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viernes, 13 de marzo de 2020

Los primeros seres humanos tuvieron una piel oscura

El homo sapiens se originó en África y los primeros seres humanos tuvieron una piel oscura. Entonces, ¿por qué hay tantas razas de piel clara? Una explicación es que, en su momento, fue una adaptación a la vida en latitudes mayores. Las concentraciones elevadas del pigmento melanina protegen la piel de la lesión provocada por la luz ultravioleta de los rayos solares, que pueden causar cáncer. Sin embargo, la melanina también inhibe la producción de vitamina D cuando los rayos solares no son muy intensos. A medida que las personas migraron hacia latitudes norte respecto al ecuador, la selección natural pudo haber favorecido a las que tenían una piel más clara debido a que en esas latitudes el cáncer era un peligro menos amenazante que la falta de vitamina D. Esta posibilidad está apoyada por el hecho de que las personas que viven en las zonas del norte de Europa y América muestran una incidencia mayor de raquitismo, una enfermedad ósea causada por la deficiencia de vitamina D. En estudios recientes se ha identificado un gen, denominado sic245a5, que puede contribuir al color de la piel, escribe Mark Henderson, editor científico de The Times.



Algunos grupos raciales muestran una incidencia mayor de enfermedades concretas, dice Henderson. La anemia drepanocítica es más frecuente entre las personas de origen africano y mediterráneo; la esclerosis múltiple muestra una prevalencia mayor en la raza blanca, y la enfermedad de Tay-Sachs afecta predominantemente a los judíos ashkenazi. Estos datos pueden ser útiles para el diagnóstico, aunque los médicos no deben descartar enfermedades solamente por el hecho de que un paciente pertenezca a un grupo racial equivocado.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

La selección natural no es el único método a través del cual tiene lugar la evolución.

Los especialistas en genética de poblaciones  se han dado cuenta que la aparición de mutaciones que dan lugar a nuevas variantes genéticas o nuevos alelos solamente es el comienzo del proceso evolutivo. Lo más importante es cómo estos alelos se distribuyen en toda la población. Las grandes mutaciones tienen pocas posibilidades de propagarse; cuando no son letales en sí mismas tienden a ser tan significativas que hacen que los individuos portadores queden fuera de juego en su ambiente. Estas variantes tienen menos posibilidades de supervivencia y reproducción. Sin embargo, las mutaciones pequeñas que resultan ventajosas se incorporan gradualmente al conjunto de genes y los individuos portadores tienen más descendientes.


La selección natural no es el único método a través del cual tiene lugar la evolución. Los genes también pueden presentar tendencias. Tal como señala la ley de segregación de Mendel, cada individuo posee dos copias de cada gen y transmite aleatoriamente una de ellas a su descendencia. En una población grande, cada alelo se transmite a las generaciones siguientes con la frecuencia inicial, siempre y cuando no haya presiones selectivas. No obstante, la aleatoriedad de este proceso implica que pueden ocurrir sucesos extraños cuando las poblaciones son pequeñas. Las variaciones aleatorias en la herencia pueden hacer que una variante genética sea más frecuente que otra, sin que ello indique ninguna forma de selección natural.