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viernes, 28 de mayo de 2021

El Mal no existe como entidad positiva

Mani, vivió en el siglo III d.C., entre el 216 y el 274 d.C. 


El maniqueísmo creía que el mundo es producto del conflicto entre Dios y el Mal; o entre la luz y la oscuridad. El alma humana consistía en luz atrapada en la oscuridad, de la que debe buscar liberarse. La profunda sencillez y coherencia de esta doctrina dualista, que recordaba cultos mediterráneos precristianos, hicieron que el maniqueísmo prevaleciera en todo el Mediterráneo, desde los primeros tiempos cristianos hasta bien entrada la era medieval. (San Agustín, en el siglo IV, fue maniqueo antes de su conversión). Tomás de Aquino refutó el maniqueísmo negando su dualismo. El Mal no existe como entidad positiva, es meramente la falta de bien correctamente entendido. Incluso cuando cometemos los actos más malvados, tenemos en nuestra mente el bien (aunque sólo sea el nuestro). La psicología encerrada en esto parece irrefutable; el criminal ve la muerte de su víctima como un bien; hasta el torturador se cree obligado porque considera que es mejor actuar así. El hecho de que nuestra visión del bien está equivocada es lo que lo convierte en mal.

martes, 20 de septiembre de 2016

El budismo es una forma oriental de gnosticismo.

Couvert, que ha estudiado muy seriamente los orígenes del budismo, llega a la conclusión de que Sakyamuni vivió nueve siglos después y que su doctrina, el budismo, nació y se extendió a partir del siglo III después de Cristo. La evidencia negativa y positiva, documental y arqueológica que nos presenta en su libro no merece desde luego el desprecio sino una cuidadosa atención. En breve, ese maestro a quien todo el mundo llama Buda,”El Iluminado”, no es otro que Mani, fundador del maniqueísmo y promotor de la que se ha llamado segunda oleada gnóstica. Si es así el budismo es primordialmente una forma oriental de gnosticismo, con las mismas raíces del maniqueísmo, dice el profesor Ricardo de la Cierva.

Mani, fundador del maniqueísmo
En la tradición budista afloran, como en la maniquea, muchos rasgos cristológicos. Buda es hijo de una virgen; una estrella apareció en su nacimiento; hay otros muchos detalles tomados de los evangelios gnósticos. Buda ayuna cuarenta días, sufre las tentaciones de Mara, el maligno que le propone el imperio del mundo. Experimenta una transfiguración, predice la destrucción de su ciudad. Un traidor aparece entre sus discípulos. A su muerte se oscureció el sol, estalló la tormenta. 

Budismo.
Para Couvert el budismo nació durante el siglo III, la época de Mani, en la región escita y greco-pártica de la Bactriana. Allí enseñó Mani su doctrina y desde allí se extendió el budismo a la India y luego a toda Asia. Importantes hallazgos funerarios, efigies e inscripciones en antiguos monasterios budistas apuntan a la identidad de Mani y Buda. Los ritos del budismo sólo cobran sentido histórico si se relacionan con el gnosticismo de Mani. La religión del Tíbet, el lamaísmo, reconoce el mismo origen, e incluso el culto de Krishna proviene remotamente del cristianismo. “Es decir, resume Couvert, Asia ha recibido su inspiración religiosa del cristianismo pero de un cristianismo desfigurado por la gnosis maniquea”. 

En la tradición budista afloran, como en la maniquea, muchos rasgos cristológicos