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martes, 18 de octubre de 2016

Exigencias morales de los Estados

Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.

Juan Pablo II en su encíclica Veritatis Splendor escribe que en el ámbito político se debe constatar que la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados; la transparencia en la administración pública; la imparcialidad en el servicio de la cosa pública; el respeto de los derechos de los adversarios políticos; la tutela de los derechos de los acusados contra procesos y condenas sumarias; el uso justo y honesto del dinero público; el rechazo de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener o aumentar a cualquier costo el poder, son principios que tienen su base fundamental en el valor trascendente de la persona y en las exigencias morales objetivas de funcionamiento de los Estados. 
Cuando no se observan estos principios, se resiente el fundamento mismo de la convivencia política y toda la vida social se ve progresivamente comprometida, amenazada y abocada a su disolución.


Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto

en el ámbito político se debe constatar que la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados

principios que tienen su base fundamental en el valor trascendente de la persona y en las exigencias morales objetivas de funcionamiento de los Estados