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jueves, 10 de septiembre de 2020

La Bastilla se convierte en guillotina y los desengañados se doblegan bajo la voluntad dictatorial



*A finales del siglo XVIII los poetas de Europa perciben por vez primera ese conflicto eterno e inevitable entre el ideal social o nacional y su plasmación concreta, demasiado humana y sombría. Toda la juventud intelectual y hasta las mentes más maduras ponen alegremente su corazón en la Revolución francesa, en el ímpetu aquilino de Napoleón, en la unidad alemana, marmitas incandescentes en las que se mezcla la voluntad febril de los pueblos.

Pero cuanto más se formulan en decretos y se legalizan la libertad, la igualdad y la fraternidad, cuanto más estatales y burguesas se hacen, tanto más prosaicos acaban siendo los santos soñadores; los libertadores se convierten en tiranos, el pueblo degenera en populacho, y la fraternidad, en una espada sangrienta. De ese primer desengaño del siglo nació el Romanticismo. Siempre se paga caro el simple hecho de soñar ideas en común. Quienes las transforman en hechos, los Napoleones, los Robespierres y los cien generales y diputados, configuran la época y se emborrachan de poder; bajo su tiranía gimen los demás, la Bastilla se convierte en guillotina y los desengañados se doblegan bajo la voluntad dictatorial, se inclinan ante la realidad.

*”El legado de Europa” de Stefan Zweig

miércoles, 12 de junio de 2019

La Revolución francesa mató a su poeta


Camille Desmoulins


Camille Desmoulins el 12 de julio de 1789 se dirigió al pueblo  francés reunido en los jardines del Palais Royal instándoles a que se levantara en armas, y anunció que la corte preparaba la disolución de la Asamblea Nacional y el apresamiento y ejecución de sus más significados miembros; dos días después, las masas parisinas tomaron la Bastilla. Cuando el represado y humillado genio del pueblo francés estalló, y las muchedumbres decidieron practicar la igualdad cortando equitativamente todas las cabezas, de reyes o de tenderos, de princesas o de filósofos, de conservadores y de radicales. Desmoulins, que se había mostrado partidario de detener el Terror jacobino fue procesado y finalmente guillotinado por orden de Robespierre.



9 de Thermidor del año noventa y cuatro, Robespierre fue arrestado por la Asamblea Nacional. En vano intentó aquel hombre tenso y colérico buscar aliados en el enorme recinto, de todas partes lo expulsaban las sombras de los héroes sacrificados por él. Se sentaba con un bando y se alzaba un clamor: “¡Levántate de allí, esa era la silla de Danton!” Al caer la tarde, Robespierre estaba preso y ya había sido condenado a recibir en su cuello la hoja fría que él había ofrecido a tantos hombres, a casi todos sus amigos. Pero aún sus decretos hacían estragos sobre Francia. La última carreta del Terror, ocupada por hombres que él había condenado, se puso en marcha rumbo a la guillotina, y nadie en la Asamblea se acordó de enviar la contraorden para evitar que murieran, víctimas de alguien que a esas horas ya estaba también condenado y era casi un fantasma. Y en esa última carreta del Terror, como se sabe, iba el poeta André Chénier, en plena juventud, condenado a morir menos por causa de la intolerancia que de la ironía y del absurdo. Es bueno recordar que la Revolución francesa mató a su poeta.