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lunes, 23 de febrero de 2026

Retrato de un joven

Henri Frédéric Amiel, filósofo y escritor suizo, escribe en su famoso libro Diario íntimo: “El retrato ideal de un joven de mi edad.Religioso, sensible, partícipe de los acontecimientos, con interés y ansia por todas las empresas nobles, para los infortunados, para los oprimidos; deseoso de aprenderlo todo, interesado en todo, siempre en busca de la razón, del principio de las cosas; aceptando sobre todo la parte buena de cada uno, sin despreciarlo por lo que le falta. Generoso, dispuesto a socorrer, a ayudar a sus amigos, a sus rivales; dispuesto a compartir sus éxitos, sus placeres y también sus penas. De gran corazón, desprendido. De carácter elevado, con repugnancia por las bajezas, por la mezquindad; con amor viril por lo bello. Siempre huyendo de las pequeñas sospechas, de las cosas a medias, de las sinuosidades vergonzosas. Seguro de su franqueza con los otros y consigo mismo. Capaz de confesar sus errores, imponiendo siempre comodidad y franqueza en todas sus relaciones. En cuanto a los estudios, marchará, como en todo, derecho a su meta, sin disfrazarla, sin hacer misterio, sin temor a dejarse ver. No tendrá orgullo, desdén ni timidez; osará fijar su mirada en todos. Dará a todos la mano. Respetará el fin de cada uno; considerará hermanos de destino a cuantos le rodean, y les hará cuantos favores le pidan, pero sin dejarse influir para nada, a su pesar, y respetando sus propias voluntades. En general, tendrá que mantenerse en una voluntad tranquila, apoyada en la conciencia de principios y de resoluciones firmes y seguras. Religioso, sensible, generoso, viril, franco, natural; emprendedor, perseverante, activo, reflexivo; que se diera cuenta de todo, siempre buscando instruirse; cultivador de todas sus facultades; solícito, complaciente, amante; con sentido del humor y humorista a su vez; respetuoso con los ancianos; considerado con la mujer, con la muchacha; con fe en la pureza, en la ternura; imaginación pura, placeres sencillos; que comprendiera el mal y supiera excusar al desgraciado, y sobre todo a la desgraciada; bueno y dulce con los niños, amable con su familia; siempre en su lugar respecto a los criados, firme y tranquilo, pero con formas corteses, con humor moderado, muy observador, interesado en todo, siempre con ganas de conocer los hombres y la vida, antes de dominarlos, y partícipe en todo lo que los hombres esperan y en sus sufrimientos.”