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sábado, 18 de enero de 2025

El Estado era cada vez más activo, pero cada vez menos efectivo

La leyenda de la crisis financiera de 2008 cuenta que fue causada por una desregulación radical. En realidad, de un total de 28 normativas financieras aprobadas entre 1980 y 2009, 5 fueron desregulatorias y 23 supusieron un refuerzo de las obligaciones impuestas al sector.Antes de la crisis financiera, el gobierno federal tenía a 12.190 personas trabajando en Washington en distintas áreas y oficinas del Ejecutivo dedicadas a la regulación de los bancos y los mercados. En 1960, esta cifra era cinco veces menor.  Los economistas británicos Paul Collier y John Kay admiten que "aquellos que culpan de la crisis financiera a la desregulación no reconocen que hoy, como en 2008, hay mucha más normativas financieras que en cualquier otro periodo de la historia. El Estado era cada vez más activo, pero cada vez menos efectivo”.
Rainer Zitelmann, escritor y empresario alemán, escribe que le  preocupa “que en algún momento enfrentemos una nueva crisis en los mercados financieros. Y me preocupa que, probablemente, esta crisis tampoco servirá para volver a adoptar una verdadera economía de mercado. Más bien, me temo que sucederá todo lo contrario. Los políticos y los medios verán en la crisis la prueba de las fallas inherentes al sistema capitalista y concluirán, como han hecho tantas veces antes, que el Estado necesita intervenir aún más intensamente en la economía En mi opinión, este intervencionismo es una de las mayores amenazas que enfrenta el capitalismo”. El sector financiero se basa cada vez menos en la lógica de la economía de mercado y está más fuertemente regulado que cualquier otra industria. El hecho de que las áreas más intervenidas presenten problemas de inestabilidad debería dar que pensar a los anticapitalistas.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

El resurgimiento del populismo.

El populismo
Cuenta Hermann Tertsch en su libro “Días de ira” que en las sociedades más ricas y desarrolladas del norte, el cuestionamiento del actual estado de cosas, el reto al europeísmo socialdemócrata consensuado, lo protagonizan opciones que reafirman las identidades nacionales, la supremacía de la ley, la propiedad y el individualismo. Y que fácilmente, no siempre con rigor, se identifican con la derecha o extrema derecha. En los países pobres, por el contrario, como Grecia, sur de Italia o España, se imponen opciones de extrema izquierda, negadoras de la identidad europea, colectivistas e igualitarias, y con clara vocación anticapitalista y antiglobalizadora, que se dio por llamar altermundista. Tenemos así, resurgiendo ya, el populismo de ultraderecha y el populismo de corte comunista. No podía darse una ruptura más radical y contundente del consenso socialdemócrata, de centroderecha como de centroizquierda, que se queda aislado, hoy aún gobernante en la mayoría de los países, pero cada vez más debilitado. En países en los que las dos grandes corrientes del consenso, controlaban invariablemente desde hace muchas décadas entre el 80 y el 90 por ciento, hoy ya no tienen juntos ni el 50.