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viernes, 8 de febrero de 2019

El amor por la belleza es fundamental para la naturaleza japonesa.


Pearl S. Buck, ganadora del Premio Nobel de Literatura, en su libro Gente de Japón cuenta que “en ese país la belleza está en todas partes. Se encuentra en todas partes en el Japón y donde quiera que haya japoneses. El amor por la belleza es fundamental para la naturaleza japonesa. El aislamiento condujo al desvío y el desvío se convirtió en guerra. Sin embargo, los largos períodos de deliberada reclusión no fueron completamente un mal. Proporcionaron tiempo a los japoneses para reflexionar sobre su propia manera de ser, para solidificar sus costumbres, para desarrollar su arte sin
par. Estuvieron desde luego, profundamente influidos por la naturaleza y el aspecto de sus hermosas islas. La belleza penetró en todos los espacios de sus vidas. En la casa más sencilla y más pobre del Japón tiene su espacio la belleza, un hueco en el que ha sido colgado un adorno de papel, con un florero debajo conteniendo quizá sólo una sola y sencilla flor. Hoy, el hogar japonés sigue teniendo ese hueco, ese adorno y esa flor. Las casas son conservadas escrupulosamente limpias y ordenadas. Desde luego, hay barrios miserables en las grandes ciudades y también amas de casa poco aseadas, pero éstas son muy pocas. La casa japonesa no se presta al desorden. Una habitación es usada para varios fines. Es sala, cuarto de estudio o biblioteca o estancia para recibir a los invitados durante el día y se convierte en dormitorio por la noche cuando los colchones y los cobertores acolchados son sacados del armario en que se guardan. Los suelos se mantienen inmaculados con sus cómodas y alegres esteras y los zapatos se dejan a la entrada de la casa. Los muebles casi no existen, una mesita baja o un pupitre, algunos cojines, una estantería para libros, y esto es todo. No hay nada que pueda crear desorden.
Los tabiques son plafones deslizantes y un cuarto puede hacerse mayor o menor según la conveniencia de quien lo usa. Una pared, en casi todas las casas japonesas, se desliza para mostrar un jardín pequeño, pero  exquisito, que es la prolongación de la casa. En una habitación hay un hueco y en él un rollo de papel, llamándose tokonoma a ese hueco. No hay dos rollos ni un cuadro de grandes dimensiones. Hay un pequeño ramillete de flores o quizás una simple rama esbelta, no un florero repleto de tallos cortados llenos de capullos abiertos. La naturaleza es adorada, pero ha sido dominada. La belleza del Japón es una belleza disciplinada, reflejo de un pueblo disciplinado, disciplinado y decidido. La poesía japonesa está contenida en breves versos y el drama Japonés es estilizado, casi ritual”.


miércoles, 20 de julio de 2016

Hay que parar la brutalidad de los fundamentalistas islámicos.

Muertos en la calle de Niza después del atentado.
Estos días estamos todos desconcertados por la brutalidad de las acciones de los fundamentalistas islámicos en Niza.


También tenemos que acordarnos, a pesar de la situación actual de Europa, de los cristianos y miembros de otras religiones minoritarias que se encuentran en Siria y en otros países islámicos como Paquistán. Pearl S. Buck en su libro “La estirpe del dragón” decía "que deseando lo mismo, no hace falta hablar para enterarse. Y, pensando en quienes vivían al otro lado de la tierra, bajo sus pies, se dijo: “Acaso hay allí una casa como la mía y hombres como yo. Pues aunque no sean iguales lo son si sufren lo que sufrimos”.

Miriam la joven cristiana ultrajada y asesinada.
Europa en compañía de Estados Unidos tiene que plantearse de forma seria y efectiva, olvidándose de lo políticamente correcto, la forma de terminar con estos grupos radicales. No solo con respecto de sus ataques en nuestros países occidentales, también respeto a aquella parte del mundo en que los hombres son asesinados por el hecho de ser cristianos o tener una forma de pensar que no concuerda con ese mundo lleno de fanatismo y odio.

Estado Islámico subasta mujeres cristianas como esclavas sexuales
No se puede seguir permitiendo que se asesine a hombres y niños mientras sus mujeres son vendidas como esclavas, incluso por aquellos mismos que asesinaron a sus maridos e hijos.