Mostrando entradas con la etiqueta movilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta movilidad. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de octubre de 2022

El capital se ha vuelto extraterritorial, liviano, desahogado y desarraigado

Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo, escribía que el capital se ha vuelto extraterritorial, liviano, desahogado y desarraigado a niveles inauditos, y su recientemente adquirida capacidad de movilidad espacial alcanza, en la mayoría de los casos, para extorsionar a los agentes locales de la política y obligarlos a acceder a sus demandas. La amenaza (aun callada y meramente adivinada) de cortar sus compromisos locales e irse a otra parte es algo que todo gobierno responsable, por su propio bien y el de sus electores, debe considerar con toda seriedad, intentando subordinar sus políticas al imperativo primordial de evitar el peligro de la fuga de capitales. Como nunca antes, la política de hoy es un tira y afloje entre la velocidad con la que el capital se mueve y la cada vez más disminuida capacidad de acción de los poderes locales.

El gobierno, dice Zygmunt, se abstiene de hacer ningún movimiento que pueda llevar a pensar que el territorio que administra políticamente es hostil a los usos, expectativas o cualquier emprendimiento futuro del capital global, o que es menos hospitalario para con éste que el territorio administrado por los vecinos de al lado. En la práctica, esto significa bajos impuestos, escasas o nulas regulaciones, y por sobre todas las cosas flexibilidad laboral.

sábado, 22 de febrero de 2020

El africano se siente ligado con sus allegados por una comunión espiritual



Durante miles y miles de años, África anduvo a pie. La gente no tenía noción de la rueda, ni tan siquiera conseguía hacerse a tal idea. Hombres y mujeres iban a pie, se desplazaban caminando y todo lo que tenían que llevar lo llevaban en la espalda, en los brazos y, las más de las veces, sobre las cabezas. ¿Que de dónde han salido los barcos que se ven en los lagos, en el interior del continente? Del océano. Los desmontaban en los puertos marítimos, transportaban las piezas sobre las cabezas y las montaban en las orillas de los lagos. Se han transportado al interior de África, por piezas, ciudades, fábricas, maquinaria para minas, plantas eléctricas y hospitales. Toda la civilización técnica del siglo XIX fue llevada al interior de África sobre las cabezas de sus habitantes. Los del África del Norte, incluso los del Sáhara, tuvieron mejor suerte, podían usar animales de carga, como los camellos. Pero ni el camello ni el caballo consiguieron adaptarse al África subsahariana; morían diezmados por la mosca tse-tse y también a causa de otras enfermedades mortales del trópico húmedo, escribe Ryszard Kapuściński en su libro Ebano.



Añade Kapuściński que la población de África no era sino una gigantesca y enmarañada red que, cubriendo todo el continente y hallándose en constante movimiento, fluía y se entrelazaba, se concentraba en un lugar y se dispersaba en otro. Una tela multicolor. Un tapiz abigarrado. Esta forzada movilidad de su población ha hecho que en el interior de África no haya ciudades antiguas, tan antiguas, como las de Europa o de Oriente Medio, que se hayan conservado hasta hoy. Otra situación parecida,una vez más a diferencia de Europa y de Asia, un gran número de comunidades (algunos dicen que todas) ocupa territorios en que no había vivido antes. Todos han llegado de otros lares, todos son inmigrantes. África constituye su mundo común, pero dentro de sus fronteras, ellos se han desplazado, la han pateado durante siglos. De ahí el impactante rasgo de esta civilización, su provisionalidad, su carácter de algo accidental, su falta de continuidad material. La choza levantada tan sólo ayer hoy ya no existe. El campo cultivado hace tan sólo tres meses hoy es tierra baldía. La continuidad que sí goza aquí de buena salud y cimenta diferentes comunidades es la de las tradiciones y ritos tribales y el profundo culto a los antepasados. De ahí que, más que una comunión material o territorial, el africano se siente ligado con sus allegados por una comunión espiritual.

viernes, 12 de octubre de 2018

La realidad española se acomoda bastante mal a esa visión de la España del mapa de las autonomías.

La realidad española se acomoda bastante mal a esa visión de la España del mapa de las autonomías, es decir, de la España fragmentada en territorios aislados identitariamente por sus líneas de frontera.

La utilización general y compartida de una lengua común, el castellano, sería un argumento suficiente por sí mismo para contradecir rotundamente esa visión, si el nuestro no fuera, al mismo tiempo, un país moderno, en el que la movilidad espacial dio en ser uno de sus rasgos definidores esenciales como Estado a lo largo de todo el siglo XX: gallegos, extremeños, castellanos o andaluces en el País Vasco y Cataluña; todos ellos, además de catalanes y vascos, en Madrid; madrileños, de origen o adopción, por todos los puntos del territorio español, lo cierto es que, aun sin contar con la aportación mestiza de los millones de inmigrantes que forman parte ya de la realidad social de la España del siglo XXI, la geografía humana de nuestro país se parece desde hace largo tiempo mucho más a la de una sopa de letras que a la de un mapa compartimentado y ordenado.

domingo, 19 de noviembre de 2017

En la guerra todo es sencillo, pero lo más sencillo resulta difícil.


La movilidad ha sido siempre la elección por defecto de los guerrilleros, porque no tienen acceso a los tipos de armamento pesado. El hecho de que redes de aficionados con una gran movilidad puedan confundir, o incluso derrotar, a un ejército profesional es la única cosa que ha impedido que los imperios determinaran por completo el curso de la historia. Si esto es algo positivo o no, depende de los aficionados, o los imperios, de que se trate en cada caso, pero de hecho significa que no se puede predecir el resultado de una guerra fijándose solo en los números. 

Los talibanes, cuenta Sebastian Junger, parecían tener un equivalente o una contramedida para todas y cada una de las ventajas tecnológicas de las que gozaban los estadounidenses. Si los helicópteros Apache tienen aparatos de visión termal que detectan el calor corporal sobre una ladera, los combatientes talibanes desaparecen cubriéndose con una manta sobre una roca caliente. Si los estadounidenses usan aviones robot para localizar al enemigo, los talibanes pueden hacer lo mismo observando las bandadas de cuervos que vuelan en círculos sobre los soldados estadounidenses buscando restos de comida. Si los norteamericanos disfrutan de una potencia de fuego virtualmente ilimitada, los talibanes envían a un solo hombre contra toda una base de artillería. Tanto si muere en el intento como si no, habrá conseguido atrancar toda la maquinaria durante un día más. “En la guerra todo es sencillo, pero lo más sencillo resulta difícil, escribió el teórico militar Cari von Clausewitz en la década de 1820. Las dificultades se acumulan y acaban produciendo una especie de fricción”.