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viernes, 28 de agosto de 2026

Fronteras grupales

Los niños de corta edad fijan fronteras grupales con una facilidad pasmosa. Sin entrenamiento previo de ningún tipo adoptan lindes, de inmediato, para distinguir entre amigos y enemigos, entre los míos y los otros, aunque la separación provenga de distinciones totalmente arbitrarias. Mediante “marcas neutras” asignadas de modo aleatorio para separar, en dos bandos, a un conjunto de chavales desconocidos entre sí, tal alineación distintiva pone en marcha unos sesgos de adscripción automática dentro de los corros donde se ha ido a parar, de modo que los propios devienen virtuosos en toda suerte de atributos y los otros se convierten en contrincantes molestos o indeseables incluso. 
Es importante que ese sesgo primado para el favoritismo intragrupal (chovinismo, gremialismo o etnocentrismo son denominaciones alternativas), constatado en multitud de situaciones y en toda suerte de culturas, surja en edades muy tiernas. Indica que la propensión de base hacia el alineamiento inmediato con los propios, sean estos quienes fueren, es potente y prefigura el surgimiento de las tendencias tribales, en jóvenes y en adultos, cuando las marcas de separación son relevantes (familia, habla, color de la piel, indumentarias y pigmentaciones diferenciadoras, cánticos y enseñas grupales reconocibles).   
Esa tendencia biológicamente prefigurada para erigir fronteras cognitivas y afectivas entre nosotros y ellos es el nutriente esencial del tribalismo coaligado y belicoso. Constituye la cimentación necesaria para que fenómenos como el sectarismo, el fundamentalismo o los faccionalismos cainitas cundan y exalten los ánimos agonísticos. Ese mismo proceso de sesgado progrupal acentuado facilita que los que quedan al otro lado de la frontera, los nuevos o añejos adversarios, pasen a ser aborrecidos, odiados y despreciados. Y más aún cuando las diferencias se enconan y fanatizan, los contrincantes devienen enemigos y son deshumanizados convirtiéndose en alimañas a exterminar, escribe Adolf Tobeña, profesor en el departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Facultad de Medicina-Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona.


domingo, 7 de mayo de 2017

Nuestros planes de vida no se deben llevar a cabo contra los planes de vida de los demás.


Sabemos que nuestros planes de vida no se deben llevar a cabo contra los planes de vida de los demás. De otro modo, la justicia no tiene sentido. Pensar que mis intereses, por el mero hecho de ser míos, son más valiosos que los de los demás, anula por completo el sentido de la justicia. Y todos los seres humanos somos capaces de tener un sentido de la justicia, dirá el profesor John Rawls.