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lunes, 30 de marzo de 2026

Las legumbres

El cardiólogo de Harvard, el Dr. William Li, afirma, en el podcast Feel Better Live More, que añadir legumbres a la dieta podría ayudar a reducir la grasa abdominal y la cintura en cuestión de días. En concreto, el experto se centra en las alubias: “Se ha estudiado una lata de alubias blancas baratas. Se ha demostrado que con solo comer una lata de alubias durante cinco días de siete a la semana se reduce la cintura una pulgada (2,54 centímetros) al quemar la grasa corporal dañina» y añade: «Las legumbres tienen mucha fibra dietética y algunas grasas saludables. Obviamente, la forma en que se cocinan las legumbres marcará la diferencia”.
El doctor de Harvard también se refirió a otra de las piezas clave de la dieta mediterránea como es el aceite de oliva: “Si quieres guisarlos, agrega un poco de aceite de oliva virgen extra y ya habrás ganado, porque este también puede quemar grasa corporal dañina”.
Expertos del Centro Clínico para la Diabetes de Shanghái, ya habían asegurado que las clásicas alubias cocidas en lata pueden ayudar a perder peso debido a su contenido de almidón. Los autores afirmaron: “Hemos demostrado que el almidón resistente puede facilitar la pérdida de peso. Los beneficios están asociados a cambios en la composición de la microbiota intestinal”.
Las judías blancas son fuente de calcio, selenio y poseen un alto contenido de hierro, magnesio, zinc, potasio, fósforo, tiamina, niacina y vitamina B6. Por si todo esto fuera poco, un estudio de la clínica oncológica MD Anderson, de la Universidad de Texas, concluyó en 2023 que incorporar alubias a la dieta de los pacientes que han sufrido un cáncer colorrectal (CCR) potencia el impacto positivo tanto en la salud intestinal como en la del huésped al modular los marcadores relacionados con la obesidad y las enfermedades.
Las judías blancas pequeñas, están llenas de fibras, aminoácidos y otros nutrientes que apoyan el intestino y que pueden ayudar a que florezcan las bacterias beneficiosas del colon, apoyando la salud inmunológica y regulando la inflamación, manifiesta el investigador nutricional Daniel-MacDougall.

jueves, 9 de noviembre de 2023

Las gentes del siglo XIX comenzaron a vivir más años

Tanto un aldeano del 7000 a. C. como un campesino del siglo XVIII francés podían confiar en vivir treinta y cinco años, aproximadamente.Su salud, su renta, las calorías consumidas, etc, apenas variaron, más allá de picos de bonanza y crisis, a lo largo de las épocas. La economía individual trataba siempre de sobrevivir, no de consumir. La Revolución Industrial acabaría por cambiarlo todo. ¿Pero cómo lo hizo? ¿Qué la detonó? Lo cierto es que los cambios que la impulsaron venían de lejos, realmente, aunque cuajaran a finales del siglo XVIII. Fue a partir de que se pudo producir hierro barato y se pudo utilizar carbón en vez de madera como combustible que el siglo XVIII dio el empujón necesario para que comenzara el proceso. Con el tiempo, predominarían las regiones que contuvieran carbón y hierro, es decir, la parte norte del globo, tanto de Europa como de Estados Unidos. Aquí entró uno de los inventos clave de la revolución, la máquina de vapor. Esta potente fuente de energía llevó directamente hasta el ferrocarril. Ahora, si uno tenía el hierro y el acero necesarios para construir este nuevo medio de transporte, podría disfrutar de un coste de transporte mucho más barato. El siglo XIX trajo una curiosa variante de lo mismo, el barco de vapor, y se repitió el mismo proceso. Para 1900, el coste de transporte oceánico era la séptima parte de lo que había sido en 1800.


La industrialización tuvo otras consecuencias menos pintorescas; el convertir las ciudades en lugares de producción concentrada, y también el hecho de mecanizar muchas labores agrícolas, provocó un gran flujo migratorio desde el campo a la ciudad. Este proceso histórico hizo crecer, sin lugar a dudas, la población urbana de los núcleos industriales.La nueva sociedad urbana e industrial no tenía por qué ser mucho peor que su precedente rural (dependiente del campo y las hambrunas), y es cierto que introdujo a los trabajadores en un mercado no sólo de supervivencia, sino también de consumo, pero no por ello dejó de estar acompañada de unas dosis de miseria y sobre explotación alarmantes.Una agricultura más productiva abarató los precios de la comida, permitiendo a las economías más precarias comprar más cantidad y más diversidad sin que ello conllevara un enorme sacrificio.Y si producir ropa también resultaba más barato, esto significaba que más gente podía permitirse comprar más ropa. El consumo aumentó, aunque la miseria y los piojos seguían dominando el panorama. Mejor alimentadas, mejor vestidas y más conscientes de la necesidad de la higiene, las gentes del siglo XIX comenzaron a vivir más años.
La invención del generador eléctrico y la bombilla iluminó ciudades y fábricas con su cálido hálito anaranjado, además de alimentar medios de transporte como el tranvía. El desarrollo del motor de combustión llenó de coches las ciudades europeas.
Referencia: Breve historia de la Belle Époque de Ainhoa Campos Posada