede entrar en el cielo?". Y Él les da la clave, aunque la mayoría de la gente nunca lo recuerda. El Evangelio recoge que Jesucristo respondió a los discípulos: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible".
¿Qué nos enseña eso? Que nuestra salvación no depende de la economía. Depende de la gracia. El error que comete la teología de la liberación es el mismo error que el movimiento del evangelio de la prosperidad. El movimiento del evangelio de la prosperidad es un movimiento protestante que dice que la riqueza es una señal de la bendición de Dios. La gente de teología de la liberación dice lo contrario, que la pobreza es una señal de la bendición de Dios. Jesús dice que ninguno tiene razón. La bendición de Dios es la gracia. Y no tiene que ver con tu economía, no depende de tu estado económico
El Evangelio dice que el hombre rico no estaba en el infierno porque era rico, sino porque era orgulloso. Y Lázaro no está en el cielo porque era pobre, sino porque era humilde. Esa es la comprensión de la parábola, no su estado económico. El hombre rico no le hizo nada a Lázaro. Pero no vio a Lázaro. Y tiene cierta arrogancia. Incluso después de muerto, le dice a Lázaro qué hacer. "Ve y dile a mis hermanos…" No, ya no das órdenes aquí. También es interesante, por cierto, que generalmente se conocen los nombres de los ricos. Conocemos a los ricos porque sus nombres están en los edificios. Se anotan en documentos. Pero no sabemos el nombre de este hombre rico. Conocemos el nombre de Lázaro. Así que creo que no es una historia de un hombre rico siendo malvado porque era rico.

jueves, 19 de diciembre de 2019

El fin de la teología de la liberación


Visita apostólica de Juan Pablo II a la Nicaragua Sandinista, en 1983
Pablo VI intentó poner un dique a la teología de la liberación con su encíclica Evangelii nuntiandi de 1975, a la que los teólogos de la liberación no hicieron el menor caso. Y como les había salido bastante bien la manipulación marxista de la Conferencia de Medellín en 1968, intentaron repetir la hazaña en la III Conferencia General del Episcopado iberoamericano, celebrada bajo la presidencia del Papa Juan Pablo II en la ciudad mexicana de Puebla de los Ángeles en enero de 1979. Esta vez los obispos no cayeron en las trampas de Medellín. Pusieron en su sitio a los teólogos y vetaron a los activistas políticos, que hubieron de contentarse con el fracaso de su conferencia paralela. El Papa y los obispos de Iberoamérica deslindaron con toda claridad a la religión de la política y descalificaron de cuajo las implicaciones marxistas en la teología. Desde aquel momento los teólogos de la liberación eran ya un conjunto de rebeldes, aun antes de las famosas Instrucciones de la Santa Sede en 1984 y 1986, preparadas por el cardenal Ratzinger. Comentaba un conocido sacerdote que aunque el ángel de las tinieblas puede tener la fuerza de un gigante, no puede nada contra un hijo de la luz como fue Juan Pablo II.